miércoles, 29 de noviembre de 2017

Los Puentes de Puente del Arzobispo

Puente entre Alcolea y Puente del Arzobispo sobre el arroyo de Bienvenida

Antes de llegar a Puente del Arzobispo desde Alcolea hemos de cruzar un puente sobre el arroyo de Bienvenida por donde cruzaban peregrinos y ganados que discurrían por el Camino Real y la Cañada Leonesa Oriental. Es un buen puente de un solo ojo construido en buena sillería.

Otro puente blasonado con un escudo arzobispal se sitúa en el rincón sudeste del casco urbano cerca de la desembocadura del mismo arroyo.Puentecillo sobre el arroyo de Bienvenida junto al casco urbano



Se puede decir que Puente del Arzobispo es un pueblo que nace directamente del camino de Guadalupe. 

Aguas abajo de Talavera de la Reina eran muchos las leguas que recorría el Tajo sin que hubiera ni un solo puente estable desde el tiempo de los romanos. Talavera mantenía a ultranza sus derechos sobre el paso del río por los grandes beneficios económicos y estratégicos que ello le reportaba, y ponía por ello toda clase de dificultades a la construcción de algún otro puente que hiciera competencia al suyo, aunque a duras penas se mantuviera en pie y hubiera de sufrir continuas reparaciones causadas por las crecidas. 

Por este motivo, incluso llegó a haber encuentros violentos con las gentes de la villa de Azután que defendían el paso a través del Puente Pinos, situado bajo el embalse de la villa de Azután cerca del muro.

Era éste muy precario en su construcción y pertenecía a las monjas del convento de San Clemente de Toledo, señoras de esta villa ribereña. 

Las gentes que querían cruzar el Tajo y aventurarse en La Jara, bien para repoblarla o para dirigir hacia los pastos de invierno a sus ganados trashumantes, debían vadearlo en las zonas más favorables durante el estiaje o atravesarlo en las barcas y cajones que cruzaban el río y que estaban frecuentemente situados aguas arriba de las presas molineras.Grabado idealizado del puente del Arzobispo del siglo XIX, conservando aún las dos torres

A finales del siglo XIV detentaba la mitra toledana el arzobispo Tenorio quien al parecer tenía propiedades en la zona de Alcolea que había heredado de su madre Juana Duque, de una noble familia talaverana. 

El prelado frecuentaba la zona por esta razón y conocía de los peligros que debían hacer frente los miles de peregrinos que se dirigían al monasterio de Guadalupe. 



Conmovido por los riesgos que afrontaban, el arzobispo inició la construcción de un magnífico puente medieval, aunque parece que antes de este puente existió otro de madera junto a una pequeña población llamada Alcherina.El Puente del Arzobispo representado en el plan de navegación del Tajo de Carducci del siglo XVII

La Leyenda del puente.

Como hemos visto, la construcción del puente tubo su origen en razones devotas y en otros motivos económicos no tan altruistas pues las monjas de San Clemente percibían “el pontazgo que pagaba el ganado trashumante y todo ganado forastero de pezuña hendida, yeguada y muletadas”. 

El Alcaide de las torres se llevaba también en tiempos de Felipe II diez mil maravedíes, un leño por cada carga de leña que pasara y mil maravedíes por cada esclavo fugitivo que se apresara en la villa, o se quedaba con él si no aparecía el dueño.

A pesar de todas estas circunstancias, el pueblo tejió sobre la magnífica edificación una bonita leyenda: “En cierta ocasión bajaban las aguas bravas. Tanto que se habían llevado con la crecida algunos ojos del puente de Talavera y los tablones del puente Pinos. El arzobispo tenía que cruzar sin falta el río para acudir a las granjerías que su madre le dejó en herencia por estas tierras. Esperó varios días pero las aguas seguían bajando altas. 

Al cruzar, un remolino hizo casi zozobrar la barca y, al sujetarse el prelado en la pértiga del barquero para no caer al río, su anillo se hundió en las aguas. 

Era una joya magnífica con un rubí del tamaño de un huevo de gorrión que le habían regalado los judíos de Toledo. 

Tan disgustado quedó su eminencia por la pérdida, que ofreció una bolsa de monedas al mozo que consiguiera sacarlo del fondo del Tajo. Muchos lo intentaron en los días siguientes pero no consiguieron encontrarlo aunque ya sabéis que el agua de este río si no hay riada es como un cristal.

El Puente del Arzobispo representado en azulejería local

Cuando volvió el Arzobispo al cabo de unos meses y preguntó por su anillo. Unos pastores le dijeron que había sido imposible encontrarlo por más que hasta los zagales se sumergían en las pozas gritando ¡A por el anillo del obispo!

Pues escuchad pastores -dijo el arzobispo Tenorio- Sed testigos de mi promesa: Si el anillo volviera a mí, he de construir un puente por el que ganados, peregrinos y viajeros crucen el río sin los trabajos con que ahora lo hacen.

Pasaron dos años y cuando el Arzobispo se disponía cierto día de primavera a comer en sus casas de Alcolea, ordenó le sirvieran uno de los grandes barbos del Tajo que tanto le gustaban y que se pescaban en el canal del molino de las monjas de Azután. Al abrir el pez las cocineras comenzaron a gritar y a reír pues entre las tripas brillaba el rubí. Conmovido por el hallazgo y considerándolo milagro de la Virgen de Guadalupe, esa misma noche ordenó que se comenzaran los trabajos para hacer un puente en el paraje donde había perdido su anillo”.


http://lamejortierradecastilla.com/el-camino-real-de-guadalupe-6-los-puentes-de-puente/#more-6373

martes, 28 de noviembre de 2017

Historia del Restaurante Venta de Aires, el mas antiguo de Toledo

Resultado de imagen de Historia del Restaurante Venta de AiresEvocaciones de una institución toledana

Abre sus puertas “La venta de aires”, iniciada la última década del siglo XIX en una paraje a medio camino entre las riberas del Tajo y el recinto murado de la vieja Leocadia o Cristo de la Vega, los muñones del Circo Romano que afloran por los alrededores, alguna que otra granja y pocas casas humildes más.

Un poco más lejana la Fábrica de Armas.
En esta encrucijada del camino que une la Puerta de Bisagra con la Vega Baja hasta San Pedro el Verde y el ramal que lleva al paseo del Cristo de la Vega hasta el río, se levantó en 1891 un pequeño complejo gastrónomico-recreativo con vocación en sus inicios de ser algo más que una venta.

Toledo en este momento es una ciudad que comienza a despertar del mal sueño que supuso el siglo XIX. Centuria cargada de acontecimientos nefastos que se inician con la guerra por la Independencia frente a las maniobras y ejércitos de Napoleón que dejaron tristes recuerdos en la ciudad.

El despojo desamortizador hace que desaparezcan muchos elementos patrimoniales y se incremente el de los grandes terratenientes foráneos.



La ciudad arrastró el sambenito de centro burocrático provinciano, con una élite social displicente por incorporarse a la historia de la revolución industrial que aunque tardía luchaba en otros ámbitos geográficos por transformar las viejas estructuras económicas en nuevos centros de producción.

Hay quienes atribuyen la decandencia de Castilla y con ella la de Toledo, al crecimiento de Madrid que absorbió desde el s.XVII cualquier iniciativa de la región circundante, condicionando producción, precios, consumo, recursos industriales, bancarios, comercio…

Resultado de imagen de Historia del Restaurante Venta de Aires se convierte en una ciudad de intermediarios, pequeños industriales, comercio familiar…que mantiene una cierta importancia en lo social por su peso histórico, ser capital eclesiástica de España, centro de formación militar y en lo industrial mantiene la Fábrica Nacional de Armas en cuyos talleres trabajan y se forman un gran número de toledanos.

Por sus calles pululan mezclados azacaneros con sus burros, serenos, eclesiásticos embozados bajo la teja negra, cadetes luciendo entorchados, señoritas de buen ver con la mamá, vendedores ambulantes de Bargas, de Galvez o Mocejón, algún rebaño de ovejas…mientras se instalan las primeras líneas de alumbrado eléctrico, o del teléfono y las locomotores inundan de humo las huertas de Galiana o de Safont.

Toledo en 1891 contaba con una población aproximada de veinte mil almas, el índice más alto de lo que había transcurrido de siglo, iniciado con 16.759 habitantes.

En 1890 se introdujo el sufragio universal y Toledo elegía a don Domingo García Frutos como alcalde constitucional.
Pablo Iglesias visitaba la ciudad un año después de fundarse la “Venta de Aires”, para organizar los incipientes movimientos sindicales frente a la semioficialista Sociedad Cooperativa de Obreros.

El Cardenal Payá fallecía en 1891 y Consuegra vivía en este mismo año, el peor desastre de su historia con la tristemente famosa inundación.

La “Venta de Aires” nacía en este ambiente de finales de siglo casi sin darse cuenta los toledanos. La prensa local, prolífica en cabeceras y parca en noticias, estaba ocupada con otros acontecimientos.

Pese al ambiente desfavorable que reflejan los escritores de finales de siglo con respecto a la sociedad toledana, cubriéndola de apelativos como “burocrática”, “sociedad conservadora”, “aburrópolis”, “ciudad apagada”, “ilustre tumba”, y otros ocurrentes, en 1891 Toledo quiere salir de entre sus frías glorias y preparar su incorporación al siglo XX. En lo recreativo eran pocos los lugares disponibles para disfrutar de un escaso tiempo libre. Funcionaban los Teatros Rojas y Moreto, existía un casino conocido como en la actualidad, Centro de Artistas e Industriales, una sala de billar, algunos cafés, tabernas y bodegas. Lo demás eran paseos, baños en verano, cigarral el que podía y poco más.



La instalación precursora de la Venta de Aires, podría ser una humilde taberna o ventorro donde servían unos exquisitos cocidos y tapas a los obreros de la “Fábrica”, a los paseantes y devotos del Cristo de la Vega, los pescadores o bañistas del puente de San Martín y algún que otro trajinante en busca de alivio, conocedor del buen hacer de la cocina de este primer ventorrillo.

Todo el relato hasta ahora, queda un tanto impersonal. Los actores deben entrar en escena y lo hacen desde un clásico retrato ovalado con los fundadores que preside lo que fue la barra antigua de la Venta, ambos presentan rasgos de avanzada senectud. Son el señor Dionisio y la señora Modesta.

A pesar de haber transcurrido tan sólo cien años, las noticias familiares sobre ambos son escasas. No obstante, hemos podido averiguar el inicio de su biografía a partir del matrimonio compuesto por Dionisio Aires Glaria y Modesta García-Ochoa Juanes. 

El primero natural de Pintano, provincia de Zaragoza, a quien un destino miliar le trajo a Toledo, donde al parecer consiguió, ultimado el servicio en filas, un trabajo en la Fábrica de Armas. 

Sus padres fueron Mateo Aires Cotin y Benita Glaria Ripalda. Quizás por los años setenta conoció a la que sería su mujer, Modesta García-Ochoa, nacida en Toledo, en 1857, hija de Felipe García-Ochoa Guzmán, natural de Sonseca y Petra Juanes Santa Úrsula, natural de Toledo.

Al conseguir Dionisio empleo en la “Fábrica” pudieron casarse y así lo hicieron el 10 de noviembre de 1883.

Para ayudar al humilde jornal de su marido, Modesta ampliaba el cocido doméstico para dar comidas a sus compañeros, por el que cobraba treinta y cinco céntimos.

Ocho años más tarde de contraer matrimonio, se les ocurre la idea, quizás por el aumento de clientela, de construir una venta en la encrucijada de caminos que hablábamos al comienzo. Había nacido la Venta de Aires.

Dionisio conocedor, después de los años vividos en Toledo, de la necesidad de esparcimiento y alternativas lúdicas, construye junto a la venta un frontón y espacios para juegos populares con el fin de atraer una clientela más variada.

Los conocidos de Modesta, habían sido complementados con otros platos de la cocina popular toledana: conejos, caracoles, perdices estofadas, peces escabechados, migas, camarones del Tajo, callos, pajaritos fritos, albóndigas, bacalao rebozado, tortilla, bazo…la oferta y calidad gastronómica crece. La señora Modesta continúa en la cocina y atendiendo a las relaciones públicas, mientras su marido trabaja de sobrestante en la “Fábrica”.

Dicen algunas crónicas periodísticas que un buen día, quizás volviendo del Cristo de la Vega, el Deán de la Catedral descubrió la Venta, su buena comida, su limpieza, lo afable de la señora Modesta, la tranquilidad del lugar y don José Polo Benito, hombre de vasta cultura, de ilustre y talentosa pluma, inicia en torno a esta sencilla mesa una tertulia de intelectuales a la que fueron acudiendo desde don Antonio Maura hasta don Gregorio Marañón que congenian con el espíritu inquieto, cordial y extrovertido de la señora Modesta, a quien Marañón llega a citar junto a la famosa Incolaza de San Sebastián, en el prologo del libro sobre la cocina española que escribió García del Renal, hablando del prestigio que para España suponía cara al exterior ambas mujeres y su buen hacer culinario.



La Venta de Aires se prestigia y poco a poco es conocida fuera de nuestras fronteras. Por ella comienzan a desfilar personalidades del mundo de las letras, de las artes, de la política, del pensamiento, del teatro, de la medicina, del comercio…

La cocina de la Venta mantiene el secreto de su éxito que no es otro que la toledanía de sus platos y el trabajo constante de esta familia.

Ya no es posible atender solos el restaurante y sobre los años treinta conocemos por una fotografía virada por el tiempo, todo el personal que asciende a tres empleados.

Las perdices de la Venta de Aires ya son famosas en todo el mundo. La Reina María José de Italia, nuestro genio de la pintura Salvador Dalí, quien al parecer dejó en la pared encalada del patio los retratos de sus compañeros de mesa, Buñuel, García Lorca y Alberti según relata éste último en sus memorias, son una muestra de quién visita la Venta.

Alberto Insua en 1930 escribía sobre la Venta diciendo que “existe un patio enladrillado, enjalbegado, con una parra, un aljibe, unas tinas de geranios y hortensias. También existe un aposento exiguo y pulcro entre conventual y clase media…la comida es copiosa. La ventera no elogia los manjares. El pisto, las perdices, el asado de cordero en su sazón rural, se alaban por sí solos. Son platos legendarios, excelencias de los fogones de Castilla, que un Montiño lleva a los comedores de los reyes y Ruperto de Mola escribe en su recetario inmortal. La ventera no alaba el vino blanco de Yepes, ni los albaricoques de Toledo –los mejores del mundo- ni los mazapanes recién salidos de los hornos de Zocodover. La ventera que es una ancianita ágil y risueña elogia el agua… Galdós fue un gran catador de aguas. Allí en la Venta de Aires, celebró alguna vez la fina y fría del hontanar de Burguillos y a la ventera se le ha quedado en la memoria el gusto de las palabras de su huésped.

La guerra civil supuso un hito, una referencia obligada para la Venta de Aires. En agosto de 1936 caía fusilado en el Paseo del Tránsito, Dionisio Aires Glaria, anciano de 84 años, de quien se escribió que era “conocido por toda la población como persona de honradez acrisolada y vida entera dedicada al trabajo”.

También murió de igual manera uno de los impulsores de la Venta. Aquel Deán ilustre, el renombrado don José Polo Benito.

No habían transcurrido muchos meses del final de la guerra civil, cuando el 21 de octubre de 1939, a los 82 años fallecía doña Modesta García Ochoa Juanes, oriunda de los Montes de Toledo y alma mater de la Venta de Aires.

Tomó el relevo su hija Carmen que imprimió otra dinámica al negocio, más acorde con los nuevos tiempos, manteniendo siempre la cocina tradicional, aportando nuevos menús y mejorando los anteriores: La famosa y exquisita crema de cangrejos, las cebolletas a la crema, la magra a caballo, la no menos sabrosa y tradicional perdiz estofada a la “Venta de Aires”, el pollo tomatero y los postres toledanos, especialmetne el mazapán y las natillas; todo regado con buenos caldos de Méntrida o Yepes, junto a la otra no menos selecta cocina más convencional.

Termina la saga familiar en la Venta, con el nieto de la fundadora don Antonio Montero Aires y su esposa doña Felisa Pérez Garrido, quienes regentan el restaurante hasta 1988 en que se vende el negocio a los actuales propietarios que pretenden dar continuidad a las tradiciones heredadas de la señora Modesta y sucesores.

Resultado de imagen de Historia del Restaurante Venta de Aires
No debemos olvidar tampoco que auqellos tres empleados no fueron sino el embrión de otros muchos que trabajaron y trabajan en la “Venta”. Cocineros como Bernabé Isabel Sánchez, Florencio Paz Juanes, Eloy Rodríguez Miguel y Víctor Contreras, por citar algunos. Sin olvidar a los camareros y metres que atendieron las mesas y que tantas vivencias podrían contarnos a través de sus dilatados años de servicio; desde aquel decano Julio Ballesteros Huertas, cuya dinastía ccontinúa en la misma función y lugar en la persona de su hijo Julio, hasta aquellos otros como Máximo Jaime Jaime, Jesús Martín Martín, Luis y Manolo Garrido Ortega, Cipriano Jesús Martín, Carlos Rodríguez García…

Vaya en estos pocos el recuerdo para todos.

Ellos también puden hacer suyas las distinciones y honores reconocidos a la Venta de Aires, entre otros:

– Medalla al Mérito Turístico en 1965
– Medalla de Plata al Mérito en la Hostelería en 1973
– Medalla de Oro de la Trademark P.C. en 1987
– Estrella de Oro a la Calidad Internacional, concedida en este mismo año 1991 por Business Initiative Direction (BID) en el XVII Certamen Internacional Europeo.

Pero entre las joyas que guarda La Venta de Aires, nos sorprende el Libro de Honor para visitantes ilustres, de interés no sólo para la casa sino para la propia historia de la ciudad.

En él han dejado su comentario, sus dibujos, partituras o la simple firma, una multitud de personajes de afamado renombre nacional o internacional protagonistas de nuestra reciente historia.

Ventura Leblic García
Numerario de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo
https://www.ventadeaires.com/historia/

Toledo, Cruce de Culturas

Toledo no es solamente una de las ciudades mas visitadas de Europa, es mucho mas. 



Un enclave único donde a lo largo de la historia, tres culturas tan diferentes como la judía, la musulmana y la cristiana han convivido y conformado uno de los tesoros urbanísticos mas hermosos del mundo.

   

lunes, 27 de noviembre de 2017

Camino Real de Guadalupe: El Patrimonio de Puente de Arzobispo

El símbolo del privilegio de villazgo de Puente del Arzobispo se conserva todavía y es un magnífico rollo jurisdiccional. 

Se sitúa a la entrada del pueblo por la Cañada Real y se ha datado a finales del siglo XV. 

Se asienta sobre una gradería labrada en granito como el resto del monumento. La columna es claramente de estilo gótico tardío y su fuste se compone de nueve tambores. 

Dos de sus caras están decoradas por sendas piletas labradas pero sin imágenes y las dos opuestas con las cabezas de dos animales fantásticos. 

En el capitel destacamos los escudos y los cuatro canes que recuerdan a las gárgolas góticas.

DETALLE DECORATIVO DEL ROLLO DE PUENTE DEL ARZOBISPO

La afluencia de romeros a Guadalupe era tal que se hizo necesaria la institución de dos hospitales que acogieran por un lado a las mujeres y niños expósitos y por otro a los hombres. Sus dependencias se situaban en torno a dos patios y su estructura general se conserva, pues formaban parte del edificio que ocupa todo el lado oeste de la plaza mayor puenteña. 



El concepto medieval de hospital es muy diferente del actual y en su mayor parte eran simplemente edificios donde se cobijaban de las inclemencias del tiempo los viajeros pobres sin que su fundación conllevara, en la mayor parte de los casos, la manutención ni los servicios de médico o barbero-cirujano propios de la época. 

En el caso de los hospitales de esta villa, el arzobispo Tenorio dejó ordenada la entrega de pan a los peregrinos y para hacer frente a los gastos les dotó de una serie de rentas que durante mucho tiempo permitieron su mantenimiento, como las de la Dehesa del Carrizal, el huerto, el batán, los molinos harineros, los diezmos y el pontazgo que se cobraba a los ganados mazariegos, pues el impuesto que se cobraba a los ganados mesteños o trashumantes correspondía a las monjas de San Clemente como compensación por los perjuicios que ocasionó el nuevo puente a las rentas del suyo de Pinos en Azután. 

Todas estas rentas fueron aumentando a lo largo de los años por las donaciones realizadas por particulares en sus testamentos, de manera que ya en el siglo XVIII los enfermos tenían asistencia médica y también se abastecían sus dependencias de leña y alimentos.

ANTIGUO HOSPITAL DE PUENTE DEL ARZOBISPO, HOY RESIDENCIA DE ANCIANOS

El edificio actual, en el que se alberga una residencia de ancianos, está construido en aparejo mudéjar con los huecos protegidos por rejas, de las que es especialmente llamativa la central con una reja-mirador de grandes proporciones. 

En el interior se conserva un patio cuadrado con doble galería y en el exterior podemos distinguir una espadaña de construcción más moderna y un pasadizo que comunicaba directamente con la iglesia. 

Por otra parte, en la hospedería se refugiaban los viajeros que no estaban aquejados de ninguna enfermedad.

IGLESIA PARROQUIAL DE PUENTE DEL ARZOBISPO

La iglesia parroquial de Puente del Arzobispo conserva poco de la primitiva edificación del siglo XV pero en detalles como la torre con los escudos del arzobispo Tenorio, la escalera de caracol de piedra, una portada mudéjar y la lacería gótica de la capilla bautismal persisten muestras de su antigüedad, a pesar de haber sido reedificada en su mayor parte en el siglo pasado debido a los destrozos ocasionados por los enfrentamientos con los franceses durante la Guerra de la Independencia. 

Es curioso el remate de la torre en un campanil de planta octogonal y decorado con cerámica del siglo 

XVII.SOPORTALES DE PUENTE DEL ARZOBISPO, DONDE DESCANSARON MUCHOS PEREGRINOS A GUADALUPE

La plaza donde se sitúan el hospital y la iglesia cuenta con mobiliario urbano decorado con cerámica puenteña al igual que alguno de los edificios del entorno. 

Delante de la fachada del hospital se ha erigido un monumento al fundador y benefactor de Puente, el arzobispo Tenorio. 

La arquitectura popular puenteña es en el caso de las viviendas humildes una arquitectura, como la de Alcolea, edificada en adobe y tapial, aunque todavía sobreviven algunas construcciones antiguas porticadas con columnas graníticas de curiosos capiteles. 

Podemos imaginar a los muchos peregrinos que por aquí deambulaban descansando o guardándose de la lluvia bajo estos pórticos.



CONVENTO FRANCISCANO DE PUENTE DEL ARZOBISPO

El convento franciscano de Puente, del que persiste la iglesia todavía en pie, fue construido con las limosnas de toda la villa y en especial con las de Juan de Villaroel, personaje local que deseaba que se trasladaran sus restos y los de su familia a este monasterio. 

Su hermano fue Diego de Villaroel, capitán en la conquista de América y fundador de San Miguel de Tucumán.

Ya nada queda de los dos claustros, las celdas y la huerta. 

En el templo se veneraba la Virgen del Majano, llamada así por haberse aparecido sobre un majano o montón de piedras a un sacristán de Alía. 

Construida en 1620 es de sillería en las esquinas con mampostería en el resto y ladrillo moldurado en sus cornisas. 

A los pies tiene una espadaña herreriana y el interior es de una sola nave de buenas proporciones con cúpula sobre pechinas.

MOLINOS DE PUENTE DEL ARZOBISPO EN EL TAJO

LOS MOLINOS DE PUENTE: 

Varados en el río se hallan los olvidados molinos de Puente que por su importancia etnográfica e histórica bien merecerían la atención de las diferentes administraciones para su conservación. En el siglo XVIII se dice de ellos que “no hay en el Tajo otros mejores ni más resistentes”, pues tenían nada menos que mil fanegas anuales de trigo de utilidad, es decir de ganancia a efectos fiscales. 

Estos molinos presentan en la actualidad un aspecto impresionante con su gran edificio de al menos siete cuerpos con cuatro tajamares y hasta once piedras, cada una con su propio nombre: Rayo, Vapor, Espolique, San Juan, Santa Catalina etc. Tres de ellas se sitúan en un edificio construido en un nivel más elevado, se trata del molino de invierno que se utilizaba cuando las otras piedras estaban inundadas por las crecidas. 

Contaban también estas aceñas o molinos con otras dependencias para cernedero, almacén de los costales e incluso una pecera para mantener frescos los barbos y las anguilas que se pescaban en el “cañal” del mismo molino. El conjunto se complementa con otro edificio también rematado en tajamar donde se situaban la carretería y la herrería, las cuadras y los alojamientos.

Estos molinos eran la más jugosa fuente de ingresos para los hospitales de Puente y gracias a sus beneficios se atendió a miles de peregrinos y enfermos. Es posible que existieran ya en época musulmana aunque más tarde el arzobispo Tenorio los heredó de su madre, legándolos luego para sus obras pías y poniéndoles por nombre Santa Catalina. 

Era muy devoto de esta santa ya que puso también bajo su advocación a los hospitales y a la iglesia de Puente, así como a otras fundaciones suyas como el monasterio de jerónimos de Talavera o el puente de esta misma ciudad. El edificio molinero, que a su entrada tiene labrada en la piedra la rueda dentada con que se martirizó a esta santa, es digno de que curioseemos en su interior y tiene su mejor perspectiva desde la orilla opuesta del río.

http://lamejortierradecastilla.com/el-camino-real-de-la-guadalupe-7-el-patrimonio-de-puente-del-arzobispo/

domingo, 26 de noviembre de 2017

El olmo de El Monasterio de Santa María de la Cruz, Cubas de la Sagra

Hay lugares en los que su pasado sacro conocido no va más allá de unos siglos, como el caso que hoy traemos, el del Monasterio de Santa María de la Cruz, también conocido como Convento de Santa Juana, pues en él estuvo en el siglo XVI la conocida como Santa Juana de Cubas. 

Foto: Iberia Mágica - 16/11/2017
Fuente: Cartel explicativo junto al árbol.

El paraje en el que se encuentra este monasterio se halla a las afueras de Cubas de la Sagra, municipio al que pertenece, aunque se encuentra, igualmente, muy cerca de Casarrubuelos, otro pueblo de la conocida como La Sagra madrileña.



 Pero lo que más llama la atención, para quien busca la ancestralidad a los enclaves que va descubriendo, es la existencia de un olmo centenario, a pesar de que, tristemente, la grafiosis acabó con este magnífico ejemplar, como ha ocurrido con tantos otros en las últimas décadas. El tronco de este olmo se puede contemplar a la entrada del monasterio, justo en mitad de la verja, donde se le da un trato reverencial, pues se le tiene acordonado y adornado con hiedra y alguna que otra planta ornamental. 

En muchos de estos lugares existen leyendas cristianas de apariciones marianas en árboles o junto a árboles. En este lugar se dice que se apareció la Virgen a una niña de nombre Inés -conocida popularmente como Inés de Cubas- en el siglo XV y que por ese motivo se construyó este monasterio en dicho siglo. 

Pero de lo que nada se dice es que la aparición se diera junto a ese árbol, si es que ya existía por aquel entonces. Independientemente de que la leyenda no una a nuestro árbol protagonista con dicho suceso legendario, lo que es cierto es que la singularidad que parecía tener este olmo en aquel monasterio me hizo recordar la ancestralidad que estos seres arbóreos tuvieron desde hace milenios, dándose curiosas simbiosis entre éstos y distintos templos cristianos. 

Quién sabe, quizás estemos ante el que fue el sucesor de otros árboles singulares que marcaban un antiguo lugar de culto junto a un camino que unía y une las dos poblaciones mencionadas: Cubas de la Sagra y Casarrubuelos.

Hemos de decir que todos los años se celebra una romería al monasterio desde la población de Numancia de la Sagra, la que anteriormente se llamaba Azaña, pues la santa de este monasterio era natural de dicha población, con lo que existe un ritual alrededor de este lugar que, quizás, pudiera venir de tiempos más lejanos a la existencia de la actual leyenda.
Acompañamos la ficha con la transcripción del texto del cartel que hay junto al árbol, ya antiguo y casi ilegible, anterior a la muerte de nuestro protagonista de hoy.



En el medio natural podemos encontrar olmos cercanos a las zonas de ribera, donde sus raíces prosperan a pesar de las inundaciones. Pero ha sido su rápido crecimiento y su resistencia lo que le ha convertido en el árbol preferido desde la antigüedad para acompañar a los seres humanos. Por eso los olmos forman parte de nuestro entorno cercano y comparten nuestras vidas desde hace cientos de años.

Actualmente tanto las olmedas españolas como los viejos ejemplares que daban sombra en plazas y calles han disminuido drásticamente debido a una enfermedad importada de Asia: la grafiosis. A pesar de sus graves efectos, aún permanecen en pie unos cuantos grandes olmos como éste, testigos de aquellos tiempos cuando los olmos eran frecuentes y abundantes en el paisaje rural y en el entorno cercano de nuestros pueblos.

Foto: Iberia Mágica - 16/11/2017

PUBLICADO POR ARGANTONIOS 
http://iberiamagica.blogspot.com.es/2017/11/el-olmo-de-el-monasterio-de-santa-maria.html


sábado, 25 de noviembre de 2017

El Paseo del Muelle y el de la Estación de Talavera de la Reina, en 1945

Este es el aspecto que presentaban desde la Plaza de España la confluencia del entonces camino del Muelle a la izquierda y el de la Estación a la derecha.

Vemos hoy fotografías del paseo del Muelle y el de la Estación, paralelos y que nacen condicionados por la estación de ferrocarril del plan de Ensanche de 1945, imágenes que se guardan en el Archivo Municipal.

Existía hasta finales del siglo XIX un camino llamado de las Cambrijas, esta es una especie de arbusto que a veces crece en zonas de cierta humedad, y un tanto espinoso. 

Era una zona donde se lavaba la ropa en Talavera y por donde se accedía a los antiguos depósitos de agua potable.

Camino del Muelle visto desde la Estación con naves de las que aún se conserva alguna de ellas






















Cuando se levanta la estación de ferrocarril en 1870 se corta este camino por las vías y los muelles de carga y queda como paseo del Muelle, en torno al que se levantan algunos establecimientos hosteleros y naves industriales.Paseo del Muelle en otra vista desde la estación. 

Todavía se ve transitar alguna carreta tirada por vacas o bueyes y algunos pinos típicos del entorno de las casas de huerta

PASEO DE LA ESTACIÓN

El paseo de la Estación, al fondo su fachada. El concepto de paseo siempre iba acompañado de la plantación de arbolado lateral.

La llegada del ferrocarril modifica y condiciona todo el entramado urbano al norte de Talavera, aunque también cierra y limita el crecimiento de la villa. 

Se diseña una vía de acceso a la estación pues el tren es símbolo en la época de avance y progreso de la sociedad y es además el acceso los viajeros que llegarán por ese medio a la ciudad. 

Primero fue la carretera de la estación y luego paseo.Paseo de la Estación visto desde la misma. A la izquierda un bar y casa de comidas. Las calles todavía de tierra. 

Obsérvese la precaria iluminación viaria de la época.

Se llamó también avenida del Progreso a principio de siglo y avenida 14 de Abril durante la segunda república, aunque el nombre popular fue siempre calle o paseo de la estación, en torno a la que van creciendo hotelitos de clases más pudientes como el que actualmente se mantiene y que fue también antigua clínica de la Milagrosa en lo que entonces eran afueras, además de otras construcciones condicionadas por el propio ferrocarril con alguna venta o casa de huéspedes como el de El Pilar:
 “Gran Casa de Viajeros, Vinos y comidas, Tel. nº 242”, como reza el rótulo.Edificio del bar y casa de El Pilar que aún se conserva con su magnífica y peculiar azulejería de Ruiz de Luna




















Primeros edificios de la fábrica de harinas.

Escena que me recuerda a las del cine realista italiano con dos personajes y un gato con el viento levantando el polvo en una calle entre el paseo de la Estación y el del Muelle.

http://lamejortierradecastilla.com/el-paseo-del-muelle-y-el-de-la-estacion-en-1945/

viernes, 24 de noviembre de 2017

Doña Jerónima de las Cuevas, Mujer de El Greco (y II)


Resultado de imagen de Doña Jerónima de las Cuevas, Mujer de El Greco
El mayor desprecio que se podría hacer a esta hipótesis sería ignorarla. Pero sólo queremos dar un dato para demostrar su falsedad. Cuando en su poder para testar en su nombre, llama El Greco «doña» Jerónima a la madre de su hijo, ya hacía más de tres años que el rey Felipe III había promulgado una ley prohibiendo el uso del «don» que con el tiempo había sido extendido incluso entre maleantes y prostitutas.

 En su decreto, el rey reserva la permisión del uso del don entre otros a personas tituladas y a las mujeres de grandes maestros. El Greco quiso demostrar con ello que si Jerónima no era su esposa, con ese tratamiento la consideraba con todo respeto como si lo fuera.

Queda por mostrar mi hipótesis acerca de la falta de matrimonio canónico entre nuestros protagonistas. Lo haremos después de demostrar que al menos el hijo, Jorge Manuel, vive con El Greco. Y de doña Jerónima, hablaremos acto seguido. Cuando El Greco pinta «El entierro del conde de Orgaz», ya hace ocho años del nacimiento de su hijo, al que retrata en el cuadro Y lo retrata poniéndole en el bolsillo un pañuelo con firma y fecha. 



Lo primero que nos muestra aquí El Greco es que su hijo vive con él. Y además certifica que es su hijo. En la firma del pañuelo dice. Doménikos Teothocopoulos epoiei 1578. (Doménico Theotocópuli me hizo 1578). Vamos a pasar por alto las confusiones que provocaron la fecha en el pañuelo a ciertos investigadores, que cuando se empezaron a interesar por la obra del Greco, quisieron demostrar que el cuadro estaba pintado en 1578 y no en el 1586 que decían los documentos, pues según ellos, podían demostrarlo por la firma y la fecha pintadas por la mano del Greco.

Después de algunas discusiones se demostró que la autoría y la fecha del pañuelo se refería a su hijo, afirmando que él le había hecho en 1578. ¿Por qué hay un silencio documental sobre Jerónima de las Cuevas? ¿Por qué no se casaron? Nuestra hipótesis es que sufrió una depresión post parto que la hizo perder la razón, aunque se recuperara por períodos y volviera a recaer. Apenas disponemos de datos escritos que corroboren esta tesis, pero pensamos que fue ingresada en el manicomio al menos por períodos intermitentes.
Llevamos muchos años estudiando esta hipótesis y creemos estar muy cerca de poder confirmarla; pero de momento nos conformaremos con exponer los datos que nos llevan a esta idea. En nuestras averiguaciones hemos descubierto que la depresión post parto era sufrida por un porcentaje muy elevado de mujeres en aquella época, y que casi el mismo porcentaje se sigue registrando en la actualidad. La diferencia está en que hoy hay más medios para atajarlo y en la antigüedad casi todos los casos terminaban en la locura.

Según Cristina Gavilán, «de cada tres personas con depresión, dos son del sexo femenino», y añade que «una de las formas más comunes es la depresión post parto, que se produce en un porcentaje muy elevado de mujeres ante la llegada de su primer hijo. Francesca Lombardo, psicóloga y magister de la Universidad de Paris, y del World University Service, que actualmente hace investigaciones de gestantes de alto riesgo en los servicios de Psiquiatría y Ginecología, dice entre otras cosas, que «las esquizofrenias y las depresiones que se declaran en el parto tienen un contenido y un carácter específico, incluso cuando se trata de la agravación de un proceso crónico debido a una disposición preexistente».

También dice que, «La reproducción como fenómeno, es siempre la misma y siempre singular. Muchas leguas de civilización, de elaboración, nos separan del hombre primitivo y del antiguo, del medieval y del renacentista. La gestación misteriosa y soterrada oficio de mujeres entre mujeres, ha ido lentamente dejando las alcobas domésticas para convertirse en objeto de investigación científica y cuidados médicos específicos…» Laura Ramiro, dice que «hoy se trata de una manera adecuada a la paciente en una depresión crónica y recurrente que comporta trastornos afectivos con el bebé y con la pareja, que en otros momentos incluía el riesgo de suicidio».

De entre los estragos que el parto producía en la mujer desde los comienzos de la humanidad, y que se empezaron a detectar en la Edad Media y a poner remedios en la Moderna, no se han comenzado a estudiar seriamente los trastornos psiquiátricos del post parto hasta el siglo XX. Dan fe de ello numerosas publicaciones al respecto, de las que conocemos un par de decenas que recogemos un nuestro libro sobre El Greco escultor, y que por no cansar la atención de ustedes les liberamos de su especificación. Lo cierto es que la depresión post parto llevaba frecuentemente a la locura en la época del Greco.

No ha de extrañarnos, pues, que Jerónima de las Cuevas pudiiera sufrir una depresión después del parto de su hijo. Y que como consecuencia de ello, tuvieran que internarla en el hospital psiquiátrico de Toledo, llamado El Nuncio por haber sido fundado y costeado por en nuncio de su santidad. Hay muchos datos que nos llevan a esta posibilidad. Primero, tanto Cossío como Marañón, piensan que El Greco se inspiró en locos de Toledo para pintar sus apostolados.

Si, según estos dos autores, El Greco había visto a los locos del hospital de dementes de Toledo, no debemos pensar que los locos fueran al estudio del pintor, antes bien pensaríamos que fuese El Greco el que visitara con cierta frecuencia el manicomio. Segundo, El Greco como sabemos era amigo del doctor Rodrigo de la Fuente, al que retrató. Es cierto que el retrato se lo hizo en 1588, después del supuesto internamiento de Jerónima en el manicomio, si por las fechas no se demuestra que la amistad surgió por el retrato, sí queda demostrado que cuando le retrató ya eran amigos.

Y sabemos que era el director del manicomio en aquellos momentos. Además el pintor era también amigo del griego Antonio Calosinás, que había venido a Toledo antes que El Greco como traductor del griego y del latín, pero que ya traía estudios de medicina que aquí terminó y se doctoró bajo la dirección del doctor Rodrigo de la Fuente con el que hacía practicas en el manicomio. Ambos médicos del manicomio, pudieron recomendar y animar al Greco para que Jerónima fuese internada en dicho hospital. Tercero, podemos pensar que el Greco no habría permitido el internamiento de Jerónima de no haberse enterado antes de las condiciones de trato que podría recibir, de lo que pudo enterarse por sus amigos los médicos mencionados.

Nosotros sabemos hoy, y El Greco pudo saber entonces, que a finales del siglo XVI, o sea, en época del Greco, el dicho hospital había recibido una herencia del canónigo don Juan de Vergara, que aportaba al manicomio más de medio millón de maravedises al año, por lo que disponía para casos no graves de salas separadas por sexos, y de camas con colchón de esparto o lana, sábanas, manta o cobertor según la época del año.

Y para comer se servían diariamente once ónzas de cordero por enfermo, seis y media azumbre de vino para trece personas, especias, garbanzos y ensaladas para comer y cenar. Para el desayuno se servían frutos secos en invierno, y en verano fruta del tiempo, endrinas, higos, membrillo, melocotones, etc. etc. En aquellos años tenía el hospital del nuncio un gasto diario de 872 maravedises, para mantener una media mensual de entre 31 y 49 enfermos, lo que hacía un montante al año por encima de 318.000 maravedises para gastos de enfermos.



Además de estos gastos tenia que mantener a 14 pobres donados que se dedicaban a la ayuda y cuidado de los pacientes y 4 servidores además de los médicos. Hemos intentado consultar cuantos documentos pudiéramos sobre registro de visitas, ingreso de enfermos, alta de estos, permisos de salidas y entradas… pero los documentos del antiguo manicomio, ubicado en el adarve que hoy da comienzo a la calle del Nuncio Viejo, trasladado en el siglo XVIII al edificio que para él se construyó en la calle Real, el incendio que este edificio sufrió en la primera mitad del siglo XX del que fui testigo por vecindad, y su posterior traslado al paraje de La Vinagra, han hecho imposible nuestras pesquisas; además de ignorar si se llevaban dichos registros en aquella época.

A lo más que hemos podido llegar, de momento, es al libro de Obra y Fábrica de la catedral, en el que hemos encontrado algunos datos, más escasos de lo que hubiéramos deseado, que nos dicen que en 1578 y en años posteriores, ingresaron tres Jerónimas, sin especificar apellidos. Hay después del nombre en alguna de ellas una especie de apodo, probablemente puesto por el encargado del registro, no sabemos si para diferenciarla de las otras jerónimas o si para identificarla con la que ya hubiera estado ingresada con anterioridad.

No sabemos, por tanto, si alguna de ellas era la Jerónima que buscamos o las tres registradas en distintas fechas era la misma, lo cual podía ser, dado que según dicho libro había enfermos a los que se daba el alta temporal para volver a ingresar si recaían. Volvemos a encontrar el rostro de Jerónima que juzgamos perteneciente a la época de su hipotética estancia en el manicomio, con posibles entradas y salidas, en la Virgen de la Caridad, de Illescas. 
Este rostro de Jerónima, está ya castigado por los años y por la enfermedad. Jerónima contaba en la fecha que el cuadro se pintó cincuenta y tantos años de edad. El Greco la retrata recordándola con cariño, o viéndola con cariño en cada una de sus salidas del hospital. Es el mismo rostro de cándida inocencia en el que se adivina además una ausencia de cuanto pueda rodearla.

A pesar de ello, El Greco la pinta extendiendo su mano derecha y su mirada al hijo que hay bajo su manto, Jorge Manuel, que contaría por entonces veintitantos años, lo cual costó un disgusto al pintor, pues fue usado por los cofrades de La Caridad para intentar abaratar el precio o retrasar el momento del pago. …y assimismo enzima de ntra. Sra. en la parte mejor del dicho retablo, está pintada una ymagen de la Charidad y allí Retrato de su sobrino Jorge Manuel con muy grandes lechuguillas y otras personas conocidas que combiene quitar del todo (…) y así los primeros tasadores que tasaron la dicha obra declararon que combenía que se borrase como yndecente…

Presentamos el cuadro del Greco y uno antiguo sin las lechuguillas. Creemos que El Greco no borró las lechuguillas, sino que, de mala gana, pinto sobre las capas de barniz los cuellos que se ven en la fotografía antigua cubriendo las lechuguillas o golas, por lo que, cuando después de la guerra se limpió el lienzo, aparecieron las lechuguillas que habían sido pintadas cobre las capas de barniz. 

ÚLTIMOS DATOS SOBRE JERÓNIMA

En 1612, dos años antes de su muerte, El Greco había obtenido por ruegos anteriores de su amigo don Luis de Castilla, una «sepultura graciosa», o sea, gratuita para ser enterrado en Santo domingo el Antiguo. Algo después, Jorge Manuel manifiesta que tiene necesidad de otra sepultura junto a la de su padre, y surge un acuerdo entre la abadesa doña Andrea de la Cerda y Jorge Manuel de que éste, como arquitecto de obras, haga una bóveda sepulcral frente a la puerta de entrada a la iglesia, como se sale de la capilla de los Gomara para «entierro de su padre, suyo y de sus hijos y descendientes perpetuamente de manera que la bóveda sea siempre suya para siempre jamás y no se pueda dar a otro ninguno para que se entierre en ella».

Su padre, El Greco, pintaría un cuadro para poner sobre la bóveda con la «Adoración de los pastores». Y allí se enterró al Greco y enterró Jorge Manuel a su primera esposa, Alfonsa de los Morales. Ocho años después del fallecimiento del Greco, en 1622, surgen unas dasavenencias entre la entonces abadesa doña Ana Sotelo de Ribera y Jorge Manuel, creemos que por las dificultades que entrañaría el futuro enterramiento de la segunda esposa de Jorge Manuel. Jorge Manuel, entonces, inicia un trato con los responsables de San Torcuato para conseguir sepultura para enterramiento en ella de «sus padres» y demás personas conforme a su voluntad. ¿Vivía con él doña Jerónima de las Cuevas cuando pidió esta condición para sus sepulturas en San Torcuato?

 ¿Había fallecido y estaba enterrada en otro sitio? ¿Por qué no se le menciona para nada en los trámites de enterramiento en Santo Domingo? Las respuestas a estas preguntas no son demasiado difíciles. Partiendo de mi hipótesis de esporádicos internamientos en al manicomio del Nuncio, podríamos suponer que doña Jerónima viviera en sus salidas con El Greco y después con su hijo. No parece que hubiera fallecido, pues no encontramos actas de defunción por estas fechas en la que sabemos fue su parroquia, Santo Tomé. En cuanto a no mencionarla en los trámites de enterramiento en Santo Domingo, recordemos que la primera sepultura que se le concede al Greco en la iglesia del dicho convento fue a instancias de don Luis de Castilla, y sería, seguramente, un hueco en el suelo o en uno de los muros para una sola persona; como son las sepulturas que en el mismo monasterio tienen don Diego de Castilla y don Luis.

Luego es su hijo el que pide la bóveda para entierro de su padre, suyo y de sus hijos y descendientes… no menciona aquí a su esposa ni a su madre. A su primera esposa, Alfonsa de los Morales, la entierra en Santo Domingo, pues formaba parte de su familia cuando se hizo este contrato; pero el casarse de segundas nupcias y teniendo pendiente el enterramiento de su madre, que no había estado casada con su padre, debieron surgir las desavenencias entre Jorge Manuel y la abadesa doña Ana Sotelo de Ribera.



Y ello llevaría a Jorge Manuel a gestionar sepulturas en San Torcuato. No queremos dar la sensación con nuestras hipótesis de obstinarnos en que Jerónima estuviera loca. Sólo queremos buscar una situación lógica, que pudiera ser verdadera por los datos aportados, para limpiar la teoría de que doña Jerónima fuese una prostituta del burdel de la Antequeruela, y reivindicarla como la mujer amantísima y respetable que fue de Doménico Theotocópuli llamado el Greco. Lo de amantísima y respetable, queda demostrado por cuanto hemos contado:

El Greco la retrata al menos en cuatro ocasiones claras –aunque en algunos otros rostros femeninos de su obra esté siempre recordando el de Jerónima-. El Greco pinta a su hijo también al menos en tres ocasiones, demostrando con ello igualmente su cariño. Y Jerónima es mencionada en documentos al menos en otras tres ocasiones; la última cuando Jorge Manuel pide sepultura para ella. Creemos firmemente que las circunstancias hicieron de ellos una pareja cuyo amor imposible pero fiel, atenazó sus vidas. 


FÉLIX DEL VALLE DÍAZ Académico Numerario
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