martes, 25 de abril de 2017

El Péndulo Rural

Cuando a principios de los 80 llegué a trabajar al medio rural, la situación de los servicios en los pueblos se encontraba a una altura africana.

En una de aquellas localidades pedí un ventilador de 2000 pesetas para la consulta y me respondieron que decisión tan gravosa para el presupuesto había que pasarla por el pleno municipal. Ni que decir tiene que acabé llevándome el ventilador de mi casa.

Otro de los consultorios no tenía alguno de los cristales de las ventanas, ni silla siquiera en la que sentarse el paciente, y cuando con paciencia y modos franciscanos pedí que por favor no prepararan la limonada de la fiesta local en la consulta, el alcalde me espetó que me estaba poniendo “un poco soberbio”.



En otro pueblo el agua potable era tratada mediante el expeditivo método de que el alguacil iba al depósito y echaba un cubo de cloro por las mañanas, lo que hacía que a primeras horas del día pareciera que estabas lavándote con el agua de la fregona por el olor y sabor a lejía que salía del grifo.

Conocí también otra localidad donde, aunque tenían suministro de agua potable, no había llegado todavía la acometida de aguas residuales, por lo que cuando se “obraba” en los pocos servicios que había instalados en la localidad, al tirar de la cadena salía la sucia ofrenda a la calle y el dueño de la casa debía recogerla para después y llevarla a la cuadra, produciéndose así un curioso viaje de reciclaje de la materia orgánica.

En una ocasión me preguntaron unos cazadores italianos por el polideportivo y no salieron de su asombro cuando les señalé hacia la era, donde se habían clavado dos postes que hacían de portería.

Muchos pueblos tenían las calles sin asfaltar y se formaban a veces tales barrizales que a un compañero médico le tuvo que sacar un tractor del atolladero en la misma calle principal.

Pero con todas estas deficiencias también tenían los pueblos ciertas ventajas. Los funcionarios públicos residían en ellos formando una urdimbre mínima de gente formada que dinamizaba algo la vida rural. Luego, los médicos, los boticarios, los enfermeros, maestros, secretarios, veterinarios y hasta los guardias civiles fueron huyendo hacia las ciudades de referencia quedando los pueblos más abandonados aún. Y tanto es así que hoy día hay muchos alcaldes que ni siquiera residen en sus localidades.

El péndulo rural se movió al lado contrario con la democracia y los fondos europeos, y se empezó a ver algo de color en los pueblos. Consultorios dignos y centros de salud, nuevas escuelas, los Centros Sociales Polivalentes, ese equivalente democrático a los Teleclubs que promovió Fraga en los sesenta. O las carreteras, que iban dejando de ser caminos de cabras de cuando Primo de Rivera, etc…etc..

Pero como sucede en todo lo español, pasamos a la exageración, el dislate y el despilfarro con suma facilidad: se hicieron frontones en pueblos donde solo había viejos que iban allí a charlar a la sombra del hormigón, o centros de salud como hospitales, y muchos de esos fondos se fueron a desconocidos destinos por las alcantarillas, en comunidades autónomas regidas tanto por la derecha como por la izquierda. Y de tener sólo al alguacil con funciones de pregonero, pasamos a la contratación de funcionarios municipales en un número casi siempre excesivo para los habitantes a los que tenían que dar servicio.

Y ahora vienen estos nuevos gestores y consejeros que van y vienen de Madrid y se creen que esta comunidad autónoma es como la capital, que concentra en un número de kilómetros cuadrados muy reducido una población de seis millones de habitantes, y utilizan criterios economicistas que pueden dar la puntilla a nuestros pueblos. 

Los chavales rurales no saben ya distinguir una encina de un alcornoque y solo miran subyugados a sus aparatitos digitales cazando monstruos cibernéticos cuando antes cazaban lagartijas, actividad mucho más interesante a mi modesto entender. Los rumanos cogen la aceituna, o se quedan noche y día en las labranzas que aún quedan habitadas. Deslumbrados por la ciudad y sus atractivos solamente esperan el momento apropiado para marcharse creyendo que en la urbe atan los perros con longaniza, aunque sea de plástico.

El péndulo vuelve al otro extremo, pero cada vez su recorrido es menor y cualquier día se rompe su cuerda y el campo acaba muerto. El problema es que el asfalto de la ciudad no es comestible.

ABRIL 5, 2017 MIGUELMENDEZ
http://lamejortierradecastilla.com/el-pendulo-rural/


lunes, 24 de abril de 2017

Memoria reciente del castillo de San Servando. Sus preludios

En los años cuarenta, captaría el interés para alojar un ideal educativo apadrinado por el Frente de Castillo de San Servando fotografiado por Casiano Alguacil hacia 1885.

FOTO ARCHIVO MUNICIPAL DE TOLEDO

En Toledo, el nombre de San Servando se asocia al castillo situado en la orilla izquierda del Tajo, un secular vigía del puente de Alcántara. En origen, fue un castelum romano, quizá rehecho en época islámica y, más tarde, aprovechado por fuerzas cristianas. 



En 1380 fue reforzado por el arzobispo Tenorio para después, ya sin valor estratégico, sufrir una continua dejación hasta el siglo XX.

Banderas en el torreón del homenaje del castillo de San Servando, en julio de 1949. FOTO ARCHIVO ANTONIO PAREJA
Sin embargo, el nombre de la fortaleza, en realidad, se debe a una edificación cercana, el monasterio que Alfonso VI otorgó a los benedictinos, en 1095, y dedicó a los santos Servando y Germano, como voto por haber salvado su vida, el día de tales mártires, el 23 de octubre de 1086, en la batalla de Zalaca.

Al cenobio llegaron monjes marselleses que sufrirían repetidos ataques almorávides, lo que justificó su marcha en 1110. Siglos después, otras órdenes y el propio arzobispado ocuparon aquel lugar que, en 1932, acogería el nuevo Hospital Provincial. Este proceso lo divulgó, en 1927, el militar e historiador Castaños Montijano (1852-1929) para ser salvadas, sin éxito, las últimas huellas del antiguo convento.

En 1874, gracias a la Comisión Provincial de Monumentos, la fortaleza fue declarada Monumento Nacional, siendo la primera de España que recibió tal distinción y, a su vez, la primera del patrimonio toledano, siguiendo, en 1878, la Sinagoga del Tránsito y la Puerta del Sol. Sin embargo, los muros tan sólo abrazaban ya un maltrecho solar aplicado como almacén de pólvora y ocasional aprisco. 

Castillo de San Servando fotografiado por Casiano Alguacil hacia 1885. FOTO ARCHIVO MUNICIPAL DE TOLEDO
A pesar de todo, el castillo fue escenario esporádico de actos de todo tipo. En 1889 se propuso erigir una pirámide, de 20 metros de altura, dedicada a la unidad católica de España, además de colocarse cruces y estaciones del Vía Crucis en alguna Semana Santa. Para los «scouts» toledanos, San Servando era un destino de excursiones festivas, como para los cadetes, aún alojados en el Alcázar, un paraje de puntuales prácticas. 

No faltaron tampoco las voces que pedían arreglar los accesos para favorecer las visitas turísticas. Finalmente, ningún proyecto llegaría a buen puerto hasta la posguerra civil.

En los años cuarenta, el Castillo captaría el interés para alojar un ideal educativo apadrinado por el Frente de Juventudes (entidad creada, en 1940, para encuadrar niños y jóvenes entre los 6 y 21 años), que ya tenía en Toledo una Academia Cultural, ubicada en la calle Hospedería de San Bernardo 4 y 6. Aquí residían las Falanges Juveniles de Franco que, entre sus actividades, ofrecía clases gratuitas de cultura general a cargo de un sacerdote y dos profesores. Aunque este proyecto, desde el curso 1941.42, se encuadró en el sistema educativo, los recursos eran escasos. 

Fue crucial el papel de un activo maestro y pedagogo, Matías Martín Sanabria (1901-1965), llegado a Toledo en 1934, que ahora ejercía como delegado del Frente de Juventudes y profesor de Prácticas de Magisterio. En 1946 creó un aula para niños de cinco años («una escuadra», como se aludió en una memoria posterior), a cargo de una maestra, Otilia López Pintor, a la que pronto sustituyó Alicia Santos Forcelledo hasta 1978. En 1948 el aumento de matrícula hizo crecer el número de aulas: una más de iniciación, a cargo de Maria Eugenia Martín de Vidales, y otra, de grado elemental, que tuteló Manuel Martín-Abad Cáceres. La falta de espacio hizo que todas las clases se llevasen al edificio de Magisterio, frente al paseo de Merchán. 

En 1949 se sumó un maestro más, Adolfo Tordera Cortecero que, como los anteriores, permanecería hasta 1978. Sin embargo, el mal estado de las instalaciones exigiría otro traslado. El nuevo y definitivo lugar fue la planta baja de la Diputación. Allí, se habilitaron los espacios necesarios como aulas, decorando una de ellas el pintor Ruiz de los Paños con personajes de Walt Disney. En junio de 1950, Martín Sanabria, afirmaba que aquel proyecto no nacía para competir con otros centros docentes, ni tenía un carácter benéfico, pretendía ser un «lugar de selección», que abría sus aulas a «todas las clases sociales». Pronto se irían creando nuevas aulas e incorporándose más docentes que consolidaron la institución.

El centro recibiría el nombre oficial de Escuela Graduada de San Servando y, más tarde,Colegio San Fernando. El cierre llegaría en 1978, al suprimirse el Patronato Escolar Primario del Frente de Juventudes del que dependía. Según Cruz Orozco, que estudia el ocaso del sistema educativo impulsado por el Frente de Juventudes, indica que en los años sesenta reunía a casi 6.000 alumnos sobre un total de 3,7 millones de escolares de Primaria. 

En cambio, los colegios católicos, desde la firma del Concordato, en 1953, ya captaban más alumnado. En aquel momento, en la provincia de Toledo, había más de 5.600 niños y niñas instruidos por religiosos, frente a los poco más de 300 que atendía Juventudes. Aunque esta institución pretendió educar conforme al espíritu ideológico del Movimiento, a medio plazo, además de cubrir las plazas escolares que no creaba con suficiente celeridad el Ministerio de Educación Nacional, sus centros funcionarían como colegios públicos con buenos docentes y magníficos logros, algo que ocurrió en Toledo con resultados sobradamente probados por varias generaciones.

Mientras así evolucionaba la sección de Primaria, la Academia de Cultura seguía anunciando, desde 1943, en su sede, de la calle Hospedería de San Bernardo, clases de cultura general (en horario de tarde-noche), la preparación para alumnos (siempre niños) de nueve años en adelante para el examen de ingreso en el Instituto, o bien en Magisterio, además de becar los estudios a quienes aprobasen los niveles correspondientes. En 1944 llegaba a Toledo Blas Tello y Fernández Caballero. que ejercería como gobernador civil hasta 1951, siendo un fuerte adalid del proyecto educativo iniciado por Martín Sanabria y que ahora, bajo una nueva cobertura normativa, podría ampliarse a niveles superiores con una docencia reglada y reconocida.

En el curso 1948-49 el número de alumnos de la Academia de Cultura era de 150, desde Primaria hasta quienes cursaban quinto de Bachillerato, más 180 becados en otros estudios. En aquel momento, Tello anunció el deseo de que aquella Academia acogiese en un futuro el alumnado de la «clase modesta y trabajadora» de la provincia que no tenía acceso a las enseñanzas medias, para lo que sería preciso habilitar un internado en Toledo. Para lograrlo puso su atención en el arruinado castillo de San Servando de manera que, el 18 de julio de 1949, una vez cedido por la Dirección General de Bellas Artes, presidiría el izado de banderas en la antigua fortaleza, anunciado que, en un año, estaría ya en uso el nuevo colegio. Sin embargo, los deseos tardarían en cumplirse en medio de otras circunstancias que señalaremos en un siguiente artículo.

RAFAEL DEL CERRO MALAGÓN 10/04/2017 14:40h - Actualizado: 10/04/2017 19:40h.
http://www.abc.es/espana/castilla-la-mancha/toledo/ciudad/abci-memoria-reciente-castillo-san-servando-preludios-201704101440_noticia.html

domingo, 23 de abril de 2017

¿Qué haces ahí,Toledo?

¿Qué haces ahí, Toledo, asentada sobre esa alta roca de siete cerros, que ciñe en ancho rodeo el celebrado Tajo del oriente a occiente, dominando esa fértil y frondosa Vega y rodeada de empinados montes? 

Ahí estás como una reina hermosa, olvidada por la ingratitud y maltratada por los años, ostentando aún tus antiguas galas; ahí estás presentando en magnífico panorama tus más preciadas joyas. 

Aquí tu Alcázar suntuoso que domina con su mole inmensa a la ciudad que aparece dormida a sus plantas; allí la gótica catedral, cuya gigantesca torre parece taladrar las nubes; acá el célebre monasterio, erigido por la fe de Isabel y de Fernando, con sus gallardas agujas y airosos botareles; más allá la grandiosa fábrica levantada por la caridad del consejero del primer monarca de ambos mundos; al lado del occidente las celebradas sinagogas, que respiran todo el orientalismo de sus fundadores; y más adelante, en fin, otros cien monumentos cuyas ruinas aumentan tu dolor y amargura.

José Amador de los Ríos. Toledo Pintoresca (1845)














sábado, 22 de abril de 2017

Sepulcro gótico de Don Pedro Suárez

Una de las manifestaciones más espectaculares del estilo gótico son los sepulcros. Un precioso ejemplo es la sepultura de don Pedro Suárez de Toledo. 

Pedro Suárez de Toledo, fue alcalde y notario mayor de Toledo, señor de Casarrubios del Monte y caballero de la Corona de Castilla. Se casó con Juana Meléndez de Orozco, y su hija Inés Ayala, fue tatarabuela de Fernando el Católico. 

Pedro Suárez, como buen militar, falleció en acto de servicio, luchando contra los portugueses en la batalla del Troncoso en 1385.

Durante la Baja Edad Media se muere según la condición social a la que se pertenece, y esto se materializa en el lugar, y la forma de enterramiento.



De esta manera, y a partir precisamente de la Baja Edad Media - antes estaba prohibido - la inhumación en el interior de los templos, donde el finado gozaba de la protección de los santos, y donde los demonios tenían más difícil penetrar, se convirtió en práctica habitual. 

Tras su fallecimiento, Pedro Suárez, fue enterrado en el Convento de Santa Isabel de los Reyes en Toledo, aunque su sepulcro permanece en la actualidad expuesto en el Museo Marés de Barcelona. 

El sepulcro fue elaborado en Toledo, en el taller dirigido por Ferrand González, posiblemente el más importante de la ciudad imperial. Rasgos característicos de las esculturas salidas de este taller son la escasa altura de las camas y su decoración a base de medallones. 

La estatua yacente aparece ataviada con las vestimentas propias de su ocupación terrena, y el mármol se encargaba de eternizar. El caballero se representa con su armadura y el fraile con su hábito. Y en ocasiones con ambos. De esta manera, el noble pretendía ofrecer a los hados del destino una humilde muestra de su piedad.

Siguiendo esta pauta, el caballero Pedro Suárez, viste la armadura, símbolo inequívoco del orden de los bellatores, que queda disimulada bajo el hábito franciscano, puesto que en vida, el ideal cristiano, se superponía a todos los demás. Otro indicador más de franciscanismo, es el cordón que rodea sus escudos, grabados en el sepulcro.

Un elemento característico de la iconografía mortuoria caballeresca es la presencia del perro, normalmente a los pies del difunto, aludiendo a la consabida fidelidad, pero haciendo referencia también a una de las actividades predilectas de la nobleza; la caza. 

El caso del perro del caballero toledano alcanza tintes legendarios. Don Pedro murió valientemente en combate con los portugueses y su compañero canino, siempre fiel, cogió la mano que los enemigos habían cercenado a su señor y la llevó hasta el Convento de Santa Isabel de los Reyes, donde se encontraba su hija María. 

La desdichada María comprendió rápidamente el mensaje e hizo trasladar los restos de su amado padre desde el campo de batalla para darle cristianas sepultura. Como reconocimiento al valor y lealtad, el protagonista de la hazaña, fue esculpido a los pies de su señor.

http://herodotohistoriant.blogspot.com.es/2014/05/sepulcro-gotico-de-don-pedro-suarez.html

viernes, 21 de abril de 2017

Mancebias y casas de acogida en Toledo en el Siglo de Oro ( y II )

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La primera sentencia la fijaba en 2,500 ducados, pero ellos pedían que se les concedieran los 2,600 en que el juez árbitro, Lorenzo Olivero, veedor de las obras reales de Toledo, la había fijado, a la luz de las pruebas presentadas: la renta de cada año de la casa eran 2I0 ducados y dos pares de gallinas, pero para los siguientes estaba arrendada en 230 ducados y 6 pares de gallinas, "y que siendo la dicha renta perpetua y va cada día subiendo", el juez valoró el millar en más de 25,000 mrs.

Los propietarios pidcn csta cantidad a cambio de rctirarse de un pleito ya largo, quc en el documcnto real se dice dura más de quince meses.

Añaden, adcmás, el perjuicio que se les ocasiona ¿el no poder utilizar un edificio que había sido construido con el solo fin de ser mancebía, al que nadie querrá ir ni habitarr oné1. Sentencia cl rey que el concejo pague, cuando fuera requerido, los 2,600 ducados más los réditos de la casa desde cl día en que fueron sacadas de ella las mujeres, "con algo más".



No tardaron mucho Tomás Gaitán de Rivera y Rodrigo Ávalos en requerir al corregidor que hiciera efectivo el pago,to inclicando quc hay dinoro para realizarlo "dcl depósito de los veinte mil ducados dc la última facultad quc su Magestad a concedido a csta ciudad, pucs cste cs uno de los cfectos para quc so conccdió la dicha facultad y ay de ellos con que poderse pagar la dicha cantidad".

Resultado de imagen de Mancebias y casas de acogida en Toledo en el Siglo de OroY así lo hizo, pagando las trcs cuartas partes dc los 2,600 ducados el 10 de enero do 1511 "del cofre donde sc pusieron los 20,000 ducados quc dio don Fernando de la Cerda por el tributo que le impusieron los señoros Tolcdo"."

Municipalizada e incorporada a los bienes de propiedad de la ciudad la casa de mancebía se arrienda por periodos de cuatro años. Los rendimientos cconómicos quc produce al concejo  han  sido analizados  por Julián Montemayor."

Aparece por primera vez entre las rentas de 1583 con una cantidad superior a 150,000 mrs., quc sc incrementa hasta un máximo de casi los 200,000 cntre 159l-1,594 para desconder después, bruscamente, hasta los 80,000 mrs., en 1607,y de nucvo en 1615 a sólo 40,000 mrs. anualcs. Montemayor considera este dcscenso dc los ingresos como un reflejo de la pérdida de población de la ciudad, no debe ser la única razón.

El Corral de Comedias, también incluido en los propios dc Toledo, en 1584 fue rematado por su arrendador en 105,000 mrs., y en los años finales del siglo renta 700,000 mrs., alcanzando en 1606 la cantidad de 1.320,000 mrs. Pasó a ocupar cl scgundo lugar de las rentas municipales y a lo largo de todo el siglo XVII será uno de los componentes más importantes dle las finanzas municipales.

Por cl contrario la casa de mancebía fue decayendo. Se suceden las quejas al concejo de los arrendadores de la casa. En cnero dc 1601 Juan Gómez, que la había rematado en 112,500 mrs. pide que se le descuenten 18 días que la casa e stuvo cerrada y las llaves cn poder del mayordomo de la ciudad, porque cs pobre y ticne mucha nccesidad, por lo que la ha traspasado a Diego Ló pez.

Éste, en septiemlre de 1608 reclama dcl mayorclomo de la ciuclad los gastos que realizó en la casa dc manccbía cuanclo le tuvo arrcndada. El estado de conservación del edificio no era bucno y el concejo no hacía los reparos necesarios. El 4 de octubre de 1613 Antonio García, a cuyo cargo está la casa pública dice que para poder vivir y habitar en ella es necesario arreglarla, porque se hunden los tejados y otras cdificaciones, y hace más de ocho años quc no se reparan. Suplica que la ciudad mande un alarife con el mayordomo y vean las obras que son necesarias.

Tres días después emiten su informe: primeramente tejar de nuebo todos los tejados con sus caballetes y limas y canales maesas, todo... lleno y caballete de yeso puro, todo labrado a cordel, y ansímismo arreglar en unas piezas unos tabiques que cstán caídos ans íen las altas como en las bajas muchas llabes y cerraduras que faltan y adobar algunas puertas que están quebradas y desencajadas así en las piezas de las mugeres como en la del padre, y apretar unos pedazos de parcdes y en el patio y cocina enpedrar muchos pedazos y aderezar la cocina y la chimenea y solar muchos pedazos de las piezas altas y bajas y rebocar unos cimientos y otros muchos remiendos menudos, los quales dichos reparos son forzosos y necesarios de acer luego por estar todo undido y maltratado, y no aciendose luego no se puede habitar en los aposentos y bendrán más gastos."

La descripción no puede ser más clara, el edificio no está en condiciones dc ser habitado. Después Antonio García sc dirigirá al concejo y le comunica que no quiere tener la casa por más ticmpo y entrega las llaves," aunque antes había pedido un descuento en su alquiler por 26 días que no ganó nada al haber sido llevadas las mujeres a una casa de recogidas La causa de la ruina de la casa está motivada más por un cambio de actitud hacia la prostitución quc por la pérdida de población de la ciudad, con ser ésta muy importante. No es extraño, pues, que cuando las mancebías fucron suprimidas en 1623 por una pragmática de Felipe IV el concejo pcrdicra una renta poco importantc. Desdc entonces no aparece entre los propios.

La casa seguía en pie en I778, era de propiedad municipal y se utilizaba como casa de vecinos, produciendo una renta reducida Esto no quicre decir que la prostitución de sapareciera dc la ciudad. Siguió cjerciéndose a domicilio, como en el caso de Claudia v María Chaves. madre e hija, montañesas afincadas cn Toledo, "que" tienen a todos los mozos del lugar muy gratos y por suyos" como se dice en cl proceso inquisitorial que se les formó en 1651, aparentemente por prácticas de hechicerí asaz también en lugares apartados, tales como la Vega Baja, camino de la Venta de la Esquina, donde hay tres cuevas en las que "se refugian mujeres públicas y soldados y paisanos".

En realidad a lo largo de los años que aquí estudiamos se va produciendo un cambio de actitud hacia la prostitución, reflejo de una evolución en la mentalidad de la época. Es patente en el proceso de alejamiento de los lugarcs de su ejercicio del centro a la periferia hasta ahora descrito: de una presencia de las rameras en los mesoneson de la zona cercana a Zocodover y en los de los arrabales a su concentración en una sola casa, situada, eso sí, en una de las calles de acceso al centro desde el puente de Alcántarayjunto a unlugar muy frecuentado, el pósito, y de al( al fondo de la Antequeruela, un lugar más descaminado.

Todo en el espacio de un siglo. Se ha pasado de una libertad sexual, que juzgaba con mucha indulgencia los actos de simple fornicación, a un control de la prostitución, considerada como un mal necesarioo que protegc la honestidad de la mujer de famila. Las mancebías son un fenómeno urbano, y la de Toledo era muy frecuentada, como ha comprobado Bennassar en los fondos de la Inquisición. Su tarifa, medio real, que no era cara, y la idea extendidísima en la época de que el pago suprimía el pecado, favorece la frecuentación del burdel.

En las tertulias muchas de las convcrsacioncs sólo tenían por objeto informarse hasta qué punto era pecado la fornicación. Son muchos los testimonios que ponen en evidencia una resistencia a la rigidez moral emanada del Concilio de Trento, y en toclas partes, hombres y mujeres se resistían a admitir que la simple fornicación, la que implica sólo a los solteros, fuera pecado. En el peor de los casos lo sería venial, nunca mortal.

Fue necesaria una campaña de propaganda por parte de la Inquisición, que aquí ataca no el comportamiento moral sino el error dogmático, y de los clérigos entre 1560 y 1620 para modificar lentamente el sentimiento general. Las casas de recogidas Todo este cambio se manifiesta en la reglamentación de las mancebías, sometidas a un control administrativo y sanitario por los municipios que tratan dc evitar el contagio, moral y físico, y sobre todo en la aparición, desde mediados del siglo XVI, de casas de recogimiento a las que debían acudir las mujeres que quisieran abandonar su vida anterior. Como ya se dijo, las deudas contraídas no serían un obstáculo.

La iniciativa del recogimiento queda en manos de la mujer, pero su voluntad se ve ayudada por una serie de prácticas de tipo religioso. Se trata de hacerle ver su vida de pecado y moverla al arrepentimiento como una nueva Magdalena. Con tal motivo la casa de mancebía de Toledo permanece cerrada  durante la Semana Santa y las prostitutas llevadas al hospital de Santa Leocadia donde son recogidas y alimentadas, predicadas y persuadidas las meretrices para que dejen aquella vida ynfamc y pecadora, dondc muchas son convertidas y casadas y con sus maridos perdonadas, porque ansí para los casamientos como para el perdón de sus hierros se allegan de buenas personas algunas limosnas

Estas prácticas de piedad no las rcalizan sin oposición. En Valladolid, la procesión del martes santo, que tiene su inicio en la iglesia de la Magdalena, es la de las mujeres públicas, y está destinada a ofrecerles una oportunidad de salvación, pero sus respectivos rufianes las vigilan y profieren las más terribles amenazas para aquellas que se arrepienten

https://ruidera.uclm.es/xmlui/handle/10578/5412



jueves, 20 de abril de 2017

Postigo de los Doce Cantos, Toledo

Resultado de imagen de Postigo de los Doce Cantos, ToledoPostigo más que puerta con ingreso en codo, típico del período árabe, daba paso a la ciudad por la muralla del Este. 

No debió tener gran importancia militar por ser solamente una segunda línea defensiva, amparada por el fuerte conjunto del castillo de San Servando. 

Plaza de armas del puente de Alcántara y la coracha protectora de éste inmediata al arco menos del mismo. Por ello, nos parece muy dudoso que desde este lienzo se haya defendido a la ciudad alguna vez.

Se menciona por primera vez con su nombre actual en la jordenanza dictada por “Los señores de Toledo”



El 7 de junio de 1480, designándose los lugares donde debían arrojarse las basuras, indicándose a éste como “otra quebrada que está ende, de fuera del antepecho”. Se ve que por este procedimiento se fue formando la ronda actual o paseo de los cabestreros, enlazando así la subida hasta Doce Cantos (Que antes terminaría frente a la puerta) con el Espinar del Can.

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El postigo que hoy vemos estaba tapiado hasta que fue descubierto en 1926, al eliminarse los revocos que cubrían lo que parecía un simple machón, lateral al paso hacia la calle del Carmen; paso que ahora es sólo un rompimiento de la muralla, pero que hasta el siglo XVIII al menos tuvo su correspondiente puerta. 

Así resulta de la documentación conservada en el Archivo Municipal toledano, según la cual y por haberse deteriorado debido a repetidas lluvias (y añadimos nosotros, por la acumulación sucesiva de tierra por la parte alta de la muralla), se encargó al alarife José Díaz un estudio de su restauración. 

Así lo hizo éste, proponiendo el 2 de junio de 1760 que se adornara la puerta “demoliéndose el trozo de muralla que ha quedado unida a los corrales del Hospital de Santiago y rehacer la parece simétricamente; eleva uno y otra a la altura de 12 pies y formar una imposta, y sobre ella un pedestal con su remate en medio, y unido a dicho trozo de pared, se hará una porción de círculo, la que rematará con garbosidad”

Tal propuesta fue aprobada por el municipio, así como la cuenta subsiguiente a su realización: ésta, el 18 de julio del mismo año, por 1647 reales, menos de 435 que importaron los materiales resultantes del derribo. En resumen, una obra de poca envergadura que no debió modificar gran cosa la estructura antigua, salvo el remate superior.

Lo que no hemos averiguado es que cuando se eliminó el dintel que evidentemente tuvo, hasta quedar en el simple hueco actual; tal vez se quiso ensanchar el paso sin meterse en nuevas obras. En cuanto al trozo de muralla cuyo derribo se proponía por el alarife, no se hizo por fortuna, ya que en él iba incluido el postigo árabe actual. 

En todo caso se ve que nunca tuvo este paso gran importancia, al tener que pasar a llegar a él dos puertas precias; la del puente, a su vez doble, y la de San Ildefonso, derribada, como dijimos, al tratar del viaducto, ya en 1871, y que debió sustituir a ésta en su función defensiva, tanto por ser, al parecer, más moderna, como por la estructura conservada aún en el postigo sobreviviente, que tuvo al menos dos plantas, quedando restos de la escalera de acceso a la segunda, ya desaparecida. 

Creemos probable que al cerrarse totalmente la plaza de armas con una puerta al norte, hacia el Miradero, y otra al sur, la citada de San Ildefonso, perdió su utilidad este paso de Doce Cantos, muy restringido si nos atenemos a los restos conservados; se abandonó su conservación, salvo la reparación citada de 1760, y acabo por romperse la muralla. Sin utilidad ya la puerta primitiva, se tapió y quedó olvidada (ya lo estaba en 1760, a juzgar por el informe del restaurador) hasta su descubrimiento en 1926.

Se ha discutido por los antiguos historiadores si el nombre de Doce Cantos se debía a componerse el arco de doce dovelas o bien a una fuente de “Doce Caños” Situado junto a él. Aunque la cuestión no tenga gran trascendencia, parece más probable la segunda solución, por que consta que hubo una fuente efectiva en el lugar, cuyo pretil se mandaba reparar en 1776 para adecentar los lugares que iba a recorrer Carlos III al regreso de una cacería en El Castañar. La fuente no debería funcionar ya en tal época (En 1617 se interrumpe el artificio de Juanelo, definitivamente) pero algo quedaba de ella, como vemos.

Diremos por último, que al exterior de esta puerta y sobre el terraplén que formaron los escombros y basuras a que antes aludimos, había casas que figuran en el plano del Greco situadas en lo que hoy se llama paseo de Cabestreros. Allí se censaron en 1561 a veinticuatro vecinos, feligreses de Santa María Magdalena; y no sabemos si a la vez que tales viviendas hubo otras adosadas a la muralla de las que aún quedan algunas ruinas, que se demolerían al iniciarse la llamada “Ronda Nueva” y luego Cornisa del Tajo.

Textos sacados de "Historias de las calles de Toledo" de Julio Porres.

http://callesdetoledo.es/un-poco-de-historia-doce-cantos/

miércoles, 19 de abril de 2017

El rey Ordoño de León arrasa la Talavera musulmana

Resultado de imagen de rey Ordoño II de LeónTraigo hoy tres curiosos documentos en los que se relata cómo el rey Ordoño II de León arrasa la Talavera musulmana. Ese asalto y la debilidad de las murallas musulmanas de entonces hace que Abderramán III las fortalezca y haga que se construya la alcazaba.

“Fallecido ya su padre y habiéndole sucedido García, su hermano, el belicoso Ordoño, movilizando de nuevo su ejército, se puso en marcha contra Évora, ciudad del reino toledano, que ahora es designada como Talavera; una vez llegado ante ella, la rodeó con sus campamentos, y sin que le valiera para nada la robustez de sus murallas ni el valor de sus defensores sucumbió ante Ordoño, el victorioso y poderoso luchador. 

Pues, tras un pronto asalto, no sólo tomó, sino que dio muerte a todos los que habían acudido a la lucha con su jefe Suit, y habiendo saqueado todos los bienes de los ciudadanos, regresó rápidamente con una gran multitud de cautivos a su base de partida.”

CRÓNICA SILENSE

Fotografía de Ruiz de Luna que muestra una torre árabe de la muralla a la derecha, en la zona de El Charcón



A comienzos de este año [301 de la hégira, que comenzó el 7 de agosto del 913] movilizó sus tropas Urdun ibn Adfuns, (Ordoño, hijo de Alfonso) rey de Galicia, y salió con un gran ejército, formado aproximadamente -entre jinetes, infantes y arqueros- por 30.000 hombres, en dirección a la ciudad de Évora, cuyo amil era a la sazón Marwan ibn Abd al-Malik ibn Ahmad.

Acampó cerca de Évora el miércoles 13 de mubamzm de este año [19 agosto 913], y luego se adelantó entre un grupo de sus guerreros hacia la ciudad, dando la vuelta a su muralla. En esta inspección vio que la muralla era baja, sin antemuros ni almenas, y que en un lugar por la parte de fuera había unos montones de la basura de la ciudad, arrojada junto a la puerta desde dentro de la plaza, que en algunos sitios eran casi tan altos como la muralla. Estas circunstancias le movieron a codicia de tomar la ciudad, y, no dudando que la ganaría, la cercó por todas partes, asedió con rigor a sus habitantes e hizo descabalgar a todos sus jinetes y condes, quedándose sólo con unas cuantas personas de los principales de la gente de su casa, en número no superior a cinco.Placa fundacional de la Alcazaba y la restauración de la muralla árabe que se encontraba en la esquina Carnicerías -Ronda del Cañillo

Las tropas iniciaron las hostilidades contra los habitantes de Évora, que los rechazaban desde encima de la muralla cuanto podían; pero como los arqueros enemigos les hacían llover las saetas, y no había parapeto que contuviera su avance, llegó un momento en que les abrasaron las flechas, y en que, no pudiendo resistirlas, dejaron libre toda la muralla y se retiraron de ella. Los enemigos entonces se acercaron a la muralla, y, llegando a lo más alto de aquellos montones de basura, lograron echar abajo un remiendo de albañilería recién hecho allí para tapar un boquete. Cuando quisieron darse cuenta los habitantes de la ciudad, ya ésta había sido invadida por varios sitios y se encontraron con el enemigo dentro.

Reaccionaron, sin embargo, los musulmanes en esta ocasión, unidos como un solo hombre; lograron expulsar de la plaza a los invasores, y, retornando a las murallas, mataron buen número de enemigos. Volvieron éstos, sin embargo, a la carga, los derrotaron, y entraron de nuevo en la ciudad. 

Encarnizóse el combate y arreció la pelea, muriendo mucha gente por ambas partes, hasta que a la postre los enemigos se impusieron por su número, los desbarataron y los obligaron a refugiarse en un sitio, al oriente dela ciudad, cerca de la muralla donde se aglomeraron en poco espacio y no les era posible desenvolverse por causa de la angostura. 

En consecuencia, los mataron a todos (iDios tenga misericordia de ellos!), y, además, los politeístas se apoderaron de todas sus mujeres, hijos y bienes. Sólo se salvaron diez personas de nota, gente conocida, que se refugiaron con sus familias en algunos de aquellos edificios antiguos; que, encaramados en lo más alto de ellos, resistieron hasta la noche, y que, cuando ésta cerró, bajaron de su escondite y, amparados en la oscuridad, se deslizaron furtivamente hasta llegar a Beja. 

Nadie se salvó de los habitantes de Évora más que ellos, que eran de sus vecinos principales. En esta batalla encontró el martirio por la fe Marwan ibn Abd al-Malik,amil de Évora, que fue muerto en su oratorio, y cuyas mujeres e hijos cayeron en cautividad. El número de mujeres y niños hechos prisioneros dentro de la plaza se acercó a los 4.000, y los muertos en el recinto de la ciudad fueron alrededor de 700 hombres.

Tramo de muralla restaurado en la zona de El Charcón

Se cuenta que no había memoria en al-Andalus de un desastre del Islam, por parte del enemigo, más afrentoso y terrible que éste. 

Durante algún tiempo, el que entraba en la plaza, luego de haberla abandonado el enemigo, y se dirigía al lugar en que se habían apretujado los musumanes sin encontrar ante ellos salida, veía sus cadáveres, apilados unos encima de otros, hombres y mujeres, en montones, casi tan altos como dos veces la talla de un hombre, que llegaban al filo de la muralla.

Se llamaba aquel lugar al-Atrás [¿el Estrecho?], a causa de su angostura. El tirano Urdun partió rápidamente con su ejército el jueves, a otro día de su entrada en la ciudad. El resto de los habitantes del Algarve y de otras regiones se afligieron sobremanera por esta calamidad de Évora, y concibieron tan grande temor del enemigo, que se consagraron a reparar las murallas y a fortificar sus castillos. Los que lo tomaron más a pecho fueron los habitantes de la ciudad de Badajoz, cuya muralla, de adobe y tapial, era la misma de los tiempos de Abd al-Rahman ibnMarwan al-Yilliqi. 

En efecto, escribieron a su emir Abd Allah ibn Muhammadibn Abd al-Rahman, comunicándole la decisión que habían tomado de fortificar la plaza, y el príncipe, no sólo les animó en su decisión, sino que tomó personalmente a su cargo, en compañía de sus consejeros, el vigilar la obra y reunió a los obreros necesarios para la edificación de la nueva muralla. La hicieron de un ancho de diez palmos en un solo tapial, y los trabajos se continuaron ininterrumpidamente, hasta dejarla concluida en este mismo año”.

UNA CRÓNICA ANÓNIMA DE ABDERRAMÁN III. E. Levy Provenzal y Emilio García Gómez

El señor de Badajoz, Abdallah b. Muhammad temió que, al haber quedado Évora desierta, se metieran en ella algunos de los bereberes de las inmediaciones y resultara perjudicado, por lo que, saliendo con los suyos hacia allí, destruyó los torreones y echó abajo el resto de las murallas, hasta dejarlas por tierra.

Al-Muqtabis

http://lamejortierradecastilla.com/el-rey-ordono-ii-de-leon-arrasa-la-talavera-musulmana/

martes, 18 de abril de 2017

Repoblamiento, Población, Grupos Religiosos y Sociales tras la conquista de Toledo (I)

Los conquistadores y repobladores que acudieron a partir de 1085 encontraron no sólo población ya instalada, sino también suficientes emplazamientos en uso para el poblamiento urbano y rural, paisajes agrarios y tipos de cultivo en pleno vigor. 

No era, como ocurría con las extremaduras entre Duero y Sistema Central, una tierra arrasada y desertizada, donde todo tenía que partir de la iniciativa colonizadora.

Por el contrario, las peculiaridades y permanencias de la época islámica hubieron de ser tenidas en cuenta y se integraron en el nuevo sistema social, de poblamiento y relación hombre/medio, de diversa manera.

Las formas de poblamiento y los emplazamientos no se modificaron. Toledo siguió siendo la ciudad principal, en su magnífico sitio de acró- polis sobre un peñón cercado por el Tajo en sus tres cuartas partes, con el plano y las características propias de una urbe islámica occidental. 



Componían su séquito un conjunto de «villas» de menor importan- 75 cia, todas preexistentes, pero en las que se hicieron labores de fortificación y edificación notables en los siglos XII y XIII: Talavera, Madrid, Alcalá, Guadalajara. El poblamiento rural, en el entorno de Toledo, estaba formado por decenas de aldeas, llamadas alquerías, y más adelante lugares, que persistieron en su inmensa mayoría, hasta la crisis de los siglos XIV y XV. 

Hasta entonces, también, hubo gran continuidad en los paisajes agrarios y tipos de cultivo del campo toledano, más intensamente explotado que otras áreas de Castilla la Nueva, según tradiciones islámicas y mozárabes. La riqueza agrícola del territorio había sido ensalzada, tal vez con exceso, por autores árabes (Idrisí, Rasis), y se reflejó en algunos tratados de agronomía escritos por los toledanos Ibn Bassal e Ibn Wafid, en el siglo XI. 

Destacaban, tanto en el término de Toledo como también en el de Talavera, las vegas del Tajo y sus afluentes, que permitían la irrigación: viñas, huertos, frutales. Poco antes de la conquista habría trazado el agrónomo Ibn Wafid la famosa «Huerta del Rey», junto a Toledo. Ni que decir tiene que el uso del agua para riego, como fuerza motriz, y de las pesquerías, estaba muy regulado. Contaban también las terrazas de secano, destinadas al trigo y otros cereales, en rotación bienal. 

Era ya zona apta para el olivar y aprovechada para la plantación de frutales, árboles madereros (pino), aparte de la madera que bajaba de las serranías ibéricas por el Tajo y morera para la cría de gusano de seda. Los conocimientos agronómicos impulsaron el empleo de abonos animales —eran muy numerosos los gallineros y los palomares—; sin embargo, el desarrollo de la ganadería en la zona toledana era relativamente escaso; apenas se practicaba todavía la trashumancia de ganado ovino, aunque se criaba ganado bovino suficiente para la labor del campo, y equino para la guerra, sobre todo en las tierras sureñas del alfoz toledano. 

Hay que mencionar, también, la importancia que tuvieron siempre, en los Montes de Toledo, las colmenas, siendo, como era, grande el consumo de miel, y determinados productos de caza, en especial las pieles de conejo, cazados con trampas o losas. A partir de esta situación actuaron los organizadores de la repoblación, desde el momento de la conquista cristiana, y los nuevos pobladores, como ya he indicado, la tuvieron en cuenta. Al permanecer la mayor parte de la tierra bajo jurisdicción regia (realengo), los monarcas son los máximos organizadores de la repoblación y, como agentes suyos, los municipios, que fijan los términos o alfoces, reparten tierra entre pobladores, a quiñón, en lotes o heredamientos relativamente iguales, y ordenan la explotación de las tierras de uso común. 

La Iglesia fue gran propulsora de la repoblación en las villas y aldeas cuya juris- 76 dicción la clonaron los reyes, como fueron Alcalá de Henares y Brihuega, que pasaron a manos de los arzobispos de Toledo. Algunos conventos urbanos de Toledo, la sede arzobispal, y el cabildo catedralicio contribuyeron a modificar, como veremos, la estructura de la propiedad agraria, mediante compras de tierras y recepción de donaciones, además de haber recibido grandes predios o donadíos en los repartimientos, y aldeas (15 la sede episcopal entre 1086 y 1115, según Julio González). 

Pero apenas hubo colonización agraria de tipo monástico, al contrario de lo que había ocurrido en las tierras del NO y de la cuenca del Duero, ni tampoco, en las tierras toledanas que ahora consideramos, la de Órdenes Militares, tan decisiva en otras áreas de Castilla la Nueva. Respecto a las cesiones de jurisdicción a nobles laicos sobre diversos territorios, para que organizasen su repoblación, fueron escasas: algo más abundantes entre 1166 y 1192, que fue el período mejor de la tarea pobladora en áreas rurales y bajo la forma de prestimonio, típica del derecho hispánico, pero no tuvieron mucha importancia, ni anticipan el gran proceso señorializador de los siglos XIV y XV. 

Desde luego, la buena población de la ciudad de Toledo fue objeto de especial cuidado, desde los primeros momentos, pero ni siquiera en este caso mejor conocido se puede responder a la pregunta sobre cuántos eran los habitantes, tanto los de antigua residencia que permanecieron —mozárabes, musulmanes, judíos— como los nuevos pobladores castellanos, francos y de otras partes. 

Se sabe que el Toledo islámico pudo albergar, en los mejores momentos, 37.000 habitantes, pero seguramente eran muchos menos en 1085. Sin embargo, a lo largo de los ss. XII y XIII, la ciudad sería la mayor aglomeración de la España cristiana, aunque no superase los 25.000 h. Pasemos, en consecuencia, al análisis cualitativo de los grupos de población toledanos. Primero, las minorías étnico-religiosas de musulmanes mudejares y judíos, que por su propia condición permanecían en muchos aspectos en los márgenes del nuevo sistema social. 

Segundo, los grupos cristianos, según su origen: mozárabes indígenas, repobladores castellanos y francos. La identidad de fe y los intereses comunes permitieron, en este caso, la aparición de criterios globales de jerarquización y organización social, aunque permaneciesen, más o menos tiempo, los específicos de cada grupo. Los musulmanes. Las referencias documentales sobre los musulmanes, después de la conquista, son escasas, a pesar de su presencia predominante y numerosa antes de que ocurriera. 

Muchos emigraron antes de la conquista o a raíz de ella, sobre todo los cuadros intelectuales y administrativos, todos aquellos que tuvieron medios para atender 77 la exigencia islámica, según la cual el fiel debe vivir en pais de Islam. Otros se convirtieron, según testimonios de época, y sobre todo de los años 1118 a 1137, durante la decadencia almorávide, aunque el silencio impide saber cuántos y cómo. De todas maneras, permaneció en Toledo y su término una comunidad musulmana mudejar, la primera de importancia que conoció la España cristiana, respetada en su libertad personal, en su residencia y oficio, en la propiedad privada de sus bienes, según estipulaba la capitulación de la ciudad. 

He aquí un fenó- meno nuevo y trascendental durante varios siglos en la historia hispá- nica, los fundamentos del mudejarismo en territorio castellano-leonés, recogiendo una práctica de coexistencia que tenía su origen en el tradicional respeto del Islam hacia la «gente del libro» (cristianos y judíos), sólo que ahora los términos se habían invertido. Los mudejares serían, en general, gente modesta, dedicada a oficios artesanos, al pequeño comercio, o al cultivo de la tierra como aparceros. Vivirían en Toledo entremezclados con el resto de la población y bien diferenciados de los moros cautivos venidos de otras partes por causa de la guerra. 

No es posible sostener que fuesen muy numerosos, porque el silencio de los documentos es grande y, sobre todo, porque en los siglos siguientes su número es muy escaso, pero se puede suponer que los grupos mudejares que aparecen en Segovia, Ávila, Valladolid, Burgos y otras ciudades de la cuenca del Duero desde finales del siglo XII son de procedencia toledana, y acudirían a ellas en busca de lugares más alejados de la frontera, donde su presencia no despertara sospechas de colaboración política con el mundo islámico. 

Los judíos, al igual que los mudejares, vivieron en Toledo gracias a la protección personal que les dispensaba el rey, su señor, como grupo específico, ajeno a la sociedad hispanocristiana. Conservaron el barrio que ya tenían en época islámica, entre las collaciones de Santo Tomé y San Román y el Tajo, pero su número se incrementó mucho durante el siglo XII, en especial en la segunda mitad, con los que huían del valle del Guadalquivir, debido a la intolerancia de los almohades.

Miguel Ángel Ladero Quesada 
Universidad Complutense.
 Madrid
https://rua.ua.es/dspace/bitstream/10045/7136/1/HM_03_03.pdf


lunes, 17 de abril de 2017

Jardines del Prado de Talavera de la Reina: Fotos Antiguas

Siguiendo con la serie de entradas de fotografías antiguas y descripción e historia de los Jardines del Prado traigo hoy varias fotografías del paseo central del Prado y vistas y postales generales de este elemento patrimonial tan talaverano


El “paseo de enmedio” de los jardines del Prado en postal de 1927 de J.Camino




Paseo del Prado en otra postal de principio de siglo de ediciones Campos, el paseo grande o de “enmedio” es llamado el “salón”.


Otra vista del paseo central del Prado en los años 40


Una de las jaulas de aves del Prado a principios del sigo XX. Postal de J del Camino de 1927


Vista parcial de una postal de ediciones campos realizada a principios de siglo desde el tejado de la ermita


Vista aérea del Prado y la plaza de Toros en los años 60


Vista aérea de los Jardines del Prado en los años 60. Detalle ampliado donde se ven los paseos, el estanque y los viveros.


Paseo  de la Ermita de los Jardines del Prado en una postal de los años 70

Postal que refleja una vista general del Prado desde su lado occidental en postal de los años 70

http://lamejortierradecastilla.com/fotos-generales-de-los-jardines-del-prado/

domingo, 16 de abril de 2017

Mancebias y casas de acogida en Toledo en el Siglo de Oro (I)

Resultado de imagen de Mancebías En el Siglo de OroMANCEBIA Y CASAS DE RECOGIDAS EL TOLEDO DEL SIGLO

Es éste un estudio sobre el ejercicio de la prostitución en Toledo, que sería imposible hacerlo con las fuentes que se han utilizado: documentación municipal y por lo tanto administrativa;1 se centra, eso sí, en el control y funcionamiento de la casa pública o mancebía de la ciudad, y en el interós por rescatar a tales mujeres cn las divcrsas casas de recogidas que se fundaron en Toledo en la segunda mitad del siglo XVI.

La casa de mancebía

Antes del reinado de los reyes católicos las prostitutas de Toledo ejercían su oficio en los arrabales de la ciudad y las cercanías de la plaza de Zocodover, en especial en el Corral de Pavones, una plazuela situada entre la torre noreste del Alcazar, el hospital de Santiago y la iglesia de San Juan de los Caballeros



El regidor Pedro Núñez de Toledo construyó, a su costa, unas casas y mesón en la calle de la Calabacería y obtuvo del ayuntamiento que las "mugeres de partido" de toda la ciudad se mudlaran a su establecimiento so pena de 100 azotes a la que no lo hiciese, por el mucho ruido y los continuos escándalos que su trato producía. Así se pregonó en las calles y plazas el 31 de octubre de 1418.

Resultado de imagen de Mancebías En el Siglo de Oro
Para moverlas al cambio de lugar,la ciudad tomó bajo su protección el mesón y las mujeres que en él estuviesen, con las mayores penas civiles y criminales para los que quebrantaran el seguro. Se establecía, así, un monopolio de la prostitución en manos de Pedro Núñez, que tendría su asiento en el mesón que é1 había construido. Todo esto fue aprobado por los reyes católicos mediante un privilegio real. Pedro Núñez incurrió en el delito de herética pravedad, y sus bienes, como los de todos los penitenciados por la Inquisición, fueron confiscados

Esta casa y mesón fueron adquiridos al fisco por Lope de Vera, criado y continuo de los reyes, y Lorenzo Núñez, ambos vecinos de Toledo, que pidieron confirmación del privilegio a los monarcas.

Ésta fue despachada en Medina del Camno el 24 de enero de I494,e en los mismos términos que el concedido a Pedro Núñez. En otros lugares del reino ocurren, por las mismas fechas, sucesos semejantes. Las mujeres públicas, que se encuentran en mesones y casas particulares, son concentradas en único lugar, aduciendo razones de alteración del orden y escándalos de todo tipo.Es el concejo el que las reúne en el mesón de Bernardina Roclrigvez, en el arrabal de la Puente Seca,

En noviembre de 1494. La mancebía de Salarnanca, la monta en 1497 Garrcía de Albarrategui, mozo de ballesta de los reyes, por concesión del príncipe don Juan, como señor y gobernador de Salamanca.

La mancebía de Toledo, con su monopolio, era un buen negocio y seguía en manos particulares. En 1536 la propiedad se encontraba dividida en cuatro partes proindivisas: una era de don Fernando Hurtado y María de San Pedro, su mujer, vecinos de Toledo; la segunda de Gutierre de Andrada y Guiteria de Amescua, su mujer, vecinos de Ocaña; la tercera de Martín Niño de Rivera y de su mujer María de Toledo; y la cuarta de doña Beatriz, mujer de Pedro López de Ayala. 

Las dos primeras partes las adquirió Diego López de Ayala, vicario y canónigo de Toledo, aquel año de 1536.

Junio de 1571,, en la partición de los bienes de Martín Niño de Rivera y María de Toledo se encuentra una cuarta parte de la casa de la mancebía que fue adjudicada a los hijos de los difuntos: a doña María Niño por un valor de 183,218 mrs. y a su hermano Tomás Gaitán de Rivera por 116,782 mrs Éste había comprado el 5 de noviembre de 1555 la mitad de la casa que era propiedad del canónigo Diego L6pez de Ayala por 120,000 mrs. pagaderos en tres plazos. Sobre la casa quedaban impuestos 15,750 mrs. de tributo cada año, que el nuevo propietario redimirá el 22 de marzo de1560 pagando a los herederos del canónigo la cantidad de 240,000 mrs.ls

En 1515 la casa de mancebía se encontraba en manos de los siguientes copropietarios: Tomás Gaitán de Rivera lo era de la mitad y un octavo; su hermana de otro octavo;la cuarta parte restante de los herederos de don Luis de Ávalos.tu Todos estos propietarios pertenecían a familias notables de la ciudad: Niño, Gaitaq Lípezde Aya-@ Ávalos. Evidentemente ninguno de ellos explota directamente el negocio, sino que éste se entrcga en arrendamiento. Es una actividad no sólo lícita, sino que no empaña la honra de quienlarealiza.

En mayo de 1553 Ia ciudad Sevilla había reglamentado la actividad dd los "padres de mancebía". Años después, Felipe II ordenó hacer una información por medio del doctor Liébana, tieniente del asistente de la ciudad, de la forma como se guardaban y la utilidad que de ellas se había seguido. En 1570 hizo extensivas estas ordenanzas a todo el reino.

El padre de la mancebía de Granada, secundado por los de Écija y Toledo, se quejó porque la aplicación de tales ordenanzas quebrantaba las provisiones, mercedes y privilegios que ellos tenían. El concejo estudió las peticiones de suspensión de las ordcnanzas quc presentaron, así como la carta y la provisión real cn que se confirmaban, y el 10 de marzo de 1571, se publicaron las siguientes ordenanzas que, con el "Título noventa y tres, de las mugeres de la mancebía", se encuentran incorporadas a las Ordenanzas para el buen gobierno... de la ciudad de Toledo.

1. El padre ha de ser nombrado por el propietario de la mancebía y aprobado por el ayuntamiento ante el que jurará guardar estas ordenanzas.
2. No podrá alquilar ropa alguna a las mujeres de la mancebía.
3. No recibirá en su casa a ninguna mujer empeñada.
4. No obstante, las deudas no impedirán a ninguna de ella s sali r de su estado de pecado y recogerse.
5. Las mujeres podrán proveerse por su mano de comida o bebida, sin tener que recurrir, si no quieren, al padre de la mancebía.
6. Los médicos y cirujanos del concejo las visitarán cada ocho días, curando a las enfermas.
7. Los padres no podrán tener en la casa ni curar a ninguna mujer que esté enferma, debiendo comuni car a las autoridades la enfermedad "
8. Los padres no podrán cobrar más de un real diario por el alquiler de botica, cama, silla, candil, estera y almohada, aunque la cama tenga dos colchones, sábana y manta, a sus mujeres.
9. En adelante, las boticas de la mancebías erán arrendada por la ciudad con estas condiciones.
10. La ciudad nombrará como diputados un "veintiquatro" y un jurado que cada cuatro meses visitarán la mancebía y tomarán cuenta de cómo el padre cumple estas ordenanzas. 
11. Las mujeres no podrán trabajar cn Semana Santa, y la mancebía deberá permanecer cerrada. 
12. Como mandan las leyes del reino, las rameras deberán lucir mantillas cortas amarillas sobre las sayas, y no podrán usar mantos, sombreros, guantes ni pantuflos. 
13. Los padres no podrán admitir mujeres casadas, mulatas, ni a las que tengan a sus padres en aquella ticrra. 
14. Todo esto quedará fijado claramente en la mancebía para que sea público ynotorio ynadie pueda alegar ignorancia. 

Bien sea por esta oposición a aceptar las ordenanzas manifestadas por los propietarios de la mancebía de Toledo o, lo que parece más probable, por un interés económico, el concejo, por orden del corregidor Juan Gutiérrez Tello, ordenó el traslado de la mancebía, que ya por cntonces se encontraba en un estado lamentable, a otro edificio que acababa de construir en el fondo de la Antequeruela, barrio de humildes menestrales en el arrabal de la ciudad. Este alejamiento fue muy alabado por los contemporáneos. Don Luis Hurtado de Toledo, que" calificó al nuevo edificio de "insigne palacio a la diosa Venus dedicado",'o y el doctor Francisco de Pisa insisten en lo acertado del cambio de emplazamiento por el mucho escándalo que su anterior situación, junto a la alhóndiga de la ciudad, producía en los vecinos honrados y sus criados que acudían a por trigo. Pero el negocio debió sufrir un quebranto con ello ya que el primer lugar parecía más a propósito al ser una caile sin vecinos y de mucho tránsito desde el Puente de Alcántara al Paseo del Miradero. Pero no todo fueron alabanzas.

El barrio de la Antequeruela estaba habitado por gente modesta, panaderos, alfareros y moriscos en su mayoría, y de sus quejas no ha quedado rastro, salvo la de uno de estos vecinos, el bonetero Alonso de Arenas, que se dirige al concejo diciendo que tiene unas casas en la colación de San Isidro valoradas en más de 2,000 ducados, y que como el ayuntamiento ha trasladado la casa pública a una colindante con las suyas, éstas se minusvaloran. Añade que los alguaciles, apostados en sus cercanías para desarmar de noche y de día a los que van a la mancebía, hacen vejación a sus hijos, criados, carreteros y arrieros que llevan mercadurías a su casa y los quieren desarmar y prender.

Para la construcción del nuevo edificio el concejo adquirió cuatro casas en la Antequeruela, que habían sido del alfarero Diego de Salazar y su mujer María Suárez, y que ahora eran propiedad de sus herederos. Fueron tasadas en 210,000 mrs. y estaban gravadas con algunos tributos. El 13 de junio de 1571 los propietarios otorgaron escritura de venta a favor de la ciudad,que luego redimiría los tributos al racionero Pedro Sánchez y a la Cofradía de la Santa Caridad. El edificio anterior, en la calle dc Calabacería, se incorporó al pósito, que se levantó entre 1.575 y 1,582, según las trazas del arquitecto Antonio Gracián.z] En todo este proceso hubo un trasfondo económico, ya que la nueva mancebía pasó a formar parte de los propios de la ciudad, como antes había ocurrido en otros lugares.

https://ruidera.uclm.es/xmlui/handle/10578/5412

sábado, 15 de abril de 2017

Molinos de El Real, Almendral y La Iglesuela

MOLINOS DE LA SIERRA DE SAN VICENTE


Tercer molino de la garanta Tejea




Pasemos ahora a la cuenca del río Tiétar, a caballo de los términos de El Real de San Vicente y Almendral de la Cañada se sitúan los molinos de garganta Tejeda sobre una pendiente muy pronunciada a la que se adaptan con el ya descrito receptor de tubo. Tres de ellos cuentan con una pequeña balsa previa de almacenamiento antes de la entrada del agua en el tubo (Gt 3), (Gt 4) y (Gt 5).

Receptor de tubo en un molino de Garganta Tejea con restos de la conducción primitiva hecha con un tronco vaciado de castaño

El primero de ellos (G t1) es abastecido de agua por un canal excavado en la ladera que parte de una pequeña presa de apenas dos metros de longitud que desvía el caudal desde la misma chorrera (Foto 29). A partir de este primer molino, el agua es captada directamente cuando sale de un cárcavo para abastecer el siguiente ejemplar sin que ni siquiera vuelva el agua al arroyo. El tubo que desciende de la balsa al cárcavo es actualmente de hierro, pero se pueden todavía observar los restos de antiguas conducciones fabricadas con troncos vaciados de castaño en las que posteriormente se introdujeron los tubos metálicos recubiertos o no de mampostería y empalmados con viejos cubos de zinc.


Molino cuarto en Garganta Tejea


Todos estos molinos son de una sola piedra salvo el cuarto que contaba con dos y que también tenía dos plantas. La superior se utilizaba como vivienda y la inferior como sala del molino. El quinto artificio (Gt 5) es el único que se sitúa en la ladera opuesta y que cuenta con su propia presa, aunque su receptor también es de tubo bien recubierto con lanchas de granito.Plantas de los molinos de Garganta Tejeda

Todo el conjunto es de gran interés etnográfico por su peculiaridad tipológica y debería ser preservado de su ruina por la administración. Cuenta además con un entorno de gran belleza que podría darle interés para actividades relacionadas con el turismo rural.

Molino de Buenaventura

En el arroyo que cruza el pueblo de Buenaventura se pueden ver los restos de un molino de cubo. Se adaptó además el edificio como lagar mediante una desviación que se hizo posteriormente en el canal, lo que da a este ejemplar una peculiar utilidad mixta (B1).

Sartajada es una pequeña localidad situada a orillas de la garganta Torinas donde todavía quedan los escasos restos de un molino de rampa (To2).


Molino de Sartajada en garganta Torina


El término de Almendral de la Cañada cuenta con tres ejemplares molineros, uno de cubo sobre la garganta Torinas (To1), otro de rampa muy próximo al casco urbano y que muele sobre el arroyo de la Fuente ( Fu1) y, por último, un molino con un gran cubo sobre el arroyo del Lugar (Lu4).Maquinaria molinera del artificio de garganta Torina

Sólo queda referirnos a tres molinos sobre el mismo río Tiétar (Ti1),(Ti2) y (Ti3) que se encuentran en el término de La Iglesuela. Destaca entre ellos el tercero o molino de Castillo por su edificación en sillería y su mayor envergadura. Tiene un canal elevado con soporte de mampostería que acaba en una rampa de grandes dimensiones. El primero de los tres ejemplares es de cubo con dos piedras y readaptación a motor de gasoil y el segundo es un cubo reconvertido en rampa con hermosa y tosca arquitectura popular en sillarejo (Foto 30).


Molino segundo del Tiétar en La Iglesuela

Plantas esquemáticas de alguno de los molinos de de este artículo

http://lamejortierradecastilla.com/molinos-de-el-real-almendral-y-la-iglesuela/

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