sábado, 27 de mayo de 2017

Repoblamiento, Población, Grupos Religiosos y Sociales tras la conquista de Toledo ( y II )

Las condiciones eran entonces mucho mejores en el Toledo cristiano, a pesar de momentos de agresión, como los ocurridos en 1109, cuando murió Alfonso VI; o en 1212, al paso de los cruzados ultrapirenaicos que acudían a la campaña de Las Navas de Tolosa.

De aquella manera, los judíos sefarditas toledanos conocieron una época de esplendor en los siglos XII y XIII.

Su comunidad oscilaría entre 500 y 1.000 personas a finales del XII, y era, sin duda, la primera de España, además de influir sobre otras que se formaron en Castilla por entonces, incluyendo las andaluzas, después de la reconquista del XIII.

La mayor parte de los 78 judíos eran artesanos (sastres, carpinteros, herreros, carniceros, horneros) o pequeños agricultores propietarios de viñas, pero destacó una minoría de financieros, que actuaron a menudo como tesoreros o «almojarifes» de los monarcas, arrendadores de impuestos o grandes mercaderes. 



Entre ellos se cuentan las principales familias hebreas toledanas, desde el siglo XII al término de la Edad Media: Ibn Ezra, Ibn Shosan, Nehemías, Barchilón... Los mozárabes, hispanocristianos que habían permanecido en la España islámica, recibieron un trato especialmente favorable después de la capitulación de Toledo. A su presencia y a su influjo se debe la persistencia de peculiaridades andalusíes en Toledo: hablaban y escribían en romance y en árabe, conocían bien el funcionamiento econó- mico y político de una urbe hispanomusulmana (no hay que olvidar que el primer gobernador del Toledo reconquistado fue el conde mozárabe Sisnando Davldiz), cultivaban los campos y cubrieron el tránsito y la transmisión de técnicas entre ambas etapas, la islámica y la cristiana, debido a la fuerte emigración de musulmanes. 

Conservaron además, por algún tiempo, el empleo de la liturgia hispanovisigoda, cuyo uso como rito mozárabe sería restaurado por el arzobispo-cardenal Cisneros en 1508, en una capilla de la catedral toledana. De todos modos, hay que precaverse frente al peligro de atribuirles una importancia mayor de la que tuvieron, basados en el hecho de que se conserve y haya publicado una abundante documentación mozárabe correspondiente, sobre todo, a la segunda mitad del siglo XII. 

Apenas la hay anterior, y ninguna de época hispanomusulmana. Sólo contaban la mozarabía de Toledo y, a mucha distancia, algunas otras (Talavera, Madrid, Maqueda, Guadalajara). En otros lugares o no hay mozárabes, o aparecen junto con los castellanos, como repobladores: así sucede en numerosas alquerías, y es muy raro que se les ceda alguna para ellos solos. Hay, en total, noticia de mozárabes en una cincuentena de alquerías. Posiblemente, la huida de mozárabes del valle del Guadalquivir incrementó su número en el siglo XII, y contribuyó a que mantuviesen por más tiempo sus peculiaridades culturales. 

Esto se debía, también, a que disponían de derecho o fuero propio, reconocido por Alfonso VI, y a su promoción después de la conquista, puesto que, como hemos indicado, participan en los repartos de tierras y ocupan cargos urbanos (zalmedina, alguacil, alcalde), lo que permitió la formación de algunos linajes aristocráticos entre ellos, a lo largo del siglo XII, como los de lllán Pérez, Aben Lampader, Policheni, Cebrián, Imrán, Palomeque, etc. La peculiaridad eclesiástica perduró por más tiempo, en algunos 79 aspectos, y sobre ella se ha basado una consideración tal vez hiperbó- lica de lo mozárabe en Toledo. 

En efecto, después de la romanización inicial, en tiempos del arzobispo Bernardo de Sédirac y su clero «franco», hay de nuevo muchos sacerdotes mozárabes en la segunda mitad del XII y algunos conventos, como el de San Clemente, en los que predomina la mozarabía. 

La población mozárabe de Toledo quedó adscrita, después de la conquista, a seis parroquias, fuera cual fuese su punto de residencia en la ciudad, y esto creó un lazo de continuidad, porque tenían que pagar a ellas el diezmo todos los descendientes de mozárabes por línea masculina, según se dispuso en una reorganización del siglo XVI. Apenas habrá que decir que la población de la ciudad estaba ya muy mezclada entonces, y que fueron posibles errores y falsificaciones. 

La fusión comenzó desde el momento de la conquista, mediante frecuentes matrimonios mixtos con castellanos, que se incrementan en la segunda mitad del siglo XII. En el XIII, la mayoría de las peculiaridades mozárabes habían desaparecido en el Toledo cristiano, o estaban en trance de hacerlo. Varios indicadores lo señalan así: en aquel siglo desaparecieron los apellidos musulmanes mantenidos por algunos mozárabes en época anterior, así como los nombres propios peculiares, tomados del martirologio. 

La documentación árabe de la mozarabía toledana, en comparación con las piezas en romance o latín de la misma procedencia, conservadas en el archivo de la catedral, muestra un predominio hasta 1125, igualdad hasta 1150, nuevo predominio en la segunda mitad del XII, descenso paulatino en la primera mitad del XIII y extinción en la segunda mitad y comienzos del XIV. En otro orden de cosas se advierte, también, el proceso de asimilación y su auge durante la segunda mitad del siglo XII: me refiero al masivo movimiento de venta de propiedades rurales mozárabes, a menudo explotaciones pequeñas, individuales o familiares, durante la época de fuerte presión militar almohade, que se acompañó de hambres y carestías frecuentes (1181, 1183, 1192 y 1193, 1200, 1203 a 1207), según recuerdan los Anales Toledanos. 

Beneficiarios de aquellas ventas fueron personas e instituciones que ya eran grandes propietarios, en especial la sede arzobispal, el cabildo catedralicio y de Toledo, algunas iglesias y conventos, y cabe suponer que no sólo afectaron a los mozárabes, sino también a muchos otros pequeños propietarios. Lo cierto es que, en este caso, contribuirían a variar los fundamentos y funciones económicas del grupo y, con ello, a disolver su identidad. Las ventas comenzaron hacia 1156, aumentaron a partir de 1168, alcanzaron máxima intensidad entre 1188 y 1202 y, de nuevo, entre 1209 y 80 1214, según indica el análisis de los 408 ejemplos registrados hasta 1230. El caso de los mozárabes toledanos muestra, en resumen, cómo la unidad de fe religiosa dista de garantizar la homogeneidad cultural. 

Aunque de ningún modo se les pueda considerar una minoría oprimida, lo cierto es que a lo largo de los ss. XII y XIII hubieron de fundirse en la cultura románico-europea de la nueva sociedad toledana. Desde mediados del XII, al menos, esta fusión fue impulsada por los poderes políticos y, sobre todo, eclesiásticos. Pero la presencia mozárabe fue fundamental durante 200 años para la transmisión y aceptación de rasgos culturales y organizativos procedentes del mundo hispanomusulmán, en el marco urbano de Toledo. Al lado de estos elementos poblacionales antiguos, más o menos incrementados o disminuidos tras la conquista, cuentan los nuevos pobladores de origen castellano, peninsular y ultrapirenaico. Los castellanos constituyen el grueso de la población, una vez pasados los primeros momentos, y su llegada continúa a lo largo de todo el siglo XII. Hay que incluir, con ellos, algunos gallegos y leoneses sujetos todos al mismo fuero, y casos sueltos de navarros, aragoneses y catalanes en la segunda mitad de dicho siglo. 

Señala Julio González, como indicadores claros del predominio poblacional castellano, la existencia de 23 parroquias en Toledo de rito latino frente a 6 de mozárabes, o el caso de las 33 aldeas del término o alfoz de la ciudad pobladas entre 1142 y 1170, donde se cuentan 304 pobladores castellanos por 60 mozárabes y 15 francos. Pero, por ser la castellanizaron el fenómeno general y común, ha dejado relativamente menos huellas, o de menor brillo, que los hechos minoritarios antes de su asimilación. Entre éstos, otro muy notable es la llegada a Toledo de repobladores francos, procedentes del S de Francia, e incluso algunos de Italia e Inglaterra. El hecho no es infrecuente, pues también hay colonizadores francos en poblaciones del Camino de Santiago, y en otras de Castilla la Nueva, como Madrid, Talavera, lllescas o Cuenca, pero sí que es peculiar la fuerte identidad con que se organizaron en Toledo. 

Dispusieron de fuero propio y oficiales judiciales (merino, sayón), se asentaron en el barrio o zona comprendido entre la plaza de Zocodover, la catedral y el alcázar, con parroquia en la iglesia de Santa María Magdalena. Fueron, evidentemente, un factor de europeización y de dinamización de las actividades artesanales. Con todo, a partir de la segunda generación su integración con los castellanos fue en aumento, hasta llegar a la fusión total, de modo que, ya en el XIII, la palabra franco se refería a la condición de exento de ciertos impuestos directos, más que 81 al origen étnico, y la toledana calle de francos, aun conservando su dedicación mercantil, no estaba poblada por gentes de aquel origen, o que conservaran memoria de que sus antepasados lo tuvieran. Todavía a fines del XII, sin embargo, tenían los francos cofradía propia. Sin duda, la fusión se vio favorecida porque apenas llegaron inmigrantes francos a Toledo en el XIII. 

En los decenios que siguieron a la conquista hubo un grupo franco de especial importancia. Me refiero al clero que rodeó al primer arzobispo, Bernardo de Sedirac, y que tanto contribuyó a la romanización de la Iglesia hispana. En el monasterio de San Servando, por ejemplo, los primeros monjes fueron marselleses, pero lo abandonaron después del ataque almoravide de 1109. En las siguientes generaciones, las relaciones ultrapirenaicas de la Iglesia toledana conservaron importancia, debido a este aporte y contacto iniciales.

Miguel Ángel Ladero Quesada 
Universidad Complutense.
 Madrid
https://rua.ua.es/dspace/bitstream/10045/7136/1/HM_03_03.pdf

viernes, 26 de mayo de 2017

El Convento toledano del Carmen Calzado: Documentos para su historia de una destrucción histórica (I)

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Esperanza Martín Montes Mariano Maroto Garrido Perteneciente a la colación de la Magdalena, en el cuartel de la Puerta Nueva, este convento toledano de la Orden de Carmelitas Calzados, del que apenas se conserva resto alguno en el presente, se ubicaba en el actual Paseo del Carmen', en el flanco oriental de la cÜldad, frente al castillo de San Servando en la otra orilla del Tajo, muy próximo al puente de Alcántara y a la Puerta de doce Cantos.

Foto: wikipedia.org

Gozaba, pues, de una magnífica perspectiva sobre el río Tajo y lugares aledaños. Las primeras referencias documentales que poseemos sobre edificaciones eclesiásticas en esta zona de la ciudad, se encuentran vinculadas a Santa María in Alficén; concretamente en un documento de Alfonso VI, fechado en 13 de febrero de 1099, por el cual dicho monarca con el consentimiento de su mujer la reina Berta, dona al monasterio de San Servando y San Germán (o Germano) todas sus tierras, ampliando también sus límites que quedaron fijados entre el Tajo y el Camino de Calatrava, la Huerta del Rey, el Monte de San Servando y la iglesia de Santa María de Alficén, dentro de Toledo '. Más tarde, entre 1192 y 1266, en otro documento se cita un convento femenino de Santa María in Alhicén sito en el que será luego emplazamiento del convento carmelitano '.



Por tanto, el cenobio, masculino, estuvo situado sobre el solar que ocupó, a su vez, aquella antigua iglesia cristiana bajo dominio visigodo y conocida, después ya de la conquista islámica, con el nombre de Santa María de Alficén, término árabe este último que se ha traducido como "de abajo", por encontrarse dicho templo mariano en la parte más baja de la urbe, en su lado sur --{;omo ya se ha indicado- y que en los primeros años de la Reconquista haría las veces de Catedral, esto es, de iglesia principal en la que residiría el obispo con su cabildo.

Así, Santa María de Alficén fue de las iglesias "que luego dejaron los moros a los cristianos muzárabes además de las seis parroquias sabidas para el culto católico", si nos atenemos a las afirmaciones de Sixto Ramón Parro y, a las que se suma, con posterioridad, el Vizconde de Palazuelos" entre otros autores, cuando refiere que el convento que nos ocupa llegó a: "Adquirir no poca importancia en el momento en que verificada la reconquista y reservado a los vencidos el uso y dominio de la aljama principal, habilitóse la iglesia de que tratamos como catedral, no obstante la reconocida antigüedad de las seis parroquias muzárabes, y en ella tuvo lugar la elección de Don Bernardo para Arzobispo de Toledo.

" Esta ennita' de Santa María de Aificén, de nuevo en palabras de Parro, sufriría con el discurrir del tiempo numerosas transformaciones y transmisiones de dominio. Sería Alfonso VI quien en primera instancia, la donase a los monjes de San Servando, los cuales instalaron en ella una hospedería, como se recoge en Los Cartularios de Toledo en la Carta de Donación de 1099, mencionada más arriba. Pasaría más tarde a ser propiedad de la Silla Arzobispal, siendo el prelado don Rodrigo Jiménez de Rada y en virtud de su adquirida potestad, quien cedería su dominio y el de la casa hospedería, al convento femenino de Santo Domingo de Silos o el Antiguo

Se desconoce la fecha precisa en que las expresadas monjas dejaron de poseerlo, estando constatada su pertenencia, ya a finales del siglo XV, a la orden de las Comendadoras de Santiago 8, congregación que se instalaría en Toledo a instancia de los Reyes Católicos. Estas aseveraciones se contradicen con la tesis que sobre su edificación expone Fernando Marías, como a continuación veremos, ya que repiten hechos no constatados y pertenecientes al campo de la leyenda, como igualmente explicaremos más adelante. 

Son numerosos los documentos gráficos que poseemos del convento a partir de grabados del siglo XIX y fotografías de la siguiente centuria. En ellos se aprecia la volumetría del edificio. Algunos de éstos se encuentran reunidos en la obra El Toledo invisible 9 estando depositados en el Archivo Municipal de Toledo. La leyenda hace recaer la fundación del convento toledano del Carmen, en la figura de San Elpidio, al parecer discípulo de San Pablo y compañero, asimismo, de Santiago en su venida y conversión de Espa- ña '0. Según esta misma leyenda, en afirmaciones de Velasco Bayón, que será erróneamente repetida por algunos historiadores, el rey Alfonso VI donaría a los carmelitas calzados el edificio que ocuparon durante siglos.

Sin embargo, la existencia efectiva del cenobio no queda comprobada documentalmente, hasta el 4 de junio de 1348, momento en que se otorgó una carta de donación de 10 maravedís por Marina López a los "frailes de Santa María del Carmen", por los sufragios aplicados por el alma de su fallecida hija". Según el padre Otger Steggink, a quien se debe 11) publicación de esta noticia que, recoge a su vez, Velasco Bayón, la fecha de fundación hay que situarla en el arco cronológico comprendido entre los años 1332 y 1348. Dicho autor se fundamenta en el lugar que ocupaba en los capítulos provinciales de Castilla, siendo posterior al de Requena que se fundó alrededor de 1332. Para Velasco Bayón, por su parte, hay que situarlo más cerca del año 1348 que de 1332 ", quien refiere además u:

"Que el convento no existía en 1344 parece deducirse con certeza de] texto de una bula de Clemente VI, en la que hasta ahora no parecen haber fijado su atención los historiadores, quien, con fecha de 24 de septiembre de dicho año, concedía al provincial de España licencia para fundar dos nuevos conventos en los dominios de Alfonso XI, rey de Castilla y León, 'cum vos non habeatis in regniset dominio carissimi in Christo fllii nostri Alphonsi Reges Castellae et Legionis ilustris nisi duo loca duntaxat'. Estos dos conventos a que alude la bula, como existentes en los dominios de Alfonso XI, no pueden ser otros que los de Gibraleón y Requena, fundados hacia 1332 en los feudos del infanle Alonso de la Cerda."

Aunque Parro y Palazuelos señalan que no sería hasta bien entrado el siglo XVI ", cuando los carmelitas calzados se asienten en la ciudad y funden el monasterio bajo la abogacía de Nuestra Señora del Carmen, Fernando Marías, por su parte, sitúa la fundación del mismo en la primera mitad de siglo XIV, adelantando, pues, considerablemente respecto a la tesis de aquellos, la existencia efectiva del cenobio '" coincidiendo con la opinión de Velasco Bayón, descrita más arriba. Marías afirma que se les debió ceder en aquél momento la antigua parroquia mozárabe de Santa María de Alficén, que anteriormente debía haber formado parte del convento hospitalario femenino de Santa María in Alhicen, citado entre 1192 y 1266 por los documentos mozárabes ".

Por su parte, Julio Porres, propone los años comprendidos entre 1332 y 1338, como momento de la fundación de los monjes del Carme10 ". Son muy escasos los documentos conservados desde el momento de su ereccion hasta finales del siglo XIV, y tan sólo permiten confirmar la fecha de su creación. El primero de ros documentos conocidos, con fecha de 29 de mayo de 1365, se refiere a la entrega que hizo Diego González, Vicario General de la Orden del Carmen de España y Portugal, de sus bienes al convento. Así, como fraile del monasterio toledano figura el mismo Diego González en documento de 23 de septiembre de 1378, al que doña Urraca Ibáñez hizo una donación de viñas.

En 1380, a 31 de enero, encontramos un nuevo documento que recoge otra donación de viñas de la misma señora, siendo prior ahora, Fernando Martínez. El siglo XV presenta idéntica escasez documental. Hay que remontarse al año de 1445, en que, de acuerdo con la costumbre de la época, el monasterio haría donación de la Capilla Mayor de la iglesia conventual, para servir de reposo a personajes destacados de la época, en este caso los restos de Pedro López de Ayala, su esposa Elvira de Castañeda y sus descendientes.

Más tarde, y con la anexión progresiva de diversos terrenos y edificios próximos, se alzaría el convento que emplearía como cimientos parte de la antigua muralla, carente ya de función militar 1". José María Quadrado en Recuerdos y Bellezas de España (1853) refiere cómo el convento se encontraba "sostenido a espantosa altura sobre el declive por murallones de fabrica atrevida ... " ". Expresivo comentario que insiste en la gran elevación de su fábrica sobre la pendiente del río y que puede observarse en las imágenes de los grabados que se conservan del mismo. Según Marías, la edificación última del monasterio se llevó a cabo a finales del siglo XVI, sustituyendo a la anterior iglesia mudéjar, hecho que motivó el derribo total de este viejo templo, donde se ubicaba la antigua capilla de Santa María de Alficén.

Sin embargo, apunta también, cómo los frailes recordaban la existencia del antiguo templo de Santa María, al conservarse una capilla en el nuevo con idéntica advocación, debajo del coro de los monjes, denominada de Nuestra Señora del Soterráneo, en la que sería enterrado Juanelo Turrian0 21 y, donde Nicolás Magán todavía llegó a advertir un cenotafio del famoso ingeniero cremonés "en un subterráneo lleno de escombros" y que no era otro que esta capilla. Su estructura arquitectónica se mantuvo prácticamente íntegra, sin apenas modificaciones, hasta el siglo XIX, con la Guerra de la Independencia, momento en que sufre daños irreparables, al ocupar sus dependencias terrenos de importancia estratégica, siendo tomadv por el ejército invasor francés que haría del monasterio su cuartel militar.

Los frailes fueron exclaustrados en 1809 por orden de José Bonaparte 2" circunstancia a la que hay que sumar el incendio devastador sufrido por el edificio en 1812, del que únicamente pudo salvarse una pequeña habitación aislada ubicada en la huerta y que se conocía como el Cuarto de los judíos, porque era la estancia en que se custodiaban los pasos de la procesión del Jueves Santo, tal y como indica Ramírez de Arellano 24. Al parecer, muchos ardieron, habiendo de ser trasladados a la parroquia de la Magdalena, donde serían restaurados para las procesiones de 1814, Sin duda, fue el convento más dañado desde el comienzo de la Guerra contra el invasor francés 25,

El mismo Arellano vuelve a mencionar otro documento con fecha de II de septiembre de 1809, donde se da cuenta de la Orden del Rey antes aludida: "Se reunió la Congregación para sacar las imágenes. pasos y muebles, todo en virtud de "orden del Rey nuestro señor para que dejen libres y desembarazados todos los religiosos de esta ciudad sus respectivos conventos en el ténnino de quince días los que se cumplen el 1 S o 16 del corriente en el que han de entregar los prelados las llaves de todos ellos" 26, No es necesario ahondar tampoco en los tristes recuerdos dejados en la geografía arquitectónica nacional por las tropas del vecino país; Aunque hemos de señalar que pocos años después de sucedidos los hechos, en 1817, encontramos un expediente de la Cofradía y Hermandad de la Vera Cruz 27, con sede en el monasterio, donde se exponen los hechos antes narrados:

"Y estando presente la reliquia del santísimo Lignum Crucis, que antes va mencionada y habiéndola reconocido con toda intención y escrupulosidad, dijeron que dicha reliquia del Santísimo Lignum Crucis propia de la referida Cofradía es la misma que se veneraba en la Capilla propia también de la insinuada Cofradía del convento de religiosos de Carmelitas Calzados de esta Ciudad antes de la invasión de los enemigos la cual extrajeron y sacaron cuando se apoderaron los franceses del referido convento al cual le hicieron cuartel y después incendiaron" .

Cinco años antes, en 1812, la Real Academia de San Fernando, daba la alarma sobre la inminente ruina de parte de la fachada del convento del Carmen 19.

Otros monumentos de Toledo que "el Cannen Calzado es un montón de escombros" JO,

Esta afirmación queda corroborada mediante un documento de 1843, donde se reconoce la situación lamentable en que se ha- 11an las edificaciones, habiéndose procedido ya a su derribo, que se habría de hacer con sumo cuidado dada "la enorme elevación de la fábrica, que obliga a reclamar se baje todo lo posible, cuidando que los escombros no caigan a la ca11e" 31, Más hiriente, por su sinceridad, fue quizá Quadrado 32 unos años después, en 1853, cuando manifiesta que: "La iglesia y el convento y el campillo de los ajusticiados han sido barridos de la empinada cuesta por el huracán de la desolación". Así describe Parro 33 la situación existente en 1857:

"En la funesta guerra de la Independencia fue arruinado este convento, y los pocos religiosos que le habitaban se trasladaron a la casa frente de San Román, que titulan de Mesa, donde estuvieron algunos años hasta que les fue posible rehabilitar una pequeña parte de,su antigua mansión, y se restituyeron a ella; pero aun esta nueva obra ha perecido también en nuestros días, pues enagenado el convento a un particular, aprovechó los materiales para otros usos, y no han quedado en pie mas que algunos paredones que sirven de cercado al extenso solar cubierto descombros inútiles, y sólo existe íntegra en el día la linda portada de piedra de la iglesia"

Cuatro años después, en 1861, encontramos otra nota documental en relación al traslado de la Cofradía de la Hermandad del Santo Escapulario de María Santísima del Carmen, a la parroquia de la Magdalena, donde se alude al estado efectivo del monasterio como "".el extinguido y hasta demolido hoy ... " 34, Comentario donde se nos da perfecta cuenta de la trágica situación del convento cannelitano,

http://realacademiatoledo.es/wp-content/uploads/2014/02/files_anales_0043_02.pdf

miércoles, 24 de mayo de 2017

El Convento toledano del Carmen Calzado: Documentos para su historia de una destrucción histórica (y II)

Resultado de imagen de El Convento toledano del Carmen CalzadoEfectivamente, aunque los carmelitas comenzaron la reconstrucción del monasterio, la desamortización supuso un nuevo obstáculo para su recuperación arquitectónica, ya que en el periodo comprendido entre 1835- 1846, uno de los mayores especuladores de terreno --el madrileño José Safont- compró el solar, aprovechando parte de sus materiales y demoliendo por completo el resto, a excepción de la portada, según refiere Parro (1857), que debió desaparecer algo más tarde.

Perteneciendo ya el terreno del ex convento a don José Safont, el Ayuntamiento plantea una permuta con terrenos propios municipales junto al río Tajo, a cambio del solar del Carmen y los materiales que en él se encuentran. En el expediente generado al efecto se valora el solar y los materiales de esta manera:

 "Linda N. Y E. con las murallas, S. y O. Cuesta del Carmen y Convento de la Concepción, el cual tiene una superficie de una hectárea, dieciocho áreas, sesenta y cuatro centiáreas; a un real y siete céntimos importa diecisiete reales doce céntimos. Por cincuenta metros cúbicos de piedra ajustada a diez reales, quince reales. Por ciento sesenta metros cúbicos de mampostería y paredes de tierra en muros y medianerías a diecisiete reales, dos mil quinientos sesenta reales" .



Los derribos del monasterio debieron afectar a la solidez de las murallas en el entorno de la Puerta de Doce Cantos, siendo necesaria la consolidación y reedificación de un tramo considerable de aquellas, para lo cual se redactan por parte del Ayuntamiento una serie de condiciones que incluían planos adjuntos 36 por parte del arquitecto municipal, Luis Antonio Fenech y que transcribimos ad lítteram:

 "La obra que ha de ejecutarse consiste en la excavación del terreno para el reconocimiento de la parte existente y facilitar la construcción de la obra nueva que consiste en la mampostería del muro con los espesores que indica el adjunto plano; y en el encachado y cojido de las juntas de los restos de la muralla hasta la puerta de doce-cantos.

Los tipos para la subasta serán los siguientes:

Altura cúbica de excavación, a tres reales sesenta céntimos. y den de demolición de la fábrica antigua, a seis reales. y den de construcción de mampostería; a veinte ocho [sic] reales. y den superficial de encachado y cojido de juntas; a seis rs. Serán de abono al contratista los metros que previa medición hubiere ejecutado de cada clase .

El coste de la obra ascenderá con arreglo al presupuesto a la cantidad de veinti dos mil trescientos cuarenta y un reales sesenta cenit. que es por la que se saca a subasta, que con el aumento del catorce por ciento asciende a la de veinti cinco mi] cuatrocientos sesenta y nueve reales cuarenta y dos céntimos. El contratista demolerá la pte necesaria para formar los bancos de asiento a nivel de la nueva obra según indica el plano que acompaña dando al nuevo muro los espesores que este manifiesta.

La mampostería afectará en el paramento exterior la forma de los cuerpos de que consta, descantillándola con el martillo lo necesario 10 que se hará así mismo para introducir un ángulo en tirantes formando los mampuestos. Estos aun que irregulares enlazarán en todos sentidos y matadas las juntas, tanto en el plano horizontal como en el vertical atizonando por los muros una mitad mas que su altura y se mazizarán y encajillarán perfectamente.

El cojido de las juntas de la pte existente se ejecutará limpiándolas y regándolas bien antes de empezar encajándolas y cogiendo las juntas recortando la mezcla despues, en la forma que tengan las piedras. La mezcla que se emplee pa. la egecución de la obra se compondrá de cal de Argés y arena del aserradero en la proporción de dos partes de la primera y tres de la última.

La piedra que se gaste en esta obra será la que en el mismo sitio existe procedente del derribo de la misma muralla. La obra se egecutará con arreglo a las condiciones que proceden y a satisfacción del Arquitecto Director de ella, el que podrá disponer su nueva construcción en la fonna que considerase no estar hecha como corresponde al arte. Toledo 9 de noviembre de 1864." Posteriormente, el año 1870, se formalizan nuevas condiciones facultativas, así como la subasta de las obras de reparación del tramo antes citado 37: "La zanja se abrirá con un talud de 40 á 45 grados de inclinación tanto en la parte superior como en la inferior; la profundidad de la zanja será de cuatro metros desde el nivel del piso.

Hecha la zanja se preparará una base finne de a1caen de unos treinta y cinco centímetros de espesor bien remojada y apisonada con pisón de arena por terceras partes, después se echará una tongada de honnigón de cuarenta centímetros de espesor completamente bañado de buen mortero suelto. Los cimientos se harán de buena piedra, bien sentada y atizonada con mortero compuesto de una parte de cal y dos de arena; los cimientos se dividirán en dos partes, la primera que tendrá un metro de altura próximamente [sic J por ochenta centímetros de espesor, y la segunda de un metro setenta centímetros por ochenta y cinco centímetros de espesor.

La mampostería al descubierto se construirá con buen mortero compuesto como queda indicado de una parte de cal y dos de arena, procurando que las piedras junten y atizonen, engatillándose en todo el espesor cogiendo bien las juntas con el dicho mortero. Construida la mampostería al descubierto, la cual tendrá un metro de altura desde el nivel del piso, se pondrá la albardilla o lomo de toro compuesta de una hilada de ladrillo por ambos lados y reIlenada de piedra menuda y cascote cojido todo con buen mortero.

Será de cuenta del contratista el apresto de materiales y de todos los útiles para la construcción y seguridad, siendo responsable de todo cuanto pueda ocurrir en la obra. Será por cuenta del contratista nombrar un director facultativo para la dirección de la obra. Concluidas las obras se procederá a una liquidación general y si de esta resultare alguna diferencia se abonará o descontará con arreglo a los precios de contrata, y acto seguido tendrá lugar la recepción provisional, la definitiva a los veinte días después.

Además de estas condiciones tendrán a'plicación las generales aprobadas en 10 de julio de 18 ... [borroso l.

" Palazuelos indica al respecto cómo en 1890 nada quedaba " ... en pie sobre este vasto solar, si se exceptúa unos restos de paredes, del lado que mira al río y algunas columnas y otras piedras labradas esparcidas por el suelo" )R. No hace alusión alguna a la portada, circunstancia que parece confirmar su desaparición ya en aquellas fechas, Debemos señalar, igualmente, otras afirmaciones recogidas años más tarde en las que sus autores se expresan con elocuencia acerca de los hechos acaecidos en la turbulenta España del siglo XIX, y que atañen directamente a Toledo. Así, Rodrigo Amador de los Ríos en 1902 39 refiere cómo: "( ... ) a la guerra de Sucesión ó á la de la Independencia, son frecuentemente referidos en nuestra España los saqueos, las violencias y los incendios en que desaparecieron alhajas y documentos, de que muchos, sin ser de las huestes de Napoleón, supieron aprovecharse con destreza."

El autor, agrega un dato nuevo a lo sucedido, la propia rapiña nacional, que no requiere tampoco comentario alguno. Añadiremos, por último, que el fenómeno desamortizador en Toledo, tuvo más incidencia en el aspecto arquitectónico que urbanístico; esto último por razones obvias vinculadas con la ocupación y el precio del suelo en el interior de la ciudad, circunstancia que propició el que no se abriesen grandes zonas abiertas en su trazado urbano.

Sin embargo, el caso del arruinado convento del Carmen calzado, fue una de las escasas excepciones en que a la pérdida de su fábrica, hay que añadir su transformación en un espacio de recreo ciudadano, al ser convertido su solar en un paseo público, como luego se verá, espacios éstos, por otra parte, tan escasos en la imperial ciudad.

http://realacademiatoledo.es/wp-content/uploads/2014/02/files_anales_0043_02.pdf

Los judíos de Maqueda (Toledo) y el monasterio de Santo Domingo el Antiguo de Toledo


Resultado de imagen de judios toledoHace dos años vio la luz nuestro trabajo sobre la población judía que habitó en la villa toledana de Maqueda durante la Baja Edad Media, en el que expusimos los aspectos nnás relevantes que caracterizaron a esta aljama hebrea. 

Ahora, las tareas de la investigación han puesto frente a nuestra mirada un documento inédito de cierto interés que hace referencia a la ruptura de un contrato de censo establecido entre dos judíos de Maqueda y el monasterio de Santo Domingo el Antiguo de Toledo, y en el que se detallan las posesiones que se habían entregado a estos hebreos. 

A partir del mismo podemos indicar cuales fueron las líneas principales de la relación entre el relevante monasterio bernardo y la importante comunidad judía de Maqueda. 



El 21 de mayo de 1492, ya en vísperas de la salida de los judíos de los reinos hispánicos, se presentaba ante Rodrigo de Vargas, escribano pú- blico de Toledo, Diego Pérez Tizón, mayordomo del monasterio de Santo Domingo el Antiguo de Toledo, y reclamaba para dicho convento los bienes que este monasterio había entregado en censo a los judíos de Maqueda Mosé Bahalu e Ysaque Agarrafe, quienes hacía tres años que no satisfacían las obligaciones del contrato:

Foto antigua del castillo de Maqueda
[...] Yo Rodrigo de Vargas, escribano público del número de la muy noble ciudad de Toledo, doy fe que en veinte e un días del mes de mayo, año, del nascimiento de nuestro salvador Ihesu Christo de mil e cuatrocientos e noventa e dos años, por ante mí como escribano Mosé Bahalu e Ysaque Agarrafe, judíos de Maqueda, otorgaron que por cuanto la muy noble señora doña Teresa Alfonso de Vargas, por la gracia de Dios abadesa del monasterio de Sto. Domingo el antiguo desta dicha ciudad e las monjas e convento del dicho monasterio les ovieron dado para censo infiteosín para siempre jamás una heredad de tierras e olivas e parrales e zumacales que el dicho monasterio tenía en término de la villa de Maqueda en ciertos pedazos, según está cada pedazo nombrado e deslindado en la carta de censo que sobre la dicha razón pasó por ante Esteban López, escribano público, que Dios aya, con cargo de mil e cien mrs. e doce arrobas de aceite de censo e tributo infiteosín en cada un año para siempre jamás, e con cargo de las condiciones e tributos eclesiásticos que son a diezmo e a dos años a comisón. 

E por cuanto ellos han estado tres años continos que no han pagado el dicho tributo, e la dicha abadesa les ha hecho leer cartas para que viniesen a decir de su derecho sobre razón, e les querían tomar la dicha heredad por comisa según la condición del contrato. 

E por cuanto a la dicha señora abadesa se les fase cargo de conciencia averies de tomar la dicha heredad por la dicha pena de cornisón e por les facer merced por las labores que en la dicha heredad han fecho, su merced les dio e pagó diez mil e quinientos mrs. e ellos los habían rescebido, de que se otorgaron por bien contentos e pagados a toda su voluntad, e en razón de la dicha paga renunciaron de las leyes del derecho que cerca della fablan. 

E asimismo la dicha señora abadesa les había fecho merced de todos los mrs. e aceite que le devían de tributos de la dicha heredad fasta hoy dicho día. Por ende, otorgaron que dexaron, renunciaron, cedieron e traspasaron toda la dicha heredad, enteramente según e por la forma e manera que les fue dada al dicho censo, en la dicha señora abadesa e en las monjas e convento del dicho monasterio, para que de hoy dicho día en adelante la dicha heredad sea del dicho monasterio e fagan della todo lo que quisieren e por bien tovieren como de cosa propia del dicho monasterio [...]

La carta de censo no se ha conservado. 

Sin embargo, según se desprende de este documento, el contrato se debió establecer, por lo menos, desde 1489. De acuerdo a las fórmulas, los contratos enfiteúticos se fijaban para siempre jamás, pero se limitaban con ciertas condiciones, siendo la principal el abono de un «alquiler» cada año. Si este no se pagaba, para lo que se imponía un plazo mínimo de dos años, los actores del mismo tenían la facultad de anularlo. 

En este caso se fija el pago en 1.100 mrs. más doce arrobas de aceite, debido a que casi todo el cultivo que se encensa son olivos, pues en los contratos de censo es mucho más frecuente el pago en especie con cierto número de gallinas. Como los mencionados judíos no han satisfecho los pagos acordados, incluso aunque se les ha ampliado el plazo en un año, la abadesa, doña Teresa Alfonso de Vargas, debe ejecutar la pena de «comisón» por la que se anula la carta de censo y se restituyen las deudas con el propietario. 

Ahora bien, en este caso concreto, aunque los hebreos no han abonado los maravedíes correspondientes, sí que han invertido dinero en esas tierras. Y este trabajo también cuenta. Así pues, la abadesa, en nombre de las monjas y del convento, entrega 10.500 mrs. a los mencionados judíos, y a la vez, les condona la pena impuesta por no haber entregado los 1.100 mrs. anuales y las 12 arrobas de aceite. 

Y lo más curioso es que lo hace exclusivamente movida por su conciencia. Suponemos que esta razón era meramente formulativa pues la riqueza patrimonial entregada a censo era considerable. El 24 de mayo del mismo año, y por orden de Grabriel de Tapia, justicia mayor por el comendador de León en las villas de Maqueda, Torrijos, San Silvestre y Gerindote, se debía realizar un apeo y deslinde de las tierras entregadas a censo, con el fin de saber cuales y cuantas eran las heredades cuya propiedad debía volver al monasterio:

— [...] Yo Gabriel de Tapia, justicia mayor en las sus villas de Maqueda e Torrijos e las otras villas que de su señorío son, etc. por la presente mando a vos Ferrand Gómez y a vos Juan Aitón, vecinos de Santo Domingo, que vayáis a ver e apear toda la heredad de olivas e viñas e tierras e huertas e zumacales e parrales que son en término desta dicha villa de Maqueda e Santo Domingo e sus términos e tierra que son del monasterio de Santo Domingo el antiguo, de la ciudad de Toledo, el cual dicho heredamiento tenían a tributo Mosé Bahalu e Ysaque Agarrafe, judíos desta dicha villa de Maqueda, la cual Íes fue tenida por comisa, según paresce por el dexamiento que los dichos judíos hicieron por ante el reverendo doctor de Castro, vicario en la santa Iglesia de Toledo. 

Esto vos mando que así fagades e cumplades, por cuanto ante mí páreselo Diego Pérez Tizón, mayordomo del dicho monasterio. E yo, visto el dicho su pedimiento, mándele dar este mí mandamiento para vos en la dicha razón, e por la presente mando a vos Ferránd Ximénez, alcalde en el dicho lugar, que tomedes e rescibades juramento en forma debida de derecho que digan e declaren los dichos heredamientos del dicho monasterio suso dichos. 

E non fagades ende al, so pena de dos mil maravedíes a cada uno que lo contrario fisiere, para los muros desta dicha villa, esto faser pagándovos vuestro justo e debido salario. Fecho en la villa de IVIaqueda, veinticuatro días del mes de mayo de mil e cuatrocientos e noventa e dos años. Gabriel de Tapia. Alfón González. Y esto todo así fecho, luego fuimos a un olivar que se dice de la Dehesa, que está en término de Santo Domingo, en que hay en él treinta y nueve pies de olivas, que ha por linderos, de la una parte olivar del Mariscal Mateo de Ribadeneira; e de la otra, olivar del judío Franco; e de la otra parte, la dehesa; e de la otra parte, el camino que va de IVIaqueda a Torrijos. 

Deste dicho pedazo de olivar fuimos a otro olivar, que se dice el Enzinilla, que está en término de Val de Santo Domingo, en que hay cuarenta e un pies de olivas, que ha por linderos el olivar del Enzinilla, el cual le cerca todo y es de la capellanía de San Julián de la villa de Santolalla. Deste dicho pedazo de olivar fuimos a otro olivar, que se dice del Enebro, que está en término de Val de Santo Domingo, en que hay treinta pies de olivas, que ha por linderos, de la una parte olivar de Simuel Toledano; e de la otra parte, la raya que parte la tierra de Maqueda e Val de Santo Domingo; e de la otra parte, olivar de los quintos de Val de Santo Domingo. ítem, deste dicho pedazo de olivar fuimos a otro olivar, que se dice el olivar del Ganado, con un pedazo de tierra en que hay cincuenta e un olivas, que ha por linderos, de la una parte olivar de herederos de Pero López, recabdador; e de la otra parte, herial del Sordo; e de la otra parte, el sendero que va al olivar de la Dobla. ítem, deste dicho pedazo de olivar fuimos a otro olivar, que se dice el Taladro, que está en término de Val de Santo Domingo, con un zumacalejo, en que hay ochenta pies de olivas, que ha por linderos, de la una parte olivar de herederos de Ferránd Alfón de Toledo, que Dios aya; e de la otra parte, olivar de Yudá Franco; e de la otra parte, la senda que va a la Loma. 

Y deste dicho pedazo de olivar fuimos a otro olivar, que se dice el Atarta, que está en término de Maqueda, con un pedazo de tierra e con un zumacal en que hay diez e siete pies de olivas, que alinda, de la una parte con tierra e zumacal del señor comendador Martín de León; e de la otra parte, con tierra de la iglesia de Santa María de Maqueda; e de la otra parte, olivar de Jaco Abenanbrán, judío de Maqueda. ítem, deste dicho pedazo de olivar fuimos a un pedazo de tierra parral en que hay dos pies de olivas, que alinda con olivas e parral de Mosé Abenzunbal; e de la otra parte, con tierra de Alvaro de Vargas; e de la otra parte, con majuelo de Haluzo. ítem, deste pedazo de tierra fuimos a un olivar que está en término de Maqueda, que se dice el Carmenen, con ciertas cepas en que hay en él, treinta y ocho pies de olivas, que ha por linderos, de la una parte parral de Bahalu, judío de Santolalla; e de la otra parte de Mosé Gavisón; e de la otra parte, los machos de Ferrando de Contreras; e de la otra parte, heredad de don Qiza Abenzabad. ítem, deste dicho olivar fuimos a otro olivar, que se llama la Pontezilla, e las espadas con un pedazo de tierra calma en que hay veinte olivas, que han por linderos, de la una parte olivar de Catán; e de la otra parte, heredad de Franco, judío de Maqueda. ítem, otro pedazo de olivar que se dice el Espada en que hay nueve pies de olivas, que está en término de IVIaqueda, que ha por linderos, de la una parte olivar de Mosé Abenzabal; e de la otra parte, Mosé Catán; e de la otra parte, Mosé Abentamuz. ítem, otras tres olivas que están en término de IVIaqueda, las cuales están entre entramas aguas. ítem, otro olivar que se dize el Pradorredondo en que hay cuarenta y siete pies de olivas, que ha por linderos, de la una parte el camino viejo que viene de IVIaqueda a Val de Santo Domingo; e de la otra el prado de Vülalna; e de la otra, heredad de Maestre Ysaque; e de la otra majuelo de Pantoja. ítem, otro pedazo de olivar que se dice la Cárcava que está en el término de IVIaqueda, y así mismo se llama Tijareros, en que hay cinco olivas e un pedazo de tierra calma, que ha por linderos, de la una parte heredad de Antón Graviel, e la qual es de la iglesia; e de la otra, heredad de Rabí Simuel Alocanén. ítem, otro pedazo de olivar con ciertas cepas de zumaque en que hay treinta y dos pies de olivas, que han por linderos, de la una parte heredad de Mosé Agarrafe; e de la otra parte, olivar de Calderón; e de la otra parte, el camino que va de IVIaqueda al molino. ítem, otro pedazo de olivar que está en término de Maqueda, en que hay catorce olivas, que han por linderos, de la una parte heredad de la cofradía de San Miguel de la dicha villa; e de la otra, olivar que se llama los Machos de don Mosé Cana, el qual dicho olivar se dice el Potrillo.

En total, el monasterio de Santo Domingo iiabía acensado a Mosé Bahalu e a Ysaque Agarrafe 428 pies de olivas, lo que en la práctica equivalía a todas las heredades que el monasterio poseía en el término de Maqueda y Val de Santo Domingo. Esto supone que el monasterio dejaba en manos de estos dos judíos concretos el control de todas sus tierras en Maqueda. 

Algo parecido ya se había producido en relación a judíos de esta villa, cuando en 1404, el abad de San Vicente, arrendaba por cinco años, a don Abrahem Aben Halegua y a don Semtob Franco, judío de Maqueda, todas las tierras de pan llevar que pertenecían a la abadía en Pero Véquez, Hurtada y Val de Santo Domingo. No fueron los únicos, ya que también el monasterio de Santo Domingo el Real de Toledo, entregó en censo a judíos de Maqueda muchos de los bienes rústicos con los contaba en tierra de esta villa toledana, en término de Val de Santo Domingo . 

Esta enorme confianza depositada por las monjas en la gestión del patrimonio se basaría en la capacidad de pago y rentabilidad de los mencionados judíos ^, y en que, aunque ambos judíos pertenecían a familias asentadas en la villa de Maqueda, por lo menos desde el último tercio del siglo XV —los Bahalu y los Agarrafe—, muchos de los hebreos que recalaron en la villa de Maqueda tras las revueltas del año 1391 procedían de la capital del Tajo, lo que habría facilitado las relaciones entre instituciones toledanas y judíos de Maqueda. 

De Mosé Bahalu, sabemos que se convirtió al cristianismo y adoptó el nombre de Lope Ferrández. Su situación económica en vísperas de la expulsión no debía ser muy boyante, ya que su casa estaba remitida por deudas a acreedores. Sin embargo, en 1464 había sido, junto con don Yudá Alocanén, arrendador de las alcabalas de Maqueda, del cabildo de la Catedral de Toledo . 

Ysaque Agarrafe había rematado en 1491 las rentas del excusado del arciprestazgo de Maqueda en 33.075 mrs. y estaba encargado de su recaudación. Tampoco son favorables los datos que conocemos de su nivel económico poco antes de la salida de los judíos, pues había empeñado un majuelo a Jaco Bafialu (¿hermano quizá de Mosé?), por 3.000 maravedíes. 

Esta desfavorable coyuntura económica, unida a la intranquilidad provocada por la necesidad de conversión o de huida, explica la falta de cumplimiento en las condiciones del contrato de censo. Resulta más extraña la actitud de la abadesa quien, en un momento propicio para el abuso y el engaño para con unos judíos bastante indefensos, resuelve abonar las mejoras realizadas en las dichas tierras favoreciendo claramente a sus acensuataños, lo que demuestra que aunque la obligación de salir de los reinos impuso tratos vejatorios e insultantes para con la minoría judía, hubo algunas excepciones donde la cordialidad y los años de contacto hicieron menos traumático el exilio. 

Al exponer las propiedades que habían sido dadas en censo a los judíos, se indican, para favorecer su ubicación, las tierras colindantes. Entre los poseedores se nombra cierto número de judíos, también vecinos de la villa de Maqueda. Todos ellos son miembros de importantes familias judí- as residentes en esta villa: Abenanbrán, Abengubal, Abentamuz, Alocanén, Catán, Franco y Gavison, y todos ellos cuentan con un interesante patrimonio destacando entre ellos, Mosé Abengubal, conocido bajo el sobrenombre de «el rico», o Mosé Gavisón, quien desempeñaba algún cargo en el contexto de la comunidad hebrea . 

Resulta bastante complejo afirmar si estos judíos trabajaban directamente sus tierras o las explotaban jornaleros, a quienes se las entregaban a cambio de una renta.Yo me inclinaría por indicar que debido al elevado número de judíos que a fines del siglo xv habitan en Maqueda, más de 300 familias, y a que la villa, situada en una paraje eminentemente agrícola, y no excesivamente grande, no tendría suficiente demanda de hebreos dedicados exclusivamente a actividades artesanales o de servicios, y por tanto algunos de ellos se verían obligados a trabajar sus tierras. No a todos, sino a aquellos cuya situación económica o su estatus dentro de la comunidad les impidiera vivir apartados de las tareas del campo.

http://revistas.uned.es/index.php/ETFIII/article/viewFile/3650/3507

lunes, 22 de mayo de 2017

Arquitectura popular: Valdepusa y el Horcajo

ARQUITECTURA POPULAR (Y 15) VALDEPUSA Y EL HORCAJO

Aparejo típico de la comarca del Horcajo con ladrillo y canto rodado

La zona más occidental de nuestra comarca comprende las subcomarcas del Horcajo; que son las tierras comprendidas entre el Tajo y el Alberche; y el señorío de Valdepusa con los pueblos que se sitúan en las orillas del río que le da nombre.

En el Horcajo es escasa la piedra, salvo los cantos rodados que afloran en las terrazas de los ríos, por ello y por una mayor influencia toledana se emplean con mayor profusión los aparejos mudejaristas de ladrillo que enmarcan entre verdugadas y machones, lienzos de muro fabricado en tapial o con mampostería.


El adobe es también utilizado con enfoscado y enjalbegado protector.Típica reja castellana en Cebolla

En Cazalegas y Cebolla encontramos algunas viviendas de cierta entidad con estas características; en Lucillos, Los Cerralbos o Montearagón también podemos ver este aparejo, pero con la utilización del canto rodado combinado con ladrillo en hiladas, aglutinando con barro o con argamasa y una mayor proporción de casas de adobe.

La tradición mudéjar con lacería de ladrillo tiene una muestra fundamental en la interesante iglesia de Erustes. En los edificios de más categoría es posible contemplar algunas muestras de esta lacería en los aleros de los tejados o enmarcando alguna ventana.

Los huecos de los muros, al no seguir tradiciones constructivas serranas o abulenses, son de unas dimensiones mucho mayores y por tanto la rejería de las ventanas tiene algo más de entidad, aunque sin salirse de la sobriedad de la tradicional reja castellana machihembrada y con alguna cruz ornamental en la parte superior.

Casa tradicional de Lucillos

Es curiosa la abundancia de esgrafiados de diseño muy variado en la población de Cazalegas. 

 En cuanto a la arquitectura protoindustrial los restos de los grandes molinos de Cebolla nos muestran un gran edificio de ladrillo y argamasa, a diferencia de los grandes molinos del Tajo en comarcas río abajo donde la utilización de la mampostería de granito es lo habitual. 

Ya en las Relaciones de Felipe II se alude con frecuencia al abastecimiento de tejas y ladrillos para muchos pueblos comarcanos desde los tejares de esta parte del valle del Tajo, en los términos de Cebolla y Montearagón. En Cazalegas la cal era también abundante.

Esgrafiado típico de Cazalegas

El señorío de Valdepusa tiene también el aparejo mudejarista como el más característico, pero es en San Martínde Pusa y no en la capital histórica, Malpica, donde encontramos los mejores ejemplares de esta arquitectura de ladrillo. 

La diferencia de este señorío con el de Horcajo es que el granito aparece en algunas afloraciones a la orilla del río Pusa, sobre todo en Santa Ana, pueblo situado sobre un berrocal y que no sigue tanto la tradición arquitectónica del resto del señorío. 

En las casas más ricas de San Martín es frecuente la utilización de sillares bien labrados, sobre todo en los esquinazos y algunas puertas. 

La arquitectura rústica de esta zona es poco abundante, solamente algunas casillas de huerto en la zona de minifundios conocida como «Las Viñas» en San Martín o en el arroyo Navajata de Los Navalmorales. 

Los chocillos son escasos y se encuentran techados a un agua, y no en falsa cúpula como en La Jara, o en la Sierra de San Vicente. En Los Navalmorales existen puentecillos, canales de molino o zahurdas fabricados con grandes bloques de granito de un aspecto casi megalítico.Horno granítico de Santa Ana de Pusa

Es de destacar como importante ejemplar de arquitectura industrial, el complejo de edificios destinados a la actividad melalúrgica de El Mazo a orillas del Pusa y en término de Los Navalucillos. Otro grupo curioso de edificios es el de los baños medicinales de Los Navalmorales situados en un arroyo que también cuenta con numerosos ejemplares de casillas de hortelano muy sencillas, de adobe y cuarcitas. 

En los numerosos olivares es frecuente, como en La Jara, la presencia de cocinillas que hacen más cómodo el laboreo invernal de la aceituna. Aunque poco numerosas por los condicionantes históricos de señorío, sí encontramos en Valdepusa grandes labranzas con las mismas características constructivas de las viviendas urbanas. 

La arquitectura de ladrillo no sólo tiene mayores vanos sino que también en ella aumentan los volúmenes de las piezas dobladas.

Muro de adobe con machón de adobe y paños de tapial en Los Navalmorales

En las cartas puebla del señorío de Valdepusa, estudiadas por Palomeque Torres, aparecen curiosos datos sobre cómo los señores ponían buen cuidado en señalar una normativa concreta para la construcción de las viviendas de los nuevos pobladores de sus territorios y así para facilitar las condiciones de repoblación de Santa Ana de Pusa consiente el señor que las Casas sean «pajizas» o de retama en un principio, para guarecerse pronto los habitantes del nuevo poblado, pero con la condición de que en el plazo de cinco años la harán las definitivas de ladrillo, madera y teja, advirtiéndoles que si en ese plazo no lo hacen, podría él mandar levantarlas, cargando al poblador moroso el total de su importe. 

Se compromete sin embargo el Mariscal a construir un horno para cocer tejas y ladrillo, construir la iglesia y un pozo con sus pilas y empedrado. El impuesto cobrado por la ocupación del solar de la vivienda se reducía a una gallina anual.

Arquitectura popular de San martín de Pusa

Vemos con este ejemplo como la arquitectura popular no solamente tiene condicionantes físicos o culturales, sino también fuertes presiones históricas en su desarrollo.

Acabamos hoy la serie de artículos sobre la arquitectura popular de la comarca, aunque volveré con la descripción más minuciosa pueblo a pueblo en futuras entradas

Arquitectura popular de Santa Ana de Pusa

http://lamejortierradecastilla.com/arquitectura-popular-y-15-valdepusa-y-el-horcajo/

domingo, 21 de mayo de 2017

Presencia Judia en Escalonilla en los Siglos XIV y XV

Resultado de imagen de judios escalonillaPRESENCIA JUDÍA EN ESCALONILLA.- Siglos XIV y XV.

La presencia judía tanto en Toledo como en varios pueblos de nuestra comarca fue, durante la Edad Media, ciertamente importante. La comunidad judía de Torrijos o Aljama llegó a tener dos sinagogas, una de ellas en la plaza. En La Puebla hubo judíos ilustres, como la familia de Fernando de Rojas, autor de La Celestina.

En el año 1492 el número de familias judías en Maqueda ascendía a 281. También en Escalona, Santa Olalla y Fuensalida la Aljama judía era numerosa. No fue grande el número de judíos que vivían en Escalonilla o en Nohalos, ni tampoco el de los que mantuvieron alguna relación con estas dos poblaciones. 

SIGLO XIV. 

En el año 1333 era morados de Nohalos el judío don Yudá, hijo de don Mosé Funes, que el día 8 de Agosto de este año compró en Burujón un majuelo o viña nueva ya en producción. También en término de Nohalos el judía Zag Barica era propietario de unas viñas, que lindaban con otras de Inés de Ayala, cuyo criado el 10 de Septiembre de 1390 las arrienda.



SIGLO XV.

El día 13 de marzo de 1450 el judío Mosé Abengato remata las rentas de corderos, queso y lana que la catedral de Toledo tenía en término de Nohalos.

El judío vecino de Torrijos Judá Arragel el 23 de Marzo de 1460 toma en renta todas las olivas que los racioneros de Toledo tenían en término de Escalonilla, debiendo entregar cada año 21 arrobas toledanas “de buen aceite, claro y hermoso”. El día 17 de octubre de 1476 se hace el apeo de tierras y olivas que tenía en Escalonilla Alonso de Cáceres. En este documento se hace referencia a otra tierra conocida como la Judía.

El texto en castellano del siglo XV dice así: “Item fuemos a otra tierra que se dise de la Judía, que alinda con la sobredicha tierra, e de la otra parte con tierra de don Yñigo e desta misma parte, fasia el dicho regoyo alinda con tierra de Ferrando Cervatos e pasa so la dicha tierra de la Judía e al dicho regajo e va a afronta en el término de Nohalos” (AHN, Clero, libro 16.004, fol. 21).

Un vecino de Escalonilla, llamado Pedro Martín, el día uno de julio de 1492 por 780 maravedís compró las casas, con cuatro tinajas, que tenía en Maqueda el judía Jaco Gavison, miembro de una influyente familia judía de esta población, que tuvieron que abandonar como consecuencia del decreto de expulsión de los Reyes Católicos. 

AÑO 1497: UN JUDÍO, VECINO DE ESCALONILLA, ES REHABILITADO.

En el año 1.497 son rehabilitados Ferrand Gonçales y su mujer Elvira Gonçales, vecinos de Escalonilla. Ferrand Gonçales era el herrero de Escalonilla. Para su rehabilitación tuvieron que pagar 750 maravedís. 

Con motivo de las revueltas contra los judíos y de su expulsión en 1492, muchos se bautizaron, volviendo a realizar alguna práctica de su antigua religión, una vez pasado el peligro. Reconciliados de estas prácticas judaizantes, se les impuso una serie de penitencias públicas. En el año 1497 se les conmutan estas penas por una aportación económica, que iría a las arcas del Reino, muy mermadas por la guerra de Granada. El herrero judío de Escalonilla, al bautizarse adoptó un nombre y un apellido de los cristianos: Ferrand Gonçales. Volvió a judaizar y fue penitenciado. 

En 1497 se le conmuta esta penitencia por 750 maravedís. Algunas de estas prácticas judaizantes tenían relación con los sacramentos de la Iglesia y con otras costumbres. La noche anterior al matrimonio cristiano se casaban por el rito judío, iniciando ya la convivencia marital. Una vez bautizado el niño, ya en la casa, se le lavaba bien la cabeza para que desapareciera todo resto del santo crisma. 

Asimismo seguían celebrando las fiestas judías, como el sábado, la pascua y los tabernáculos. El viernes preparaban la comida del sábado, llamada “adafina”, que consistía en un guiso de garbanzos, habas, carne, berenjenas, culantrillo “e alcaravea e cominos e pimienta e çebolla”. También llevaba acelgas picadas y machacadas. Una vez bautizado, en alguna de estas prácticas debió de caer el herrero de Escalonilla, que era de raza judía.

Mariano Esteban Caro 
http://www.aytoescalonilla.com/pdfs/libro45.pdf

sábado, 20 de mayo de 2017

Las Aceñas del Conde en el Torrico

LAS ACEÑAS DEL CONDE EN EL TORRICO, PATRIMONIO COMARCAL EN PELIGRO

Aceñas del Conde vistas aguas arriba del artificio

Denominación.-
Aceñas del Conde

Término Municipal.-


El Torrico

Situación.-
En el Tajo, río abajo de Puente del Arzobispo, en Término de El Torrico

Categoría.-
Bien inmueble

Descripción del Bien.-
Aceñas del Conde En El Torrico

Las aceñas del Conde conservan, sobre el pasillo que da acceso a las compuertas, el blasón granítico de los señores de Oropesa.

El edificio está relativamente bien conservado pero se perciben en sus muros varias reformas y añadidos que a lo largo de los siglos han ido modificando el aspecto exterior de estos molinos. En esquema se diferencian cuatro partes.

La primera y la que más se adentra en el río es la más antigua, la que albergaba las viejas aceñas de rueda vertical. El plural de la denominación se basa en la existencia de dos ruedas verticales. 

La más interior apoyaba su eje por un lado en un edificio con tajamar macizo y por el extremo exterior se apoyaba en una segunda construcción abovedada similar a la de Calatravilla donde se perciben dos huecos en el piso, uno anterior y otro posterior, que alojaron los dos pares de muelas. 

La piedra que se situaba río abajo, habría apoyado su eje sobre el tercer cuerpo del complejo molinero, hoy modificado por haberse dispuesto para el alojamiento de varios molinos de regolfo, aunque todavía puede observarse sobre el muro el orificio donde giraba el eje y lo que parece una huella de rozamiento de la rueda. También resulta todavía visible el canal y la compuerta que regulaba el caudal .En ese tercer cuerpo del edificio se albergaban seis cubas de regolfo en sus respectivos cárcavos con las que se movilizaban seis piedras que se encuentran en una sala común. 

Desde ella se llega a una puerta de acceso a una pasarela de servicio para las compuertas y a una escalerilla de subida al techo abovedado. Otra pasarela de acceso exterior daba paso a las cubas de los regolfos.Aceñas del Conde

Por último, el edificio de todo el conjunto más cercano a la orilla es un molino de invierno o de creciente que funcionaba cuando se inundaban el resto de las piedras. Cuenta con tres cubas que desembocan en un sólo cárcavo de salida sobre el que se accedía al molino. 

Por delante de estas cubas hay una dependencia cubierta donde probablemente se colocaba la cernedora, ya que un orificio en el muro del molino muestra la marca del roce de la correa que era movilizada por el eje del último regolfo del edificio principal. 

Sobre la bóveda, un pequeño depósito de obra parece que servía para humedecer o airear el trigo si era necesario para una mejor molienda.Plan de navegación del Tajo de Carduchi del siglo XVII donde quedan reflejadas las aceñas del Conde

Este importante conjunto molinero se completa con otros edificios como la vivienda del molinero, que ya aparece en el proyecto de navegación de Carducci del siglo XVII situada en el mismo lugar elevado que en la actualidad, unas cochineras de gran capacidad y otras dependencias de habitación, almacenaje y cuadras.

Cronología principal.-
Siglos XV y probablemente anteriores pues muchas de estas aceñas se asientan sobre antiguos artificios árabes

Protección legal.-
Las genéricas de la legislación autonómica y estatal de protección del patrimonio

Propietario.-
Iberdrola?

Valoración del Bien.-
Valor histórico
Valor etnográfico

Principales riesgos apreciados.-
Deterioro por inundación erosión de la corriente fluvial

Bibliografía de referencia.-
Méndez-Cabeza Fuentes, M., Los Molinos de Agua de la Provincia de Toledo, Toledo 1998
Inventario Etnográfico de la Campana de Oropesa de la Excma. Diputación Provincial de Toledo

http://lamejortierradecastilla.com/las-acenas-del-conde-en-el-torrico-patrimonio-comarcal-en-peligro-6/#more-4387

viernes, 19 de mayo de 2017

La legislación contra los judíos en la España visigoda (y II)

Resultado de imagen de La legislación contra los judíos en la España visigoda (I)
En 642 terminaba este primer brote de persecución del judaísmo, con el ascenso al trono del rey Chindasvinto, más preocupado por perseguir a la levantisca nobleza goda y rehacer el código de leyes. Pero en 653 su hijo Recesvinto gobernó en solitario a su muerte, y recrudeció de nuevo la persecución. En la ley XIII, 2 (3 a 11), añadida por él a la Lex visigothorum o código civil del reino (que pasaría al medievo con el nombre de Fuero Juzgo), se lleva a cabo por primera vez la represión directa de la práctica del judaísmo: tanto judíos como conversos tenían vedado atacar la fe católica, criticar las conversiones forzadas, o celebrar las fiestas o ritos judíos. 

Los trasgresores serían castigados con la muerte y confiscación de sus bienes. El judaísmo se convirtió en una fe clandestina. Se conserva un placitum del 18 de febrero de 654, en el que se cita expresamente el precedente de Chintila, de 15 años atrás, en el que los judíos reconocían que la obstinación de su impiedad les impedía reconocer al Señor Jesucristo y abrazar de corazón la fe católica. Se comprometían a no tener relación alguna con judíos no bautizados, ni casarse con ellos, practicar la circuncisión, celebrar el sábado, la Pascua judía ni otras fiestas hebreas; aunque no les gustara, no se abstendrían de comer cerdo. 



Serían cristianos en todos los aspectos y si descubrían que uno de ellos violaba alguno de estos compromisos, por insignificante que fuese, le darían muerte en la hoguera o lapidándolo. El IX concilio provincial de Toledo, de 655, obligaba a los judíos conversos a pasar las fiestas cristianas en compañía del obispo, que se cercioraría de que las celebraban adecuadamente, y el X provincial, de 656, condenaban a excomunión a los clérigos que (todavía) vendían escandalosamente esclavos cristianos a los judíos.

Resultado de imagen de La legislación contra los judíos en la España visigoda (I)Y es que nuevamente vemos que las leyes promulgadas por reyes y concilios parecían no cumplirse en muchos casos. El paroxismo de la persecución contra los judíos se alcanzó durante el reinado de Ervigio. Apenas 3 meses después de su ascenso al trono, en enero de 681, convocó el XII concilio de Toledo, en el que solicitó y obtuvo de los obispos un conjunto de leyes que extirpase “las pestilentes raíz y rama del árbol judío”.

No podían poseer libros que atacaran la fe cristiana, sufriendo en tal caso pena de 100 latigazos y decalvación; ponía el enésimo plazo para que los judíos liberaran a todos los esclavos cristianos que poseyeran y dejaran de ocupar cargos públicos. En lo demás confirmó las leyes de Recesvinto, salvo la muerte en hoguera o lapidación de los judaizantes, que abolió por excesiva, suavizando en ese aspecto la persecución. Decretó la conversión forzada de todos los judíos del reino: en el plazo de un año, aquellos que no se hubiesen bautizado serían azotados, decalvados y desterrados, y sus propiedades pasarían a la corona. 

Si algún judío circuncidaba a un prosélito, ambos serían bárbaramente castrados; tanto el proselitismo como la celebración de ritos o fiestas judías eran castigadas severamente, con la amputación nasal y la confiscación de los bienes. Los judíos conversos podían conservar sus bienes, pero debían pedir permiso para viajar, y tanto en su lugar de residencia como allí donde fuesen debían de presentarse al obispo del lugar. Los obispos quedaban encomendados en la tarea de vigilar y juzgar la buena práctica cristiana de los conversos, y debían leer estas leyes en su presencia para que no pudieran alegar ignorancia. Los obispos y jueces que ignoraran su cumplimiento a cambio de dinero, serían castigados con 72 sueldos.

Los padres conciliares confirmaron las leyes del rey en el canon 9, y no es extraño que lo hicieran, pues a su frente se hallaba san Julián, metropolitano de Toledo, gran teólogo, historiador y polemista, autor de varias obras que refutaban las creencias judías (Responsiones, el Prognosticon y otras, casi todas perdidas) y el mayor apoyo de Ervigio en su política. Como otros célebres perseguidores (Torquemada, por ejemplo), Julián era hijo de judíos conversos, y su ardiente defensa del catolicismo y rechazo al judaísmo nos habla elocuentemente del devastador cisma que las conversiones habían producido en el seno de la propia comunidad hebráica.

En el año 687 Ervigio murió, y fue sucedido por su yerno Egica, un monarca duro e implacable, que procuró por todos los medios a su alcance asegurar para su familia la preeminencia en el trono. A pesar de las persecuciones, algunas comunidades seguían sosteniéndose: conocemos un sepulcro hallado en Narbona, en el que fueron enterrados 3 niños judíos víctimas de la peste que azotaba la Galia. Su padre no temió inscribir en la lápida una frase en hebreo y una palmatoria de 5 brazos. En el XVI concilio de Toledo, celebrado en febrero de 693, el rey, en su escrito dirigido a los padres conciliares, repite el ya ritual y monótono propósito de “destruir definitivamente al judaísmo”, pero sus medidas fueron dirigidas más bien a privarles de sus medios de subsistencia: un converso podía comerciar con un cristiano, pero si este tenía dudas, debía recitar el Padrenuestro y el Credo públicamente y comulgar ante testigos. 

Los judíos sólo podían comerciar entre ellos y estaban sujetos a un impuesto especial, que es citado como ya existente, pero que no aparece en ninguna ley previa, por lo que es imposible saber desde cuando se aplicaba. Los conversos quedaban exentos de pagar el impuesto judío, y sin duda se trataba de un aliciente para animarles al bautismo. Egica observa que muchas sinagogas estaban abandonadas y en ruinas, signo de que las conversiones o exilios habían hecho desaparecer comunidades judías enteras; lo cierto es que ninguna ley había obligado demoler las sinagogas.

Dadas las circunstancias, no es extraño que Egica abriese el XVII concilio de Toledo (694), con una alarmada preocupación por noticias que había recibido, acerca de rebeliones de judíos contra sus gobernantes cristianos en otras partes del mundo, así como de conspiraciones de los judíos del reino con “sus hermanos de ultramar” para levantarse conjuntamente y “destruir la religión cristiana”. Tales conspiraciones, si realmente fueron algo más que una trama inventada, resultan humanamente comprensibles, teniendo en cuenta las dificultades que sufrían los judíos para vivir en el reino hispanogodo. 

Los enemigos con los que andarían en tratos, aunque no son citados, serían probablemente los árabes, dado que los bizantinos se hallaban en franca decadencia y a punto de perder sus últimas posesiones africanas. Los obispos, a petición de Egica, aprobaron en el canon 8 la más dura ley jamás promulgada en España contra los judíos, ahora acusados no sólo de infieles, sino de traidores al rey: todos ellos serían convertidos en esclavos de la corona y sus posesiones confiscadas, siendo vendidos en puntos distantes dentro del reino. 

Curiosamente de tan radical medida fueron excluidos los judíos de la provincia Narbonense, en atención a los daños sufridos por la peste. Esto trasluce que, con seguridad, el celo religioso no pesaba más que la posibilidad de incautarse de propiedades que pasaban al Tesoro de la corona, y a los familiares y partidarios del rey. Como sucedió con las leyes anteriores, probablemente no fue cumplida en muchas áreas de España, pero sin duda supuso un auténtico clímax de sufrimiento para muchas comunidades judías. Alrededor del año 700, y convocado por Vitiza, hijo de Egica, tuvo lugar el XVIII concilio de Toledo, cuyas actas se han perdido; algunos cronistas medievales afirman que en él se revocaron todas las leyes antijudías, pero su testimonio tiene escaso valor.

Tras la muerte de Vitiza en el año 710, y la guerra civil entre los godos, es conocido que los musulmanes invadieron la península, conquistando el reino en el plazo de 3 años. Su caudillo Tarik obtuvo la ayuda de los judíos para conquistar muchas ciudades, entre ellas destacan Córdoba, Granada, y la capital Toledo, donde abrieron las puertas al ejército bereber. Los emires impusieron a católicos y judíos un impuesto especial y les vedaron el acceso a cargos públicos, pero les permitieron practicar libremente su religión. Los judíos volvieron a florecer en muchas ciudades del califato (podemos destacar al médico y filósofo aristotélico Maimónides), y seguirían haciéndolo cuando estas fueron reconquistadas por los reyes cristianos, que obtenían de ellos muchos beneficios económicos, hasta las persecuciones de finales del siglo XIV.

Luis I. Amorós, el 9.04.10 a las 8:08 PM
http://infocatolica.com/blog/matermagistra.php/1004090808-la-legislacion-contra-los-jud

jueves, 18 de mayo de 2017

La legislación contra los Judíos en la España Visigoda (I)

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Al entrar en el Imperio, los godos hicieron suya la visión romana de la religión como asunto de estado. Mientras permanecieron arrianos, esta se convirtió en una fe nacional que mantenía la segregación entre los gobernantes germánicos y los gobernados romanos, fomentando la conciencia nacional goda. Algunos autores, como E.A. Thomson, consideran que la rebelión del mártir Hermenegildo, escondía una confrontación entre los godos convertidos al catolicismo alzados junto al príncipe, contra la mayoría de la nación, que permaneció fiel al rey.

De hecho, la persecución religiosa que Leovigildo llevó a cabo, se dirigió principalmente contra godos convertidos al catolicismo (el obispo Masona, el monje Juan Biclarense, o su propio primogénito), sin molestar apenas a los romanos católicos, lo que lleva a pensar que había al menos tantos condicionantes políticos como religiosos en la lucha entre ortodoxia y herejía: el rey percibía una amenaza contra la unidad de los godos en la conversión de algunos de ellos a la fe de sus súbditos romanos.

Esta situación cambió con la conversión de su segundo hijo Recaredo al catolicismo, de forma privada a principios de 587, y públicamente durante el III Concilio de Toledo de 589, en el que, muy significativamente, el rey anunció la conversión de toda la nación goda al credo Niceano.



De este modo, se llevaba a cabo la fusión religiosa entre godos e hispanorromanos, y con justicia se ha venido considerando esta fecha como la del nacimiento del reino español. La nueva monarquía, apoyada ahora sin reservas por la Iglesia y la nobleza hispana, inauguró una política de unidad religiosa, que tendría una importancia capital en la historia de España. 

Resultado de imagen de La legislación contra los judíos en la España visigoda (I)Dentro de las fronteras del reino quedaba ya sólo una comunidad no católica, los judíos, una población heterogénea, más urbana que rural y más artesana que campesina, perteneciente a todas las clases sociales. Todavía no se hallaban especializados en la usura (debido a la prohibición del préstamo con interés entre cristianos decretada por la Iglesia) que les caracterizaría en la baja edad media.

Durante la época imperial, las leyes toleraban la práctica de su fe pero castigaban el proselitismo hacia los cristianos. La tradicional carencia de vocación misionera, hacía que estas prohibiciones no afectaran a las comunidades judías. El Breviario del rey arriano Alarico II (año 506) suprimió la mayoría de las leyes antijudías del código teodosiano, pero mantuvo la proscripción de los matrimonios mixtos (también prohibida por la ley judía), y la ley romana que vedaba a los judíos el acceso a cargos públicos o a la guardia de prisiones. 

Al igual que ocurre actualmente en Egipto con los coptos, los judíos podían reparar sus templos, pero no construir nuevos. El hecho de que el incumplimiento estuviese tasado con una multa de 50 libras de oro, sugiere que más bien se trataba de un impuesto encubierto a la construcción de sinagogas. Podían resolver los pleitos entre sus rabinos, y (curiosamente), no se les podía encarcelar en sábado. Sin embargo, Alarico II endureció los castigos al proselitismo: un judío que convirtiera a un cristiano sería condenado a muerte y sus propiedades confiscadas por la corona. 

El prosélito sufría privación de sus bienes y pérdida de su derecho a testificar en los tribunales (una suerte de inhabilitación legal en la época). Los judíos que desearan convertirse al cristianismo debían permanecer 8 meses como catecúmenos antes de ser bautizados. El recelo hacia los hebraicos se refleja en un canon del concilio de Agde del mismo año, que recordaba la prohibición a los cristianos de comer junto a judíos.

Tras la pérdida de casi todas sus provincial galas y el traspaso del centro de gravedad de los visigodos a la península, no se reflejan cambios importantes en la legislación sobre los judíos durante 80 años. En el III concilio de Toledo (589), antes referido, y a petición de los padres conciliares, Recaredo prohibió a los judíos comprar esclavos cristianos para su propio uso, aunque no traficar con ellos para venderlos a otros cristianos. Si un judío circuncidaba a un esclavo cristiano, perdería todos sus bienes y se convertiría en esclavo del Tesoro. 

Asimismo, confirmaba la prohibición de ocupar cargos públicos y los matrimonios o concubinatos mixtos, introduciendo la novedad de que los hijos de tales uniones debían ser educados en la fe católica y bautizados. Todas estas leyes confirmaban el esfuerzo del estado por mantener la segregación entre ambas comunidades y evitar que los judíos pudieran tener algún tipo de dominio sobre cristianos, pero no les prohibían practicar su fe. 

Estas leyes no fueron puestas en práctica estrictamente: en el concilio de Narbona del mismo año, se afirma que la provincia de Septimania cuenta con una floreciente colonia de judíos, en su mayoría mercaderes. Casi 10 años después, en 597, el papa san Gregorio redime 4 esclavos cristianos capturados por los francos y vendidos a los judíos de Narbona; y en 599, escribe una carta a Recaredo felicitándole por haber rechazado una gran suma de dinero que varios judíos pudientes le habían ofrecido para que no se aplicaran las medidas decretadas en el concilio.

Apenas ascendido al trono en febrero de 612, el rey Sisebuto (notable por sus éxitos militares y su inquietud literaria y astronómica) publicó una ley en cuyo preámbulo se mostraba profundamente defraudado por el incumplimiento de las leyes de Recaredo, que ponía al día y endurecía: antes del 1 de julio de ese año, todos los esclavos cristianos que todavía quedasen en poder de los judíos, debían ser vendidos a precio razonable a un comprador cristiano, o manumitidos y dotados con algunas posesiones por sus amos. 

El incumplimiento o la venta ficticia, suponía que el judío perdería la mitad de sus posesiones y el esclavo sería manumitido sin indemnización. Se volvía a promulgar la sentencia a muerte del judío que convirtiera a un cristiano, aunque ahora el prosélito sería azotado y convertido en esclavo de la corona si se negaba a abjurar del judaísmo. Asimismo, en los matrimonios mixtos, el cónyuge judío era ahora obligado a convertirse al catolicismo, o sufrir destierro. 

Esta nueva y radical ley fue firmada por el rey delante de los altos funcionarios de su corte (el officium palatinum), pero no ante los obispos, y Sisebuto pronunció una terrible maldición para todo monarca que en el futuro no hiciese cumplir esta ley; no satisfecho con esto, el rey comenzó a impulsar las conversiones forzadas al catolicismo a partir de 616, sin apoyarse en ley alguna. Esta política fue aplicada estrictamente en los primeros años de su reinado, decayendo su cumplimiento más tarde. Y es que, aparte de los sobornos que los funcionarios aceptaban con menor escrúpulo que Recaredo, esta iniciativa desagradó a muchos obispos, especialmente a san Isidoro, obispo de Sevilla, y cabeza de la Iglesia en aquellos años. Pese a que era amigo personal del rey, Isidoro se opuso a tales prácticas de conversión forzada, y en sus Etimologiae manifiesta con firmeza que la conversión al cristianismo se debía llevar a cabo por la persuasión, y no por la imposición. 

Hubo incluso nobles godos favorables a los judíos en aquellos años: Froga, nada menos que conde y prefecto de Toledo, levantó una sinagoga (contraviniendo la ley), y tuvo un altercado con el metropolitano Aurasius, que había convertido al catolicismo a varios prominentes judíos de la ciudad (conocemos algunos nombres: José, el rabí Isaac, Neftalí y otros). Leví Samuel, archisinagogo o presidente de la sinagoga de Toledo, protestó ante Froga, diciendo que estos habían sido engañados y forzados a bautizarse. El conde ordenó a un hombre que golpeara con un bastón a los catecúmenos cuando salieron por primera vez vestidos de blanco de la Iglesia. Aurasius excomulgó a Froga.

Muerto Sisebuto, en el IV concilio, convocado por su sucesor Sisenando en el 633, los padres conciliares, inspirados por Isidoro de Sevilla, condenaron en el canon 59 la política persecutoria del difunto, ya que “obligó por la fuerza a quienes había de haber convencido por la razón”, dando lugar a muchas recaídas y apostasías. El concilio hubo de tratar un grave problema derivado: muchos de los conversos forzados practicaban en secreto su antigua fe. Pese a condenar el procedimiento, los padre no podían negar la validez de esos sacramentos administrados por sacerdotes y hasta obispos, y ante la disyuntiva tomaron la decisión de prohibir las conversiones forzadas pero aceptar las ya realizadas como válidas. Consecuencia de esto, los conversos que siguieran practicando los ritos mosaicos sufrirían las mismas penas que los católicos que abjurasen. 

A propuesta del rey Sisenando, vemos decretar leyes dramáticas aplicables a los conversos: si habían circuncidado a sus hijos, estos les serían arrebatados y entregados a familias cristianas para su educación; no podían comunicarse con judíos; si abjuraban eran azotados, entregados como esclavos y perdían su derecho a testificar. La política de conversiones forzadas de Sisebuto provocó un problema social que iba a perpetuarse en el tiempo durante siglos, llegando a la cuasi paranoia durante los siglos XV a XVII: la de los conversos que judaizaban en secreto, cuyo examen se convirtió en la principal actividad del tribunal del Santo Oficio.

El estudio de la legislación visigótica transmite la sensación de ineficacia en su cumplimiento (en este aspecto como en otros). En el canon 62 y subsiguientes, se vuelven a repetir de nuevo las mismas viejas leyes: prohibición de ocupación de cargos públicos, de matrimonios mixtos, de poseer esclavos cristianos, de liberarlos si les han circuncidado… todo hace pensar que a pesar de los sucesivos decretos, tales prácticas seguían existiendo. En el canon 60 los propios padres conciliares reconocen que muchos laicos, sacerdotes y hasta obispos, protegen a los judíos. En el canon 58 sugieren que esta protección provenía del soborno, prescribiendo excomuniones y destierros a los clérigos o funcionarios que dejaran de aplicar la legislación contra los judíos a cambio de dinero.

La muerte en 636 de san Isidoro parece haber puesto fin a la resistencia de los obispos ante la voluntad persecutoria de los reyes godos, particularmente celosos en su estrategia de unidad religiosa. En el VI concilio de Toledo, celebrado en enero de 638, el rey Chintila manifestó públicamente su intención de “acabar en su reino con la superstición judía” y no permitir la presencia de ningún no católico en Hispania. 

En principio, los padres conciliares se limitaron a confirmar la excomunión para aquel que protegiera a los judíos de las leyes que les concernían, pero conservamos un documento fechado el 1 de diciembre de ese mismo año: se trata de un placitum o conversión probablemente forzada firmada por los judíos bautizados de Toledo, en la iglesia de Santa Leocadia, en la que renunciaban a sus antiguas creencias, ritos y fiestas judías, el sábado, la circuncisión y sus reglas de alimentación. Someterían al control de las autoridades todas sus escrituras, junto con la Misnah, y prometían lapidar hasta la muerte a aquel de ellos que se desviase lo más mínimo de la fe católica. Se sabe que este documento estaba inspirado por el rey en persona, y contradecía la disposición del IV concilio que prohibía la política de conversiones forzadas de Sisebuto. Sin duda, hubo más como este en todo el reino.

uis I. Amorós, el 9.04.10 a las 8:08 PM
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