jueves, 27 de julio de 2017

"Ni quito ni pongo rey"

Bertrand du Guesclin 

Castilla estaba sumida en plena guerra civil entre el rey Pedro y su hermanastro, el bastardo Enrique de Trastámara.

Toledo estaba al borde de la resistencia y necesitaba ser abastecida. No cabía más dilación. Era el momento de preparar el encuentro final y cada uno de los contendientes llamó a sus fuerzas. Pedro guarneció la fortaleza de Carmona y partió hacia Alcántara buscando acercarse a Toledo y permitir el contacto con los refuerzos que esperaba del norte. Le acompañaban 1.500 jinetes moros enviados por el rey de Granada.

Pedro I de Castilla

El Trastámara evolucionó rápidamente y avanzando por la noche sorprendió a Pedro acampado en Montiel, con sus fuerzas diseminadas por la comarca y sin haber recibido todavía la columna que llegaba de Andalucía. Sin darles tiempo para agruparse, el 14 de marzo de 1369 fueron derrotados.

Pedro pudo refugiarse en el castillo, pero a pesar de los cañones de que disponía, la fortaleza no estaba preparada para un asedio. 



Se imponía cualquier otro tipo de solución, y el fiel Men Rodríguez de Sanabria acudió a la tienda del francés Bertrand du Guesclin, uno de los apoyos de Enrique, con el que había combatido en Montiel. 

El motivo era que Sanabria conocía a du Guesclin y quiso negociar con él la salida del rey, ofreciéndole a cambio algunas plazas. El francés le prometió facilitarle la huida a Pedro, para lo que debíapresentarse esa noche en su tienda.

Ruinas del castillo de la Estrella, Montiel, Ciudad Real

La leyenda y la historia se confunden en uno de los más trágicos hechos de nuestro pasado. 

Habiéndose presentado don Pedro como se le requirió en la noche del 22 al 23 de marzo de 1369, fue apresado por los otros capitanes mercenarios que habían sido avisados, y apareció el propio Enrique de Trastámara, armado para el combate y gritando:

—¿Dónde está ese judío hideputa?

—¡El hideputa seréis vos, pues yo soy hijo legítimo del buen rey Alfonso! – respondió inmediatamente Don Pedro.

Parece que los hechos pudieron suceder así: los dos hermanos entablaron entonces combate, pero du Guesclin intervino de alguna forma haciendo trampas a favor de Enrique, tal vez con una zancadilla, o ayudando a su señor a quedar encima de Pedro cuando ambos cayeron al suelo durante una lucha en la que el Trastámara dio muerte a Pedro por su propia mano.

Enrique II de Trastámara

Según la leyenda, cuando le recriminaron al francés su actitud tan poco caballeresca, du Guesclin se limitó a decir:

—Ni quito ni pongo rey, pero ayudo a mi señor.

El fratricidio de Montiel se convertirá en tema literario y serán múltiples sus versiones. La noticia se extendió rápidamente por una Europa imbuida de principios caballerescos, y Pedro recibió así las loas que de otra forma no hubiera logrado. Sobre Enrique y du Guesclin llovieron las más duras críticas, pero su condición de vencedores les puso a cubierto de las consecuencias de sus actos.

Concluía ensangrentado un reinado que se había desenvuelto entre sangre, había estado marcado por los asesinatos y las luchas y eran actores finales del drama quienes habían sido sus protagonistas desde aquella lejana primavera de 1350 en que Pedro el Cruel comenzó a gobernar.


Bibliografía:
Pedro I – Luis Vicente Díaz Martín
http://themaskedlady.blogspot.com.es/search?q=toledo&updated-max=2012-02-19T10:48:00%2B01:00&max-results=20&start=8&by-date=false

miércoles, 26 de julio de 2017

La Corredera de Talavera, Fotos Antiguas

La Corredera desde su lado oeste. En primer plano a la izquiedra el rótulo de la farmacia de don Abel.

También se ven los albañales y al fondo la vieja torre del Reloj.

Aunque durante unos años se llamó calle José Canalejas en honor del político de ese nombre y presidente del gobierno asesinado, la mayor parte de su historia se denominó Corredera del Cristo.

Corredera, por ser el lugar de cierta amplitud y rectilíneo en el que siguiendo la ronda de la muralla se celebraban justas, carreras de caballos o encierros de toros, y “del Cristo” por haberse instalado en una de las torres vaciadas la capilla del Cristo de los Mercaderes a mediados del siglo XVIII, aunque ya en 1622 se instala una cruz en el mismo lugar.

Según Pedro Gayarre durante el siglo XV también se llamaba calle Real y este mismo autor propone que el nombre de Corredera podría provenir de las aguas que “corrían” por ella y que venían a depositarse al final de la calle junto a El Salvador, lo que originaba problemas de salubridad pública y continuas obras de dragado y empedrado.




La Corredera en una foto de principios del siglo XX

La Corredera comienza en la Plaza del Reloj y acaba en la plazuela de El Salvador. Fue una de las calles principales de la Talavera medieval, tradicionalmente muy comercial, y muestra de ello son las casas pintadas con motivos simbólicos mercantiles o la capilla del Cristo de los Mercaderes en una de las albarranas, mientras que en la torre que está frente a la Casa de la Iglesia, antiguo convento y colegio de las Agustinas, es donde está el panel de azulejos con la referencia de Cervantes a Talavera en su obra Los Trabajos de Persiles y Segismunda, además de la torre que está junto a El Salvador.

La Corredera en una vieja postal dondese perciben las casas pintadas de la izquierda y los soportales de la derecha

También los soportales, tan tradicionalmente castellanos y que se perdieron en su mayoría nos hablan de la actividad comercial tradicional, de la que aún quedan como muestra las esparterías.

También se celebraban en ella las procesiones religiosas más significativas y fue una de las vías antiguas de más trasiego antes de consolidarse la cañada de Alfares como vía principal de paso posteriormente.

Detalle de los soportales de La Corredera en la foto anterior

Las viviendas y comercios adosados a la muralla, oculta tras ellos, proceden de los antiguos tenderetes que se apoyaban en el muro pero que con el paso del tiempo fueron haciéndose menos precarios en sus materiales y más definitivos en su estructura.

Antiguamente también se situaban en la zona de el Palenque algunas fraguas, y los herradores y albéitares o veterinarios, además de la cárcel pública y la alhóndiga, que era el depósito público y casa de venta y compra de grano . 

En épocas más recientes también contó la Corredera con algunas oficinas bancarias.

Arcos efímeros en honor de la Virgen del Prado instalados en La Corredera

A esta calle se asomaba el palenque de la iglesia del convento de los Jesuitas y luego de los agustinos, después mercado de abastos y junto a él se encontraba la puerta Nueva o de las Cebollas donde hasta hace poco se han vendido verduras y plantones de productos hortícolas, así como y también fueron tradicionales en ella los puestos de melones y sandías con zambombas y panderetas en Navidad, además de tres kioscos de chucherías. 

Junto a la albarrana de El Salvador había una fuente muy frecuentada hasta los años 60.

La Corredera vista desde su lado oeste, al fondo la antigua torre del Reloj

Todavía quedan algunas casas de aspecto dieciochesco en la acera izquierda, alguna de cierto empaque en la acera derecha y la casa del Arcipreste.


Extremo oeste de La Corredera con la torre de El Salvador al fondo


La Corredera en una foto de la colección de Telefónica de los años 20


lunes, 24 de julio de 2017

Goswinta, reina visigoda

Goswintha pertenecía a la aristocracia visigoda del siglo VI. Hacia el año 545, o tal vez algo después, se casó con Atanagildo, un poderoso magnate que a la muerte de Teudiselo ya reivindicó su derecho al trono. No lo consiguió entonces, pues fue Agila el elegido. 

Al cabo de un par de años Atanagildo protagonizó una rebelión contra el rey en Sevilla, una gran ciudad habitada por muchas familias de la aristocracia hispano-romana. 

La rebelión desembocó en una guerra civil durante el transcurso de la cual Atanagildo solicitó ayuda al emperador Justiniano, que envió a sus tropas. 

La contienda duró tres años. 

Al cabo de ese tiempo los godos, temiendo que Justiniano aprovechara sus luchas internas para apoderarse de Hispania, decidieron ponerle fin asesinando a Agila y reconociendo como rey a Atanagildo.

El nuevo monarca eligió como capital a Toledo, y allí residía toda la corte. Tenía dos hijas de Goswinta: Galswinta y Brunegilda, que alcanzaron la edad casadera durante los últimos años del reinado de su padre.



El rey Sigeberto I de Austrasia eligió por esposa a Brunegilda, a quien Gregorio de Tours describe como bella, virtuosa, juiciosa y de trato agradable. La boda se celebró en Metz, y tras el enlace la nueva reina abjuró del arrianismo para convertirse al catolicismo.

Sigeberto tenía un hermano llamado Chilperico, que era rey de Neustria. Este no se caracterizaba por su rigidez de costumbres y, además de tener varias concubinas, estaba ya casado con Audovera, con quien tenía varios hijos; pero al tener conocimiento de la boda de su hermano con una princesa de tan alto rango, quiso aspirar también él a una hija de rey y solicitó la mano de Galswinta. 

Logró anular su matrimonio para poder desposarla, de modo que, con Audovera en el convento y libre ya el rey del obstáculo que hubiera impedido el enlace, la hija de Atanagildo partió hacia Neustria. Su esposo la recibió en Rouen y tras la boda también ella, al igual que su hermana, abrazó la fe católica.

El matrimonio fue un fracaso desde el principio, porque Chilperico no cumplió su palabra de alejar a sus concubinas y continuaba siendo el amante de Fredegunda, una aldeana franca que servía en palacio. Galswinta, descontenta, quiere regresar a Hispania, pero, aunque se muestra dispuesta a entregar la dote y abandonar incluso las ricas joyas que ha traído consigo, el rey la retiene con engaños y la hace estrangular en su lecho. Poco después Chilperico se casaba con Fredegunda.

No habría de transcurrir mucho tiempo entre la muerte de la reina de Neustria y la de su padre. Atanagildo fallecía en el año 568, dejando vacante el trono durante cinco meses, hasta la designación de Liuva, duque de la Narbonense. 

Este asoció al trono a su hermano Leovigildo, quien se hizo cargo de las provincias de Hispania mientras Liuva gobernaba el territorio al norte de los Pirineos. Leovigildo decide reforzar su poder aliándose con la familia del rey difunto, y para ello se casa con la viuda.

Goswinta era mujer inteligente y con gran sentido político, pero también una arriana fanática y, según Gregorio de Tours, la principal instigadora de las persecuciones contra los católicos en tiempos de Leovigildo. 

Este tenía dos hijos de su primer matrimonio: Hermenegildo y Recaredo, ambos asociados al trono desde muy jóvenes. Goswinta maniobró para que el mayor, Hermenegildo, se prometiera con Ingunda, la hija de Brunegilda y Sigeberto.

Ingunda, apenas una niña, llegaba a su destino en el año 579, pero la felicidad de Goswinta pronto se troca en decepción: la fe católica de su nieta era sólida, y no aceptaba convertirse al arrianismo. Viendo que la persuasión no daba frutos, la reina probó métodos más drásticos y llegó a maltratarla: la agarró del cabello con fuerza, la derribó y comenzó a cubrirla de golpes y patadas que la dejaron ensangrentada. A continuación ordenó que fuese arrojada a la piscina bautismal arriana, pero ni siquiera bajo tan graves circunstancias cedió un ápice Ingunda.

Así las cosas, el ambiente era irrespirable y la convivencia entre ambas un imposible. Leovigildo había confiado a su hijo el gobierno de la Bética y, para aliviar la tensión, se ocupó de el joven matrimonio abandonase cuanto antes la corte para residir en Sevilla. 

Una vez allí, fue Hermenegildo quien abrazó el catolicismo, por influencia de la esposa y del obispo San Leandro. Ese mismo año se rebela contra su padre y se proclama rey en los territorios que gobernaba, comenzando así una guerra de cinco años. Finalmente el príncipe fue hecho prisionero y moría a manos del carcelero Sisberto.

Ingunda huye con su hijo Atanagildo e intenta buscar refugio en Constantinopla, pero fallece durante la travesía. El rastro del niño se pierde al llegar a Bizancio, donde reinaba el emperador Mauricio.

El triste destino de la princesa no fue lamentado por Goswinta, que por razones de Estado tampoco tuvo empacho en negociar el matrimonio de Recaredo con la hija de Chilperico y Fredegunda. No se detuvo ante la consideración de que Chilperico era el asesino de su hija Galswinta, y si la boda no llegó a celebrarse fue tan solo porque el rey de Neustria moría cuando la novia ya estaba a punto de cruzar la frontera.

En el año 586 fallecía también Leovigildo, pero ello no supuso para la viuda su retirada de la vida pública. Por el contrario, Recaredo hubo de alcanzar un acuerdo con ella en virtud del cual la reconocía como su propia madre. El joven siguió sus consejos y fue un continuador de la política que ella había impulsado. Se trató de nuevo el asunto del matrimonio con una princesa franca, esta vez hermana de Ingunda, pero, dadas las malas experiencias de aquella princesa en la corte de Toledo y su trágico final, en Austrasia no aceptaron la propuesta.

Para entonces Goswinta ya era anciana y una catarata blanca velaba uno de sus ojos, pero sus energías no se hallaban mermadas. Ni siquiera logró fulminarla el peor de los golpes que se le podía asestar: la conversión de Recaredo al catolicismo cuando aún no llevaba un año de reinado. La anciana reina guardó silencio, pero cuando en dos ocasiones los arrianos trataron de sublevarse, ella se lanzó con vigor a las conspiraciones. 

Junto con el antiguo obispo de su fe, urdió una conjura contra Recaredo. Descubiertos ambos, el obispo fue exiliado mientras que el destino de Goswinta resulta incierto en las crónicas, que nos cuentan, de forma muy ambigua, que “llegó al fin de su vida”, algo que sugiere que tal vez la muerte no se produjo de modo natural.

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El Rio Jébalo (5) acabamos de conocer Alcaudete

Portada plateresca de la iglesia de Alcaudete

En la entrada anterior sobre el río Jébalo habíamos conocido la historia y la arquitectura de Alcaudete, hoy vamos a acabar de conocer este pueblo jareño, antes de continuar hacia la desembocadura.

IGLESIA 

bóvedas de crucería en la iglesia de Alcaudete

En 1534 un párroco murciano llamado Juan de Algarra dejó al morir todos sus bienes para financiar la construcción del que tal vez sea el templo más monumental de La Jara que, bajo la advocación de la Inmaculada Concepción, domina hoy el paisaje urbano de Alcaudete. 

Los dos curas que siguieron a don Juan fueron sobrinos suyos y se llamaron ambos Cristóbal de Bustamante, continuando la obra de su tío y haciéndose enterrar los tres bajo sendas losas de pizarra en la capilla mayor.



El edificio es de grandes proporciones y está edificado en mampostería con sillería en los ángulos. Tiene una sola nave dividida en tres tramos y la capilla mayor con cinco paramentos es algo más baja. 

Las cuatro bóvedas respectivas son de crucería ojival y en sus claves aparecen esculpidos el blasón del fundador, el jarrón de azucenas símbolo de la advocación y otros motivos. Se trata de una iglesia de estilo ojival con detalles del renacimiento, como la define el Conde de Cedillo. Desde antiguo era conocida la riqueza de la parroquia de Alcaudete de la que dependían las iglesias de varios pueblos cercanos, hasta el punto de que se ha conservado el dicho: “ Cura de Alcaudete, obispillo sin roquete ”.

No debemos dejar de observar la portada plateresca de la fachada sur del templo, formada por un arco semicircular entre columnas sobre pedestales y un ancho friso con salientes de exornos, además de un entablamento con otro friso adornado con águilas en sus lados. Entre los motivos decorativos podemos observar los blasones de los párrocos benefactores de la obra y dos leones. La torre, de construcción posterior, es de estilo herreriano.

Azulejos talaveranos en los arrimaderos de la capilla mayor de la iglesia de Alcaudete

OTROS LUGARES DE INTERÉS

A la entrada del pueblo se puede ver una pequeña fábrica de orujo. Se sitúa a la izquierda de la carretera de Los Navalmorales y tiene interés por su sencilla y peculiar arquitectura industrial. Desde hace siglos han molido seis o siete molinos maquileros en el río y algunos de ellos se conservan en buen estado, representando unas buena muestra de estos venerables ingenios.

Una muestra de la arquitectura industrial rural, esta fábrica de orujo de Alcaudete

Aunque hay datos que sugieren la existencia de un puente antiguo, durante toda su historia estuvo Alcaudete anhelando la construcción de uno que ayudara a cruzar el Jébalo, y tanto el concejo talaverano como la Mesta hicieron diferentes proyectos que no se sustanciaron hasta el siglo XVIII. 

Hoy día el llamado Puente Viejo está arruinado por las inundaciones de posguerra pero, río abajo, queda todavía en pie el llamado Puente Cacharro.Puente Viejo de Alcaudete restaurado

FIESTAS

Aunque ha perdido gran parte de sus antiguos ritos, Alcaudete cuenta entre sus fiestas tradicionales con una celebración de gran interés pero que ha decaído en los últimos años. 

Se trata de lasoldadesca que el dos de Febrero, día de la Candelaria, salía por las calles del pueblo formada por un grupo de hombres adornados con cintas de colores según el cargo que ocuparan en la comitiva: general, coronel, teniente coronel, tambores, dos banderas, pinche y alabarderos. Acompañaban a la procesión en la que, como es creencia, las gentes esperaban ver a la vuelta la vela de la Virgen apagada o encendida para saber si se prolongarían los rigores del invierno. Después de estar presente en la misa, el grupo recorría las calles con el redoble de los tambores. 

Llegados a la plaza formaban círculo, bailaban las banderas y el pinche, que llevaba una especie de cetro adornado con cintas, también danzaba saludando por orden a las diferentes jerarquías del grupo. 

Esta soldadesca participaba también en la cuestación para las “ánimas benditas” y en el entierro de la sardina.La Inmaculada, patrona de Alcaudete, aparece representada en varios paneles de las viviendas de Alcaudete

El día ocho de diciembre se celebra la Inmaculada Concepción como advocación del templo que es y patrona del pueblo. Hay misa solemne, procesión, novillada curiosamente invernal, bailes y pólvora.

GASTRONOMÍA

En cuanto a la restauración, debemos señalar que en torno a la carretera se han instalado varios establecimientos siguiendo la tradición de los viejos mesones. En ellos se puede degustar la cocina de la zona. Tradicionalmente ha tenido fama el cordero preparado en diferentes guisos y el cochinillo, pero hoy existen industrias chacineras donde se venden al público buenos embutidos y derivados del cerdo. Aunque tal vez, el producto autóctono característico de Alcaudete sea su sabrosa y tierna lechuga, además de otros productos de su feraz huerta.

http://lamejortierradecastilla.com/el-jebalo-5-acabamos-de-conocer-alcaudete/

domingo, 23 de julio de 2017

Primera época de la red telefónica en Toledo (1890-1914)

Los primeros aparatos se instalaron en las instituciones públicas, eclesiásticas o militares, empresas, despachos, negocios, redacciones y en pudientes domicilios particulares



Para el público había dos locutorios, el de la Estación -en el paseo de la Rosa-, y otro en Barrio Rey, 8 (que después se llevó a Zocodover, 18), además de atender en la oficina central, en el callejón de San Ginés, 6, frontero a las Cuevas de Hércules

Operadoras de teléfonos en 1901. Revista Blanco y Negro

En 1848, sobre un torreón del Alcázar toledano, se colocaba una estación del telégrafo óptico que unía Madrid con Cádiz, según el plan que ideó José María Mathé Aragua (1800-1875) general de Estado Mayor. En 1857 llegaba la telegrafía eléctrica para uso público a las oficinas del Estado (actual Delegación de Hacienda) situadas en la calle Alfonso X.

Desde aquel momento la ciudad quedaba unida a la red general que permitía enviar telegramas, incluso, más allá de las fronteras españolas. 

El siguiente peldaño de las modernas telecomunicaciones sería el teléfono, cuya implantación en Toledo arrancó a finales de 1890, el mismo año que en el alumbrado eléctrico ya se había hecho presente, el 14 de abril, en las calles más céntricas.

La telefonía comercial había nacido en Estados Unidos, en 1877, de la mano de Graham Bell (1847-1922), tras imponerse a otras patentes más adelantadas a su invento. En la España peninsular los primeros ensayos también se fechan en 1877, pero ceñidos a los ámbitos científicos, oficiales y algún a sagaz inversor que creó sus propias líneas en Barcelona y Madrid.

La regulación administrativa crecería ligada a los vaivenes entre conservadores y liberales de la Restauración, lo que lastró una progresión racional de la red telefónica hasta comienzos del XX. En 1882, el Estado fijaba la telefonía como servicio público mediante concesiones a particulares para explotar redes locales reducidas a cierta distancia, a períodos limitados de tiempo y otros detalles, a menudo, cambiantes. 

En 1890 se trató de reorganizar el caos de licencias vigentes. En el caso de Toledo, según recogen dos diarios madrileños (La Correspondencia de España y El Pabellón Nacional), el 4 de octubre de 1890, efectuada «la subasta para el servicio telefónico en esta capital», se adjudicó a Benigno Balbín Campomanes, cuyo nombre figuraría como administrador hasta 1914. En otra fuente se señala que también intervino, como responsable del proyecto Mariano Ortiz y Rubio (1840-1907), un acomodado personaje unido a la política local en las filas conservadoras. No obstante, parece que el empuje económico y empresarial para crear la red se debió a una conocida e influyente familia encabezada por Rodrigo González-Alegre y Álvarez, domiciliada en la calle de la Plata, en el gran edificio que fue Hospital de Bálsamo, transformado totalmente, en 1933, para acoger las nuevas oficinas de Correos.

Rodrigo González-Alegre (1823-1879) había sido un relevante prohombre, diputado a Cortes en dos ocasiones, alcalde y concejal de Toledo (1859-1863), gobernador civil de Madrid (1871) y senador en 1872. Tras su muerte, su «Viuda e Hijos», lograron, en 1880, ser comisionados del Banco de España en Toledo y gestionar la primera sucursal que se abría en la ciudad, en 1884. En 1890, una de las hijas -como ya publicó Pilar Tormo en 1990-, Isabel González-Alegre y Fanjul (1867-1937), casada con el abogado -y «rico propietario»- Rafael Corcuera y Argüelles, y previa autorización ante notario por ser mujer, se hacía cargo de la concesión para crear la primera red telefónica de Toledo.

Ella fue quien solicitó al Ayuntamiento abrir la «sede» del «Centro de Teléfonos de Toledo», que ya iba captando los primeros abonados. A partir de ese momento, en las referencias publicadas, desaparece el nombre de aquella mujer para citarse a quienes ejercieron la administración, aunque la propiedad empresarial parece que mayoritariamente continuaba en manos de la familia González-Alegre y Corcuera.

El desarrollo técnico y el tendido de la red urbana debió realizarse a lo largo de 1891. En el mes de noviembre, Miguel Gistau, «Jefe de la Central de la Red Telefónica de Toledo», solicitaba al Ayuntamiento permiso para abrir un locutorio público frente a la terminal del ferrocarril, en realidad una simple «caseta de madera de metro y medio de frente y dos y medio de fondo». El objetivo era enlazar en este punto las notificaciones de los efectos que llegaban por tren para el comercio local. Una reseña de prensa en El Toledano, del 5 de diciembre del mismo año, recoge la visita efectuada a la «estación central» telefónica que mostraron los directivos.

Lo que suponía la puesta en marcha del servicio. Los primeros aparatos se instalaron en las instituciones públicas, eclesiásticas o militares, además de algún hospedaje -como el Hotel Castilla (1892)-, empresas (la Fábrica de Armas), despachos, negocios, redacciones (La Campana Gorda, 1897) y en pudientes domicilios particulares. Para el público había dos locutorios, el de la Estación -en el paseo de la Rosa-, y otro en Barrio Rey, 8 (que después se llevó a Zocodover, 18), además de atender en la oficina central, en el callejón de San Ginés, 6, frontero a las Cuevas de Hércules. Aquí parece que existía un amplio salón que la empresa alquiló, sucesiva y transitoriamente, a la «Sala de Armas Ballade» para la práctica de esgrima (1902) y al Centro Instructivo de San Luis Gonzaga a finales de 1907.

En 1893 la compañía daba servicio a Ajofrín, Argés, Bargas, Burguillos, Cobisa, Gálvez, Olías y Polán, ofreciéndose a los ayuntamientos que lo solicitasen ante el «administrador de la Red» de Toledo, con el reclamo de ser la «más barata y bien servida de España». Por aquel entonces una conferencia de tres minutos en la propia central para un no abonado se situaba en 10 céntimos. Además, durante muchos años, como un señuelo comercial, la Red Telefónica regalaba objetos varios a los abonados cuyo número coincidiese con ciertas cifras de sorteos y loterías públicas.

Mientras, en el resto del país, se consignaban más de cuarenta redes privadas, cada una con sus locutorios exclusivos e, incluso, medios técnicos, lo que dificultaba las conexiones, aun estando muy próximas entre sí. Desde 1894, fue creciente el auge de la Compañía Peninsular de Teléfonos que adquiría, en 1908, las redes de Barcelona y Madrid. Luego seguirían más absorciones, hasta explotar en régimen monopolio las líneas interurbanas.

El 15 de diciembre de 1903, uno de los directores de la Red toledana, Joaquín Samper, reunía a las autoridades para inaugurar el enlace con Madrid, lo que facilitaría a la prensa local recibir más informaciones de sus corresponsales. En ese momento, aún figuraba como administrador Benigno Balbin, cargo que mantuvo hasta su marcha a su Colunga natal (Asturias), en 1914, año en el que la concesión toledana era absorbida por la ya citada Compañía Peninsular de Teléfonos.

Según El Eco Toledano, esta operación comercial derivó de la subasta efectuada, el 13 de noviembre de 1913, una vez concluida la concesión de veinticinco años, más un tiempo de prórroga, que hizo el Estado a la sociedad explotadora de Toledo para reasignarla ahora de nuevo. Este dato periodístico, de ser literalmente exacto, significa que los primeros pasos administrativos para crear el teléfono en la ciudad se situarían hacia 1888.

Tal cambio empresarial hizo que se trasladase la oficina y locutorio central desde el callejón de San Ginés hasta la calle de la Plata, 20. En el periódico La Región, de 4 de abril de 1914, aparecía una carta remitida por Manuel Tourné y Esbry – por cierto, teniente coronel de Infantería-, despidiéndose de los toledanos e informando de su renuncia para continuar con la explotación que había finiquitado el 31 de marzo anterior.

Al mismo tiempo que Toledo vivía los actos del III Centenario del Greco, la nueva sociedad telefónica prometía al público en general inmediatas mejoras y algún esfuerzo tecnológico como el que asombraría a la ciudad unos años después.

RAFAEL DEL CERRO MALAGÓN 05/06/2017 21:28h 
http://www.abc.es/espana/castilla-la-mancha/toledo/abci-primera-epoca-telefonica-toledo-1890-1914-201706052128_noticia.html


sábado, 22 de julio de 2017

Fotografías del Tajo y Talavera años 20

CUATRO FOTOS DEL TAJO DE LA FUNDACIÓN TELEFÓNICA

Fotografía del Tajo de la Fundación Telefónica de de los años 20

En la colección fotográfica de la Fundación Telefónica y relacionadas con sus instalaciones se hicieron en los años 20 y 30 fotografías relacionadas con sus instalaciones.



Se puede ver el caudal abundante con los arenales y las aguas limpias y una visión de Talavera en la que se pueden observar algunos monumentos desaparecidos como los señalados en la vista parcial a continuación, la torre de la iglesia de San Pedro o la antigua torre del Reloj.

Vista parcial de la foto anterior

Otra de las fotografías se ha obtenido junto a la central eléctrica del puente Viejo y se observan los postes telefónicos, los cerdos hozando junto al río y el puente que muestra al final la casa de peones camineros que siempre he considerado que se había construido sobre restos de los molinos del primer ojo del Puente.


Fotografía del puente Viejo desde la central eléctrica

El inicio del puente con la casa de peones camineros

La tercera foto nos muestra la zona de Entretorres con las torres albarranas arruinadas y descarnadas. Se percibe el vallado blanco del antiguo tejar de la cuesta de San Clemente y el resto de muralla junto al río que todavía se encuentra en pie junto al puente de Hierro. También se observa la cúpula de la iglesia de los jesuitas (Palenque) con su linterna.


Vista de la zona de Entretorres desde la orilla sur del río.

Vista parcial de la anterior fotografía de Entretorrres y el Tajo

Por último traemos otra foto desde la orilla sur con una vista del río y el puente de Hierro.



http://lamejortierradecastilla.com/cuatro-fotos-del-tajo-de-la-fundacion-telefonica/#more-4984

jueves, 20 de julio de 2017

1916, Toros y tiros en Bargas: capea sangrienta (y II)

Al mediodía la tensión alcanzó su cenit. A la plaza deBargas llegaron fuerzas de la Guardia Civil, siendo recibidas con gritos y una lluvia de piedras. Para disolver el tumulto, previo aviso de los tres toques de atención reglamentarios y unos tiros al aire, las fuerzas de la Benemérita realizaron fuego de fusilería.

 (Foto, Colección Antonio Pareja)


Uno de los disparos alcanzó al mozo Eusebio Páramo Montalvo, herido en la región lumbar, quien quedó tendido y sangrando de forma abundante. «El pánico -se narraba en la crónica de “El Eco Toledano”- fue grande al sonar la descarga; por las calles corrían mujeres y niños que se internaban en sus casas poseídos de terror, cerrándose puertas y ventanas». Tres guardias civiles resultaron heridos por el apedreamiento.



«Los padres del herido -continuaba el relato periodístico-, al verlo, salieron a la plaza a recoger a su hijo, teniendo que desistir ante la actitud y el peligro que corrían en aquel sitio, donde la Benemérita prohibía que se permaneciera». Cuando por fin pudieron rescatarlo, lo llevaron a su domicilio, donde falleció en pocos minutos.

Tenía veinticinco años de edad, era panadero y estaba soltero. «Eusebio -indicaba el reportero- era un guapo mozo, fuerte y en su rostro se dejaba adivinar la bondad que le atribuyen cuantos le conocieron».

Los forasteros, ante la intensidad del tumulto, abandonaron apresuradamente Bargas volviendo a sus casas en coches, en caballerías y andando, «quedando toda la tarde el pueblo con el aspecto de un cementerio».Fachada del Ayuntamiento en la plaza de Bargas, donde se registraron las protestas e incidentes por la suspensión de la capea en 1916 (Ayuntamiento de Bargas. Archivo Municipal)

Desde Toledo llegaron refuerzos de caballería e infantería en previsión de que los incidentes volvieran a repetirse durante el entierro del fallecido. El gobernador civil, Emilio de Ignesón, se desplazó a Bargas para supervisar cualquier acción. Con fuerte presencia de las fuerzas de orden patrullando por las calles, la noche transcurrió tranquila.

A la mañana siguiente, el cadáver de Páramo fue trasladado al cementerio, realizándose el sepelio solo con asistencia de las autoridades y el párroco.

Por orden de éstas, «no se tocaron las campanas ni hubo ostentación alguna por la que el pueblo pudiera comprender que el acto se celebraba en aquellos momentos», se señalaba en «El Castellano». Mientras la tranquilidad iba recomponiéndose en la localidad, donde durante unos días permanecieron destacados medio centenar de agentes, once personas fueron detenidas por su implicación en las protestas y trasladadas a la cárcel provincial deToledo.

A través de ese mismo diario, el alcalde bargueño descargó las responsabilidades de lo ocurrido en el ganadero Eduardo Díaz, quien no cumplió su compromiso de encerrar a los toros en los corrales días antes, ya que los animales se disgregaron y los vaqueros no hicieron nada por llevarlos hasta allí, quedando el ganado abandonado en las afueras del pueblo. Sobre la marcha se intentó que se llevasen a Bargas otros novillos desde Cabañas de la Sagra, pero los intentos fueron infructuosos, motivo por el que decidió suspender la corrida.

Amén de lamentar la muerte de Eusebio Páramo, estos sucesos derivaron en la prensa en debate sobre la conveniencia o no que estas capeas continuasen celebrándose en la provincia. En las páginas de «El Eco Toledano», José Manuel Santos, conocido crítico taurino que firmaba sus crónicas con el seudónimo «Verde y Blanco», proponía una recogida de firmas para que el ministro de la Gobernación dispusiera la total supresión de las corridas de novillos, vacas o becerros en las plazas de los pueblos, considerando que con ello se realizaría una «obra altamente patriótica, llena de altruismo y encaminada a mejorar el erario municipal», defendiendo rotundamente la fiesta verdadera de los toros, «la artística, la colorida y hermosa; no la bruta, antiestética y fea».

Similar contundencia se mostraba en «Heraldo Obrero», pidiendo que se prohibiesen estas «brutales fiestas», con lo que se evitarían estos sangrientos sucesos, lamentándose, además, que «para corregir una salvajada se hubiese recurrido a otra mayor». La queja de este semanario se publicó bajo el rotundo titular de «Otra vez el maüser».

La controversia llegó hasta la prensa nacional y los despachos ministeriales. Comentando los sucesos, el titular de Gobernación asimiló lo ocurrido con el comportamiento de los pueblos cafres, mientras que en el diario «El País» se apostaba por la defensa de las capeas populares, pues aún considerando que en algunos lugares se daban comportamientos bárbaros, «son mucho más nobles, más fuertes, más fiesta nacional que las corridas de toros, en las cuales solo torean los diestros vestidos de botargas o bailarines». Añadiéndose que de entre los participantes en las capeas saldrían los buenos soldados y guerrilleros precisos en caso de que la nacionalidad española quedase otra vez «reducida» a Cádiz, en alusión al núcleo patriótico mantenido allí durante la Guerra de la Independencia.

Se consideraba, además, que, pese al doloroso balance de los incidentes, tanto el alcalde como los miembros de la Benemérita actuaron correctamente, no debiendo calificar al pueblo de Bargas como «bárbaro», «ya que no tiene la culpa de que no se le eduque, o se le eduque mal, por las clases directoras y por la prensa apologética de los toros y de los toreros».

Calificando lo ocurrido como «motín castizo», este diario, dirigido por el periodista Roberto Castrovido, concluía su comentario con una sorprendente reflexión: «¿Hubieran las vacas bravas causado en Bargas las mismas víctimas que la Guardia Civil se ha visto obligada a causar para defenderse? Creemos que no. Y entre morir de una cornada o de un tiro, siempre es más divertido lo primero».

Doce años de después de acontecer estos sucesos, en 1928 el gobierno reiteró la prohibición de la celebración de capeas. Esa misma intención tuvieron diferentes ordenes aprobadas en los primeros meses de la II República, recordando la normativa aprobada en su día por De la Cierva, si bien en 1932 se hizo excepción con aquellos casos en que la lidia corriese a cargo de toreros profesionales, pero manteniéndose el veto a los encierros de toros o vaquillas ensogadas o en libertad por las calles y plazas de las poblaciones.

Hasta 1931 los festejos taurinos en Bargas continuaron celebrándose en la plaza del pueblo, siendo trasladados de allí al plantarse árboles en dicho espacio. A partir de 1944 las novilladas en honor del Cristo de la Sala comenzaron a realizarse en una plaza de toros de palos, siendo sustituida esta instalación, veinte años después, por una portátil de madera. El actual coso, ya de fábrica, fue inaugurado el 6 de agosto de 1977 con una novillada de rejones en la que intervinieron Manuel Vidrié y Joao Moura. En los carteles se anunciaba como la «plaza más cómoda de la provincia de Toledo».

Sobre la tradición y arraigo de los encierros, novilladas y corridas en esta localidad toledana, José Luis Téllez de Cepeda y Téllez abunda detalladamente en su libro «Festejos taurinos en Bargas (1730-1977)», editado por la Diputación Provincial y el ayuntamiento bargueño hace unos años.

ENRIQUE SÁNCHEZ LUBIÁN 
http://www.abc.es/noticias/abci-toros-y-tiros-capea-sangrienta-bargas-201704242122_noticia.html

1916, Toros y tiros en Bargas: capea sangrienta (I)

ENRIQUE SÁNCHEZ LUBIÁN - ESBOZOS PARA UNA CRÓNICA NEGRA DE ANTAÑO (XII)

Uno de los disparos alcanzó al mozo Eusebio Páramo Montalvo. Tenía 25 años, era panadero y estaba soltero
Secuencia grafica de los incidentes registrados en Cuevas del Valle tras la supresión de una capea en 1912
(Ilustración, semanario «Las Ocurrencias» ´

ENRIQUE SÁNCHEZ LUBIÁN - @eslubian Toledo24/04/2017 21:22h - Actualizado: 24/04/2017 21:25h.


El abogado Juan de la Cierva y Peñafiel (1864-1938) fue uno de aquellos políticos de la monarquía de Alfonso XIII que tejió una compleja red caciquil para sobrevivir en diferentes gobiernos durante más de media vida, ostentando los ministerios de Instrucción Pública y Bellas Artes, Gobernación, Guerra, Hacienda y Fomento, algunos de ellos en varias ocasiones.



En 1908, siendo titular de la cartera de Gobernación, promovió una polémica orden que trajo de cabeza a muchos gobernadores civiles y alcaldes: prohibir los encierros y capeas en aquellos pueblos donde no hubiese recintos adecuados para su celebración.

Aún reconociendo el arraigo que tales prácticas tenían en muchas localidades, tan drástica decisión se argumentaba como medida para evitar desgracias personales.Juan de la Cierva y Peñafiel, ministro de la Gobernación quien en 1908 prohibió las capeas y encierros en aquellos municipios donde no hubiese recintos adecuados para su celebración (Foto, Kaulak)

El cumplimiento de la disposición, en la que también figuraba que aquellos ayuntamientos que no tuvieran satisfechas todas sus obligaciones no podrían destinar fondos municipales ni a la construcción de plazas de toros ni espectáculos taurinos, fue casi imposible. En la prensa de la época hay numerosas noticias sobre incidentes y desgracias registradas por no hacer caso a esta orden ministerial o por exceso de celo en su seguimiento.

En agosto de 1908, desde las páginas de «El País», se censuraba la pasividad del gobernador civil de Toledo, Ricardo L. Parreño, por haber permitido la celebración de una capea en Villarrubia de Santiago, en una plaza formada con maderas mal atadas y carros sin seguridades para el público, donde dos mozos terminaron moribundos tras ser corneados y un toro manso fue objeto de todo tipo de tropelías.

«El Día de Madrid», en 1911, alababa al gobernador Fernando Boccherini por la enérgica labor que estaba realizando en la provincia para mantener la prohibición de las capeas, destacándose que en una sola tarde había impuesto en la localidad de Almorox veintiséis multas de 50 pesetas, pagando con pena de cárcel algunos sancionados insolventes.

Unos años después, los alcaldes de Mocejón y Esquivias también sufrieron un correctivo de 500 pesetas por permitir la celebración de encierros sin la preceptiva autorización gubernativa.

Tradicional encierro en la calle Arroyada a principios del pasado siglo XX (Foto, Ayuntamiento de Bargas. Archivo Municipal)

El reguero de incidentes se repetía por toda España, llegándose a casos extremos como el vivido en un pueblo cercano a la provincia de Toledo,Cuevas del Valle, en Ávila, donde un sacerdote fue apuñalado durante un motín provocado por la supresión de una capea tras ser cogido gravemente uno de los mozos participantes. Los incidentes se saldaron con la muerte de un niño de trece años, al que un navajazo le atravesó la pleura, numerosos heridos -el clérigo lo fue por intentar mediar en la trifulca- y quince detenidos, entre ellos el propio alcalde.

Imagen de las típicas novilladas en Bargas en los años cincuenta (Foto, Ayuntamiento de Bargas. Archivo Municipal)

En septiembre de 1916 el pueblo de Bargas se sumó, lamentablemente, a este cúmulo de desgracias. Para el día 25 se había programado una novillada, motivo por el que numerosos vecinos no acudieron a sus trabajos, llegando también a la localidad bastantes forasteros. A las nueve de la mañana el alcalde, Victoriano Quirós, hizo público un bando anunciando la suspensión del festejo, toda vez que los toros se habían desmandado durante las labores previas de encierro, quedando desperdigados en el campo y no había animales disponibles para celebrar el festejo.

Como era de esperar, el aviso no sentó nada bien al vecindario, que fue concentrándose frente a la fachada del Ayuntamiento, voceando y criticando a la autoridad municipal por considerar que se había burlado de ellos. Los intentos de primer edil por justificar los motivos de la suspensión de nada sirvieron.

El recinto preparado para la novillada, quedó en pocos momentos deshecho, quemándose algunas maderas en un puesto de churrería.Durante muchos años, los festejos taurinos en honor del Cristo de la Sala se celebraron en una plaza de palos

ENRIQUE SÁNCHEZ LUBIÁN 
http://www.abc.es/noticias/abci-toros-y-tiros-capea-sangrienta-bargas-201704242122_noticia.html



miércoles, 19 de julio de 2017

Los Pozos nuevos de Valdeverdeja

Vista general del curso medio del arroyo de los Pozos Nuevos o arroyo Malezo. Al fondo, Puente del Arzobispo.

Al sureste del casco urbano de Valdeverdeja, a menos de dos kilómetros se encuentra un conjunto etnográfico de gran interés.

Una senda recorre la mayoría de las decenas de pozos que servían para lavar a los habitantes de Valdeverdeja. 

También eran utilizados a veces como fuente de agua potable para los verdejos que la trasportaban al pueblo a lomos de caballerías, como también llevaban la ropa que era necesario lavar.

Es un territorio de granito degradado en cuyo subsuelo se acumula el agua en no mucha cantidad, pero suficiente para las necesidades de una familia e incluso en alguna ocasión cultivar si había la tierra necesaria algún pequeño huertecillo.

Se trata de un curioso paraje donde a un lado y otro del arroyo vamos observando la existencia de numerosos pozos con el brocal de granito. 



Algunos de ellos tienen en la tapa de hierro con cerradura y a veces en sus pilas o en la propia tapa las iniciales grabadas de sus dueños. 

Junto a las pilas algunos de ellos presentan unas a modo de pequeñas mesitas alargadas de piedra donde se tendía y golpeaba la ropa.

Varios de estos pozos tienen incluso una pequeña casa de mampostería.Tipo más común de pozo con el muro protector, la pequeña mesita auxiliar, la pila y el suelo empedrado.

La tipología más frecuente de estos pozos cuenta con el pozo, la pila granítica con una o dos superficies de frotado, la mesa de piedra, un muro de un metro y medio de altura que protege el conjunto y el suelo empedrado al menos en torno del pozo.

Otro tipo menos frecuente está cubierto y se accede al brocal por una abertura vertical como se ve en la fotografía.

Pozo cubierto

Por último hay tres o cuatro construcciones techadas en bóveda de unos seis metros cuadrados de planta donde podían hacer noche o guardar los aperos.

Caseta abovedada de los pozos nuevos

Hay también un huerto con una fuente cubierta y, más arriba, un pozo de mayores dimensiones obra del ayuntamiento en el año 1936 y de uso comunitario.Tapadera metálica con iniciales de los pozos nuevos

Al final del recorrido el sendero conecta con el camino carretero de los grandes molinos del Tajo llamados de Los Rebollos y también se pasa por varios molinillos de arroyo de diferentes tipologías, pero de eso hablaremos otro día.

Zona con varios pozos lavadero, obsérvese el empedrado en el suelo, la mesita alargada junto a las pilas y los pozos con tapadera metálica y tipología similar

http://lamejortierradecastilla.com/los-pozos-nuevos-de-valdeverdeja/

martes, 18 de julio de 2017

Las gentes de Toledo en La Ilustre Fregona (y II)

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De gran colorido es, también, el baile de la chacona que se organiza a la puerta del Mesón del Sevillano, amenizado por Lope Asturiano. Este baile no solo tiene un valor costumbrista, sino que sirve, además, para reforzar esa vida alegre de la jacarandina que engalana los aledaños de Zocodover.

Esta estampa fue retomada por Enrique Reoyo y Juan Ignacio Luca de Tena, para enriquecer el libreto de la zarzuela El huésped del Sevillano, de claro sabor cervantino, que, con música de Jacinto Guerrero, recrea el ambiente de los mesones de principios del XVII e incluye personajes extraídos de la tradición picaresca, claramente inspirados en La ilustre fregona. En el estribillo de las coplas cantadas por el Asturiano (que también están presentes, en parte, en la zarzuela), se resumen los valores básicos de la picaresca:



"Que el baile de la chacona / encierra la vida bona". Esta "vida bona" es el alegre vivir de las gentes del hampa, risueñas y enamoradas de la diversión (y también de lo ajeno), cuyas existencias vemos desarrollarse en este Toledo bullicioso de los albores del siglo XVII, que se presenta así como marco adecuado para el discurrir de los acontecimientos de la novela que nos ocupa.

Resultado de imagen de Las gentes de Toledo en La Ilustre FregonaUn Toledo abierto alrededor de su centro comercial, la ya citada plaza de Zocodover, en cuyas inmediaciones se movieron a su aire Carriazo y Avendaño, nobles inclinados a la vida picaresca (aunque sin perder la conciencia de su estado).

Por allí les indicó la Argüello, cuando ambos llegaron a la ciudad, que "bodegones y casas de estado había cerca donde sin escrúpulo de conciencia podían ir a cenar lo que quisiesen" "'. Otra pincelada más, la de la noche y sus tugurios, para completar este magnífico cuadro que Cervantes nos ofrece de la vida desahogada de Toledo, a través de su magistral novela. y por último, el "mercado de las bestias", donde Carriazo-Asturiano pretende comprar un asno para su oficio.

El lugar, ubicado según Avalle Arce en "la plaza del convento de la Concepción" ", nada tiene que envidiar a los tenderetes de Zocodover; sabida es la fama que los vendedores tienen en los mercados ambulantes, avivada por la necesidad de negociar con gentes, a veces, tan apicaradas o más que ellos. El empleo de la plaza de la Concepción como mercado de bestias pervivió durante bastante tiempo, ya que "era posible ver, hasta comienzos de este siglo, los corros de personas que, todos los martes, acordaban verbalmente sus tratos sobre los caballos y asnos que llenaban estos espacios donde se realizaba el mercado de caballerías" ".

Pero no todo es jacaranda en el Toledo cervantino, la ciudad que según le dicen a Avendaño "es la mejor de España" y que, para el huésped de la Posada del Sevillano, "a lo menos es de las mejores y más abundantes que hay en ella ... " ".

Hay otro Toledo que contrasta con el que acabamos de describir; se trata de aquel que vive a la sombra de la catedral, que convierte a la ciudad en cabeza visible de la iglesia española, Para empezar, Avendaño muestra su interés por conocer el Sagrario, aprovechando que está en Toledo. Aunque no es lo más vistoso de la catedral, el Sagrario (representado por la Virgen patrona de la ciudad) encierra en sí esa religiosidad que transpira por todos sus poros la urbe del Tajo, hasta el punto de considerarlo entre "lo que dicen que hay famoso" en Toledo.

Es más que probable que Avendaño se refiriese a la Virgen del Sagrario, talla antiquísima en madera, más que a la capilla que hoy conocemos, que en tiempos de Cervantes era solo un proyecto o, en el mejor de los casos, una obra inacabada, ya que la primera piedra fue colocada el 23 de junio de 1595 ",

Y el cerramiento definitivo se produjo tras el impulso que dio a las obras el cardenal don Bernardo de Sandoval y Rojas, entre los años 1605 y 1617. Al parecer, en 1616 (el mismo año en que murió Cervantes), "en medio de unas sonadísimas fiestas, se celebró el traslado de la antigua imagen a la nueva capilla" "~o No debemos descartar, tampoco, que Avendaño acudiera atraído por la importancia de las obras del Sagrario, que supusieron, a la postre, el añadido de una hepnosa capilla y de la actual sacristía de la catedral, entre otras dependencias.

En cualquier caso, la construcción del Sagrario y sus aledaños coincidió con las fechas entre las que, muy probablemente, escribiera Cervantes La ilustre fregona. Por otra parte, en el patio del Sevillano hay una "imagen de Nuestra Señora" ante la que se inclina Costanza. Sin duda se trata de la misma Virgen del Sagrario que se encierra en la catedral y que despierta el fervor de los toledanos, como se ve en la propia protagonista. La vida de los moradores de Toledo gira en torno a la religión. Así, ante el sonido de unas chirimías, Carriazo dice: "Apostaré que es ya de día y que debe de hacerse alguna fiesta en un monasterio de Nuestra Se- ñora del Carmen que está aquí cerca, y por eso tocan estas chirimías" ".

Esto nos lleva a entender el cómputo del tiempo y el discurrir de la vida a través de signos externos muy ligados a las prácticas religiosas, que aún hoy perviven en determinados barrios de la ciudad, por medio del toque de las campanas. Por otro lado, el monasterio del Carmen (inexistente desde la desamortización del XIX) no se hallaba lejos del convento de la Concepción, formando un importante núcleo espiritual, como otros muchos presentes ayer y hoy en Toledo, y cuya presencia masiva podemos constatar viendo la multitud de cruces representadas en el plano de El Greco que reproducimos al final.

Pero lo más común, en este sentido de lo religioso, es la fusión de los estamentos eclesiásticos con el pueblo, hasta el punto de que muchas referencias a actos comunes están enlazadas con el clero, cuyos poderes y formas de vida son tratados satíricamente por Cervantes. Esta burla afecta tanto al clero catedralicio como al conventual. ASÍ, cuando la Argüello y la Gallega requieren de amores a Carriazo y Avendaño, en la oscuridad de la noche, les dicen a través de la puerta las siguientes palabras: " ... no habrá par de canónigos en esta ciudad más regalados que vosotros lo seréis de estas tributarias vuestras" 27.

Es proverbial el buen vivir de los canónigos, y lógica la mención hallándose en Toledo, pero no hemos de perder de vista dos aspectos: uno, el hecho de que se asimila la vida regalada de los canónigos con los placeres carnales que las dos mozas ofrecen a sus amados; otro, la velada alusión al cobro de tributos diversos por parte del clero catedralicio, al que imaginamos. viviendo holgadamente de sus rentas. No deja de ser significativo que a la hora de hablar de una vida placentera, se eche mano precisamente del clero.

 Otra alusión al buen vivir y al lujo que rodea a los canónigos de Toledo la encontramos, años atrás, en el Quijote (1, 47), con la presentación del canónigo toledano que tratará con el manchego andante el tema de los libros de caballerías. Espigando acá y allá, encontramos la siguiente descripción: " ... venÍ- an hasta seis o siete hombres de a caballo, bien puestos y aderezados ( ... ), caminaban ( ... ) como quien iba sobre mulas de canónigos ... " '"o Hay un deseo de retlejar la exquisitez por parte del autor, que tiene mucho que ver con esa vida regalada de los canónigos.

Siguiendo con la sátira de las riquezas y opulencia del clero, Cervantes nos presenta a unos aguadores jugando a las cartas, no como aguadores, "sino como arcedianos". Estoy de acuerdo con Avalle en lo que respecta a este símil, con lo cual se nos quiere hacer ver que los citados aguadores manejaban mucho más dinero en el juego de lo que en buena lógica sería verosímil, de manera que su capital recuerda el que se supone que poseen los arcedianos '". Eso, si no nos fijamos, también, en la manera de asociar a otro estamento del clero con el juego de naipes, vicio non sancto. 



Por si acaso la sátira pasara desapercibida, ahora se desplaza hacia el poder político del clero, Fijémonos en la siguiente cita que gira en torno a una monja que parece ser la auténtica gobernadora de Toledo: ", .. él [el huésped] tenía personas en Toledo de tal calidad que valían mucho con la justicia, especialmente una señora monja, parienta del Corregidor, que le mandaba con el pie, y que una lavandera del monasterio de la tal monja tenía una hija que era grandísima amiga de una hermana de un fraile muy familiar y conocido del confesor de la dicha monja, la cual lavandera lavaba la ropa en casa" .,11, 

El encadenamiento de personajes (que contribuye a hacer más divertida la burla), nos ofrece no solo la longitud de los poderosos tentáculos de la citada monja, sino también la preponderancia de las gentes de religión, auténticos regidores, como se ve en esta sutil ironía cervantina, de la Ciudad [mperiaL Concluyendo, hay dos polos claros en la vida toledana: el dominado por las gentes de la calle y representado en el mundo del hampa (en un sentido muy general), y el dominado por los poderes espirituales, que aquí se nos presentan fuertemente aferrados a lo material y lo terrenaL 

El dibujo que de ambos nos hace Cervantes no solo es genial, sino muy instructivo para conocer la vida toledana de los primeros años del siglo XVII, cuando aún la ciudad tenía gran importancia entre todas las de España,

Juan Carlos Pantoja Rivero 
http://realacademiatoledo.es/wp-content/uploads/2014/02/files_anales_0042_06.pdf

lunes, 17 de julio de 2017

Las gentes de Toledo en La Ilustre Fregona (I)

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Ya hemos visto cuál era, en esencia, el componente humano de la ciudad de Toledo: un maremagnum formado por pícaros, mesoneros, mozas de mesón, clérigos, monjas, viajeros ... Por ello, solo nos detendremos aquí brevemente, para comentar algunas alusiones particulares a las gentes de Toledo. 

Empezaremos por las mujeres que, capitaneadas por la sin par Costanza, se nos presentan dotadas de una extraordinaria belleza en labios de Avendaño, quien rectifica a su amigo Carriazo con las siguientes palabras: 

"Antes mirarás hermosas que bobas en esta ciudad, que tiene fama de tener las más discretas mujeres de España, y que andan a una su discreción con su hermosura ... " 36. 

La discreción y la hermosura son cualidades que a menudo tienen las heroínas de Cervantes, por lo que se nos antoja un tanto tópica la alabanza que este hace de las mujeres de Toledo. Distinta es la descripción de la belleza de Costanza, menos fiel a los tópicos:

 "Es dura como un mármol, y zahareña como villana de Sayago, y áspera como una ortiga; pero tiene una cara de pascua y un rostro de buen año en una mejilla tiene el sol, y en la otra, la luna; la una es hecha de rosas y la otra de claveles, y en entrambas hay también azucenas y jazmines" .



Todo el colorido de las flores, la belleza de la luna y el sol, en contraste marcado con la dureza marmórea (de clara procedencia garcilasiana) y con la aspereza de las rústicas. En resumen, bella pero honesta y, por extensión, también discreta. Otros personajes toledanos son "los poetas del dorado Tajo", a quienes "dio ocasión la historia de la fregona ilustre a que ( ... ) ejercitasen sus plumas en solemnizar y en alabar la sin par hermosura de Costanza ... " ". 

Imagen relacionadaTierra de poetas, Toledo, fusionada con su río, con el recuerdo de Garcilaso, príncipe de todos ellos. Aquí no solo alude Cervantes a la multitud de poetas que sugieren sus palabras, sino también a otro tópico toledano: las aguas doradas del Tajo. 

Desde antiguo se consideraba que las arenas de este río eran de oro, e incluso alguna tradición apunta a que las aguas del Tajo son las causantes de la tersura y belleza de los rostros de las toledanas, de nuevo representadas por Costanza, cantada por todos los poetas toledanos. y por último, la cita de un personaje histórico: el doctor Rodrigo de la Fuente (¿ 151O?-1589), según Cervantes el "de más fama de la ciudad". 

Descendiente de conversos, Ruy Pérez de la Fuente (que éste era su auténtico nombre) se graduó de doctor en Alcalá de Henares en 1535 yejerció después como catedrático de medicina en la toledana universidad de Santa Catalina ". 

La fecha de su muerte nos permitiría situar la acción de La ilustre fregona en los años anteriores a esta, y confirmaría que el Sagrario al que se refiere Carriazo es la imagen y no la capilla, puesto que, como se dijo, su primera piedra se puso en 1595, aunque no nos parece relevante ni necesario situar con precisión las fechas, extremo este que, muy probablemente no preocuparía nada al autor.

 En cualquier caso, lo que más nos interesa en este momento es el conocimiento puntual que tenía Cervantes sobre Toledo y sus hijos ilustres. 

¿Conoció personalmente el autor del Quijote a Rodrigo de la Fuente en alguna de sus estancias en Toledo? ¿Fue solo la fama de este doctor lo que llegó a oídos de Cervantes? 

Sea como fuere, el hecho es que nuestro autor no improvisa cuando habla de Toledo.

El marco urbano: entre pícaros y conventos 

La primera imagen de Toledo que nos muestra Cervantes en La ilustre fregona, se relaciona plenamente con el mundillo de 'la picaresca y del hampa que tan bien retrata en Rinconete y Cortudillo. Gran conocedor de estos ambientes, en tanto que gran viajero y observador, Cervantes nos ofrece, al principio de la novela, un esquemático mapa de la España de los jaques, en el que nos lleva de Madrid a Sevilla pasando por Toledo. En ese itinerario, Carriazo "aprendió ajugar a la taba en Madrid, y al rentoy en las Ventillas de Toledo, y a presa y pinta en pie en las barbacanas de Sevilla"".

Esta primera alusión sitúa a nuestra ciudad entre las más propicias para la vida canallesca: la Corte, maremagno que facilita la confusión, y Sevilla, paso obligado a las Indias y "archidiócesis" de la jacarandina. Esas Ventillas de Toledo, situadas según Avalle Arce en el camino de Toledo a Madrid ", y que ya citó Cervantes en el Quijote (I,3), fueron sin duda lugar de paso de trajinantes, desocupados y maleantes, como es común a todos los establecimientos de los caminos. En una venta, la del Molinillo concretamente, se encontraron Pedro del Rincón y Diego Cortado, antes de iniciar juntos el camino que les había de llevar a la Sevilla de Monipodio.

De las Ventillas de Toledo no se conserva nada hoy en día, lo que nos lleva a tratar el asunto con cautela. No obstante, cerca de la actual carretera Madrid-Toledo existieron varios grupos de ventas que estaban en pie en 1561. Se trata de las Ventas del Arenal y de las Ventas de Hernán Sánchez '''.

Además, Luis Hurtado de Toledo habla de la existencia de cincuenta y dos ventas en el año 1576, situadas en los distintos accesos a la ciudad". Sea como fuere, no cabe duda de que entre todos estos establecimientos hemos de situar los citados por Cervantes, que debieron de ser famosos en los últimos lustros del siglo XVI.

Ya dentro de la ciudad se nos habla de otro lugar omnipresente en la literatura áurea: la plaza de Zocodover, centro humano y comercial de Toledo en todas las épocas. Ya en el Quijote (I, 22), nos presenta Cervantes a uno de los galeotes de la cuerda de Ginés de Pasamonte, que afirma que de haber sobornado al escribano y al procurador en su juicio, estaría "en mitad de la plaza de Zocodover en Toledo, y no en este camino ... " ".

Como él, otros muchos vagabundos, desocupados y pícaros en general transitarían el centro neurálgico de Toledo en tiempos de Cervantes, quien en la novela que estudiamos alude a los "cicateruelos de Zocodover y de la plaza de Madrid"".

Estos personajes, ladrones de bolsas, harían su 'negocio' con facilidad en una plaza en la que se celebraba asiduamente un mercadillo, regulado ya en tiempo~ de Enrique IV, en el año 1468, considerado por Julio Porres "tan antiguo como la misma plaza" ", y en cuyas inmediaciones se desarrollaba una ingente actividad mercantil, al amparo de una profusión de mesones, bodegones y tabernas por las que desfilarían gentes de toda laya.

En este ambiente hemos de situar también los corrillos en los que se difunde la nunca vista belleza de Costanza o se comenta la demanda de la cola hecha por Camazo cuando era Lope Asturiano, que no quedó "taberna, ni bodegón, ni junta de pícaros donde no se supiese el juego del asno ... " ".

Una ciudad, pues, mediatizada por el trasiego de gentes, adornada con los jaeces del hampa, cuyos principales sujetos se concentran (en la novela), en la Posada del Sevillano y en las riberas del Tajo. Nos interesa ahora seguir en la parte alta de Toledo, algo alejados del río, para completar el retrato de la mala vida que venimos trazando.

 El Mesón o Posada del Sevillano debió de situarse en la mitad de la cuesta del Cannen lO, no lejos de la célebre Posada de la Sangre (más cercana a Zocodover), en la que se dice que se alojó Cervantes y escribió allí nuestra novela 17, y a la que a veces se ha confundido con la del Sevillano. En cualquier caso, la casa en la que vivía Costanza era importante en la época, y así lo atestigua el autor, quien justifica el gran número de criados que en ella había, porque "lo requería la mucha gente que acude a la Posada del Sevillano, que es una de las mejores y más frecuentadas de Toledo", y en la que hay, para sus trabajadores, "muchos provechos, amén de los salarios" .

Algunos de los tipos que encontramos en esta pujante posada están inscritos en la tradición picaresca por derecho propio. La Argüello y la Gallega, mozas de mesón, recuerdan mucho a la Maritornes de la Venta de Palomeque e incluso a las mozas del partido que ayudan a la investidura caballeresca del hidalgo manchego.

Son feas, descaradas y amantes de la vida relajada, como lo demuestran sus repentinos enamoramientos de Carriazo y Avendaño y las visitas nocturnas que pretenden realizar a
los aposentos de estos. Lo mismo podemos decir de los oficios que desempeñan  los nobles protagonistas como tapadera de su~ intenciones; tanto el asentamiento de la paja, como el acarreo de agua, están en la línea de las actividades propias de los pícaros.

Son trabajos eventuales que, en su precariedad, contribuyen a la vida nómada de los jaques y de los mozos de muchos amos. Sabido es que el mismo Lázaro de Tonnes fue aguador en Toledo, cuando estuvo sirviendo a un capellán de la iglesia mayor, según el propio protagonista nos relata: "y púsome en poder un asno y cuatro cántaros, y un azote, y comencé a echar agua por la cibdad"

Juan Carlos Pantoja Rivero 
http://realacademiatoledo.es/wp-content/uploads/2014/02/files_anales_0042_06.pdf


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