miércoles, 30 de noviembre de 2016

Aromas de Palma blanca en Toledo

He estado en esa ciudad más como turista que como viajero, aunque al final su especial presencia termina imponiéndose. 

Parece como si tuviera guardado algún efecto inesperado, mostrando una parte mínima de todo lo que oculta al que va predispuesto, aunque como en mi caso solo quería dedicarme a ocupaciones tan banales como ver piedras, comer bueno bonito y barato, mirar artesanías, etc. a pesar y por encima del empedrado y las duras cuestas.

Recién terminada la entrada en el blog sobre la palma blanca, me topé en uno de los paneles del Museo sefardí de la Sinagoga del Tránsito dos citas más que interesantes:

1.– El uso de palmas en la fiesta de los Tabernáculos de la Pascua Judía, que en Toledo recibe el nombre de “Fiesta de las Cabañuelas”, y que curiosamente también está asociada con la predicción del tiempo como aquí. La palma se usa como material para construir las cabañas temporales que se erigen para acoger al Tabernáculo recordando el tránsito por el desierto de los Judíos con Moisés. Además el “sacerdote” es portador de un ramo de palma blanca que se riza para acoger ramas de mirto y de sauce.

2.– Este ritual, anterior a la tradición de la Pascua cristiana de la que sin duda es antecedente, se completa con una hipótesis que señala a una larga y vieja polémica no del todo resuelta por la cual para algunos autores el templo visigodo de Illice seria una sinagoga judía o un edificio para el culto compartido. La diócesis paleocristiana es conocida y la presencia de Obispos de Illice en los Concilios de Toledo está documentada, pero ese es otro tema.

Buscando información adicional sobre el uso de la Palma como elemento ritual me aparecen los artículos de Robert Castellana:

El cultivo de plantas rituales y la artesanía de la palma blanca


Culture, Introduction et Diffusion de Plantes à Usages Rituels en Méditerranée Occidentale




Y además:



Los Antihéroes en la Guerra Civil: los desertores del Alcázar de Toledo (I)

Los tres guardias civiles que desertaron del Alcázar / Crónica

El asedio que sufrió el Alcázar de Toledo por parte de la República ha sido uno de los episodios favoritos de los historiadores de la Guerra Civil. La 'épica' defensa de la plaza por parte de un puñado de militares ha servido como fuente de inspiración de cientos de escritores y novelistas que han profundizado sobre personajes tan conocidos como el Coronel Moscardó. 

Sin embargo, hay algunos aspectos un tanto oscuros del Alcázar, más allá de su defensa heroica, sobre los que nadie ha querido investigar. Estos aspectos están directamente relacionados con los desertores, los soldados y guardias civiles que decidieron abandonar a sus 'compañeros de armas' para ponerse al servicio del Frente Popular. Estamos hablando de entre veinte y treinta desertores que de haber seguido peleando en el coloso toledano se hubieran convertido en 'leyenda' al igual que el resto de defensores. No fue así y algunos de ellos lo pagarían con su propia vida.

La huida de tres guardias civiles famélicos

En el mes de septiembre de 1936, en pleno asedio del Alcázar de Toledo, el periódico republicano 'Crónica' publicaba en sus páginas principales una noticia sorprendente. “Tres guardias civiles han conseguido fugarse del Alcázar, presentándose en las filas leales, como partidarios de la República. Los tres guardias han hecho impresionantes relatos de la terrible situación en que se hallaban los sitiados”. Este periódico mostraba la fotografía impresionante de los tres guardias (se puede ver arriba), con el rostro asustado, muy delgados y con una barba abundante.

Los tres guardias civiles a los que se refiere el 'Crónica' se llamaban Luis Ortega López, Mariano Canal Payo y Francisco Tirado Ramos. Según el libro de Ángel Palomino, 'Defensa del Alcázar', los dos primeros formaban parte de la 4º Compañía de la Guardia Civil y desertaron el 13 de septiembre de 1936. Francisco Tirado, por su parte, era miembro de la 3º Compañía y desertó el 01 de septiembre. Estas fechas que menciona Palomino en su libro contrastan con las que posee Arthur Koestler en su libro, 'El testamento español' en las que asegura que estas deserciones se produjeron a finales de agosto.

Estado en el que quedó el Alcázar de Toledo

La fecha de la deserción de los tres guardias civiles es una mera anécdota y aventurarnos a apostar por una u otra fecha nos desviaría totalmente de la historia. Todo apunta a que los tres decidieron abandonar el Alcázar por miedo a perder la vida en una gesta que ellos mismos consideraban “imposible” de llevar a cabo. Aunque antes de su deserción todavía no había explosionado ninguna de las dos minas que estaban excavando los mineros republicanos, es más que factible que tomaran la decisión de huir ante el pánico que generaba entre los defensores el mero hecho de escuchar el ruido de la excavación.

A pesar de que no hay demasiados detalles sobre cómo se llevó a cabo la fuga, sí que hemos podido conocer que la huida se realizó gracias a una alcantarilla que estaba situada en uno de los puntos de guardia del Alcázar. Aprovechando un turno de guardia nocturno, los tres miembros de la Guardia Civil consiguieron llevar a cabo su objetivo arrastrándose por los subterráneos. Una vez en la zona republicana y tras presentarse ante las autoridades del Frente Popular, los guardias concedieron algunas entrevistas a los medios de comunicación. Luis Ortega explicaba en un diario que tomó la decisión de escapar porque “sabía que dos de mis hermanos eran miembros del Partido Socialista y estaba seguro de que estaban luchando del lado del Gobierno. No quise luchar contra mis propios familiares y amigos”. 

A Francisco Tirado le preguntaron por el sentimiento general de la tropa en el Alcázar y éste contestó que la mayoría de defensores “ya habrían escapado si no les retuviese el temor de ser cogidos y fusilados por los oficiales. No sé exactamente cuántos de ellos fueron fusilados pero han sido bastantes”. La propaganda republicana aprovechó deserciones de estas características para torpedear mediáticamente la defensa del Alcázar que durante aquellos primeros días de septiembre contaba con un gran número de simpatizantes fuera de España. Se llegó a decir en una ocasión que el número de personas que habían desertado del Alcázar ascendía a los cien, una cifra que difiere considerablemente con la que menciona Palomino en su libro: unos treinta. Ni el diario de operaciones del Coronel Moscardó ni la revista interna que publicaban los defensores hacía mención a un número tan elevado de desertores entre julio y septiembre de 1936.

La vida de estos tres guardias civiles después de su deserción no está muy clara todavía. Es posible que una vez que concedieran sus entrevistas, los tres fueran llamados a filas de nuevo pero para defender la causa republicana. Desde www.guerraenmadrid.cominvitamos a todos nuestros amigos lectores a que nos ayuden a seguir escribiendo la historia de estos tres guardias durante la Guerra Civil y especialmente después de la contienda con la victoria del bando franquista. Como bien saben, pueden contactar con nosotros en investigacion@guerraenmadrid.com

El cabo que burló la vigilancia del Alcázar

Rufino Santos /Crónica

Rufino Santos tenía 22 años cuando estalló la Guerra Civil Española. Nacido en la localidad de Los Cortijos (Ciudad Real), el 17 de julio de 1936 era cabo de infantería en el Alcázar de Toledo. Aunque gran parte de su familia residía en Madrid, en concreto en la calle General Porlier, él se encontraba en la capital manchega después de haber ingresado en el Ejército a mediados de la década de los años treinta.

Al igual que los guardias civiles, Rufino consiguió evadirse del Alcázar de Toledo el 12 de septiembre. Él se fugó en compañía de otro cabo de infantería que era amigo suyo llamado Fidel Gutiérrez aprovechando un descuido de la vigilancia de los defensores. ¿El motivo de la deserción? Posiblemente el miedo a que explotara una de las minas. En un Consejo de Guerra al que fue sometido tras la contienda, Rufino explicó algunos detalles de su deserción alegando todo el tiempo que él no pretendía desertar para ayudar a los republicanos.

“A las 20:00h del 12 de septiembre, salí en compañía del cabo Fidel Gutiérrez del Alcázar. Dominados por el miedo, una vez en la calle conseguimos burlar la vigilancia de los rojos y nos dirigimos al campo donde pasamos la noche. Al día siguiente salimos en dirección a Bargas, hasta una casilla de peones camineros que hay antes de llegar, ya que los dueños tenían un hijo en el Alcázar. Nos dieron de comer y les informamos de la situación de su hijo. Queríamos llegar a las columnas que mandaba el General Yague, no nos queríamos entregar a los rojos. A las 6 o 7 de la mañana salimos con dirección a Torrijos. A las 19:00h fuimos detenidos por los rojos en las cercanías de Abrarreal del Tajo, donde pasamos la noche. Al día siguiente nos condujeron a Toledo separándonos y continuando yo detenido hasta el 6 de octubre, fecha en la que fui puesto en libertad. El 23 de marzo de 1938 volví a ser detenido por el SIM, puesto en libertad el 18 de octubre del mismo año”.

Fuentes

Archivo Histórico Militar Paseo de Moret. Sumarios: 4179, 26423 y 27044
Hemeroteca Nacional. Diario Crónica y el Heraldo de Madrid.
Archivo Histórico Nacional. Causa General en Toledo.
Diario de Operaciones del General Moscardó.
Defensa del Alcázar de Ángel Palomino.
El testamento español de Arthur Koestler

martes, 29 de noviembre de 2016

Asentamiento Prehisrtórico en el camino Toledo a Murcia: Manjavacas (Mota del Cuervo, Cuenca) (y II)


El hábitat sería muy numeroso y disperso, con lugares muy pequeños y otros un poco mayores. (Uroz Saez 2003: 221).

Los yacimientos más significativos de esta etapa del Bronce y contemporáneos a Manjavacas se encuentran repartidos por todo el territorio del antiguo “Común de la Mancha”, destacando los que aparecen en el recorrido del Camino Toledo a Murcia (también conocido como Camino de la Seda), los propios del término municipal de Mota del Cuervo documentados y aquellos cercanos a Manjacavas y esta vía de comunicación. Así uno de los puntos destacables es el conjunto de yacimientos de Vejezate (Socuéllamos, Ciudad Real) con una cronología que abarcaría desde el Paleolítico hasta la Baja Edad Media. Situado a orillas del Río Záncara, en una elevación desde donde se divisan varios kilómetros a la redonda, con buena defensa por el lado Norte donde se encuentra el río. 

Es un conjunto de yacimientos que forman uno sólo a ambos lados del Rio Záncara. Tendrá unas dimensiones de más o menos 3h, encontramos dos cerros uno enfrente del otro con buena visibilidad entre sí, controlando el río y el camino, en este caso el Camino Real de Pedro Muñoz a Villarrobledo. Uno de ellos está situado en unas suaves pendientes de uno de los meandros que forman aquí el río, en una de las lomas hacia el agua se situaría la población, protegidos del frío y de la vista de la gente, es donde han aparecido restos de cerámica del Bronce.

Es de suponer que es un poblado sin amurallar aprovechando la defensa natural de la propia loma que hace que sean casi invisibles por ciertos lados de la misma. (Sánchez Duque 2013). El Cerro de la Virgen de Criptana, se trata de una loma amesetada de grandes dimensiones donde actualmente se encuentra el Santuario de la Virgen de Criptana, con pocos restos del bronce, en la etapa posterior adquirirá gran importancia. Desde su cima se divisa toda la llanura manchega hasta el Campo de Montiel. Sería un poblado en altura fortificado, ya en el Bronce. Tendría unas 4 o 5 hectáreas. 

El Cerro de las Nieves (Pedro Muñoz), no es una motilla propiamente dicha, es más un tell artificial que tendrá continuidad en la etapa posterior. Se encuentra junto a la laguna del pueblo y el camino que lleva de Pedro Muñoz a Mota del Cuervo, tiene una buena visibilidad y contacto visual con el Cerro de la Virgen de Criptana y el Cerro de Santa Ana en El Toboso. Poco se conoce de esta etapa del poblado a pesar de haber sido excavado, siempre se había pensado que el comienzo de la ocupación en el asentamiento fue en el s. VII a.C Alrededor de la laguna y junto a este yacimiento se encuentran otros de características similares y de pqueño tamaó. Se encuentra en el paso con el Morrión (El Toboso), Vejezate (Socuéllamos), Criptana y en comunicación con ellos en esta época. Es similar al de Montón de Trigo (Campo de Criptana), la Atalaya (Campo de Criptana), Villajos (Campo de Criptana), la Motilla y Pozo Nieve en Mota del Cuervo. Determinar el tamaño de este yacimiento en época del Bronce es casi imposible por las transformaciones que ha sufrido al encontrarse en el casco urbano. Montón de Trigo (Campo de Criptana), llama la atención el aspecto monumental de este asentamiento al Norte de Criptana dentro del conjunto arqueológico de Villajos, junto a un camino de Madrid, paralelo a la Vía 30 del Itinerario de Antonino y cercano a la Hidalga (según Blázquez la antigua Alces Celtibérica). 

También se encuentra junto a la Laguna de Salicor, una zona inundable de agua, con laguna rica en sal. Es un tell de forma cónica aterrazado con estructuras en piedra, donde se pueden ver líneas de muros de gran espesor. Las dimensiones del tell son bastante considerables siendo uno de los más grandes de la comarca, semejante en tamaño al Motilla de Azuer (Daimiel). Está aislado con buena visibilidad de todo el entorno teniendo comunicación visual, con Villajos, Cerro San Antón (Alcázar de San Juan), Cerro Gordo (Alcázar de San Juan). 

No es la clásica motilla con torre –algibe en el centro, sino más bien un castro, con la parte superior de la cima amesetada. De lo más interesante es el Conjunto arqueológico de Villajos, donde nos encontramos con cinco motillas de distintos tamaños a poca distancia unas de otras formando un solo asentamiento, localizados en una zona inundable y de alto valor para la agricultura y la ganadería, predomina un montículo frente a los demás siendo probablemente el asentamiento principal, frente a los otros. El yacimiento de la Motilla (Mota del Cuervo), situado al Sur del término era de las mismas características que las motillas anteriormente descritas, un pequeño tell artificial con dispersión de cerámica hecha a mano, controlando un arroyo y un camino, muy cerca de la Cañada Real. A día de hoy este yacimiento está desaparecido, a comienzos de la década del 2000 aún se conservaba, por ello conocemos de su existencia. En la Carta Arqueológica aparece un lugar como posible yacimiento del Bronce, pero no viene la descripción del mismo y si está en llano o en altura, es el de Corral de Mata, también en Mota del Cuervo. 

Interesante resulta el yacimiento de la Motilla de Pozo Nieve (Mota del Cuervo), en la misma sierra de los molinos, y casco urbano de Mota. Es una elevación o tell artificial donde se han documentado restos cerámicos la Edad del Bronce. Parece ser un poblado en altura o tell de un poblado más que una motilla propiamente dicha, un poblado en altura, que quizás hubiera estado fortificado para defenderse, aunque tiene buenas defensas naturales en la parte trasera del mismo. Presenta una buena visibilidad de la zona por la altura que tiene el mismo. Conocido como Pozo Nieve porque en los alrededores se conserva un pozo de nieve. En el propio Camino Toledo a Murcia propiamente dicho, destaca El Morrión en el Toboso, lo mismo que los anteriores no parece una motilla propiamente dicha, junto a una cañada o arroyo, domina un extenso valle junto a este Camino que uniría a Manjavacas con el Morrión. Actualmente se encuentra destrozada pero sigue el esquema de tell artificial formado por la superposición de estructuras construidas en mampostería en piedra. Importante es el propio yacimiento de Manjavacas. 

Asentamiento en llano, junto a la laguna y una vía de comunicación. Hay poca dispersión cerámica en superficie y no se aprecia ninguna estructura de habitación, pero desde el aire parece que estuviéramos ante “Fondos de Cabaña. Las viviendas estaban construidas a base de cabañas hechas con materiales perecederos, por eso no ha llegado a nosotros, hoyos excavados en la tierra “silos”, para almacenamiento o basureros de las cabañas y las viviendas propiamente dichas. El material aparecido en superficie se le puede atribuir al Bronce Final más que al Bronce pleno, fragmentos de algún molino de mano de tipología barquiforme pero sería necesaria una intervención arqueológica. Recuerdan a los restos encontrados recientemente en Villajos donde han aparecido fondos de cabaña, y silos atribuibles al Bronce y que han aportado algo de luz para este tipo de asentamientos en la comarca (Malalana Ureña 2012: p. 172) pudiendo reconstruir el hábitat de estas gentes. Así mismo también recuerda a otros yacimientos tanto de la meseta sur como de la meseta norte, encontrados en llano y junto a puntos de agua. Cercanos a nosotros a parte del recientemente hallado y estudiado en Villajos, podemos encontrar la mayoría de ellos en el Corredor de Henares y en la confluencia del río Manzanares con el Jarama y en el Valle del Tajo. (Fernández 2002: p. 85) 

Al igual que sucede en la edad del Bronce, se puede determinar una serie de tipologías de asentamientos a partir de la I Edad del Hierro, los cuales muchos de ellos ya existían y ahora continúan haciéndose más grandes o más importantes; por lo tanto existe una continuidad en la ocupación del territorio. Así la principal característica de los asentamientos correspondientes al camino Toledo a Murcia sería la mayor concentración junto a los ríos y lagunas, siendo el río el eje vertebrador del poblamiento, como vemos en el Cigüela y en el Záncara (Domingo Puertas). Es ahora cuando surgen los “oppidum”, centralizando el control del territorio en un lugar concreto, fácilmente defendible, con buena visibilidad, junto a vías de comunicación importantes, situándose en puntos estratégicos de caminos y de otros poblados de tamaño más pequeño. observamos la gran cantidad de yacimientos que existen durante esta etapa, sobre todo durante la II Edad del Hierro, además de la variedad de los mismos y del tamaño de alguno de ellos. 

Algunos de ellos tienen poca distancia unos de otros, lo normal son unos 3 o 4 km entre sí, y como mucho 5 0 6 km entre sí. Casi todos ellos se encuentran junto a los ríos, vados, lagunas o pozos donde se puede extraer el agua. Además de encontrarse al lado de vías importantes de comunicación que conectaban el centro peninsular con la salida al mar. Observamos que en Manjavacas durante la II Edad del Hierro el asentamiento sufre un aumento de densidad de población considerable y por ende un crecimiento de la ciudad de esta época. La ocupación se extenderá hacia el norte de la laguna, ocupando todos los terrenos hasta el camino de los valencianos, la carretera de las mesas (camino Toledo a Murcia), (al menos lo que se ve en superficie, en material arqueológico), alrededor de unas 15 has, ocupan el llano y las laderas. 

Estamos hablando de una ciudad celtibérica de cierta envergadura, un “oppidum” en toda regla, junto a una vía de comunicación importante, y de bastantes habitantes; algo desconocido para la zona, pero no el único caso, y que nos pudiera hablar de la importancia que hubiera podido tener el asentamiento de Manjavacas y de este camino que iba al mar, en la II Edad del Hierro. Por todo este recorrido y zonas cercanas al igual que sucede durante la Edad del Bronce, parece que se vuelve a repetir de manera reiterada el tipo de asentamiento en los distintos puntos del territorio; vemos que los yacimientos se bajan al llano y crecen en dimensiones. Por ejemplo en el valle del Cigüela, al norte de Mota del Cuervo destacan: El Albardinal (Villanueva de Alcardete, Toledo) se trata de un espolón rocoso en la margen izquierda del río Cigüela, con buen campo de visión, cerca del río a unos 150 m y un foso defensivo. Es un poblado de planta ovalada, pero con unas dimensiones inferiores a Manjavacas, unas 1´8 has. 

Estaríamos ante un recinto amurallado con foso fácilmente defendible y con mucha dispersión cerámica. Tiene una ocupación desde la II Edad del Hierro. Otro yacimiento a destacar es El Pradejón (Quintanar de la Orden), con una relación visual con el Albardinal, también sobre un espolón rocoso y junto al río Cigüela. Presenta un paramento de muralla y un posible foso, con mucha cerámica también de la II Edad del Hierro, es lo que sería un asentamiento en altura. El Cervero (Villanueva del Alcardete) ya es un hábitat en llano, también junto al camino y la Cañada Real que se dirige a Alcazar de San Juan; el Cervero II (Quintanar de la Orden) otro en llano cercano a los otros sin estructuras visibles y con poco material en superficie. También en la margen del río Cigüela se han documentado los yacimientos de Vega de Escardillo (Villanueva de Alcardete), junto a un camino y cercano al río, ocupado desde la Edad del Bronce, tiene su mayor crecimiento en la II Edad del Hierro, pero no superando las 2 has de dimensiones. 

 Alejado del río se encuentra el yacimiento de Guzquez (Quintanar de la Orden, Toledo), con ocupación notable durante el Bronce, en un cerro testigo o tell artificial fortificado. En Mota del Cuervo similares a este tipo de asentamientos los podemos encontrar en el Pozo Zagarrón, El Castellar y la Torca del Cura. Todos ellos y los documentados en el valle del Cigüela serían asentamientos pequeños, no superando las 2 has y seguramente dependientes de otros hábitats mayores que ellos. Semejantes a Manjavacas hemos podido documentar una serie de yacimientos a lo largo del Camino Toledo a Murcia en la parte manchega; así por ejemplo el Morrión (El Toboso, Toledo), ahora durante el Hierro la población se ha bajado al llano, situándose en una zona de ladera junto al arroyo Cuadrejón y cercano a la laguna de la Nava a unos 200 m (hoy desaparecida) y en pleno camino Toledo a Murcia; será en esta época cuando aumente considerablemente la población, adquiriendo el asentamiento unas grandes dimensiones hasta la fecha no vistas en la zona, presenta el territorio gran dispersión de material cerámico. No aparecen estructuras visibles, probablemente las edificaciones estuvieran construidas con materiales perecederos tales como el adobe y el tapial. Podemos estar hablando de casi 15 has de yacimiento. 

Otro similar será Pozo Villarejo I y II (Villanueva de Alcardete y Quintanar de la Orden), cercano al río Cigüela con la presencia de un vado y al lado de la Cañada de los Hinojosos; se trata de un aterrazamiento cercano al lecho fluvial. Tiene unas dimensiones también grandes. Cercano al camino pero dentro del territorio de acción de camino nos encontramos con otro asentamiento muy similar a Manjavacas, y comunicado con este mediante una vía, a unos 6 km, se trata del Cerro de las Nieves (Pedro Muñoz); al igual que los anteriores se ocupa mediante una motilla durante el Bronce y será en la época de la II Edad del Hierro cuando empiecen a sufrir un aumento de la población y a extenderse por el llano; como los demás se encuentra junto a la laguna del pueblo y en su día debería haber tenido unas grandes dimensiones, actualmente no se conserva a penas por encontrarse en pleno casco urbano, pero cuenta con la ventaja de haber sido excavado mediante intervención sistemática. 

Por último mencionaremos un conjunto de yacimientos que supera con creces las dimensiones de Manjavacas, sin antes olvidar el anteriormente mencionado Vejezate y Ruidera; este yacimiento sería el de Villajos y Critana en Campo de Criptana, dentro de otro de los ramales del camino Toledo a Murcia. Llama la atención las dimensiones, concentración de yacimientos y situación estratégica de los yacimientos de Campo de Criptana, sobre todo llama la atención el Cerro donde se encontraba la antigua Critana como aparece en la documentación medieval, es un auténtico oppidum de gran tamaño, siendo el asentamiento mayor de toda la comarca, con forma de tell artificial, aterrazado similar al Cerro de Santa Quiteria en Tébar (Cuenca) también con una ermita de culto mariano (16); nos encontraríamos ante un poblado bien organizado, con urbanismo de casas, calles, zonas públicas, recinto amurallado, con laderas antropizadas y la cima plana. A este yacimiento hay que unir el conjunto de yacimientos de Villajos con más de cinco motillas o tells artificiales y también el más grande, en la actualidad hay una ermita con las características que el poblado de Critana, sin olvidar que al Norte de Villajos se encuentra el yacimiento de la Hidalga de gran extensión en dispersión de cerámica. 

Tenemos ejemplos similares de control del territorio en zona de frontera como es el espectacular yacimiento de Monte Bernorio (Palencia), el cual controla el paso entre la Meseta y Cordillera Cantábrica (Vacceos y cántabros) y otro más cercano y que pudiera tener relación con este entorno seria el oppidum de Libisosa (Lezuza, Albacete) que controlaría el Campo de Montiel. Parece claro que este yacimiento no solo controlaría el territorio sino también los recursos económicos tales como la ganadería, agricultura y minería y las vías comerciales. Estos asentamientos de grandes dimensiones como Manjavacas tendrían que tener una presencia importante en el camino, haciéndonos suponer que desde la II Edad del Hierro esta vía de Toledo a Murcia tenía un tránsito de mercaderías muy importante, provocando las poblaciones junto a esta vía crecieran y fueran prósperas, además de servir de refugio a los comerciantes y facilitando el traslado de mercancías al encontrarse muy cerca unas poblaciones de otras. 

Por lo tanto el poblamiento de esta parte del camino durante la II Edad del Hierro viene vertebrado por las zonas donde hay agua, ya sea un río o una laguna; gran concentración de yacimientos en un espacio pequeño de territorio en unos 20 km a la redonda; existe una estructuración del poblamiento en la llanura basada en la proximidad de estos cursos fluviales; aparición de vados y control de los mismos mediante la construcción de puntos para controlar el paso de gente por esas zonas. Esta distribución de asentamientos diseminados por toda la comarca con un eje central nos habla de la fuerte jerarquización de la sociedad que ocupaba estas tierras, dependiendo de una élite que controla los principales recursos económicos, sobre todo el comercio; la actividad principal seria la ganadería debido también al tipo de paisaje que había, donde predominaba el bosque mediterráneo con pastos y dehesas, sin dejar de realizar la agricultura, pero en menor medida. 

Con la llegada de los romanos esto empieza a cambiar adaptándose a la administración romana. Ante estos poblados de oppidum, los romanos se comportan de distinta manera, parece ser que por la Mancha se crearon los “fórum” (Poveda Navarro 2002: p. 5), entidades de referencia en el mundo de las aldeas y comunidades rurales, centralizando la actividad comercial en un ámbito rural, sería un centro comercial, con predominio de hábitat disperso, situado en el entorno de una importante vía de comunicación (Uroz Saez 2003: p. 230), sobre todo en aquellos lugares donde existía una zona muy ruralizada y con poblamiento muy disperso, aquí parece que la minería podría tener algo que ver. Además se producía que al estar en un lugar tan estratégico, de frontera y de paso hacia otras zonas de interés de Roma, casi todas las tropas pasaron por este territorio formalizándose así las Vías romanas. 

Después de la conquista romana se producirán los movimientos de población como consecuencia más cercana, concentrando la población para así aplicar mejor la administración romana, además de recompensar a soldados retirados con tierras en Hispania. Este proceso destruyó la mayoría de los asentamientos indígenas fortificados, en beneficios de otros mejor situados y controlados por el poder romano. Uno caso pudiera ser el de Critana, semi abandonado con la creación a 2 km de distancia de El Campo, por donde pasará la Via 29 (Laminium- Titulcia). (Fuentes Dominguez 2006:p 66) 

En Manjavacas al igual que suceda en el Morrión o el Cerro de las Nieves, en época romana estos asentamientos ven aumentar la población, y ven también como Roma les traslada de lugar de habitación, acercándose más a los caminos y cursos de agua, en detrimento de los lugares fortificados donde se encontraban antes. En el caso de Manjavacas, observamos que la población en época romana se situaría en dos ámbitos; por un lado se mantendría la población en el cerro donde se encuentra la ermita de la Virgen de Manjavacas, gente ésta de carácter indígena, siendo la misma población que estaba con anterioridad y por otro lado cerca de la laguna, junto al camino Toledo a Murcia, se aprecia a través de las prospecciones la gran cantidad de material cerámico de época romana, además de construir probablemente una acequia para desviar el agua de la laguna, creando zonas de regadío y así evitar además las inundaciones. 

La extensión en esta época es considerable, cerca de 20 has de yacimiento, nos encontraríamos con una ciudad y no con una villa de época romana. Además de encontrar cerámica, también se han encontrado en ciertas zonas, gran cantidad de espejuelo o “lapis specularis”, el material que los romanos extraían de la Península para la realización de ventanas (era el cristal de Hispania). El lapis specularis supuso para el centro peninsular en época romana, una revolución y la riqueza de la zona, sobre todo de ciudades como Segóbriga. El lapis specularis es un mineral de yeso que se utilizaba para el cerramiento de vanos y como piedra ornamental para revestir paredes y suelos de edificaciones de cierta relevancia y domésticas. (Guisado di Monti 2002: p 405) El área de explotación del lapis comprende las actuales provincias de Toledo y Cuenca, en tierras de Carpetanos y celtíberos. El espejuelo ya era conocido por las poblaciones autóctonas y utilizado por ellas en la arquitectura domestica de sus edificaciones, así como para la elaboración de yesos. 

 Los romanos aprovecharon estos materiales empleándolos en su beneficio. En todas aquellas localizaciones donde se producía la minería del lapis dio origen a unos patrones de asentamientos propios que consistían en potenciar los núcleos prerromanos ya existentes. Frente a las ciudades principales como Segobriga se crearan otras ciudades satélites que ya existían antes las cuales adquirirán importancia por encontrarse cerca de los núcleos de explotación mineros. Manjavacas podría estar dentro de este grupo, al igual que el Morrión, La Hidalga, Ruidera. (Bernader Gómez 2006) Si observamos y analizamos los yacimientos romanos de la zona, nos damos cuenta que estamos dentro del territorio de acción de la minería del lapis specualaris, teniendo muy cerca al famoso yacimiento de Osa de la Vega y el de Monreal; con una fuerte romanización y donde los asentamientos presentan distintas tipologías entre sí, hay desde núcleos muy grandes hasta muy pequeños y algunos de carácter especial como son los de los pozos fortificados, como Pozo Zagarron (Mota del Cuervo), Pozo Bernaldo (Socuéllamos), Pozo Sevilla (Alcázar de San Juan)(Morín de Pablos 2011: p 28), Pozo de los Tomillosos (Tomelloso), entre otros. 

Todos estos poblados o urbes se encontraban cerca de los principales caminos como hemos mencionado con anterioridad; en el caso del lapis la principal vía de exportación era la Vía Spartaria o C-1, el trazado minero del lapis sería el eje Ercávica- Segóbriga- Carthago Nova, ruta prerromana que unía la zona centro de la península con el área del sureste, teniendo bifurcaciones en dirección a Complutum (calzada IB) y otra a Ercávica. (Regulez Muñoz 2006) 

Al analizar la situación geográfica, las dimensiones, materiales, podemos decir que Manjavacas podría hacer sido uno de estos núcleos mineros del territorio del lapis specularis; por su terreno cercano a la laguna encontramos gran cantidad de este material, además de encontrarse en el camino de Toledo a Murcia, antiguo ramal que comunicaba con la vía C-1; las dimensiones del asentamiento en esta época son considerables a pesar de no haberse encontrado restos arquitectónicos, la potencia de material arqueológico es muy alta con adscripción romana, no pasando desapercibida en una prospección superficial. 

Con los pocos datos que barajamos a través de la prospección extensiva realizada, sí podemos determinar que estaríamos ante una urbe con organización urbana; con espacios domésticos y espacios públicos, la creación de una acequia para desaguar el vado del río y la laguna y así poder facilitar el paso por el mismo; probablemente tuvieran espacios públicos y hasta un templo o lugar sagrado dedicado al agua por la cercanía de la misma, y por la construcción en épocas posteriores desde la tardoantigüedad de una ermita junto a la laguna y de un poblado de repoblación bajo la tutela de la Orden de Santiago. 

El apocalíptico Beato y el adaptativo Elipando

EL APOCALÍPTICO BEATO Y EL ADAPTATIVO ELIPANDO POR JESÚS FUENTES 

Ilustración Benjamín Juan Santágueda 

Las tensiones que han agitado España entre integristas y modernizadores o, más reciente en la actualidad, entre buenos y malos, simplistas o complejos son antiguas. Y reiterativas. Se diría que los habitantes de la península ibérica, con independencia de la época que sea, están condenados a vivir en un inacabable círculo volcado sobre sí mismo. La historia ni es lineal, ni siquiera espiral por estos territorios. 

Un debate de especial relieve, hoy olvidado y que se redujo a una estéril discusión teológica, ocurrió tras la conquista árabe de la península entre el neurótico Beato (se le asocia a Liébana donde se refugió) y el obispo toledano Elipando. Beato ganó la batalla de la posteridad en la memoria de las gentes, y Elipando, declarado hereje, pasó al mundo de los anatematizados. Sobre Beato se escriben libros hagiográficos que pagan las administraciones públicas. Todo sea por el turismo que mueve ingentes cantidades de recursos. 

De Elipando, como sucede con los perdedores, nadie se acuerda. Ni siquiera en su diócesis. El debate sucedió en aquel tiempo convulso en el que el reino de los visigodos colapsó por las intrigas y ambiciones de sus élites. Los árabes desembarcaron en el Sur y en poco más tres años habían establecido la frontera de sus dominios en la línea alta del Tajo. Habían creado un sustancioso sistema de impuestos y se preparaban para marchar hacia el centro de Europa. Al Andalus empezaba a formar parte de la Historia. Beato fue un discípulo de Elipando, probablemente natural de Toledo, que huyó a las montañas del norte, obsesionado con la cercanía del Apocalipsis. 

Allí, en la soledad de la vida ascética se agravaría su predisposición hacia la histeria. Una vez en las montañas, próximas a los territorios de Francia, se puso al servicio de los intereses del conspirador Alcuino, que materializaba los sueños políticos hegemónicos de Carlomagno, apoyado por Roma. Beato era un personaje tartamudo, neurótico y milenarista, traumatizado por la presencia árabe. Elipando fue un obispo de Toledo, tal vez el último visigodo, probablemente de origen hispano-romano, que entendió que la forma práctica de sobrevivir al nuevo estado de cosas consistía en adaptarse a las políticas permisivas de los conquistadores. 

No se había inventado aún – sería un invento más tardío – el camino de Santiago, mucho menos lo de la Reconquista ni se había generado esa visión de la Historia de España que se basa en las hazañas de los reinos cristianos del norte contra los adversarios árabes del sur. Aunque, eso sí, las nostalgias del reino perdido de los visigodos sería una de las líneas fuerza del armazón político-cultural de los mozárabes. La ideología mozárabe serviría para legitimar ideológicamente las guerras de conquista que se desarrollarían durante los siglos posteriores. Una vez que una facción de los godos, en rebeldía contra Rodrigo, introdujeron a los árabes en España, Elipando entendió que era preciso convivir con ellos y negociar niveles de tolerancia, cuanto mayor, mejor, para las religiones del libro. Beato se posicionó contra las consideradas como claudicaciones de Elipando. ¡Herejía, herejía!, se gritó desde la inexpugnable Liébana. Y pronto se convirtió en un encontronazo teológico, que era la fórmula al estilo de Bizancio para dilucidar las tensiones ideológicas, económicas y de convivencia del momento. 

beato-03-hombredepaloEl debate se esquematizó hasta convertirse en una lucha entre herejía u ortodoxia, a la que prestaron apoyos la corte de Carlomagno y la Roma del Papado. Esta historia, sin embargo, no es materia de este artículo, el objetivo es otro. La referencia a Elipando ha sido suscitada por D. Carlos J. Sala González, que en el escrito del 7 de septiembre de 2016, en el blog “hombredepalo” (1), replica un artículo del señor de Villaverde (término de Orgaz, no confundir con el actual barrio de Madrid), llamado D. Lope González Palomeque. Este, reencarnado en escritor actual y moderno, ha narrado los más recientes descubrimientos arqueológicos en una pedanía de Orgaz (población de Toledo), denominada Arisgotas (1). Allí existe un yacimiento arqueológico desde antiguo que ha sido reavivado este verano por las excavaciones de D. Jorge Morín (2). 

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En los Hitos, que es como se conoce el yacimiento, las excavaciones nos han acercado una vez más al ignorado, y por eso manipulado, universo visigodo. Lope González Palomeque ha sido el cronista de esta aventura arqueológica que ha suscitado un veraniego debate entre asturianos y castellanos. Según los datos de las excavaciones habría existido en el citado lugar de Arisgotas un edificio de dos plantas similar al de Santa María del Naranco, solo que de factura constructiva bastante anterior al asturiano. El edificio de Arisgotas sería algo así como el tatarabuelo del edificio de Oviedo, en expresión “orgazeña” del señor Palomeque. Lógicamente, tal tesis acabaría con la singularidad y unicidad del edificio ovetense. La audaz lectura de los restos encontrados por Morín rápidamente ha sido replicada, afortunadamente, por D. Carlos J. Sala González. 
Y digo afortunadamente, porque en la España actual ni hay gentes que lean, ni hay gentes que se atreven a disentir y menos a replicar, por miedo a ser descalificado inmediatamente con algunos de los adjetivos al uso. Así que, bienvenido sea el debate y cuanto más plural, más útil. La hipótesis que cuenta Lope González Palomeque ha metido un dedo profano en uno de los mitos más interiorizados de la historia medieval y ha revuelto esas teorías, tan inconscientes como patrióticas, de que en Asturias se vivió una etapa de entidad autónoma en su propia arquitectura y en sus propias estructuras políticas e institucionales. Si la tesis que difunde Palomeque fuera cierta, (tiene todas las probabilidades de serlo), algunos mitos se derrumbarían. 
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Lo cual no resta ningún mérito ni histórico ni arquitectónico al edificio de Oviedo (seguramente varias veces reconstruido), aunque nos obligue a revisar algunos de los tópicos de los inicios de la denominada ideológicamente Reconquista. Claro que la revisión de este concepto tampoco es cuestión de este texto. Esa también es otra historia que podrá aparecer en sucesivas entregas de este blog “hombredepalo”. Jesús Fuentes Lázaro http://hombredepalo.com/el-apocaliptico-beato-y-el-adaptativo-elipando-jesus-fuentes

Más información en: 

lunes, 28 de noviembre de 2016

Restos arqueológicos bajo el Alcázar de Toledo

Este video es el compactado que se entregó a la prensa el 15 de enero de 2014, día de la inauguración oficial del video y puestos interactivos en el Museo del Ejército, que explican los restos arqueológicos bajo el Alcázar de Toledo.

Durante las obras de acondicionamiento del Alcázar para su conversión en la sede del Museo del Ejército y la Biblioteca de Castilla-La Mancha, aparecieron sepultados los restos de enigmáticas construcciones anteriores. Con los trabajos de los arqueólogos que lo excavaron, del también arqueólogo y director del proyecto J.I. de la Torre, y la Universidad Complutense, revives ha podido hacer una interpretación de estos restos desde época romana hasta la construcción del Alcázar imperial de Carlos V (siglo XVI). 

Todo ello, promovido por el Museo del Ejército, donde puede visitarse gratuitamente.

              

Asentamiento Prehisrtórico en el camino Toledo a Murcia: Manjavacas (Mota del Cuervo, Cuenca) (I)

Foto: historiademota.com Mª Isabel Sánchez Duque Gerente del Museo histórico “Juan Mayordomo”, (Pedro Muñoz, Ciudad Real) limitanei@gmail.com 

Resumen: Este estudio se centra principalmente en el estudio del Camino Toledo a Murcia a su paso por Manjavacas con una nueva visión de esta vía de comunicación, también conocido como Camino de la Seda o Camino de los Valencianos. Camino mencionado en el Quijote por Miguel de Cervantes y que nunca se ha estudiado desde el punto de vista arqueológico y documental. Con el podremos ver el redescubrimiento de una zona poblada desde la Edad del Bronce adquiriendo mayor importancia en época romana asentado junto a una laguna de alta importancia ecológica. 

Palabras claves: fondos de cabaña, vía de comunicación, óppida, Común de la Mancha , “lapis specularis”. Manjavacas, a nivel geográfico es un paraje conocido por su laguna, dentro del sistema de humedales de carácter estacional que se encuentran en la Mancha Húmeda, Reserva de la Biosfera por su altísimo valor ecológico tanto por su fauna como por su flora, siendo lugar de parada de importantes especias de aves, y uno de los enclaves ecológicos más importantes de Castilla la Mancha. Se encuentra en el término municipal de Mota del Cuervo en la provincia de Cuenca, limítrofe con el Toboso (Toledo), Pedro Muñoz (Ciudad Real), Las Mesas (Cuenca), entre otros, al Suroeste de la provincia de Cuenca. Por su término pasa la Cañada Real de los Serranos varias veredas y sobre todo el Camino Toledo a Murcia; punto de unión con otras zonas importantes desde la Antigüedad, y lugar de paso del Norte al Sur de la Península. 

Hoy por hoy el paisaje que nos encontramos es una zona presidida por la laguna de Manjavacas, rodeada por suaves lomas y cruzada por varios caminos, con cultivos de vid y secano, y teniendo como protagonista uno de los cerros o lomas más elevados donde se encuentra la Ermita de Ntra. Sra.de Manjavacas. Para poder estudiar el Camino Toledo a Murcia es necesario consultar el Repertorio de Caminos de Juan Villugas de 1546 y el de Meneses de 1576 en menor medida, así localizamos con exactitud por donde pasa este recorrido tan quijotesco. Según este repertorio el camino pasaría dentro de la Mancha por los términos municipales de Villa de Don Fadrique, Miguel Esteban, el Toboso, Pedro Muñoz, Manjavacas, Las Mesas, El Provencio, etc. Además del camino principal existían ramales que conectaban con este y casi siempre coincidiendo con el Toboso núcleo central del mismo. 

Además de tener una distancia muy corta entre todas las poblaciones lo que favorecería el trasiego por el mismo, hemos podido observar que desde la prehistoria a lo largo de esta vía se suceden gran cantidad de asentamientos con un tamaño considerable, sobre todo en época de la Segunda Edad del Hierro y época romana perdiendo envergadura en años posteriores pero sin dejar de estar ocupado el territorio. De todo el Camino a Murcia nos centraremos en el estudio de este asentamiento, por la importancia del mismo desde la Edad del Bronce hasta época moderna, y su cercanía a los escenarios donde trascurre el Quijote como es el Toboso a 11 km del mismo y la interacción con los demás asentamientos de la comarca. 

Se sabía de la existencia de una población anterior, hoy desaparecida, que aparece en las fuentes desde 1243, dentro de la organización territorial del Común de la Mancha de la Orden de Santiago (Escudero Buendía 2013: p.4), con el nombre actual de Manjavacas, se trataría por lo tanto de un despoblado medieval que dejaría de existir como tal en el s. XVI, y que aparece en documentación de la Orden de Santiago, en sus visitas. Sobre este lugar los estudios previos existentes solamente hablaban del despoblado medieval, su ermita vieja (todo hoy desaparecido) sin conocer su situación exacta, la ermita actual, la laguna y poco más, ni siquiera la carta arqueológica mencionaba la existencia de algún tipo de asentamiento anterior a la Edad Media. Y los que mencionaban no se encontraban en el lugar donde se refería este estudio. Las prospecciones en el terreno aún sin ser muy intensivas han dado como resultado datos muy interesantes y que ayudaran en estudios futuros a complementar la línea cronológica de ocupación de este entorno junto a la laguna, así como la reconstrucción del paisaje. 

Del Paleolítico no hemos encontrado indicios de haber material de esta época, pero esto no significa que no encontraríamos materiales con un estudio más exhaustivo de la zona, ya que en otras zonas similares y cercanas, sí han aparecido, restos de industria lítica. los que aparecen en las terrazas altas del Guadiana (por el lado derecho del Jabalón, el Azuer, el Záncara, Córcoles), dados a conocer por Santoja, se encontrarían en Santa María del Guadiana (Argamasilla de Alba), estudiados por Ciudad Serrano con una adscripción cultural del Achelense Inferior Arcaico evolucionado. Del Achelense Medio volvemos a tener noticias en el término de Porzuma, trabajos publicados por Vallespí Pérez, Ciudad Serrano y García Serrano, todos ellos dentro del Paleolitico Inferior. Recientemente también se han dado posibles hallazgos de esta época en la zona de Santa Ana en el Toboso, con restos de cantos trabajados de manera somera acercándose a la tipología del chopping tooll.

Las cartas arqueológicas recientes de la comarca, también han aportado nuevos hallazgos del Paleolítico Inferior en la Comarca, así destacan el Minguillo, Las Hondonadas del Cristo de Villajos en Campo de Criptana, las terrazas de Arenales de San Gregorio, el Cerro de las Nieves (Pedro Muñoz), Piédrola en Alcázar de San Juan, la cuenca del Záncara en Socuéllamos y en las Canteras en Tomelloso, (Sánchez Duque 2013: p. 13) así como los interesantes hallazgos de El Pedernoso y las Pedroñeras en la provincia de Cuenca. En toda la zona llamada “El Común de la Mancha” empieza haber más restos de industria lítica, durante el Paleolítico Medio y el Musteriense, debido a un aumento de la población y a las mejoras de las condiciones climatológicas. 

Este aumento de asentamientos es considerable en terrenos cercanos a Manjavacas como en la zona de Socuéllamos donde los hallazgos de industrias líticas musterienses se han dado en gran profusión (Hoya Bartolo, Villarejo Rubio, Lavajo Rubio, Bodega de Felipa Mayor, Vejezate I, Cerro Caicedo, El Chaparral, La Hijosa, Titos, la Tejera); en Manjavacas y la Sierra de los Molinos en Mota del Cuervo; Arenales de San Gregorio; Cerro de las Nieves (Pedro Muñoz); Santa Ana (El Toboso); Santa María del Guadiana y Peñarroya (Argamasilla de Alba), Las Hondonadas del Cristo de Villajos (Campo de Criptana), Tomelloso La Pinilla, Las Canteras y especialmente Las Balsillas (Sánchez Duque 2013: p. 15). Además de todos los asentamientos adscritos a esta época del termino de Mota del Cuervo, como Los Recodos, Monte de Escama, Las Hoyuelas, Monte Chico, El Árbol, Los Mielgares o el Guijoso.

Por eso ante tanta evidencia de ocupación de la zona durante el Paleolítico resulta extraño que junto a la laguna no existan evidencias de ocupación, seguramente con un estudio más exhaustivo tuviéramos noticias de material de esta época. Sabemos que este tipo de asentamientos también se encontraban en llano junto a puntos importantes de agua, como cauces de ríos, lagunas, charcas…..construyendo sus viviendas de manera perecedera con ramajes, y a veces con poblados estacionales, por ello encontramos tantos en zonas muy cercanas entre sí. Con lo aparecido en la comarca y en Mota del Cuervo, parece ser que la zona estaba aprovechada de manera exhaustiva, moviéndose por todo el territorio, para así poder aprovechar todos los recursos y crear las primeras rutas de desplazamiento con una compleja red viaria. Pero no será hasta el Calcolítico cuando estemos empezando a hablar de una repoblación importante de la región y la sedentarización con la mejora en la explotación de los recursos, sobre todo los agrícolas y mineros. 

En Manjavacas probablemente también ocurra esto. Durante nuestras prospecciones por el terreno y la fotografía área, hemos visto indicios de ocupación junto a la laguna desde la Edad del Bronce; al menos desde el Bronce Final y la I Edad del Hierro. En la zona norte de la laguna muy cerca de ella y junto al camino Toledo a Murcia, en superficie aparecen restos cerámicos correspondientes al Bronce Final y la I Edad del Hierro. Es una cerámica muy tosca, grisácea y rojiza de cocción reductora, de mala calidad, con desgrasantes muy gruesos casi toda ella de cocina. 

El posible hábitat se encuentra en llano, junto a la laguna y una vía de comunicación como es el propio camino Toledo a Murcia; en el lado Norte de la misma (hoy tierra de cultivo y vid). No parece un asentamiento muy grande por la dispersión de cerámica en superficie. Una vez en el terreno no se aprecian ningún tipo de estructura que se pueda identificar, la realizad es que no hay ninguna, tan solo las tierras de cultivo; en cambio desde el aire parece apreciarse posibles “manchas circulares” de distinto tamaño con una coloración más oscura y una organización irregular. Pueden ser posibles “fondos de cabaña”.

A pesar de ser “Fondos de cabaña”, no son de la época anterior, el Calcolítico como sucede en los alrededores que presentan una amplia tipología de asentamientos desde los poblados en altura (en cerros más o menos elevados, con un valor estratégico de control de vías de comunicación heredadas del Paleolítico y Neolítico) y los asentamientos en llano junto a zonas de agua permanentes como cuencas fluviales o lagunares, como es el caso de Campo de Criptana, el Cerro de las Nieves de Pedro Muñoz o Vejezate en Socuéllamos. Casi todos los yacimientos documentados en la zona de esta época marcarían un patrón de asentamiento similar, cercanos a los cauces de los ríos, lagunas, zonas inundables y puntos de agua, junto a caminos o vías de comunicación, así como control de vados, tanto en llano o en ladera protegidos de las inclemencias del clima, y con buena visibilidad. Manjavacas cumple estos requisitos (Pereira Sieso 2007) 

En general nos encontraríamos con grupos que han re ocupado el territorio basándose en cuestiones económicas apoyados en la explotación de los recursos agrícolas y ganaderos de la provincia, dando preferencia a la ganadería. Son conscientes de la posición geográfica estratégica y la ya existencia de las vías de comunicación en todas las direcciones de época anterior, permitirán el desarrollo de un complejo sistema de intercambios (como se ha demostrado con ciertos hallazgos de materiales foráneos en algunos yacimientos de esta época), con el Norte, el Sur y el Mediterráneo, así pues podríamos estar ante un sistema comercial de alto nivel que pasaba su red principal por este territorio; siendo la base para el patrón de asentamiento en las etapas del Bronce y de la Edad del Hierro , convirtiendo al Camino Toledo a Murcia en una de las principales vías comerciales de la meseta sur, uniendo el centro con Cartagena, en este caso la salida al mar.

Lo cierto es que Manjavacas será elegido como un lugar de asentamiento por encontrarse junto a caminos importantes y puntos de agua permanente, será en esta época durante el Bronce cuando se incrementen las vías de comunicación, los lugares de extracción de materias primas comercializables y el surgimiento de una clase social poderosa ante los demás. (Arias Aparicio 2013). Se empiezan a configurar los caminos y vías de comunicación que unirían el norte peninsular con el sur, y el este con el oeste; probablemente sea ahora cuando empiecen a coger forma las relaciones comerciales entre la Mancha con el valle de Alcudia, y la Mancha con el Valle del Duero y del Tajo y la salida al mar por Cartagena.

Además todos estos caminos ponen en contacto a Manjavacas directamente con Mota del Cuervo, Toboso, Vejezate, El Zagarrón, Pedro Muñoz….todos ellos importantes asentamientos del Bronce, Hierro, romano…. Durante la Edad del Bronce si tenemos en cuenta no solo los yacimientos hallados en el término municipal de Mota del Cuervo, sino también los de los alrededores, nos permiten realizar una serie de grupos y tipologías de asentamientos. En el término de Mota del Cuervo no se han documentado muchos restos del bronce, pero los que sí han sido encontrados son de cierta relevancia y de distintas tipologías. Estos grupos surgen teniendo en cuenta las características del terreno las cuales determinaran unos patrones de asentamientos diferentes en el territorio del Común de la Mancha. (Ruiz Taboada 1996: p.221-224). Los distintos asentamientos del Bronce del territorio cercano a Manjavacas los podemos agrupar de la siguiente manera, faltando alguno que otro por no tener todavía todo el territorio analizado:

 - Los asentamientos en altura, elevados, bien en cerros altos, o pequeñas elevaciones naturales, cercanos a un río o zona de agua, cercanos también a un camino o vía de comunicación, conocidos como castillejos (Klint 1980) : Cerro Picorzo, Vejezate (Socuéllamos); Cerro Blanco (Pedro Muñoz); Sierra de los Molinos, Pozo Nieve (Mota del Cuervo); Piedrola, Cerro de San Antón, Cerro de San Martín, Cerro Gordo, Cerro de Martín Juan, Cerro de la Horca (Alcázar de San Juan); El Pico,Valrepiso, El Real, Pozos de Villalgordo, Sierra de los Molinos, Cerro de la Virgen, Villajos (Campo de Criptana); El Cabalgador, Cerro Cabeza de los Frailes, Las Balsillas (Tomelloso). 

- Poblados en llano formando tells artificiales o bien las llamadas “Motillas” o morras en terreno llano, junto a zonas lagunares o cauces de ríos, en vados…..próximas a caminos o junto al camino: La Motilla (Mota del Cuervo); La Motilla, el Cerro de las Nieves (Pedro Muñoz); Motilla de los Romeros, Villar de las Motillas, Motilla de Pedro Alonso, Motilla de Brocheros, Motilla de Casa de Mancha, (Alcázar de San Juan); Montón de Trigo, la Atalaya, El Villargordo, Los Enterramientos, Motilla del Juez, Motilla del Cuervo (Campo de Criptana); el Morrión (El Toboso); El Altillo (Tomelloso). 

- Poblados en llano, o llamados Campos de Hoyos, instalaciones, también cercanos a cursos de ríos, zonas inundables, lagunas, vados…..; algunas veces este tipo de asentamientos se presentan en las laderas del terreno sin estar solamente en el llano: Barreros, Camino de Cotos, Camino Valencia (Pedro Muñoz); Los Cebadales, Titos, Casas de los Alto (Pozo Bernaldo), El Chaparral, Doña Julia, Villa de la laguna, La Tejera (Socuéllamos); los Enterramientos, Hondonadas de Villajos, Senda de los Cantareros, El Villargordo (Campo de Criptana); La Cubeta, Casa de Manzanaque (Tomelloso); Manjavacas, Corral de Mata (Mota del Cuervo). Todos ellos se encontrarían entre los ríos Záncara, Córcoles. 

Por el Norte la Sierra de Criptana y el río Cigüela, por el Este la Sierra de Mota del Cuervo, por el Oeste la Sierra de Herencia, siendo la zona central una extensísima dehesa de monte bajo mediterráneo, bosque frondosos de encinas y pastos para el ganado, atravesados por importantes caminos. Estos poblados se adaptarán al terreno perfectamente de ahí la variedad de los mismos, aprovechando los recursos que tienen en su entorno. Por regla general se producirá una gran explosión de asentamientos en esta etapa cuya distribución sugiere que se tiene en cuenta la existencia de valles fluviales y cañadas, cercanos a tierras aptas a la práctica de la ganadería y la agricultura. 


domingo, 27 de noviembre de 2016

Los murales de la Plaza de Abdón (y II)

Hablamos del descubrimiento de unas pinturas murales en un edificio de la Plaza de Abdón de Paz. Esas pinturas, descubiertas durante las obras de rehabilitación de una vivienda, han sido objeto de restauración durante estos meses pasados.


En el transcurso de este tiempo, que se ha hecho muy largo para sus propietarios, se han sucedido diversas dificultades, la mayoría de ellas compañeros de viaje habituales de todo aquel que se lanza a la aventura de rehabilitar una vivienda del casco histórico. A las normales dificultades de encontrar un buen albañil, gestionar la reforma y elegir materiales y acabados, se han sumado las preocupantes cargas económicas no previstas y la necesidad de gestionar nuevas licencias de obras y permisos de restauración. Ciudadanos que se deben hacer cargo de la recuperación de una importantísima obra de arte … a quién no le temblarían las piernas. Para hacer más fáciles los trámites, desde las oficinas del Consorcio de la ciudad de Toledo se ha dado apoyo administrativo y económico a los propietarios, con el objetivo de llevar a buen término la realización de las obras y la restauración de pinturas murales y yeserías.


Todo este conjunto de retos ya está superado, y con nota. Traémos hoy aquí a nuestro pequeño blog una muestra del trabajo realizado con esfuerzo por un equipo multidisciplinar: propietarios, maestros de obra, oficiales, peones, arqueólogos, historiadores, restauradores, arquitectos, aparejadores, … todos con el mismo objetivo de recuperar una parte de nuestro patrimonio edificado, una parte de ese Toledo que no para de sorprendernos mostrándonos, con pequeños retazos de luz, todo aquello que una vez más celosamente esconde.

Jose María Gutiérrez Arias
http://www.consorciotoledo.org/los-murales-abdon-ii/

Los murales de la Plaza de Abdón, Toledo (I)

Una de las labores más importantes, y a veces más desconocida, del proceso de rehabilitación de nuestros edificios históricos es la supervisión arqueológica de las obras: el estudio de paramentos, solados, excavaciones, … el análisis de la estratigrafía histórica del edificio, arquitectónicamente hablando. 

Delicada y respetuosa inspección previa del futuro campo de batalla de albañiles y operarios de la construcción, trabajos realizados con modos de cirujano forense que permiten sacar a la luz el patrimonio oculto de nuestros inmuebles. 

En el caso de la ciudad de Toledo es importante resaltar la labor realizada por el servicio de asistencia arqueológica del Ayuntamiento, labor que ha permitido recientemente el descubrimiento de unas bellísimas pinturas murales, nacelas decoradas y yeserías en una vivienda de la planta baja del inmueble de la Plaza de Abdón de Paz nº 9.


Resulta revelador, a la vista de las imágenes que acompañan esta entrada, que el estudio previo de los edificios es imprescindible antes de la realización de obras, aun cuando estas sean de carácter menor. 

La realización de múltiples catas en los paramentos, de lo que parecía una sencilla vivienda, ha supuesto el descubrimiento de importantes elementos patrimoniales; sobre las capas interiores de yeso de un pequeño salón aparecen la imagen de una madonna con un niño en brazos y una escena con varios personajes, sobre un fondo de arquitecturas y vegetación.


En el dormitorio interior se han descubierto unas nacelas con inscripciones con caracteres latinos y en los vanos exteriores, que se abren al patio, dos magníficas yeserías, con decoración de candelieri, parcialmente mutiladas.


Indicar por último que este edificio, uno de los mejores de la ciudad, tiene numerosos elementos singulares, destacando entre ellos los canecillos tallados del maderamen del patio, los trampantojos de su fachada y un bello mirador. 

Los trabajos de rehabilitación y restauración iniciados tienen prevista la concesión de una ayuda económica, por parte del Consorcio de la ciudad de Toledo, dentro del Programa de Ayudas para la Rehabilitación de Edificios y Viviendas.

por Jose María Gutiérrez Arias
http://www.consorciotoledo.org/los-murales-de-abdon/

sábado, 26 de noviembre de 2016

La dama del Callejón del Vicario,Toledo

” La niña no se suelta de la mano de su padre. Mientras sube por la desvencijada escalera mira con ojos curiosos arriba y abajo, hacia todos los lados. 

Acaba de entrar en la vieja casa abandonada, la que compró su abuelo hace años. 

No siente miedo, … quizás un poco de respeto, pero es un sitio ideal para jugar y dejar volar la imaginación. 

Algo llama su atención en un rincón y la mano paterna la deja libre para investigar a su antojo, allí en el suelo, sobre el enlosado hidraúlico, hay un viejo y polvoriento cuadro, cara abajo mirando al pavimento. 

Las manitas de la niña voltean con agilidad el pequeño rectángulo de madera descubriendo en el trasdós la imagen de una dama, el retrato de perfil de una mujer. Parece una imagen religiosa, no se ve bien, sobre la cabeza de la señora parece flotar un anillo dorado, su semblante cabizbajo es serio, pero sereno, … aunque la pequeña no contempla eso, ella seguramente ve lo que solo los ojos de un niño pueden advertir. 

En sus manos es un tesoro, y por ello busca un sitio más digno que el polvoriento solado donde colocar su dorado juguete. En el corredor que rodea el patio, arriba, ha visto una hornacina que parece esperar al cuadro, el tamaño es ideal para acoger la imagen y allá va ella a la carrera a colocar a la dama del Callejón del Vicario”

Hace pocos meses pude visitar una bellísima casa medieval en el Callejón del Vicario, una casa singular por sus proporciones, su patio, su luz, … el encanto especial de las casas centenarias de nuestra ciudad. Hago fotos sin parar y arriba, en el corredor de la primera planta, hay un encuadre que llama poderosamente mi atención. 

La dama del Callejón del Vicario. ToledoEn una pequeña hornacina hay un cuadro sencillo, viejo, que representa un retrato femenino, de perfil. Mi acompañante, uno de los propietarios de la casa, me cuenta que su hija puso ahí esa pequeña imagen que encontró tirada en un rincón. 

El revestimiento exfoliado y agrietado de la pared, con múltiples texturas y tonos marmóreos, la luz atenuada que incide desde la caja del patio, la imagen cubierta de polvo, … quizás yo también esté viendo un “tesoro”.

Al “revelar” la fotografía en la oficina me doy cuenta de que la pared, la hornacina y su cuadro, son una representación del alma de estas casas abandonadas, la imagen de una triste, serena y cabizbaja dama, con sus dorados adornos agrietados y casi cubiertos por el polvo, pero aún visibles en algunos puntos. 

Las múltiples capas de yesos, grietas y colores, el recuerdo del paso del tiempo y la impronta de todos los que intentaron, en diversas etapas y tiempos, mantener la casa cuidada. Espero por ello ver algún día pared, hornacina y cuadro restaurados, … y una niña jugando alegre en el patio.

por Jose María Gutiérrez Arias
http://www.consorciotoledo.org/la-dama-del-callejon-del-vicario/

La mina de agua de la Trinidad, Toledo

La disposición del peñón toledano, formado por potentes rocas que conforman empinadas e impermeables laderas, hace que la disponibilidad de agua subterránea en la ciudad sea desde siempre escasa. Solamente en los llamados popularmente “escupideros”, fisuras entre las masas rocosas, encontraremos pequeños pero permanentes caudales. 

Antiguamente el origen del agua que alimentaba estos manantiales era casi exclusivamente natural, proveniente de la lluvia que caía sobre el macizo rocoso de Toledo, y que acumulada en concavidades dispersas por toda la superficie del recinto histórico, fluía en mayor o menor cantidad hasta su agostamiento. 

Hoy en día éstas “cantimploras” pétreas reciben aportes de fugas de la red municipal de abastecimiento y de la red de saneamiento, circunstancia que provoca que las aguas no sean potables, si bien hay que recordar también que las aguas naturales de lluvia se han contaminado desde siempre, en el peñón toledano, por el inevitable aporte salino del terreno que las convierte en fuertemente salobres y no aptas para el consumo.

Hoy queremos mostrarles un sótano recientemente rehabilitado con ayudas de nuestra institución. Un espacio abovedado subterráneo que aloja, en uno de sus extremos, una mina o surgencia de agua. Se encuentra situado en el nº 5 de la Calle de la Trinidad, en el local comercial de la familia Saavedra. Les trascribimos a continuación, por su interés, una breve descripción de este espacio realizada por el arqueólogo D. Antonio Gómez Laguna, del servicio de asistencia arqueológica del Ayuntamiento de Toledo: ” 

A pesar de la construcción del edificio moderno en el siglo XX, los restos conservados, han permitido intuir la evolución del pozo. En origen formó parte de una casa islámica, en cuyo patio se excavó, en la roca natural sobre la que se asienta la ciudad de Toledo, un pozo. 

El agua que almacenaba se nutría de las filtraciones que tiene, y se accedía a ella mediante un brocal situado en su parte superior. La diferencia de altura con la Calle Actual de la Trinidad, hace pensar que el acceso a esta casa, se produjera a través de un adarve desde el cercano Callejón de la Ciudad. Junto a esta casa islámica, existió otra. Aunque de ella sólo se ha conservado un recinto con pesebreras. 


En un momento posterior a la toma de la ciudad por Alfonso VI (1085), las dos casas islámicas se unieron en una sola, formando una casa señorial. El resultado de esta reforma fue la destrucción de las pesebreras, la construcción de las bóvedas actuales y un nuevo acceso al pozo. 

Para ello se derribó el muro medianero de ambas casas islámicas y se perforó la roca para acceder al agua. Las nuevas bóvedas se adaptan de forma magistral al desnivel natural de la roca y están construidas con ladrillo macizo, trabados con mortero de cal y arena. 

Desde este momento, que se puede fechar entre los siglos XIII o XIV, al pozo se podía acceder desde arriba, mediante el brocal ubicado en el patio o desde un lateral. Para facilitar el acceso, se construyeron unas escaleras que descienden hasta el agua” (Antonio Gómez Laguna)

por Jose María Gutiérrez Arias
http://www.consorciotoledo.org/la-mina-agua-la-trinidad/

Huellas de los Bereberes en Topónimos Castellanos

HUELLAS DE LOS BEREBERES EN TOPÓNIMOS CASTELLANOS 

Existe aún hoy en día una controversia sobre el origen de una gran cantidad de topónimos de Castilla y León. Algunos son, con mucha seguridad, nombres de tribus bereberes o de personajes célebres que se asentaron en nuestro suelo como, por ejemplo, Megeces (tribu de la rama de los Masmuda), San Cebrián de Mazote (derivado de Massud, un potentado bereber) o Adaja (lugar de establecimiento de la tribu azaya).

 Curiosamente, a pesar de haber muchas otras huellas, los bereberes han sido actores mudos en la conquista árabe de Hispania, ya que las fuentes no los citan por su nombre. No hace falta saber mucha Historia para mostrar que la conquista del 711 no la llevaron a cabo sólo los árabes. Con todo, aún sigue siendo habitual la frase «la conquista árabe», en conversaciones y libros. 

Sin embargo, entre quienes entraron había más bereberes del Norte de África o personajes que influyeron mucho en las diferentes áreas culturales que eran sirios, pero los bereberes han quedado mudos. Con los textos escritos que tenemos, se estima que el número de árabes no sobrepasó la cifra de cincuenta mil y que los bereberes serían varios centenares de millares, siendo los periodos más álgidos de su llegada los comprendidos entre los años 711 y 740. 

Cuanto menos, casi todos los arabistas e historiadores coinciden en que llegaron muchos más bereberes que árabes de Arabia. La periodista Carmina Fort dice que para aproximarnos a la verdad de lo que sucedió realmente en el año 711, cuando un contingente de guerreros del Norte de África cruzó el Estrecho de Gibraltar y derrotó a las tropas visigodas lideradas por Don Rodrigo, tendremos que remontarnos al siglo IV. 

También lo atestiguan algunos estudios de movimientos migratorios, donde se habla del paso de bereberes del norte de África a la Península como algo habitual e incluso mucho antes del siglo IV. Quizá nos preguntaremos por qué no se habla de los bereberes o por qué se les conoce tan poco. Pues bien, una de las posibles respuestas es que la palabra bereber nunca se utilizó. Me explico. Los hispanos del momento distinguían con claridad a las gentes de Oriente Medio de aquellas procedentes del Norte de África, como también a las diferentes etnias que había en España. 

Sin embargo, los términos que utilizaron para los que llegaron a la Península y se instalaron fueron los siguientes: godos, sarracenos y mauri. Los cronistas de la época no recogieron la palabra bereber porque no hacía falta, ya que en aquel siglo se conocía a los bereberes en su conjunto sin distinciones religiosas o de otro tipo. Eran, en general, los que habitaban el Norte de África y también los que ya estaban en la Península. Y no se les dio el nombre de bereber, que era Brbr (Barbari), porque esta palabra ya la utilizaron los cronistas para denominar a los Godos. En su lugar utilizaron el étimo latino mauri (moros) que ya conocían. 

Con este nombre pasaron a la Historia. Si bien hoy en día los especialistas conocen bien la distinción, el uso de moros se sigue dando sobre todo en España y el sur de Italia, sin que se les distinga del resto de personas cuyos orígenes se situaban en el Norte de África. Unos pequeños apuntes sirven para mostrar la gran diferencia que existió y existe entre los árabes y los bereberes, así como sus elementos comunes. Los dos tenían una organización social tribal y con la llegada del Islam muchos cambiaron sus costumbres. La religión crea un tejido social que predomina en todos los ámbitos.

Sin embargo, los bereberes tenían un concepto más amplio de la libertad (véase el caso de la tribu Yarawa, que combatió el Islam dirigida por la reina Dihia, a la que en árabe llamaron sacerdotisa o al-Kahina). En cuanto a la religión, los bereberes no eran musulmanes. Eran cristianos y judíos, o al menos tenían un fondo ancestral judeo-cristiano. 

Hay escritos donde aparece cómo algunos llegaron con estandartes con la imagen de santos cristianos. Está constatado que muchos de ellos se convirtieron al Islam, pero hasta qué punto se islamizaron es otra cuestión. 

Finalmente, las lenguas bereberes constituyen una familia dentro de la macrofamilia denominada afroasiática (equivalente al indoeuropeo para nuestros grupos de idiomas), y, aunque poseen ese origen común con el árabe (la lengua más extendida del grupo semítico), difieren bastante (como, por ejemplo, el alemán del español). Son datos sobre los que han incidido arabistas e historiadores como Asín Palacios, Dolores Oliver o María del Mar Gómez, entre otros.

 (*) Licenciado en Filología Árabe Más información en: 

AUTOR AQUILINO ÁLVAREZ BLANCO LICENCIADO EN FILOLOGÍA ÁRABE DIARIO PALENTINO 
http://www.historiayarqueologia.com/2016/11/huellas-de-los-bereberes-en-toponimos.html 

viernes, 25 de noviembre de 2016

El Cristo tendido de la Catedral de Toledo

Con este nombre es conocido vulgarmente el altar que, dentro de un arcosolio, existe en el lado del Evangelio del trascoro del templo primado (...) El asunto que representa el retrablo es el del descendimiento del cadáver de Nuestro Señor Jesucristo, desde la Cruz al regazo de su Divina y Dolorida Madre. Terrible escena perfectamente expresada por el escultor, en la actitud y expresión de los personajes que en ella figuraron.

Tanto el retablo como las esculturas son de madera policromada, no de piedra, como algunos creen, y no de alto relieve, como dice Parro y otros autores que le han seguido, sino esculturas completas, talladas independientemente y acopladas entre sí con gran precisión, y colgadas, o mejor dicho, unidas o enganchadas a la tabla del fondo por medio de escarpias en ésta y anillas en los cuellos y espaldas de las figuras; en tal disposición, que se pueden desprender todas y deshacer el grupo. Solamente están invariablemente unidas las imágenes del Señor y de la Virgen; lo que hace suponer que el escultor labró primero estas dos figuras principales del asunto, y luego, las auxiliares, con gran habilidad para que encajaran unas en otras; lo que hace avalorar mucho más el mérito de la obra. Este es un detalle en el que creo que pocos se habrán fijado.

Por la talla de las esculturas, el plegado de los paños y la actitud algo hierática de las figuras, así como la orla del retablo y la reja que es de la misma época, puede colegirse que es obra de transición entre el estilo plateresco y el Renacimiento, y por lo tanto, de fines del siglo XV o principios del XVI.

Manuel Castaños y Montijano. El Cristo tendido de la Catedral. Artículo en El Castellano. 6 de julio de 1924.













Fuente: http://miratoledo.blogspot.com.es/search?updated-max=2016-10-02T23:30:00-07:00&max-results=7

Pileta del Cerro El Castillo, Castillo de Bayuela

El estudioso de las huellas del pasado remoto, principalmente del I milenio a. C., Mariano Serna Martínez, descubrió en el Cerro de El Castillo, de Castillo de Bayuela, población de la Sierra de San Vicente -una de las ubicaciones donde se podría haber situado el posible campamento de invierno de Viriato-, una pileta que, en palabras suyas, podría ser medieval, pero quizás también de época vettona. Queda, por tanto, sin despejar la incógnita. 

No menciona la existencia de otras posibles huellas, en este cerro, en forma de cazoletas, entalladuras o peldaños ascendentes a la concavidad, que podrían ser la prueba definitiva de encontrarnos ante un santuario anterior a la época medieval.

Foto: Mariano Serna Martínez
Fuente: Mariano Serna Martínez

Las pilas, como las cazoletas, pueden tener sentido ritual por sí mismas, esto es, tener por objeto la practica de actos cultuales no cruentos, caso de las pilas bautismales, las destinadas a abluciones antes o después de los rituales (la gran pila de las abluciones del Tabernáculo de los hebreos por ejemplo), a santiguarse al entrar a los templos cristianos, etc); pero en otras ocasiones las pilas forman parte de los altares constituyendo su elemento fundamente, el lugar donde se depositaba la víctima antes de ser sacrificada.

Las pilas son elementos raros de encontrar en cualquier tipo de asentamiento y también en los medievales. Es normal la presencia de grandes tumbas excavadas en roca pero ex extraño encontrar pilas se cualquier tipo. Por esto y por los lugares donde aparecen, cuando lo hacen, se puede presumir o no su función ritual. Cuando hace años investigaba en el asentamiento de el cerro el Castillo de Castillo de Bayuela, Toledo, lugar donde se han superpuesto los asentamientos prerromano, romano y medieval, me llamó la atención una pila de 60cm de largo, 30 de ancho y 5 de profundidad, situada en un roquedo en el límite oriental del cerro. 
El lugar y las dimensiones de la pila, en especial su profundidad, hacen muy posible que el elemento en cuestión se trate de un altar ¿vettón, romano, medieval?... quién sabe,... aunque visto otros casos, es muy posible que medieval.

PUBLICADO POR ARGANTONIOS EN 3:57
http://iberiamagica.blogspot.com.es/2016/07/pileta-del-cerro-el-castillo-castillo.html
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