sábado, 31 de octubre de 2015

Misterios en el Rectorado de la Universidad de Castilla-La Mancha , Toledo

MISTERIOS EN EL RECTORADO

El Rectorado de la Universidad de Castilla-La Mancha es un lugar cargado de misterio y leyendas. Leyendas que en este caso, parecen hacerse realidad desafiando a cualquier lógica. Existen decenas de testimonios, de casos, de personas que una noche se toparon con algo inexplicable. Algo que a día de hoy, todavía son incapaces de olvidar. Algo que sigue inquietándolos...

Comencemos por el principio

El lugar abrió sus puertas el 29 de Abril de 1788 por el cardenal Lorenzana, para hacer de casa de acogida para las personas menos favorecidas, dando cobijo a pobres, alcohólicos e incluso prostitutas. Posteriormente pasó a ser un hospital (llevado por monjas, atención al detalle que posteriormente toma importancia), llamado “Real casa de la Misericordia”.

En 1809 el edificio pasa a ser un Regimiento de artillería, el "Cuartel de la Misericordia". Y es ya a partir de esta época cuando comienzan a sucederse los fenómenos extraños. Un gran número de personas que hicieron allí el servicio militar me han narrado la misma historia, o al menos con la misma protagonista, una extraña monja.

Es el ejemplo de J.R. que me contó cómo una noche transportando alimento sobre una burra, todo quedó en completo silencio. El animal comenzó a asustarse y a ponerse nervioso. A tal punto llegó el miedo a apoderarse de la burra, que esta comenzó a dar coces y a temblar de manera incontrolada. Entonces sucedió. En mitad de la noche, una figura semitransparente apareció caminando a lo lejos. Una figura sin piernas, que se alzaba unos centímetros sobre el suelo.

J.R, completamente asustado, tiró de la burra y corrió por donde había venido como alma que lleva el diablo. 

- "Aquella era una figura de monja. Llevaba las manos juntas, como rezando, y una túnica. Eso es todo lo que puedo contarte. ¡Y no porque no quiera! Es que no me acuerdo de más...".

Existe otro caso casi idéntico al de nuestro protagonista. Sin embargo, no todos quieren hablar y recordar aquellos momentos.

Lo curioso es que este otro testigo trabaja actualmente para una conocida compañía de envíos y tiene que llevar paquetes al lugar cada semana.

El edificio en la actualidad es el Rectorado de Castilla-La Mancha, y los fenómenos que ocurren en la actualidad no tienen casi nada que envidiar a los sucedidos años atrás.

Aunque bien es cierto que esa figura con forma de monja no ha vuelto a ser vista por los pasillos ni por los patios -pero sí se ha dejado fotografiar como veremos más adelante-.

Fachada del edificio.

Como curiosidad debemos decir que las paredes actuales son las mismas que las del antiguo hospital de la Misericordia, aunque restauradas y mejoradas, obviamente. 

Conseguí entrevistarme con algunos de los protagonistas que han vivido auténticas noches de terror, y hacer incluso una ronda nocturna por el edificio.

Este el caso de uno de los vigilantes que trabajan allí de la noche. Me contó cómo estando más de una noche en su despacho, frente a los monitores que reflejan las imágenes de las cámaras de seguridad, a eso de las tres de la madrugada, se habían encendido los fluorescentes, como si una mano invisible hubiera pulsado el interruptor. Me describió incluso la sensación de terror que le provocó solo escuchar “ese ruido de los halógenos”.

Otro suceso no menos inquietante es el provocado por las alarmas de movimiento. De madrugada, para ellos no era extraña la costumbre de que estas alarmas saltaran solas.

Algunas tal vez tengan explicación lógica -si es así, yo me presto a ella- si se encuentran cerca de una ventana, o de una puerta por la que pueda entrar cierto haz de luz provocando así una sombra que confunda al sistema de la alarma.

Sin embargo, un guardia me mostró una de las alarmas que más solía saltar. Y se encontraba bajo una escalera, alejada de ventanas y posibles focos de luz.

Fachada posterior del edificio.

Otro de los hechos más comunes -aunque pudiera tener una explicación más lógica- es la apertura de puertas por “manos invisibles”. Aunque podemos llamar manos invisibles al viento, pues la explicación a este hecho sí que existe. Las puertas que suelen abrirse solas son unas puertas de cristal que hay en todos los patios y que no tienen cerradura. Por tanto, el viento puede colarse en el patio, y crear una especie de efecto chimenea que a su vez llevaría a crear una enorme presión. Esta importante acumulación de viento conlleva una fuerza que abre las puertas solas.

Otro suceso que aparece con menos frecuencia en el Rectorado es la aparición de una extraña luminaria o un extraño resplandor en algunas habitaciones, que generalmente ha sido visto a través de ventanas -nunca frente a frente-. Finalmente, los ruidos son el pan nuestro de cada día. Algunos son ruidos absolutamente naturales, y otros –me aseguran personas acostumbradas a trabajar de noche- no lo son tanto.

Una extraña fotografía

Los sucesos del Rectorado se hicieron más que conocidos hace unos meses, cuando estas extrañas vivencias se pasaban de boca en boca. Y no fueron pocos los curiosos que, en busca del misterio, realizaron fotos al edificio. Con tanta –o tan poca- suerte que algo apareció en una de ellas.
En una ventana -la segunda de la derecha, abajo, en la parte de la fachada que da al paseo del Paraninfo- aparecieron dos figuras casi etéreas donde se distinguen perfectamente a dos monjas. Una de ellas lleva las manos juntas, y se distingue claramente su vestimenta.

La historia continúa, más allá del Rectorado

Cuando comencé a investigar sobre los hechos que sucedían en el Rectorado, alguien me dio una pista, y me envió a un lugar cercano.

- Cuidadito –me dijo- que no solo aquí suceden cosas extrañas…

Comencé a meterme en camisa de once varas, tal vez... Y descubrí que había un edificio bastante cercano al Rectorado donde también sucedían fenómenos extraños. La casualidad o causalidad, llamémoslo como queramos, hace que el edificio se alce también dentro del perímetro del antiguo regimiento de artillería.

Entonces me planteé si los hechos pueden llegar a marcar un lugar. Alterar el ambiente y alterar la vida de las personas que día tras día -y peor aún, noche tras noche- deben acudir a trabajar al lugar. Eso se refleja muy claramente en sus caras cuando narran cómo ellos “lo vieron”.

Y aquello es lo que más me marcó. Las caras de miedo, la impotencia de no saber explicar unos hechos que suceden en el lugar de trabajo, y sobre todo los cambios progresivos en la actitud de los trabajadores.

Primero agradables y dispuestos a hablar, pero posteriormente casi hostiles, con todas las letras. “Aquí no pasa nada, no queremos decir nada ni queremos que el nombre del edificio salga en ninguna parte”.

Cuando llegué por primera vez, como decía, todos estaban dispuestos a echarme un cable. Pero ninguno a hablar frente a una grabadora.

Edificio cercano donde también suceden sucesos inexplicables.

Todos me contaban lo que les había sucedido. Pero ninguno permitía que tuviera el “aparatito” en las manos. Los sucesos más repetidos en el lugar son ruidos de extraña procedencia, luces y sombras de dudable explicación e incluso pasos y ascensores que suben y bajan solos a las 2 de la madrugada, cuando el edificio debería de estar vacío, cuando tan solo un guardia mora el lugar.

La primera vez que acudí al lugar, el vigilante era nuevo y no había vivido nada extraño, todavía. Así que le pedí perdón por haberle hecho empezar con “tan buen pie”.

A la siguiente visita que hice, el vigilante me contaba asustado cómo una noche, haciendo la ronda, pasó frente al cuarto de baño y escuchó la cisterna. Al entrar, descubrió que -como era “lógico”- no había nadie en el lugar. Sin embargo, una “mano invisible” apretaba el pulsador que accionaba la cisterna. Tres segundos más tarde, como si el ajeno individuo se hubiera marchado, el pulsador volvió a su estado original, y el ruido del agua cesó por fin.

Aquel vigilante, totalmente aterrorizado desde la citada noche, me contaba cómo era incapaz de hacer una sola ronda sin sacar su porra. Hablé incluso con una de las señoras de la limpieza, que me contó que había llamado al guardia más de una noche para que la acompañara a limpiar los despachos de la primera planta, asustada por todos los ruidos. Me aseguró que incluso se había planteado renunciar a su puesto.

Pero lo más fuerte, son las pruebas que han hecho los guardias en el edificio. Atemorizados, y sin saber bien cómo actuar, decidieron hacer una prueba. Una noche separaron todas las papeleras de la pared y las dejaron en mitad del pasillo. Los dos vigilantes se marcharon a hacer la ronda, y cuando volvieron a pasar por el pasillo, las papeleras volvían a estar pegadas a la pared, en su estado original.

La última vez que visité el edificio, me atendió el guardia con el que había hablado la primera vez. Con el nuevo. Alfredo, el técnico con el que también había conversado -y al que realicé una entrevista, pues este sí quiso hablar- también estaba allí.

Y el cambio de humor fue brusco. De simpatía a apatía, el camino era muy breve.

- Mira –dijo el vigilante- aquí no pasa nada raro. ¿Que los ascensores se ponen en marcha solos? Eso es por subidas y bajadas de tensión. ¿La cisterna se pone en marcha sola? Eso es que se atascó… ¿Las luces, las sombras? Este es un edificio acristalado. ¿Y los ruidos? Pues porque está recién construido y hasta que se “amolde”…

Lo de las luces y sombras… puede que pase, lo de los ruidos también -aunque el ruido de un plástico que se arruga, una estantería que se cae, pasos en zonas donde no debería haber nadie- lo de los ascensores es raro. Una subida de tensión es normal, pero ¿constantes subidas de tensión?, ¿No habría ido nadie a repararlas?, ¿No habría provocado daños en el material electrónico?.

- Alfredo… -dije yo, intentando buscar un apoyo.

Él encogió los hombros, como diciendo “esto es lo que hay” con expresión de pesar.

El vigilante mencionó a la dirección del edificio, y continuó:

- Y no queremos saber nada, no queremos problemas, ni queremos que el nombre de este edificio aparezca por ninguna parte.

Y salí por la puerta, pero con una expresión completamente distinta a aquella con la que entré el primer día. 

Pero realmente, no esperaba menos. De un momento a otro, sabía que aquello ocurriría.
Sin embargo, era curioso, pues si él afirmaba que todo tenía una explicación lógica, era porque finalmente lo había visto con sus propios ojos y trataba al menos de dar explicación lógica a dichos sucesos.

Lo cierto y verdad es que nadie llegó a dejar que grabara su testimonio -aparte de Alfredo-, y todos iban “echándose el muerto” el uno a otro. Todo era: “Pásate esta tarde que está fulanito”… Y a la tarde, “pásate mañana que está menganito”.

Lo que yo no sabía cuando salí del edificio por última vez, era que una sorpresa estaba aguardándome. Una especie de regalito aún envuelto, esperando a ser abierto.

Pasó el tiempo, y el 5 de mayo de este 2006 recibí la llamada al móvil de un querido amigo. Salva Millán, director delprograma “Expediente Abierto”, en Radio Bunyol, con el que había colaborado toda una temporada.

- Javi, ponte las pilas que volvemos a empezar. ¿Qué tema podríamos elegir para este programa? –me preguntó.
- ¿Qué te parecen las casas encantadas? He estado investigando en un edificio donde están pasando cosas… Y creo que sería interesante. Podría pasarte incluso algunos cortes de una entrevista que realicé al técnico del edificio.

- Perfecto, va a quedar genial. Ya me lo envías al correo.

Y ahí quedó la cosa. El programa del 9 de mayo contaría con algunos pedazos de esa entrevista. Ponerla entera llevaría un buen rato del programa, por lo que decidí cortar los trozos más importantes e impactantes. Y ahí llegó la sorpresa. O el susto.

Afortunadamente no era de noche cuando hice el descubrimiento. Eran las 16.20 de la tarde. No se me olvidará.

Estaba repasando la entrevista, viendo qué trozos cortar… Y de pronto, escucho algo que no encaja. Algo que se conoce como psicofonía o parafonía.

Para el que no conozca qué es este fenómeno, decir que se trata de voces que aparecen de repente en nuestros grabadores. Voces que no estaban allí en el momento. Hay gente que se toma a pecho estas voces, y que las utiliza en investigaciones en lugares como la Atalaya, esperando a que esas voces le den alguna respuesta. Algunos dicen que son las voces de los ya fallecidos.

Otros aseguran que se trata de un curioso efecto sonoro sin misterio alguno. Y otros, afirman que nuestras voces, nuestras conversaciones, quedan registradas en el espacio-tiempo, como si de una caja de resonancia se tratara, y pueden grabarse transcurridos unos años.

Yo no sé la respuesta, ni intenté hallarla nunca. Es un fenómeno que estaba ahí, que había llamado mucho mi atención pero que jamás me había propuesto hacer. Ni me lo había planteado. 

Y entonces, cuando menos lo esperaba, y sin yo buscarlo, aparece una voz que me deja descuadrado, que tira todos mis esquemas y que, para qué negarlo, me asusta.

En un principio, me impacta, pero no soy verdaderamente consciente de que eso es extremadamente raro. No soy consciente de que miles de personas están, a día de hoy, fascinadas por este fenómeno, lo persiguen -en ocasiones rozando la locura- pero no siempre dan con él, pues es tan esquivo y escurridizo.

En la entrevista de Alfredo, el técnico, la parte en la que yo le pregunto “¿Y lo más fuerte que ha pasado en el edificio? -y él responde- “Lo que te dijeron a ti el otro día…” yo respondo: “¿Lo de la sombra?” y Alfredo, afirmándolo dice: “Sí, lo de la sombra, eee” y en ese “eee” pensativo, mientras él busca cómo continuar su frase,una voz extraña, seria, seca, alejada del micrófono y que parece burlarse de nosotros, dice “Una sombra” o “La sombra” -no se distingue muy bien lo que precede a la palabra “sombra”-.

Extracto entrevista, fragmento duración 13 segundos.

Y es curioso, ya que algunos afirman que estas voces necesitan tomar aire, como si se recargaran de alguna energía. Pues bien, tres o cuatro segundos antes de hacer su incursión, se escucha como una respiración de alguien con dificultades para tomar aire.

Extracto voz que dice "la sombra" o "una sombra", repetida 3 veces.

Lo primero que hice fue enviar el audio a las personas que habían escuchado más psicofonías. Una de esas personas fue Guillermo León, analista informático y colaborador del programa Milenio3 y Cuarto Milenio, donde siempre sabe catalogar qué fotos tienen misterio, y cuales no. Su opinión era esta:

[…] Se aprecia claramente que es de distinta procedencia a las personas que hablan antes, o sea tú y el entrevistado... Parece además una voz típica psicofónica o parafónica sin entonación, que solapa vuestras voces y precedida de un ruido seco o respiración que también se escucha unos segundos antes…

Espectrograma del archivo sonoro donde se destaca la voz que pronuncia "sombra"

Y digamos que aquello “colmó el vaso”. Un vértigo se apoderó de mi estómago y me sentí vacío, como si mis órganos flotaran dentro de mí.

Es fácil escuchar un programa donde te hablen de psicofonías, y decir: “Me lo creo/No me lo creo”. Pero no le das más vueltas.

Sin embargo, cuando te sucede a ti, cuando sabes que aquella voz no debería estar ahí, cuando sabes que no hay ni trampa ni cartón, ni explicación razonable… La cosa cambia bastante.

He escuchado esa voz más de treinta veces, tratando de buscar su explicación, un por qué. Y lo cierto es que a día de hoy, sigo sin entender de quién era esa misteriosa voz.

por Javier Pérez Campos
http://www.ikerjimenez.com/reportajes/rectorado/

Dónde están enterrados los Arzobispos de Toledo

Setenta y tres arzobispos ha tenido la Diócesis de Toledo desde la reconquista de la ciudad, en 1085, hasta nuestros días. 

En el blog http://historiasdealcala.wordpress.com/, hemos encontrado esta curiosa relación de los lugares donde están enterrados los setenta de ellos fallecidos, junto con los años en que fueron titulares y algún apunte adicional.

1. Bernardo de Sedirac (1086-1124): Enterrado en la Catedral de Toledo cuando aún no se había reformado y seguía siendo, arquitectónicamente hablando, una mezquita. Antonio Martín Gamero (AMG de ahora en adelante) lo sitúa en la Antesacristía.

2. Raimundo de Sauvetat o de Toledo (1124-1152): Enterrado en la Antesacristía de la Catedral de Toledo junto a Bernardo de Sedirac, según AMG.

3. Juan de Segovia (1152-1166): Enterrado en la Antesacristía de la Catedral de Toledo, según AMG.

4. Cerebruno (1167-1181): Según AMG, fue enterrado en la Antesacristía de la Catedral de Toledo. Según Juan de Mariana, en la Capilla de San Andrés.

5. Pedro de Cardona (1181): Se desconoce su lugar de enterramiento. No llegó a ser consagrado pues fue nombrado Cardenal en Roma, donde falleció.

6. Gonzalo Pérez (1182-1193): Enterramiento desconocido

7. Martín López de Pisuerga (1193-1208): Enterramiento desconocido

8. Rodrigo Ximénez de Rada (1209-1247): Enterrado en el Monasterio de Santa María de Huerta, en la provincia de Soria.

9. Juan de Medina de Pomar (1247-1248): Enterrado en la capilla de la Santísima Trinidad de la Catedral de Toledo.

10. Gutierre Ruiz de Olea (1249-1250): Enterrado en la antesacristía de la Catedral de Toledo, según AMG.

11. Sancho, Infante de Castilla (1251-1261): Enterrado en la Capilla del Sepulcro o de la Santa Cruz, en el lado de la epístola, sobre la que se construyó el presbiterio.

12. Domingo Pascual (1262): Enterrado en la Capilla de Santa Lucía, según AMG.

13. Sancho, Infante de Aragón (1266-1275): Enterrado en la Capilla del Sepulcro o de la Santa Cruz, en el lado de la epístola, sobre la que se construyó el presbiterio.

14. Fernando Rodríguez de Covarrubias (1276-1280): Enterramiento desconocido. No fue consagrado por Roma por lo que renunció al arzobispado. Quizás fuera enterrado en la Colegiata de Covarrubias, donde ostentaba el cargo de abad.

15. Gonzalo García Gudiel (1280-1299): Enterrado originalmente en Santa María la Mayor de Roma, fue trasladado al coro de la Catedral de Toledo en 1301. Renunció en 1299 al arzobispado para ser Cardenal de Albania en Roma.

16. Gonzalo Díaz Palomeque (1299-1310): Enterrado en la Capilla del Espíritu Santo, fundada por él mismo, y más tarde fue trasladado a la Capilla de Santa Lucía.

17. Gutierre Gómez de Toledo (1310-1321): Enterrado en el coro de la Catedral de Toledo.

18. Juan, Infante de Aragón (1321-1328): Enterrado en la Cartuja de Escala Dei en la comarca del Priorato (hoy en ruinas). Cambió la mitra toledana por la de Tarragona.

19. Jimeno de Luna (1328-1338): Enterrado en la Capilla de San Andrés de la Catedral de Toledo, situada donde actualmente está la antesacristía. Llegó desde Tarragona en la permuta con el Infante Juan.

20. Gil Álvarez de Albornoz (1338-1350): Enterrado en Asís, siendo trasladado a la muerte del rey Pedro I a un sepulcro exento situado en el centro de la Capilla de San Ildefonso de la Catedral de Toledo, que él fundó. Dejó la mitra en 1350 al ser elegido Cardenal.

21. Gonzalo de Aguilar (1351-1352): Enterramiento desconocido

22. Blas Fernández de Toledo (1353-1362): Enterrado en el coro de la Catedral de Toledo, al pie de la Virgen Blanca. Murió desterrado en Coimbra.

23. Gómez Manrique (1362-1375): Enterrado en el coro de la Catedral de Toledo.

24. Pedro Tenorio (1376-1399): Enterrado en la Capilla de San Blas de la Catedral de Toledo, situada en el Claustro, que él mismo fundó.

25. Pedro de Luna (1404-1414): Enterrado en la Capilla de San Andrés de la Catedral de Toledo, fue trasladado posteriormente a la Capilla de Santiago.

26. Sancho de Rojas (1415-1422): Enterrado en la Capilla de San Eugenio de manera provisional para ser trasladado posteriormente a la Capilla de San Pedro de la Catedral de Toledo, que él fundó.

27. Juan Martínez de Contreras (1422-1434): Enterrado en la Capilla de San Ildefonso de la Catedral de Toledo.

28. Juan de Cerezuela (1434-1442): Enterrado en la capilla de Santiago de la Catedral de Toledo.

29. Gutierre Álvarez de Toledo (1442-1445): Enterrado en la iglesia del Monasterio Jerónimo de Alba de Tormes, hoy en ruinas.

30. Alonso Carillo de Acuña (1445-1482): Enterrado en el Monasterio de Santa María de Jesús de Alcalá de Henares. Tras la desamortización, sus restos y sepulcro fueron trasladados enfrente del trascoro de la Catedral-Magistral de Alcalá de Henares.

31. Pedro González de Mendoza (1482-1495): Enterrado en el Presbiterio de la Catedral de Toledo.

32. Francisco Ximénez de Cisneros (1495-1517): Enterrado en la Capilla de San Ildefonso de la Universidad de Alcalá. Tras el cierre, sus restos y sepulcros fueron trasladados entre la Capilla Mayor y el coro de la Catedral-Magistral de Alcalá. Su sepulcro volvió a la Capilla de San Ildefonso pero sus restos descansan tras el altar de la Catedral de Alcalá en la actualidad.

33. Guillermo de Croy (1517-1521): Enterrado en la Catedral-Magistral de San Pedro de Lovaina. Jamás pisó Toledo.

34. Alonso de Fonseca (1523-1534): Enterrado en la capilla del Colegio de Fonseca de Salamanca que él fundó.

35. Juan Pardo Tavera (1534-1545): Enterrado en el Hospital de Tavera de Toledo que él fundó.

36. Juan Martínez Silíceo (1545-1557): Enterrado en el Colegio de Doncellas de Nuestra Señora de los Remedios de Toledo que él fundó.

37. Bartolomé Carranza y Miranda (1557-1576): Enterrado en el coro de la iglesia del Convento de Santa María sopra Minerva de Roma. En 1993, sus restos fueron trasladados a la Catedral de Toledo, donde ocupa un sepulcro en un lateral de la puerta de los Leones.

38. Gaspar de Quiroga y Vela (1576-1594): Enterrado en el Convento de San Agustín de Extramuros de Madrigal de las Altas Torres, hoy en ruinas. Su lápida se encuentra en el Convento de Madres Agustinas de dicha localidad.

39. Alberto de Austria (1595-1598): Enterrado en la Catedral de Bruselas. Renunció a la mitra toledana para ser soberano de los Países Bajos.

40. García de Loaysa (1598-1599): Enterrado en la cripta de la Catedral-Magistral de Alcalá de Henares. Juan de Mariana escribió el epitafio de su lápida, hoy perdida.

41. Bernardo de Sandoval y Rojas (1599-1618): Enterrado en la Capilla del la Virgen del Sagrario de la Catedral de Toledo, que él fundó.

42. Fernando de Austria, el Cardenal-Infante (1618-1641): Enterrado en el Panteón de los Infantes del Monasterio de El Escorial.

43. Gaspar de Borja y Velasco (1645): Enterrado en la Capilla de San Ildefonso de la Catedral de Toledo.

44. Baltasar Moscoso y Sandoval (1645-1665): Enterrado en la Capilla de la Descensión de la Catedral de Toledo.

45. Pascual de Aragón (1665-1677): Enterrado en el Convento de la Purísima Concepción de Toledo.

46. Luis Manuel Fernández Portocarrero (1677-1709): Enterrado en la Catedral de Toledo, a la entrada de la capilla de la Virgen del Sagrario.

47. Antonio Ibáñez de la Riva Herrera (1709-1710): Enterrado en la Capilla de Santiago el Mayor de la Seo de Zaragoza. Falleció antes de tomar posesión.

48. Francisco Valero y Losa (1715-1720): Enterrado al pie del altar de la Virgen de la Estrella, en el trascoro de la Catedral de Toledo.

49. Diego de Astorga y Céspedes (1720-1724): Enterrado bajo el trasparente de la Catedral de Toledo.

50. Luis Antonio de Borbón y Farnesio (1735-1754): Enterrado en el Panteón de los Infantes del Monasterio del Escorial. Abandonó el arzobispado para casarse.

51. Luis Fernández de Córdoba (1754-1771): Enterrado en el Convento de Capuchinas de Toledo.

52. Francisco de Lorenzana (1771-1800): Enterrado originalmente en la Iglesia de la Santa Cruz de Jerusalén de Roma, actualmente está sepultado en la Catedral Metropolitana de Ciudad de Méjico.

53. Luis María de Borbón y Vallabriga (1800-1824): Enterrado en la sacristía de la Catedral de Toledo.

54. Pedro Inguanzo Rivero (1824-1836): Enterrado a los pies del altar de la Capilla de San Pedro de la Catedral de Toledo.

55. Juan José Bonel y Orbe (1847-1857): Enterrado en la Capilla de Santiago de la Catedral de Toledo.

56. Cirilo Alameda y Brea (1857-1872): Enterrado en la capilla de la Virgen del Sagrario de la Catedral de Toledo.

57. Juan Ignacio Moreno y Maisanove (1875-1884): Enterrado en la entrada de la Capilla de San Ildefonso de la Catedral de Toledo.

58. Ceferino González y Díaz de Tuñón (1885-1886): Enterrado en la Iglesia de los Padres Dominicos de Ocaña.

59. Miguel Payá y Rico (1886-1891): Enterrado en la girola de la Catedral de Toledo.

60. Antolín Monescillo y Viso (1891-1897): Enterrado en la capilla de la Virgen del Sagrario de la Catedral de Toledo.

61. Beato Ciriaco Sancha y Hervás (1897-1909): Enterrado frente a la Capilla de San Pedro, tras su beatificación en 2009 fue trasladado bajo el altar de dicha capilla en la Catedral de Toledo.

62. Gregorio Aguirre García (1909-1913): Enterrado en la antigua Capilla de Santa Marina de la Catedral de Toledo.

63. Victoriano Guisasola y Menéndez (1913-1920): Enterrado en la capilla del Seminario de Toledo.

64. Enrique Almaraz y Santos (1920-1922): Enterrado enfrente de la Capilla de Santa Teresa de la Catedral de Toledo.

65. Enrique Reig y Casanova (1922-1927): Enterrado en la Capilla de la Virgen del Sagrario de la Catedral de Toledo.

66. Pedro Segura y Sáez (1927-1931): Enterrado en la cripta del monumento al Sagrado Corazón de Jesús de San Juan de Aznalfarache. Fue destituido por su enemistad con la II República.

67. Isidro Gomá y Tomás (1931-1940): Enterrado en la Capilla de la Virgen del Sagrario de la Catedral de Toledo.

68. Enrique Pla i Deniel (1941-1968): Enterrado en la Capilla de la Virgen del Sagrario de la Catedral de Toledo.

69. Vicente Enrique y Tarancón (1968-1971): Enterrado frente al altar mayor de la Colegiata de San Isidro de Madrid. Abandonó la mitra toledana para hacerse cargo de la madrileña.

70. Marcelo González Martín (1971-1995): Enterrado en la Capilla de San Ildefonso de la Catedral de Toledo.

Fuente: 

viernes, 30 de octubre de 2015

Los Álvarez de Toledo en Toledo: La llamada " Casa de los Toledo"

LA LLAMADA “CASA DE LOS TOLEDO”.

En la calle de la Ciudad podemos admirar aún una magnifica portada en piedra que ostenta una importante decoración heráldica. Es el único resto conservado de otras casas pertenecientes a los Álvarez de Toledo, según nos indica el escudo de los Illán que preside el tímpano.

Estas armas proporcionan una datación “ante quem”. ¿Por qué razón? Los descendientes de Esteban Illán continuaron utilizando, hasta 1442, el mismo escudo – “tres fajas sangrientas y por orla unos jaqueles blancos y azules” —que admiramos en la conocida efigie ecuestre de este personaje, pintada en la bóveda de la girola de la Catedral al hacer Narciso Tomé, en el siglo XVIII, el original Transparente, pintura que vino a sustituir a otra de tiempos medievales allí situada, que pudo ser realizada primeramente por iniciativa de un hijo de don Esteban y de su esposa Gracia González— hija a su vez de Gonzalo Álvarez y Orabona-, Miguel Estébanez, perfectamente documentado entre 1213 y 1254.

Éste fue canónigo, arcediano de Calatrava y deán de la Catedral en tiempos del arzobispo Jiménez de Rada. Los descendientes de Esteban Illán dejaron de utilizar las Portada de la “Casa de los Toledos”, con el escudo familiar de Esteban Illán.

Obra, tal vez, de Fernán Álvarez de Toledo, segundo señor de Oropesa (m. 1398). viejas armas de Esteban Illán a partir del arzobispo toledano Gutierre Álvarez de Toledo (1442-1446), primer señor de Alba de Tormes, quien cambió este armorial adoptando el escudo jaquelado azul y plata que, a partir de entonces, utilizarán los Álvarez de Toledo. Según lo expuesto, la “Casa de los Toledo”, en principio, ha de ser anterior a 1442, ya que muestra todavía las armas tradicionales.

A derecha e izquierda de dicho escudo de los Illán hay en el tímpano de la portada de la “casa de los Toledo” dos pequeños escudos lisos, sin decoración, que podemos por ello identificar con el de los Meneses, “de oro no más”. Estos datos nos remitirían a García Álvarez de Toledo II, casado con Mencía de Meneses.

Sin embargo éstos, propietarios de las “casas de San Román”, no parece probable, por esta razón, que construyeran otras casas principales. Cabría pensar también que la “casa de los Toledo” fuera construida por su hijo, como hemos supuesto en otro momento, si bien tampoco parece probable, porque García Álvarez de Toledo, maestre de Santiago y primer señor de Oropesa y Valdecorneja, fue también propietario de las “casas principales de San Román”.

Por el contrario el hijo natural de este último, Fernán Álvarez de Toledo, segundo señor de Oropesa (m. 1398), vio discutida su propiedad de tales casas por parte de sus primos, especialmente por García Álvarez de Toledo IV, tercer señor de Valdecorneja, casado con Constanza Sarmiento, quien, a partir de 1406, será el nuevo dueño de ellas.

Tal hecho justificaría la construcción, por parte del señor de Oropesa, de un nuevo palacio, la “casa del os Toledo”, en cuya portada vemos las armas de los Illán —Álvarez de Toledo—, acompañadas de los escudos de los Meneses pertenecientes a su abuela Mencía.

Dicha casa hubo de Retrato fantaseado de don Gutierre Álvarez de Toledo, arzobispo toledano (1442-1446) y primer señor de Alba de Tormes, con el nuevo escudo de escaques en azul y plata.

Sala Capitular de la Catedral. Armas de los Álvarez de Toledo, descendientes de Esteban Illán, a partir del arzobispo Gutierre Álvarez de Toledo (1442-1446), según una miniatura de mediados del siglo XVI. construirse entre 1370, fecha de la muerte de García Álvarez de Toledo, y 1398, año en que murió su hijo Fernando Álvarez de Toledo.

Por eso muestra aún el escudo de Esteban Illán. Al estar don Fernando casado con Elvira de Ayala, señora de Cebolla, podría identificarse este palacio con la llamada “casa de los señores de Cebolla” que aparece también mencionada.

Balvina Caviró Martínez.
Correspondiente
http://realacademiatoledo.es/wp-content/uploads/2014/01/files_toletum_0102_21.pdf

La Crestería Manchega

Los Molinos de Viento que nada o poco tienen que ver con la arquitectura manchega tradicional, se han convertido en el símbolo más universal de la Mancha.

Gracias a Cervantes, con su ingenioso hidalgo Don Quijote.

Hoy, estos gigantes son una de las principales atracciones de los turistas que llegan a la comunidad autónoma Manchega.

Se cree que fueron los cruzados recién llegados de las batallas quien imitaron las construcciones levantadas en Jerusalén. 

Otros en cambio opinan que los molinos de viento fueron inventados en torno al siglo XII en la Europa occidental, como ejemplo los típicos molinos de Holanda.

En la Mancha, el origen de estos artilugios que aprovechan la fuerza del viento para convertir el grano en harina, se da en el siglo XVI.

Molinos con castillo al fondo

Hasta entonces se trituraba el grano en los molinos de agua junto a los ríos o bien a mano sirviéndose de dos piedras pulidas : una llana donde lo depositaban y otra redonda que lo rompía.

Aunque por esta zona no hay muchos molinos de agua. El agua es uno de los recursos más escasos de esta comarca.

Vista panorámica

Se dispuso su construcción en lo alto de las colinas y cerros, para aprovechar el fuerte aire que corría en aquellas zonas y así fue como los primeros molinos empezaron a girar al ritmo del viento. Siglos después, el uso de la electricidad como principal fuente de energía deja sin uso a muchos de ellos.

Desparramados sobre una suave colina que domina el inabarcable llano manchego donde el viento tiene nombre, dependiendo de donde sople (solano alto, solano fijo, solano hondo, abrego hondo, abrego fijo, toledano, matacabras, vientos del mediodía o moriscote).

Encontramos la imagen más emblemática de Consuegra, doce molinos de los trece que existieron y el castillo. Para llegar a ellos hay que ascender por una carretera que los de por aquí llaman el carreterín y subir al cerro Calderico.

Nos recibe de blanco y azul, el Bolero, parada obligatoria. Ya que en él se encuentra la Oficina de Turismo y que conserva completo su mecanismo y en condiciones de trabajar. Le sigue el Mambrino utilizado como bar con productos típicos.

Bonita perspectiva

El Sancho, uno de los mejores molinos de La Mancha que durante la Fiesta de la Rosa del Azafrán que se celebra el último fin de semana de octubre, pone en movimiento sus aspas para mover su enorme piedra y realiza la Molienda de la Paz. Allí una vez convertido el trigo en harina, se reparte en saquitos a los visitantes. 

El Mochilasrestaurado hace unos pocos años. Más arriba, el Vista Alegre, dicen que es el tiene las mejores vistas. 

El castillo de la Muela, aunque se conserva en muy buen estado una grúa nos anuncia que el conjunto sigue en proceso de restauración. Desde lo alto de sus murallas se puede tener unas vistas de los molinos inmejorables. 

Además existen salas interiores muy cuidadas y bien ambientadas en la época medieval. Rebasando el castillo, en la parte alta una sucesión de molinos entre pequeños riscales, hacen las delicias del turismo japonés, lo digo por las fotos. 

El Cardeño, el Alcancia, el Chispas y el Caballero del Verde Gabán, con excelentes artesanías y recuerdos. El Rucio, el Espartero y para acabar el Clavileño, un trocito de Andorra. 

El Principado colaboró en su día en la recuperación de este último. 

Me llama la atención sus aspas en el suelo y rotas, me cuenta un lugareño que este verano una tormenta y el fuerte viento las derribó.

El Castillo

Tanto el castillo como los molinos pertenecen al ayuntamiento y están siendo restaurados por la Escuela Taller de Consuegra.

Muchos de ellos fueron utilizados para albergar pequeños museos. No todos los molinos andan bien de salud, aspas rotas, desconchones, etc.

La de veces que habré subido en mi adolescencia a este cerro en bicicleta con mis amigos del pueblo. 

Os cuento mis abuelos y mi madre son de Madridejos localidad a 6 Km de Consuegra.

Donde pasábamos todo el verano y una de nuestras escapadas preferidas era ir a los molinos donde jugábamos a ser Don Quijote. 

Recuerdo los molinos en un perfecto estado de conservación algunos de ellos conservaban sus lonas blancas entre sus aspas.

Detalle del aspa

Estas construcciones que antaño sirvieron para la molienda, hoy constituyen un hermoso y decorativo elemento del paisaje manchego.

Para comer son varios los restaurantes que en Consuegra ofrecen la rica gastronomía manchega: las tradicionales gachas, las judías con perdiz, duelos y quebrantos, las afamadas migas y el pisto. También el vino se ha visto recompensado con la obtención de varios premios a nivel regional y nacional.

El Sancho

Consuegra, en un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero olvidarme.

Escrito por Rafa

Dejo unos enlaces muy interesantes de Consuegra


jueves, 29 de octubre de 2015

Los Álvarez de Toledo en Toledo: Las "casas Principales de San Román"

Toledo conserva todavía restos de cuatro “casas principales” que pertenecieron al linaje de los Álvarez de Toledo, las llamadas“casas principales de San Román”, la “casa de los Toledo”, la “casa güena” del señor de Higares y la casa de la calle de la Sillería. 

Del prolífico Esteban Illán, célebre personaje mozárabe toledano de tiempos de Alfonso VIII, descienden varios linajes importantes en la vida política, social y artística de la ciudad a lo largo de la Baja Edad Media que, al compás de los años, fueron enlazando con otros miembros de la mozarabía y con otras familias asentadas en la ciudad. 

De su hijo Illán Estébanez proceden los García de Toledo de la Casa de la Gallinería que habitaron a lo largo de numerosas generaciones en el llamado Corral de Don Diego, al que equivocadamente algunos denominan Palacio de Enrique II el de las mercedes o de los Trastámara. Y también los Pétrez, cuyo personaje más relevante fue el arzobispo Gonzalo Gudiel

De otro de sus hijos, Juan Estébanez, casado con María Salvadores, proceden los Álvarez de Toledo, luego Duques de Alba.

De la ilustre descendencia de estos últimos nos informa una riquísima documentación. Por otra parte, otros restos tangibles, especialmente algunas de sus palacios, ostentando aún las armas de este linaje, nos permiten aproximarnos a los comienzos de su historia

Se trata de mansiones de mozárabes toledanos pero construidas en estilo mudéjar, contemporáneas de los palacios nazaríes de la Alhambra de tiempos de Yusuf I y Muhammad V, y del Alcázar sevillano de la época del rey don Pedro. 

Sabemos que estos palacios medievales pertenecieron a los Álvarez de Toledo por los documentos y además porque tres de ellos conservan aún el escudo primitivo de esta familia, el de Esteban Illán, que nos resulta familiar al haberlo contemplado en la efigie de este personaje visible en la bóveda de la girola de la Catedral.

Estas casas son cinco: las llamadas “casas principales de San Román”, las “casas de San Román”, la “casa de los Toledo”, la “casa güena” del señor de Higares, indebidamente llamada “Palacio del Rey don Pedro” arrastrando una tradición errónea, y la casa de la calle de la Sillería.

LAS “CASAS PRINCIPALES DE SAN ROMÁN”. 

Aunque en principio esta expresión es un tanto vaga, pudiendo entenderse como simple alusión a las viviendas más importantes de la colación de San Román, una de las principales parroquias latinas de la Edad Media, se aplica a las que, sin duda, fueron una de las casas toledanas más importantes de la Baja Edad Media, de la que hoy sólo resta la llamada“la Casa de Mesa” o “Salón de Mesa”, sede de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo. Sus yeserías y armaduras de madera nos permiten vislumbrar la trascendencia artística que en el pasado tuvo esta mansión.

Como propietarios de estas “casas principales de San Román”, pertenecientes al linaje de los Illán, luego Álvarez de Toledo, están documentados: Juan Estébanez, hijo de Esteban Illán, y sus inmediatos descendientes: Álvaro Yánez, García Álvarez de Toledo II —casado con Mencía de Meneses—, García Álvarez III —maestre de Santiago y primer señor de Oropesa y Valdecorneja—, García Álvarez de Toledo IV, tercer señor de Valdecorneja —casado con Constanza Sarmiento—, Fernando Álvarez de Toledo “el Mozo”, cuarto señor de Valdecorneja y primer conde de Alba, y finalmente el Duque de Alba2 . 

Posteriormente figuran habitando casas de la colación de San Román, no las principales sino otras cercanas a éstas, Fernán Álvarez de Toledo, tercer señor de Higares, y su nieto García de Toledo, quinto señor de Higares (m. 1576). Los Álvarez de Toledo en Toledo. Esteban Illán representado en la bóveda de la girola de la Catedral. Es posible que la primera efigie se debiera a la iniciativa de Miguel Estébanez, deán de la Catedral, hijo de Esteban Illán.

Juan Estébanez, señor de Viveros, vivió en la primera mitad del siglo XIII y fue alguacil de Toledo y alcalde de los adules.

En 1203 adquirió una casa en el arrabal de los francos, en el barrio de la Catedral3 .

En 1209 vende a su hermano, el tesorero de la Catedral, don García, un mesón del barrio de Santa María, en el arrabal de los francos4 . En 1215 es albacea de Lope Rodríguez, arcediano de Huete5 , y es testigo en el deslinde entre Yepes y Ocaña, según orden de Alfonso VIII, confirmada por Enrique II .

En 1226 confirma a Alonso Meléndez ben Lampader la posesión de la dehesa de Peña Aguilera, según sentencia del alcalde Diego Perea .

En 1229 otorga mayorazgo de sus casas de San Román8 .

En 1233 recibe la donación de Solí, mujer de Pedro Vicente, de todos los derechos que le pertenecían en la alquería de Chuca, en la Sisla . Al año siguiente Orabona, abadesa de San Clemente, le dona también los derechos que le correspondían en la citada alquería de Chuca, “por la buena voluntad que le tiene”10.

Ese mismo año de 1234 es albacea de Gonzalbo Gil.

En 1242, ante el alcalde “johan Stephan”, se da sentencia entre el cabildo y San Ginés12. De la misma fecha es la donación en dote de Juan Estébanez y su mujer, María Salvadores, a su hija Mencía para casarla con Diego Gonzá- lez, hijo de Rodrigo Díaz de los Cameros.

Y la actividad desarrollada por él como albacea del canónigo don Cristóbal. Juan Estébanez y su mujer, María Salvadores, tuvieron una amplia sucesión. En cuanto a las hijas recordemos a Marquesa, casada con Diego Ordóñez, y a Mencía, a la que dieron unas casas que labraron en Toledo, en la parroquia de San Román, “linde con las casas grandes de su morada”.

En cuanto a sus hijos destacamos a Álvaro Juanes, Yánez o Ibáñez, que casó con Juana García Carrillo, hija de Garci Gómez Carrillo, alcalde mayor de los hijosdalgos de Castilla. Estos fueron los padres de García Álvarez I y Juan Álvarez, asesinados en 1289 por orden de Sancho IV.

García Álvarez, de la parcialidad de Alfonso X en el enfrentamiento con su hijo Sancho, había sido un hombre autoritario que llegó a verdaderos atropellos. En medio de constantes revueltas en Toledo, con estas muertes “se asosegó la ciudad”.

Otro hijo de Juan Estébanez y María Salvadores fue Gonzalbo Juanes, casado con María Gonzálbez, a quien su padre, en 1229 donó las “casas grandes de San Román”, que fueron de su padre, y a su otro hijo Alvar Yánez otras casas nuevas en el adarve de la misma colación, con la condición de que se transmitieran forzosamente a sus descendientes.

Al morir los citados Garci Álvarez I y Juan Álvarez, la sucesión recayó en Garci Álvarez de Toledo II, hijo de este último, que casó con Mencía de Meneses —hermana del conocido alguacil-alcalde Suero Téllez de Meneses y de Mayor Téllez, señora de Villaverde—, los cuales vivieron en las “casas de San Román”, casas que, heredadas por los numerosos descendientes de Esteban Illán, se habían ido fraccionando, pasando en parte a otros propietarios de distintos linajes, como prueba la documentación.

Que García Álvarez y Mencía Téllez de Meneses fueron propietarios de las “casas principales de San Román” queda probado por el testamento de García, otorgado en 1328 —reinado de Alfonso XI (m. 1350)—, donde expresamente se dice que ambos habían hecho obras en ellas, con estas palabras: “…Otrosi mando e tengo por bien contienda entre mis hijos que por razón de la lavor que yo e mi muger Mencia Téllez fisimos en las casas de mi morada que son en la collaçion de San Roman las cuales son condicionadas e an a fincar en mi fijo el mayor, que por la meytad de lo que costo faser essa lavor que torne el mi fijo mayor a los otros hermanos tres mil mrs. e anssi que finque mi parte dessa lavor a él”.

Basándose en este texto se ha supuesto que el “Salón de Mesa”, único resto conservado de estas casas de San Román, ha de ser consecuencia de estas obras realizadas por García Álvarez de Toledo II. Es una hipótesis muy sugerente. Sin embargo el estilo de la decoración de las yeserías conservadas no corresponde en modo alguno al primer cuarto del siglo XIV, sino a la segunda mitad de esa centuria. Hacemos hincapié al respecto en la profusa decoración de hojas de vid y hojas de roble, claramente naturalistas, contrastando por su novedad con los viejos atauriques de hojas digitadas y anilladas que les sirven de fondo y las palmetillas aserradas, similares a las de las yeserías de la Alhambra.

 Las citadas hojas naturalistas son una creación del mudéjar toledano, aunque el motivo ornamental de la hoja de vid sea mucho más antiguo. La hoja de vid, acompañada o no de racimos de uva, es uno de los temas decorativos más viejos en la Historia del Arte, naciendo de la vid dionisíaca, de contenido simbólico como atributo de Baco, y pasando posteriormente a ser símbolo eucarístico en el mundo cristiano.

De los bizantinos lo tomó el arte omeya y de éstos pasó al abbasí, como advertimos en las yeserías de Samarra —Irak—. De los bizantinos pasó igualmente al arte visigodos, como demuestra la decoración de Quintanilla de las Viñas. Pero es en las yeserías mudéjares toledanas donde las hojas de vid adquieren un mayor protagonismo. En cambio no aparecen en las yeserías alhambreñas, contemporáneas de las toledanas a las que estamos haciendo referencia.


Hojas de vid, ya más tardías, se ven también en algunos relieves góticos de la Catedral de Toledo, como en el cerramiento del presbiterio, en un almohadón del sepulcro de Enrique II (1406) y en la portada de la capilla de San Pedro, fundada por el arzobispo Sancho de Rojas (1415-1422).

Las primeras hojas de vid en yeserías mudéjares toledanas, de datación segura, son las de la llamada sinagoga del Tránsito, de tiempos de Pedro el Cruel y por tanto anteriores a la fecha de su muerte (1369), y las de la sala capitular del convento de Santa Isabel, antiguo palacio de los Toledo de San Antolín, en las que aparece la fecha de 1361, “en tiempos del rey don Pedro que Dios mantenga”23, según reza la inscripción legible en este conjunto.

A tenor de lo expuesto creemos que las yeserías más antiguas del “Salón de Mesa”, a las que estamos haciendo referencia, y teniendo en cuenta que hay otras posteriores en este mismo salón, no deben corresponder a tiempos de Garcia Álvarez de Toledo II —hijo de Juan Álvarez de Toledo y Juana Palomeque— y de su esposa Mencía de Meneses, hermana del conocido alguacil Suer Téllez, sino a los del primogénito nacido de este enlace, García Álvarez de Toledo III.

El citado García Álvarez y Mencía de Meneses tuvieron los siguientes hijos: el mayor, García Álvarez de Toledo III, heredero de las “casas de San Román” y primer señor de Valdecorneja —muerto en 1370—, Gutierre Álvarez de Toledo, obispo de Plasencia y Cardenal de España, Teresa, “medio soror” en Santo Domingo el Real, que testa en 1396, y Fernán Álvarez de Toledo, apodado “el Tuerto”, mariscal de Castilla y alguacil mayor de Toledo. 

Este último, por herencia de su hermano García, fue segundo señor de Valdecorneja y casó con Leonor de Ayala —hermana del célebre Canciller autor de la “Crónica del Rey don Pedro”— y hermana también de Inés de Ayala la propietaria de las famosas alcaicerías toledanas.

El citado Fernán Álvarez de Toledo “el Tuerto” adquirió Higares en 1377, ya en tiempos de Enrique II el del las Mercedes. Muerto prematuramente en el sitio de Lisboa en 1384 fue enterrado en la iglesia de Santo Domingo de Piedrahita (Ávila). García Álvarez de Toledo III, heredero de las “casas de San Román”, fue electo en 1359 maestre de Santiago, pero no por todos los “treçes” y comendadores, sino por aquellos que seguían al rey don Pedro, ya que los partidarios de Enrique de Trastámara eligieron por maestre a Gonzalo Mejía.

Sin embargo don García fue puesto en la posesión del título de maestre con la ayuda de Pedro el Cruel, el cual le hizo además mayordomo de su hijo Alfonso, habido en María de Padilla. Al año siguiente García Álvarez III servía al rey don Pedro en la guerra contra el monarca de Aragón, siendo su capitán general.

Trasladado don Pedro a Toledo, dejó a don García con este cargo, designándole además, juntamente con su hermano Fernando Álvarez de Toledo, guarda de la ciudad. Por su parte, Enrique de Trastámara tomó Burgos y allí se coronó, partiendo a continuación hacia Toledo, donde unos caballeros quisieron acogerle y otros no. Al fin prevaleció el voto de Diego Martínez de Toledo, alcalde mayor, que tenía el alcázar, y de otros que tenían las puertas. Ante los hechos García Álvarez de Toledo III no pudo oponerse y acordó ir a besar la mano de don Enrique, por su señor y rey, como todos hacían.

El nuevo monarca le recibió muy bien, pero le rogó que renunciara a favor de Gonzalo Mejía y entregara a éste las villas que tenía de la Orden de Santiago, dando en recompensa a don García las villas de Oropesa y Valdecorneja con sus aldeas y términos. Llamábase Valdecorneja a las cuatro villas de Barco de Ávila, Piedrahita, Horcajada y Almirón. Don García le pidió a don Enrique que se las diera por juro de heredad para él y para sus sucesores y el monarca accedió a ello. Era el año 1366.

Posteriormente, en 1369, Enrique II le concedió los lugares de Jarandilla y Tornavacas. García Álvarez de Toledo III fue también alférez del Pendón de la Banda, muriendo en 1370. García Álvarez de Toledo III, como ya hemos dicho, heredó de su padre las “casas de San Román”y parece probable que en tiempos de su brillante carrera decorara el llamado “Salón de Mesa” con las yeserías que hoy admiramos, cuya temática, con las hojas naturalistas ya mencionadas, de tiempos de Pedro el Cruel, tiene muchas concomitancias con las de la Sinagoga del Tránsito, donde vemos también hojas de vid y de roble, y con las de la sala capitular de Santa Isabel, convento fundado en las casas de los Toledo de San Antolín, yeserías fechadas estas últimas en 1361, según la inscripción de esta estancia, perfectamente visible hoy, conforme hemos indicado.

La “casas de San Román”, al morir en 1370 don García, pasaron a propiedad de su hijo, Fernando Álvarez de Toledo —que casó con Elvira de Ayala, señora de Cebolla—, segundo señor de Oropesa. Pero el hecho de haber nacido Fernando fuera del matrimonio motivó una serie de reclamaciones por parte de sus primos, hijos de Fernán Álvarez de Toledo “el Tuerto”. Estos eran Gutierre Gómez o Álvarez de Toledo —a la sazón obispo de Palencia y después arzobispo de Sevilla y de Toledo y primer señor de Alba de Tormes—, Fernando Álvarez de Toledo “el Viejo”, señor de Higares, García Álvarez de Toledo IV, tercer señor de Valdecorneja —casado con Constanza Sarmiento—, y Leonor, María y Teresa.

Consta, gracias a una interesantísima carta de testimonio del Archivo de Santo Domingo el Real, fechada en 1406, cuando ya había muerto Fernando Álvarez de Toledo (1398), señor de Oropesa, y aún no había fallecido su esposa, la señora de Cebolla, que dos escribanos públicos, a ruego de Juan Díaz, procurador de Fernando Álvarez, alguacil mayor de Toledo, fueron a unas casas y corrales de ellas, hallándose allí el maestro Aly, y en nombre de Gutierre Gómez o Álvarez y de los hermanos Fernando Álvarez, Garcí Álvarez y Teresa Gómez, tomaron posesión de las dichas casas diciendo que les pertenecían por tener ellos el mejor derecho, a lo que el maestro Aly asintió y prometió guardar y cumplir.

En consecuencia estas casas pasaron a propiedad del mayor de los hijos de Fernán Álvarez de Toledo, “el Tuerto”, Garcí Álvarez de Toledo IV, tercer señor de Valdecorneja (m. 1464), casado con Constanza Sarmiento. Y de éste a su primogénito Fernando Álvarez de Toledo “el Mozo”, cuarto señor de Valdecorneja y primer conde de Alba, cuya esposa fue Mencía Carrillo.

En estas “casas de San Román”, siendo propietario de ellas este último, se reunieron, en 1419, los miembros de la Cofradía del Curpus Christi. El siguiente heredero de estos palacios fue el primer Duque de Alba, propietario de ellos a partir de 1464, fecha en que murió su padre. Este primer duque, que al parecer no los habitaba, es el que los vendió a don Rodrigo Manrique, padre del poeta Jorge Manrique. 

De tiempos de don Rodrigo puede ser la rica decoración de castillos y leones que se advierte en la parte alta de los muros del citado salón. Este es el largo proceso mediante el cual las casas principales de la colación de San Román, que habían venido heredándose por los descendientes de Esteban Illán, dejaron de pertenecer a este linaje.

Posteriormente otro hijo de don Rodrigo Manrique, Enrique Manrique de Ayala, las vendió al Cardenal Silíceo, quien instaló en ellas el Colegio de Doncellas Nobles, aunque muy pronto éste las enajenó a su vez a Ares Pardo de Tavera y a Luisa de la Cerda, heredándolas posteriormente el Marqués de Malagón quien finalmente las vendió a los jesuitas en 1633.

Balvina Caviró Martínez.
Correspondiente
http://realacademiatoledo.es/wp-content/uploads/2014/01/files_toletum_0102_21.pdf

Sabios cristianos y su relación con el islam

Con Raimundo Lulio y muchos otros, la espiritualidad europea cambia táctica y política tras la derrota militar de las Cruzadas y se lanza a con­quistar el Islam a base de co­nocerlo

Alfonso X el Sabio (1221-1284), rey de Castilla y de León desde 1252, al igual que Federico II Barbarroja, se ro­deó de sabios musulmanes y aprendió a leer y escribir el árabe. Fue escritor y poeta.

Bajo su protección se traduje­ron del árabe al latín numero­sas obras sobre astronomía, mineralogía, geografía, óptica y muchas otras ciencias que afianzaron el camino hacia el Renacimiento de Europa. Son muy conocidas sus Tablas As­tronómicas o Tablas Alfonsíes.

Dentro de este grupo cabe citar también sus Libros de ajedrez (1283), basados en la sabiduría de los científicos musulmanes.

Desde 1086, cuando fue con­quistada por el rey Alfonso VI, la ciudad de Toledo, cuna de Alfonso X el Sabio se había convertido en La Meca de los eruditos cristianos venidos de todas partes de Europa, atraídos por la fascinación del Islam. Allí residió el inglés Adelardo de Bath, quien tra­dujo del árabe los Elementos de Euclides, e introdujo la trigo­nometría musulmana en occi­dente traduciendo las Tablas Astronómicas de Al-Juarizmi en 1126.



En 1141, Pedro el Venerable (1092-1156), abad de Clunny, con ayuda de un sabio musul­mán, tradujo el Corán al latín. La alquimia y química musul­manas entraron en el mundo latino en una traducción de un texto arábigo hecha por Robert de Chester (que vivió en Es­paña entre 1114-1147) en 1144. El más grande de los tra­ductores fue Gerardo de Cre­mona (1114-1187).

Llegado a Toledo hacia 1165, le impre­sionó profundamente la riqueza de la bibliografía islámica en ciencias y filosofía. Decidió traducir lo mejor de ella al latín y pasó nueve años traduciendo sin parar hasta alcanzar un total de sesenta y una obras. Entre ellas figuraban once libros de medicina, que incluían las obras más extensas de Al-Kindi y Avicena, catorce obras de matemáticas y astronomía, siete de geomancia y astrolo­gía, y otras tantas de filosofía, como Del Silogismo, de Al-Fa­rabi.

Más tarde, otro visitante, Mi­guel Escoto, que debía su ape­llido a su Escocia nativa, estará en Toledo en 1217. Su primera traducción importante fue la Esférica de al-Bitruji (siglo XII), el Apetragius de los lati­nos, que era una crítica de To­lomeo.

Fascinado al descubrir el alcance y libertad del pen­samiento de Aristóteles, co­mentado por al-Farabi y Ave­rroes, Escoto tradujo al latín, de versiones arábigas, la Histo­ria de los animales, la Meta­física, Del Alma, Del cielo, y la Ética. Las versiones de Aris­tóteles hechas por Miguel lle­garon a Alberto Magno (1200-1280) y Roger Bacon (1214-1292) e impulsaron el desarro­llo de la ciencia en la Europa cristiana del siglo XIII.

El contacto con el Islam me­diante las cruzadas y las tra­ducciones de los eruditos ya nombrados acercaron a Europa y el mundo Islámico. El descu­brimiento de que otra religión existía y había producido hom­bres excelentes y caballerescos como los sultanes Saladino y al-Kamil, filósofos como Avi­cena y Averroes, y científicos como al-Haitham y al-Razi, era algo que turbaba y conmocio­naba.

Hacia 1240 el averroísmo llegó a estar casi de moda entre los seglares instruidos en Italia. No fue ninguna casualidad la influencia islámica que em­bargó el pensamiento y la obra del famoso teólogo Tomas de Aquino (1224-1274), muy vi­sible en su Suma Teológica (1267).

Hacia fin del siglo XIII, y durante el XIV y el XV, la Universidad de París fue un turbulento centro de ave­rroísmo. Pedro de Abano (1250-1316), el profesor de medicina en París y luego de filosofía en Padua, escribió en 1303 un libro, Conciliator Controversiarum, destinado a armonizar las teorías médicas y filosóficas de musulmanes y cristianos.

Los inquisidores lo acusaron de herejía, pero el marqués Azzo d’Este y el Papa Honorio IV, que figuraban en­tre sus pacientes, lo protegie­ron. Fue acusado de nuevo en 1315, y esta vez escapó al pro­ceso muriendo naturalmente. Los inquisidores condenaron su cadáver a la hoguera, pero sus amigos escondieron tan bien sus restos que la sentencia tuvo que ser ejecutada en efi­gie.



Siger (1235-1281), un sacer­dote secular, fue un hombre muy docto que estudió a al-Kindi, al-Farabi, al-Gazali, Avicena, Avempace, Avice­brón, Averroes y Maimónides. Que Siger tenía muchos segui­dores en la Universidad de Pa­rís se deduce de la presentación de su candidatura al rectorado en 1271, aunque no prosperó. En octubre de 1277 Siger fue condenado por la inquisición bajo el cargo de herejía, y “de estar poseído por los paganos musulmanes”. Pasó sus últimos años en Italia como preso de la curia romana y lo mató en Or­vieto un asesino medio loco.

El más famoso de los hombres de ciencia medievales fue Ro­ber Bacon (1214-1292). Estu­dió en Oxford bajo Robert Grosseteste o Grosthead o Ro­bert de Lincoln (1175-1253), quien fue un ardiente partidario del conocimiento griego, he­breo y árabe. Hacia 1240 fue a París y más tarde a Italia, donde estudió el griego y co­noció numerosas obras de me­dicina islámica. En 1251 re­gresó a Oxford y entró a for­mar parte de la universidad.

Hacia 1253 ingresó en la orden franciscana. Por entonces era un gran admirador del Islam y sus sabios. Su pensamiento, considerado “muy sospechoso y peligroso” por sus contem­poráneos, fue protegido en su primer momento por el liberal Clemente IV (Papa entre 1265-68). Al fallecer el pontífice, se inició la persecución en su contra. Fue encarcelado en 1278 hasta su muerte, acusado de hereje y de enseñar “nove­dades sospechosas”, como la filosofía averroísta.

Es muy interesante el movi­miento pro-islámico que se dio entre los monjes franciscanos, que empezó con el propio Francisco de Asís (1182-1226), cuando éste se entrevistó amistosamente con el sultán Malik al-Kamil cerca de Da­mietta, en Egipto, en 1219. Ya vimos el ejemplo de Bacon.

Otro fue el de Ramón Llull o Raimundo Lilio (1232-1315). Mallorquino, que estudió la lengua arábiga, fundó un cole­gio de estudios árabes en Ma­llorca y mandó una petición al concilio de Viena (1311) para que estableciera escuelas de idiomas y literaturas orientales para preparar misioneros que actuasen entre los musulmanes y judíos. Así vemos que, con Raimundo Lulio y muchos otros, la espiritualidad europea cambia de táctica y política luego de la derrota militar de las cruzadas, y se lanza enton­ces al nuevo intento de con­quistar el Islam a base de co­nocerlos. 

Por esta inteligente labor evangelizadora, que im­pulsa en buena medida las tra­ducciones en masa de libros de religión y sabiduría musulmana y la fundación de enclaves en tierras islámicas para aprender mejor el árabe, tiene un resul­tado secundario probablemente inesperado: la islamización de Europa. La intelligentsia cris­tiana europea –aún la más mi­litante- no se puede sustraer a la poderosa influencia intelec­tual del Islam, que admira en más de un sentido.

 Y así apare­cen Alfonso el Sabio, Bacon y el propio Lulio. Lulio se ins­pira principalmente en un mís­tico hispano-musulmán como Ibn Arabi de Murcia (1164-1240). Al igual que su paradigma islámico, Lulio piensa que las ciencias se logran por fe y en­tendimiento, aunque la primera es la reina, que domina sobre todo discurso, y la iluminación divina hace sabios a los hom­bres con la más sublime sabi­duría.

Este camino será recorrido por otro célebre franciscano Fray Anselmo de Turmeda (1352-1432), nacido también en Ma­llorca. Hizo estudios en Lérida y Bolonia. Luego fue enviado a Tunicia, donde se convirtió al Islam con el nombre de ‘Ab­dal·lah, lo que le valió el nom­bramiento de intérprete de len­gua y jefe de aduanas por parte del sultán ‘Abdul ‘Abbas Ah­mad, y luego la confirmación en el cargo por su hijo Abu Fa­rid ‘Abd al-‘Aziz, ganando así su sobrenombre de al-Ta­ryumán (el traductor). Hacia 1402 escribió Turmeda una apología del Islam llamada Tuhfa (regalo u obsequio). Mu­rió entre los musulmanes con fama de piadoso, siendo se­pultado honoríficamente, y conservando todavía hoy su sepulcro un prestigio de santi­dad que le hace meta de visitas y peregrinaciones.

Durante el siglo XVI se incre­mentará la influencia del Islam en toda Europa, particular­mente sobre la espiritualidad española del llamado siglo de oro. El caso de Miguel Servet (1511-1553) es muy destacado. Nacido en Tudela, fue médico y teólogo. Estudió en Tou­louse, Lyon y París. Al expo­ner su teología antitrinitaria Tritinatis erroribus, en 1531, revolucionó a su tiempo.

La fama de islamizante de Miguel de Servet hubo de hallarse muy extendida, como se deduce del hecho de que en el juicio que se le siguió en Ginebra, con­cretamente en la sesión del 23 de agosto de 1553, el procura­dor general le preguntara entre otras cosas: “¿Por qué había leído el Corán?” Acusado por Calvino (1509-1564), Miguel Servet fue quemado vivo en Champel, cerca de Ginebra. “El unitarismo antitrinitario de Servet –dice el estudioso es­pañol Cristóbal Cuevas-, vuelve a coincidir con el pen­samiento musulmán en la idea de que la doctrina trinitaria no es sino una burda manifesta­ción del politeísmo.

Por eso piensa que las personas de la Trinidad son solamente modos o dispensaciones de la esencia divina… por eso llama a los católicos triteístas, acusándolos de tener ‘un Dios tripartito’ y de adorar falsas y múltiples efigies de lo divino”.

El historiador español Américo Castro (1885-1972) fue uno de los primeros en señalar la in­fluencia del misticismo is­lámico en la escuela carmeli­tana, y en especial de Santa Teresa de Jesús (1515-1582) y su obra Las moradas o Castillo interior (1578), que luego fuera tan brillantemente expuesta y analizada por la islamóloga portorriqueña Luce López-Ba­ralt en Huellas del Islam en la literatura española.

San Juan de la Cruz (1542-1591) conoció a los 25 años a Santa Teresa, y en Duruelo de­cidieron iniciar la reforma de sus respectivas órdenes de carmelitas (1568). A consecuencia de sus ideas islami­zantes (explicadas con gran detalle por Luce López-Baralt en San Juan de la Cruz y el Islam, y por Juan Goytisolo en Las virtudes del pájaro solita­rio), en 1577 fue conducido preso a Toledo, donde perma­neció recluso en un convento durante ocho meses, hasta que logró escapar refugiándose en Almodóvar. Desde entonces residió hasta su muerte en An­dalucía.

26/07/2015 - Autor: Karim Díaz - Fuente: Blog Religio Perennis y Espiritualidad
http://www.webislam.com/articulos/101862-sabios_cristianos_y_su_relacion_con_el_islam.html

miércoles, 28 de octubre de 2015

Cocina Sefardí: M'soki

Carne, 10 - 12 raciones

Ingredientes

Entre los Judí­os de Tunez, el M'soki, es una de las comidas favoritas de Pesaj / Pascua. Se trata de guiso de sopa que incorpora dos temas de alimentos Pascua: verduras y cordero.

Pascua es a veces llamada la Fiesta de la Primavera, y muchas comunidades comen verduras de colores para resaltar este tema. El cordero recuerda las instrucciones de Dios a los esclavos judí­os en Egipto de sacrificar y lo debí­an comer la noche anterior a la salida de Egipto. Este delicioso guiso tambien contiene las alcachofas, una verdura de primavera que se identifica estrechamente con la Pascua judí­a en la cocina sefardí­.

3 cucharadas de aceite vegetal
1 de cordero, sin huesos (alrededor de 3 libras.)
1 libra de carne de las costillas
2 lbs. carne vástago
Sal y pimienta al gusto
2 bulbos de hinojo fresco, cortados en pedazos de ½ pulgada
3 zanahorias blancas o amarillas, peladas y cortadas en pedazos de ½ pulgada
3 lbs. de espinaca fresca, picada
Las hojas verdes de 3 remolachas, picado
8 fondos de alcachofa, frescos o en conserva, en cuartos
1 taza de cilantro fresco picado, un poco más para decorar
1 taza de menta fresca picada, un poco más para decorar
1 t de canela
4 matzot

Preparación

Se calienta el aceite en una olla grande u horno holandés. Sazonar el cordero, con sal y pimienta al gusto. Retire de la olla del fuego y le echa el hinojo, zanahoria, la cebolla, y se sofríee, raspando los pedacitos de carne que se han pegado a la parte inferior.

Cocine el cordero hasta que está ligeramente ablandado, agregue la espinaca y hojas de remolacha, y cocine hasta que se ablanden.

Volver la carne dorada a la olla, y apenas cubrir con agua frí­a. Llevar a ebullición, tapar y cocinar a fuego medio-alto durante 30 minutos.

Añadir las alcachofas, cilantro, menta y nuez moscada. Baje el fuego para que la sopa esté apenas a fuego lento, y cocine durante 2 horas más o hasta que la carne es muy tierna, agregando agua si es necesario.

Cortar la carne en trozos de 1 pulgada, desechando los huesos, y poner de nuevo en la sopa. Justo antes de servir, romper las matzot en seis piezas cada uno. Remojar en agua con sal hasta que esté ligeramente humedecido. Servir la sopa con el cilantro y la menta reservada y los pedazos de matzá.

Receta adaptada de quichés, kugels y Cuscés: Mi búsqueda de la cocina judí­a en Francia por Joan Nathan (Alfred Knopf 2010).

http://sefardies.es/recetas.php?id=36

Los Cigarrales de Toledo durante la Guerra Civil

Tropas republicanas vigilan Toledo desde los Cigarrales
La última conferencia del curso monográfico ‘El Paisaje Cultural de los Cigarrales” organizado por la Real Fundación de Toledo se centró en la Guerra Civil Española. 

Una conferencia que, quizá, no se hubiera celebrado si los investigadores no se hubiesen topado en el área cigarralera con una auténtica sorpresa.

“Encontramos un mundo fascinante” aseguraba el arqueólogo co-director del proyecto de investigación, Jesús Carrobles. 

No es para menos porque, nos explicaba, encontraron las “cicatrices” sobre el terreno de un impresionante escenario bélico hasta ahora desconocido. El tema, de entrada, parece alejarse del terreno en el que casi siempre se mueve este blog. Nada más lejos de la realidad si se atiende a lo que suponen los descubrimientos realizados y que les cuento.

Lo cierto es que los Cigarrales se convirtieron en protagonistas del conflicto casi nada más estallar la contienda en 1936. La Fábrica de Armas de Toledo fue un objetivo estratégico que ambos bandos quisieron controlar de inmediato.



Por otro lado, el episodio de asedio al Alcázar, el más conocido de la ciudad, se creía casi el único… hasta ahora. Y es que, mientras los investigadores, en pleno siglo XXI, buscaban alquerías o chozas de pastor del XVII en los Cigarrales, se encontraron con las huellas de una etapa de la Guerra Civil – anterior a 1937- que nadie había documentado.

La historia contada hasta ahora relata la resistencia del bando nacional en el Alcázar y la intervención del general Varela llegado a Toledo al frente del Ejército de Africa, en septiembre de 1936, para acabar con el asedio republicano. Pero no todo terminó ahí. Los republicanos se replegarían, precisamente, hasta la actual zona cigarralera. Una posición estratégica para divisar la ciudad y, de paso, lanzar ataques de artillería contra la Fábrica de Armas, que pasaría a manos nacionales en octubre del 36.

Entonces comienza una etapa hasta ahora desconocida. Surge un frente espontáneo en el área de Cigarrales en el que ambos bandos tomarán posiciones, avanzando y retrocediendo, conquistando y reconquistando terreno en el entorno toledano, en un intenso fuego cruzado e incluso con episodios de cuerpo a cuerpo, que se prolongarían durante toda la guerra.

De hecho, los alemanes aprovecharon para probar, a través de la Legión Cóndor, algunas de las armas que Hitler emplearía en la II Guerra Mundial, como el Flak 18 que vemos en la fotografía, del que se descubrió que era un potente cañón antiaéreo y antitanque.

Tropas nacionales junto al cañón Flak 18
Estos episodios suponen un antes y un después en la historia de los Cigarrales que pocos conocen porque el tiempo y el peso de la propia historia toledana se han encargado de enmascarar.

Se han encontrado restos de bunkers, fortificaciones que nos hablan de acontecimientos de gran relevancia histórica, enormes corredores de trincheras, munición –incluso intacta, abandonada por los combatientes-, restos de obús y hasta parte de la indumentaria de las tropas. “Encontramos tantas cosas que tuvimos que preguntarnos qué ocurrió en los Cigarrales en 1936”, señalaba Carrobles.

La respuesta a tantos vestigios de la contienda han tenido que buscarla en partes de guerra del bando nacional. Mientras, para conocer la otra versión, se tenido que recurrir a una publicación francesa, ‘Agence Espagne’ que relataba lo que ocurría en nuestro país desde el punto de vista de La República. Ambas fuentes eran muy subjetivas aunque menos, nos decía el arqueólogo, de lo que lo era la prensa de la época.



Para muestra, un botón: El diario ABC llegó a publicar distintas versiones, el mismo día, acerca de determinados acontecimientos dependiendo de si se trataba de la edición de Madrid, donde ABC se hacía llamar “diario republicano de izquierdas”, o si era la de Sevilla, afín al bando nacional.

Boletines oficiales del ejército, fotografía histórica -también aérea tomada por vuelos de reconocimiento de la época- o diarios de operaciones de la Academia de Infantería de Toledo en 1937 han sido otras de las fuentes consultadas.


Foto aérea con detalle de la munición y los impactos

Fue tal la importancia del frente cigarralero, que ambos bandos llegaron a desplazar a la zona a lo mejorcito entre hombres y armamento. El relato íntegro de lo que ocurrió entre 1936 y 1939 en esta guerra fratricida, en Toledo, lo dejo a los estudiosos de la historia, aunque pueden leer aquí el trabajo completo incorporado a la investigación de los Cigarrales.

Un patrimonio olvidado y ensombrecido por la monumentalidad de Toledo

El llamado Frente Sur del Tajo, “fue un frente de guerra olvidado”, aseguraba Jesús Carrobles, si lo comparamos con otros más conocidos como el del Ebro, Brunete… y sin embargo, a la vista de las pruebas encontradas jugó un papel muy interesante en la historia de la contienda.

Los restos en el área de Cigarrales, particularmente en el Cigarral de Menores, propiedad de la familia Marañón, constituyen un patrimonio “emergente” a la sombra de una ciudad monumental.

Trinchera republicana en el Cigarral de Menores

Por eso, los investigadores piden que la Guerra Civil española sea estudiada desde un “punto de vista arqueológico” para que hallazgos como los de Toledo, no se pierdan.

“Tenemos la única sucesión de frentes de la Guerra Civil española documentada y nunca ha sido valorada, en buena medida por el protagonismo del Alcázar en la contienda o la visita a Toledo de personajes como Himmler”, recordaba Carrobles.

NOTA: Las fotos de este post fueron publicadas en el artículo de Barroso Cabrera, R; Carrobles Santo, J.; Morín de Pablos, J.; Isabel Sánchez, J.L.; Rodríguez-Avello Luengo, L; Curado Morales, J.M. y Criado Castellanos, I. titulado “Arqueología de la Guerral Civil en Toledo. El frente sur del Tajo y el Cigarral de Menores: Un escenario de guerra”. (Archivo Secreto. Revista Cultural de Toledo, nº 5, 2011, pp. 330-348)

Carmen Bachiller/ @placeresymas
Fuente del artículo: 
https://placeresymas.wordpress.com/2012/03/07/conocer-los-cigarrales-de-toledo-v-la-guerra-civil/

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