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martes, 17 de febrero de 2015

Y la Basílica romana se adecuó para servir al culto sefardí

Las Basílicas Romanas había servido de base en las primeras construcciones religiosas musulmanas, en las mezquitas. 

El ejemplo de la Mezquita de Córdoba refleja perfectamente esa influencia entre la planta basilical romana y las utilizadas por los árabes en los primeros periodos de su evolución. 

Principalmente en la arquitectura hispanomusulmana.

Hoy vamos a analizar como el culto hebreo, concretamente en sefardí, se sirvió de la tipología romana de la basílica en la construcción de sus primeros templos, sobretodo en la “antigua Sefarad”. Tomaremos como ejemplo comparativo uno de los templos más simbólicos de esa nostálgica Sefarad, la sinagoga toledana de Santa María la Blanca.

Como sabemos por el anterior post, pero considero oportuno recordar brevemente, la Basílica romana era un edificio dedicado a múltiples usos, especialmente para la Administración de Justicia, para las transacciones de carácter financiero, para mercado y relaciones comerciales, e incluso en algunas ocasiones para la celebración del culto.

Su tipología era una planta rectangular dividida en naves paralelas de número impar, separadas por columnas siendo la nave central de mayores dimensiones, tanto en altura como en anchura. En la cabecera se colocaba un ábside donde se situaba la persona de mayor categoría según cada acto, y en las laterales se iban disponiendo las diferentes personas en función del cargo que ocupaban. Esta tipología permitía remarcar el espacio principal, un eje o espacio camino que delimitaba conscientemente el espacio de poder remarcado por una línea recta que es la nave central y un eje longitudinal que iba desde la puerta de acceso al templo a la cabecera. Iluminada por pequeños vanos abiertos en la parte superior de cada nave, iluminaba de manera gradual las mismas, siendo la central la mayor receptora de luz, al estar más elevada la planta e impedir, por tanto, que otras naves pudieran restar iluminación. Así el espacio de poder quedaba perfectamente definido.

Planta y Alzado de una Basílica Romana.

La palabra sinagoga proviene del griego y etimológicamente significa, unir, juntar, reunir, casa de oración o asamblea. Por lo tanto, y debido al carácter itinerante del pueblo judío durante siglos, la sinagoga era el espacio donde se celebraba el culto o la liturgia hebrea, pero también era el lugar donde se celebraban asambleas, un espacio para el estudio y la investigación…, en definitiva, al igual que las basílicas romanas, era un espacio de múltiple funcionalidad y por tanto requería de una tipología constructiva que permitiese la adaptación de su planta a los diferentes usos para los que era requerida.

Para los judíos, el verdadero Templo es el templo de Salomón, un templo directamente “dictado su construcción por el mismo Dios”; las sinagogas constituyen un lugar para desempeñar diferentes asuntos vinculados con la vida y la liturgia hebrea, un espacio construido por el hombre.

Es necesario establecer esta diferencia porque, esta es la causa por la que estos espacios arquitectónicos o sinagogas eran empleadas para diferentes usos y no solo para el culto hebreo.

Reconstrucción Ideal del Templo de Salomón. A imitación de una Planta Basilical

El primer tipo de sinagogas que comenzaron a construirse fueron las sinagogas con planta basilical, influenciadas por las basílicas romanas, debido, entre otros aspectos, a la facilidad de adaptación a diferentes actividades, pero también la influencia de las mezquitas que también habían adoptado esta tipología constructiva en sus primeros tiempos, fueron un referente para la construcción de los primeros espacios de la liturgia hebrea. 

Estamos refiriéndonos a los siglos III y IV d.C. , y se desarrollaron principalmente en Galilea y Golán, teniendo como ejemplo la sinagoga de Cafarnaún. 

Sinagoga de Kafarnaum. Planta Basilical.
Pero no solo en esta zona y en esta época existieron las sinagogas de planta basilical, los judíos de origen Sefardí la usaron para muchas de sus sinagogas, como es el caso de la sinagoga de Santa María la Blanca, en el corazón de la antigua Sefarad, en Toledo, una sinagoga que data sus orígenes de finales del siglo XII principios del siglo XIII.

Aconsejo ver estos dos enlaces de videos antes de proseguir con la lectura del post.


Estas sinagogas estaban construidas con sillares de piedra y se dividían generalmente en tres naves separadas por columnas o hileras de arcadas, (siempre número impar), siendo la nave central de mayor altura. Aunque en ocasiones, como sucede en Santa María la Blanca, su espacio interior está dividido en cinco naves, la central más alta y las laterales de irregular trazado, separadas por columnas que sustentas arcadas que recuerdan a los de la mezquita cordobesa.

Planta y alzados de la sinagoga de Santa María la Blanca (Toledo). En Monumentos Arquitectónicos de España.

Por lo general, eran tres las puertas por las que se accedía al templo, el pórtico de la fachada de los pies, y otros dos accesos en las fachadas laterales.

El concepto lumínico era esencial en la sinagoga sefardí y en las primeras sinagogas hebreas; la luz se adentraba en el templo mediante la apertura de vanos de pequeño tamaño ubicados en la parte superior de las naves, tanto central como lateral, así de esta manera, entraba una luz cenital que iluminaba la estancia de manera gradual y quedando más iluminado la parte superior del templo y más en tinieblas la parte más inferior, este hecho era utilizado como símbolo de la luz divina y separación del plano celestial del terrenal, un uso de la luz gradual y donde los planos de poder se establecían entre Dios, en el superior, y las personas, en el plano terrenal.


Maqueta de la sinagoga de Santa María la Blanca (Toledo), se puede apreciar los pequeños vanos en la parte superior de cada nave.

También, este tipo de ventanas se utilizaba para reducir o aislar los ruidos externos y permitir la oración de los fieles o desempeñar los estudios o demás actividades que se estuvieran desarrollando en el interior de la sinagoga. Pero existe un motivo más, este tipo de ventanas también impedían que desde el exterior se oyeran los rezos y oraciones y eso les protegía de posibles ataques que con frecuencia recibían los judíos.

El patio era otro de los elementos claves en las tipologías basilicales, tanto en la basílica romana, como en las mezquitas, que se usaban como lugar para las abluciones, en él se encontraba el pozo o fuente donde los musulmanes se lavaban para purificarse antes de entrar en el espacio sagrado; en las sinagogas, el patio tiene una función similar al “patio” de la basílica romana, un espacio de reunión y de relajación, que no tiene vinculación directa con la liturgia hebrea. Recordemos, que al igual que la Basílica romana, eran espacios de múltiples usos y por lo tanto el patio era ese lugar de encuentro.

Interior de Santa María la Blanca. Toledo

Interior de Santa María la Blanca (Toledo) donde se ven la nave central y laterales y las arcadas y columnas que las separan.

Por tanto, las primeras sinagogas y algunas construcciones sefardíes estuvieron íntimamente influenciadas por las basílicas romanas, hecho que generó confusión posteriormente, principalmente en el siglo XIX, y muchos de estos templos fueron tratados como mezquitas, ya que éstas también heredaron la planta basilical romana, y las sinagogas tomaron “prestado” para su decoración, elementos musulmanes.

http://loslugarestienenmemoria.blogspot.com.es/2011/07/y-la-basilica-romana-se-adecuo-para.html

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