lunes, 2 de febrero de 2015

Sobre el "morbo gótico por el destronamiento"

Analizamos las razones de la inestabilidad de la monarquía visigoda, entre las cuales se encontraba su carácter electivo, y recordad cómo apuntábamos un dato demoledor: de 34 reyes visigodos, sólo 15 terminaron sus días de muerte natural o en la guerra y diez serían asesinados.

Otros muchos serían destronados mediante diversas argucias, y entre ellos se encontraba Wamba. 

La historia de Wamba comienza en las Kalendas de Septiembre del año 672 con la muerte de su antecesor Recesvinto. Y su historia se mezcla con la leyenda en la forma en que fue seleccionado, según la cual un santón, que decía hablar por mandato divino, ordenó se buscara, para ser proclamado rey, a un noble campesino de nombre Wamba que araba con un buey blanco y un asno. 

Este se resistió con mil argumentos (entre los cuales citó su avanzada edad) ante tan insólito nombramiento y viendo que el sentido común no iba a salir en su defensa, apeló al “juicio de Dios”, que hizo reverdecer un palo seco que clavó en la tierra, pero a pesar del milagroso resultado, sólo ante la amenaza de decapitación por parte de un noble visigodo cedió ser coronado. Su preelección, que fue respaldada por toda la nobleza y por aclamación del pueblo, tuvo lugar el 21 de septiembre del año 672 en la localidad de Gertici o Gérticos (cerca de Valladolid), después llamada Bamba en su honor.

Para que no se pensase que, estimulado por la ambición, se hubiese apropiado indebidamente del poder, sino más bien que lo recibió del Señor, no toleró ser ungido en Gérticos y exigió ser coronado en la ciudad real de Toledo, y así mantener, e incluso acrecentar, el consenso alcanzado en su preelección. El 20 de octubre de 672 es ungido en la ciudad real por el Obispo Quirico y coronado rey. La leyenda se entrecruza una vez más con la historia narrándonos que donde el óleo había sido derramado, se elevó una especie de columna de humo, y se vio salir una abeja, que era considerado un signo de felicidad venidera.

Reinado de Wamba

Su reinado no fue fácil, pues lo pasó casi enteramente sofocando las luchas internas de la nobleza contra la monarquía, los nobles entre sí, los católicos contra los arrianos y la población hispanorromana contra los visigodos. Además tuvo que sofocar una rebelión de los vascones, y en el 672 hubo de enfrentarse a un nuevo y desconocido peligro: la invasión de norafricanos o árabes, que intentaron pasar a la Península por Algeciras, intento que fue rechazado por los visigodos.

Al poco tiempo de ser coronado, en el año 673 tuvo lugar una revuelta de algunos nobles visigodos encabezada por Ilderico, que se había proclamado rey , en la región de Septimania en la Galia (“madre de la perfidia”). Wamba envió al duque Paulo (convertido al judaísmo) para sofocarla, pero éste inició su propia rebelión en Narbona. Paulo reemplazó a Ilderico y se proclamó a su vez rey en Gerona. Ante la situación, Wamba, que se encontraba combatiendo a los vascones que invadían Cantabria, se pone al frente del “ejército de Hispania” realiza una operación relámpago y los derrota. Acto seguido tomó por las armas Tarragona, Barcelona y, dominando finalmente la sublevación de Narbona y capturando a Paulo, que tuvo que desfilar por las calles de Toledo con la cabeza rapada y llevando una corona de raspas de pescado. 

Durante estos y otros hechos militares cuenta la historia que Wamba dio muestras de ser un hombre justo y bueno castigando severamente incluso a sus propios soldados si cometieron actos criminales contra la población, ordenando que los francos capturados fueran tratados dignamente, se les devolviera a sus propios lugares, y diciendo que el vencedor no debe mostrarse inclemente con los vencidos; y sin aplicar ninguna sentencia de muerte a los cabecillas de la las revueltas sino sólo una humillante decalvación. Sin embargo, por entender que los judíos tuvieron gran culpabilidad en la rebelión, ordenó expulsar a aquellos judíos que no se convirtieran al cristianismo. Según la tradición, el rey Wamba, después de derrotar la rebelión de Narbona, trajo desde allí las reliquias del mártir Antolín, príncipe visigodo ejecutado en Toulouse a fines del siglo V. Se depositaron en lo que después fue la cripta de San Antolín de la catedral de Palencia.

Estas revueltas dieron lugar a que Wamba, con visión de reino de Hispania, aprobara la Ley Militar que obligaba a los nobles y eclesiásticos de todas las religiones (bajo pena de muerte, confiscación de bienes y exilio) a acudir con las tropas en caso de invasión o rebelión.

Wamba convocó asimismo el XI Concilio de Toledo del año 675, en el cual se dictaron medidas para corregir los abusos y vicios eclesiásticos, así como llevó a cabo la partición de los obispados.

Derrocamiento de Wamba “El Tonsurado”

Fue tras una de las rebeliones católicas cuando Wamba puso en su contra a todo un sector católico que conjuró en su contra. En el 680 fue narcotizado con un bebedizo a base de esparteina (un alcaloide altamente narcótico que produce altas fiebres) que Wamba tomó engañado. Tras esto, permaneció semiinconsciente durante el tiempo suficiente como para convencer a todos que estaba gravemente enfermo. 

En este estado por consejo de los conspiradores entre los que estaba el obispo Julián de Toledo, decidieron raparle la cabeza, realizarle una tonsura monacal, quitarle sus ropas, cambiárselas por las de un monje para que fuera ordenado antes de morir, como ya habían hecho algunos reyes anteriores. Una ley goda prescribía que ningún godo podía reinar si en algún momento de su vida había vestido hábitos. Cuando Wamba vuelve en sentido, se encuentra como monje y por mucho que intenta recuperar la corona, le es imposible argumentar conjura. Desamparado, le hacen firmar un documento por el que reconoce a Ervigio (cabecilla de la conjura contra el rey) como nuevo rey, que recibió la corona y la unción por parte del obispo Julián de Toledo.

Después de estos sucesos, Wamba se retiró al monasterio de Monjes Negros de San Vicente en Pampliega (hoy desaparecido) y allí murió en el año 688. Su cuerpo se conservó allí sepultado hasta que Alfonso X lo mandó trasladar a Toledo a la iglesia de santa Leocadia. Otro noble llamado Ervigio (cabecilla de la conjura contra el rey) recibió la corona y la unción por parte del obispo Julián de Toledo. Pero Wamba no se cruzó de brazos, movió sus piezas y consiguió que su sobrino Egica se casara con la hermana de Ervigio, y que a la muerte de éste en 687 pudiera ver a su sobrino ser coronado como rey. ¡Todo un folletín¡.

Resumen

En resumen, estamos ante un Wamba de linaje visigodo, campesino primero, luego rey y finalmente monje. En todos sus estados de la vida él actuó bien, y tuvo fama de valeroso, tranquilo y mesurado. (Por cierto que al asumir ser rey ya con una edad avanzada nos da un buen ejemplo a los compañeros de la “Añada de 1957” que no hay que escudarse en que “es que soy ya muy viejo” o “los de Burgos somos así” para poder hacer muchas cosas).

El propio obispo Julián de Toledo, uno de los conspiradores de su derrocamiento, se convirtió en historiador de Wamba , de quien dice “..el ilustrísimo príncipe Wamba, quien dignamente quiso el Señor que reinara, a quien la unción sacerdotal consagró, a quien la comunidad de todo el pueblo y de la patria eligió, a quien el favor de la muchedumbre solicitó, y de quien, antes del declive del reino, se predice, en gran número de ocasiones, que reinará ilustremente”

Fue el último rey que dio esplendor a los visigodos. Con su muerte comienza el principio del fin del Reino de los visigodos que fue roto por la decadencia de la monarquía y las disensiones y luchas de la nobleza. Este declive general terminó sólo con el final del reino tras la conquista musulmana de Hispania de 711.

Fuente: 

http://senderosdhistoria.blogspot.com.es/search/label/DOCUMENTOS%20H%C2%AA%20ESPA%C3%91A
http://ealiceocastilla-1957.org/patrimonio/patrimoniowamba.html

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