lunes, 23 de febrero de 2015

El callejón del Justo Juez, Toledo

El callejón del Justo Juez es un estrecho y olvidado rincón muy cercano al edificio de la Diputación Provincial.

Tras este nombre se esconde una de las leyendas más conocidas de Toledo, que ahora te invitamos a descubrir, narrada por Pablo Gamarra en "Aguafuertes toledanos". 

Fue allá por el año de gracia de 1592. Regía por entonces los destinos de España Felipe II, el Prudente. 

En este callejón estaba la mansión señorial del muy noble don Alonso de Hurtado, de cuya única hija, doña Elvira, estaba prendado don Francisco, joven galán, primogénito del corregidor de Toledo, don Luis Fernández de Córdova.

Sucedió, para mal de los amantes, que una noche la dueña de doña Elvira se quedó dormida con el rosario entre sus dedos sarmentosos. El padre de la dama, advertido por delator anónimo, sorprendió a la pareja.

La lucha, al principio, fue rehusada por el galán, no queriendo cruzar su acero con el padre de su amada; pero acosado por éste, desenvainó su espada y la hundió en el pecho de su adversario.

Cuando el corregidor de Toledo, don Luis Fernández de Córdova, supo que había sido muerto su amigo y compañero de armas don Alonso Hurtado, juró que con mano dura castigaría al culpable, ignorando quién era el matador.

A la cárcel de Marrón fue llevado por los corchetes el joven don Francisco, y en la misma prisión, el corregidor de Toledo dictó sentencia de muerte, aun sabiendo ya que se trataba de su propio hijo. No podía faltar a su juramento ni dejar de hacer justicia.

Cuando el reo era conducido a la Plaza de Zocodover, lugar de la ejecución, en briosos corceles llegan los emisarios de Felipe II, que en estos momentos avistan la ciudad desde el Hospital de Tavera. 

El corregidor tiene que salir por la puerta de Bisagra a recibir a su señor, acompañado de las señorías de Toledo.

El rey recibe el homenaje de sus vasallos, y sabedor de la lealtad y sacrificio de don Luis, le dice: 

Corregidor, eres digno de que te abrace. Sobrepones a tu dolor de padre los sagrados deberes de la Justicia; pero Dios, que es el Juez Supremo, nos juzgará a todos en su día. 

Por hoy quiero llevar la alegría a tu pecho de padre; que también el corregidor se alegrará. ¡Tu hijo está perdonado!

Foto: a la derecha, callejón del Justo Juez en Toledo. Foto: GoogleMaps. 

Autor: Gamarra, Pablo. (1956). Aguafuertes Toledanos. Toledo: Gómez Menor.

Juan Luis Alonso Oliva  Publicado el 07 Febrero 2015

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