miércoles, 31 de diciembre de 2014

El Nacimiento de los Cigarrales en el Siglo XVI y su desarrollo en el Siglo XVII (I)

EL NACIMIENTO DE LOS CIGARRALES EN EL SIGLO XVI Y SU DESARROLLO EN EL SIGLO XVII.

Como hemos visto, no es que en los alrededores de Toledo no existieran fincas rústicas de recreo durante la Edad Media cristiana, la primera fue la Huerta del Rey, propiedad de la aristocracia urbana desde fines del siglo XIV, a la que siguió la huerta del Marqués de Villena a finales del siglo XV que, con el tiempo, se convirtió en el Cigarral del Ángel. Pero, en general, estas propiedades se sitúan en las vegas, aprovechando las posibilidades de regadío del río y no todavía en los riscos del sur del torno del Tajo.

Lucio Marineo Sículo, en el primer tercio del siglo XVI habla de los sotos de los alrededores de la ciudad como “Los más fértiles y fructíferos de toda España, los cuales sotos tienen en largo por la una y por la otra parte más de cinco millas, y por la otra parte occidental otro tanto”. Ensalza mucho los olivares, viñas y almendros y otros árboles que se criaban en los alrededores ciudadanos

A Pedro de Alcocer en 1554 no le llamaron la atención los cigarrales, ya que no hizo referencia a ellos, sino las huertas y el arbolado de las vegas: “Es el asiento desta ciudad alto, áspero, firmísimo y inexpugnable: fundado sobre una alta montaña de dura y brava peña del tamaño della misma, cercada quasi en torno del famosísimo río Tajo, que a la forma de una herradura, cerca la mayor parte della: cuyos callos o extremos, son la entrada y salida de él, que por una pequeña distancia se aparta el uno del otro, quedando esta ciudad en medio de él a manera de isla. 

Y puesto que las riberas deste río, antes de llegar a la ciudad y después de apartado de ella van coronadas de frescas y hermosas arboledas, llena por todas partes de sotos y huertas, con gran muchedumbre de árboles frescos y deleitosos (...) Adorna mucho a esta ciudad, la frescura de sus sotos, huertas y arboledas fructíferas que entorno a ella hay.”

Será Hurtado de Toledo quien tenga el honor de ser el que primero cite el nombre de cigarrales en su obra de 1576:

“Aunque Toledo por su antigüedad y cultivación no tiene montes cercanos de donde ser de leña proveída, tiene a tres o cuatro leguas el común que llaman, donde queriendo enviar qualquier ciudadano fácilmente de gracia es proveído, y no solamente de la leña que se puede quemar, mas también madera para los arcos de las cubas, exes de carros y otros servicios agrestes, demás de esto como haya en sus sotos, vegas, montes, muchos cigarrales y casas de recreo, siempre hay alguna leña (...)”. En este caso distingue los cigarrales de las casas de recreo.

En el Capítulo 21, “De las riberas, sotos, huertos, frutos y pescados cercanos a la dicha ciudad“, describe las distintas propiedades de recreo que se extienden en los alrededores urbanos, tanto en las vegas como en la meseta cristalina:

“En las riberas del río Tajo, legua y media antes que llegue a Toledo, a la parte de oriente, comienzan de un lado y de otros, dos fertilísimos y amenos sotos, cuyo comienzo es la huerta de Higares que con sus molinos, iglesia y dehesa, posee el caballero de la Orden de Calatrava (...) llamado don García de Toledo, señor de Higares. De aquí se siguen como dicho es las dos riberas de sotos, llamadas el soto
del Lobo y el soto del Cardete.

 La mayor parte de la arboleda de estos sotos son membrillares (...) es grande su cosecha, dura en los árboles desde el mes de julio hasta diciembre y en las cámaras todo el año (...)Tienen así mismo estos sotos grande copia de vides de uva temprana, suave y delicada ciruela de todas suertes y tiempos, manzana xavi, más suaves que camuesas de la Vera...y hay albérchigas y
albaricoques, aunque por temor de los muchos ladrones y por ser fruta de precio, con las peritas que dicen de San Silvestre y vinosas, sus dueños las van extirpando.

Síguese al soto que está cabe la ribera del río al oriente, la casa, heredad y huerta que dizen de Rodrigo Niño, la qual está a media legua de la ciudad, dende la qual hasta la casa y el jardín artificioso de don Antonio de Córdova, caballero de la Orden de Santiago, hay muchos tejares de teja y ladrillo(...) Está luego la casa y jardín de Alonso Manrique, dende la qual comienza la celebrada y amena huerta que llaman del Rey (...) en esta huerta hay todo género de hortaliza de que la ciudad es
proveída y los mejores cardos de España. Abundan también esta huerta de la fruta que de los sotos hemos contado y de las venenosas berenjenas (...) Al lado de esta huerta están los mesones, abrevadero y parador de los carros que vienen con trigo y carbón y otras provisiones (...)

En la otra parte la ribera del río hacia poniente dende Higares, se sigue, como dicho es, el otro soto y de él se deriva una hermosa y pequeña población llamada Azuqueica, nombre árabe que es la junta de las caserías de los herederos de dicho soto. De nuevo en este lugar se han labrado algunas buenas casas de morada y recreo como son las del jurado Alonso Sánchez Hurtado, las del doctor Toro y otras que se van labrando. A este soto se sigue el pago de Calencas y huerta de Alaytique de mucha frescura y recreo, en la cual está una de las más famosas azudas de este río. 

Debajo de esta huerta ha dejado el río por descargar su conciencia lo que muchos años antes había comido y robado, en lo qual se ha plantado un badén y membrillar fertilísimo. Dende aquí va una ancha rambla, donde están formadas muchas casas de morada (...) Síguese de aquí el río llano, que por la Puerta Nueva sirve en sus molinos, y a los que se proveeen de agua limpia antes que entre en la
ciudad, y lugar cercano para las lavanderas, fácil y llano para lavar.

Entre este brazo de río y ese otro que se divide al abrevadero de la Huerta del Rey, está una viña y arboleda muy fértil (...)enfrente de esta isla está una pequeña huerta que dicen de San Pablo, cuyos edificios están arruinados Después de haber cercado este río la ciudad, sale debajo de la Puente de San Martín a la llana vega, donde, aunque pequeñas hay muchas huertas cercanas y deleitosas en sus riberas, y otra isleta, que dende las vistillas de Santo Agustín da notable recreo su vista. Y a la parte del poniente, enfrente del Pradillo y lo que llaman las azudas, está la huerta y casa de campo del Marqués de Villena, la Huerta del Comendador y Vega de San Román y Corral Rubio, heredad y presa de los frailes Jerónimos de las Sisla...”

En el Capítulo 45 en que habla de “las casas, cortijos, jardines, heredades y labranzas cercanas a Toledo y de donde se provee”, es donde afina su concepto de Cigarral y propone una etimología para la palabra:

“De las casas, cortijos y heredades que hay cercanas de esta ciudad se puede poner poca cuenta, porque algunas de ellas son de tan pequeño sitio que parecen sepulturas o celdas de frailes cartujos, tiene algunas cuatro arbolicos, una fontezuela y una pieza de tapias o enramada paxiza, esto a la parte de poniente, donde llaman Solanilla o Morterón. Lo que se puede poner en alguna memorias es esto, dando la vuelta al circuito redondo: a la parte de oriente una casa y jardín que ha labrado don Antonio de Córdova, caballero de la Orden de Santiago...síguese a esta, la Huerta del Rey, que sin tocar en su fruta, es libre entrada para los que en sus veredas y riberas se quisieren recrear. 

De la otra parte del río, las casas que llaman de Capiscol, que al presente posee don Juan Zapata de Sandoval, están cabe Lázaro Buey, y de allí vienen por las azudas al jardín y casa del secretario Vargas. Al poniente el dicho cerro de Solanilla o Morterón está la casa de Hernán Pérez de Guzmán con su huerta, la casa del marqués de Villena, aunque arruinada y caída; la casa y huerta de don Gutierre de Guevara, la huerta y casa del arcediano de Segovia, la casa y bosque que labró Diego López de Ayala, obrero y canónigo de la Santa Iglesia de Toledo; la casa, huerta y pozo de Fernán Suárez Franco que labró Juan López de León; la estancia de San Pedro de Sahelices; la casa de don García; la casa y huerta de la Sisla; la casa y soto y dehesa de las Nieves que es de los frailes dominicos. Todas estas casas y huertas por la esterilidad del agua y por la mucha frecuentación de las gentes de esta ciudad y poco cuidado o posibilidad de sus dueños son muy estériles y de poco provecho y de mucho gasto, por lo qual, corrompido el nombre de cigarrales, los llaman algarreales.”

El padre jesuita Jerónimo Román de la Higuera (1538-1614) en su “Historia Eclesiástica de la Imperial Ciudad de Toledo” comenta: “Hállanse en contorno de esta ciudad muchos cigarrales, así dichos porque en el estío cantan allí mucho las cigarras, y por la mayor parte son los más preciados, que están fuera de la puente de San Martín y, entre otros, (...) el que labró no lejos del monasterio de San Bernardo el Ilmo. Sr. Don Gaspar de Quiroga, arzobispo de Toledo, gastando en él cerca de cien
mil ducados, donde tiene estanques, huertas y jardines muy lindos, fuentes, baños y todo género de recreación (...)

En general el temple y aires de estos cigarrales son los más saludables de toda la tierra. Cógense en estos altos las mejores rosas, más hermosas y de mayor virtud de toda España (...) Tiene más nuestra ciudad por particular regalo las mejores damascenas que se hallan en España, así en grandeza, color blandura y sabor, que se crían en estos cigarrales de secano (...) Tiene también esta ciudad dos sotos, el del Lobo y el del Cardete donde se recogen los mejores membrillos de toda España (...)”

Francisco de Pisa en su “Descripción de la Imperial ciudad de Toledo”, escrita en 1605 también nos especifica los propietarios de los cigarrales, en el Capítulo XV, “De otras huertas, cigarrales y sotos que hay fuera de los muros”:

“Tiene esta ciudad fuera de los muros gran abundancia de huertas, jardines, cigarrales y casas de campo donde se halla todo género de árboles frutales, hortalizas y flores que, además de provecho que dan para el sustento, sirven de recreación, entretenimiento y salud. El río Tajo con su curso y rodeo alegra la ciudad y la enriquece de mantenimientos, por entrambas riberas, la superior, la que mira al Oriente, por el espacio de la famosa legua, amena y deleitosa, con abundancia de huertas, árboles y alamedas; la inferior y más baxa, hace el mismo oficio: entre las quales la principal huerta es la que llaman del Rey, que en medio tiene los palacios o baños llamados de Galiana. Al Occidente, a la orilla o ribera del Tajo hay otras mil huertas, desde Santa Leocadia la de fuera, con el vergel del secretario Vargas, y de las callejuelas, hasta San Pedro el Verde, y la huerta que llaman del Capiscol.

Autores: Alfonso Vázquez González y Pilar Morollón Hernández
Fuente: http://abierto.toledo.es/open/urbanismo/03-CIGARRALES/Memoria/Historico.pdf

El Antiguo Casino de Toledo

Parte superior del edificio

El Centro de Artistas e Industriales, organismo fundado en 1865 y verdadero nombre del Antiguo Casino de Toledo, construido en el primer cuarto del siglo XX, combina diversos estilos arquitectónicos siguiendo la tendencia eclecticista, presente en España durante el último tercio del siglo XIX. 

Así, podemos observar en su fachada cómo se combinan una estructura de estilo renacentistam con un material propio del estilo mudéjar como puede ser el ladrillo, utilizándose además el granito y la mampostería.

De fábrica cuadrada y cuatro plantas de altura, cuenta con un torreón situado en la esquina achaflanada donde se encuentra la entrada principal.

El edificio del antiguo Casino de Toledo (España), pertenece a la corriente de eclecticismo que se desarrolla en Europa en el siglo XIX

El Arquitecto, Felipe Trigo, conjugó elementos renacentistas, en la configuración y planeamiento de la fachada, y mudéjares, en la utilización del ladrillo.

La construcción, cuya planta es un cuadrilátero, casi perfecto, cuenta con cuatro plantas y torreón; este último forma esquina achaflanada y acoge la entrada principal.

Los materiales empleados en el exterior son muy dispares. Se ha utilizado el granito en zócalo, portada, esquinas y elementos decorativos; ladrillo en recercados de huecos, remates y torreón, y mampostería en los lienzos.

Se pueden diferenciar dos zonas constructivas, atendiendo a la época en que fueron levantadas. La más antigua data de los años 1920 y la más reciente fue construida en los años 1960.

El cuerpo principal del edificio tiene su fachada a la plaza de la Magdalena. La construcción se asienta sobre un zócalo de granito, que posee varios huecos de ventanas enrejadas para dar luz al semisótano. 

En el primer cuerpo de esta fachada, observamos tres huecos recercados, formados por pilastras que sostienen arcos de medio punto; la segunda planta presenta cinco balcones, de los cuales los tres centrales poseen barandilla corrida. Tales como balcones con adintelados, excepto el del medio, que presenta un arco apuntado, enmarcado en piedra, y sobre él, el escudo de la ciudad, flanqueado por semipilastras. 

La tercera planta está compuesta por ventanales, separados por pilastras, sobre los que descansan arcos de medio punto. Están divididos en dos sectores de tres huecos cada uno. A continuación aparece la cornisa, precedida de una decoración a base de ladrillo, e interrumpida por la prolongación de un frontón central que comienza en el piso inferior. La cornisa, también realizada en ladrillo, es sostenida por ménsulas en ladrillo aplantillado. 

La fachada orientada al callejón del Lucio presenta un esquema compositivo semejante. La unión de ambas fachadas propicia un chaflán en torre, que se divide en cinco cuerpos. El acceso se realiza a través de un gran portalón de arco de medio punto, compuesto por dovelas acodadas, sobre las cuales se abre una ventana con reja. La puerta presenta una escalinata y cerramiento con verja de hierro.

En el interior hay con un amplio recibidor, con puerta al frente, de acceso al piso inferior mediante escalones descendentes y, a ambos lados, doble escalinata que conduce al segundo piso.

Los sillares, ladrillo y verjas presentaban impactos de bala de los combates que se produjeron en Toledo durante la guerra civil, visibles hasta antes de su restauración al menos.

Ha sido declarado Bien de Interés Cultural.
Localización: Plaza de la Magdalena.

Wikipedia
http://www.unaventanadesdemadrid.com/toledo-x.html

martes, 30 de diciembre de 2014

Cañada Real Soriana Oriental a su paso por Toledo

La Cañada Real Soriana Oriental es una de las Cañadas de la Mesta, de unos 800 km de longitud que parte de la provincia de Soria y llega a la de Sevilla.

La Cañada que nos proponemos analizar corresponde a la descripción de un documento del año 1857, que obra en el Archivo y Secretaría de la Asociación General de Ganaderos, y al reconocimiento practicado por el Visitador don Celestino del Río, en los años 1852 y 1853. 

Esta Cañada principal - dice el citado documento- viene de la provincia de Logroño y pueblos de la sierra de Cameros, a la altura de Monte Real, término de Munilla, confinando con término de Yanguas.

Ya desde su arranque una colada de 50 varas de ancho hará posible recoger los rebaños procedentes de Villar de Maya, La Laguna y Verguizaspara incorporarlos en el puerto de Vizmanos a la cañada principal.

Al salir de Fuentidueña de Tajo la Cañada se adentra en Toledo, por término de Santa Cruz de la Zarza. Los términos de Santa Cruz de la Zarza yVillatobas presentan una Cañada llana, no desprovista de alguna vallonada . Prácticamente todo el terreno que linda con ella está acotado. En la venta de Cedrón la ruta del ganado va hasta un fondo de juncos y atraviesa el ferrocarril desmantelado. De la Cañada de Santa Cruz de la Zarza se desprende por la derecha un ramal o vereda, que penetra en el territorio de la encomienda de Montealegre, para los ganados que quieren aprovechar sus pastos y abrevar en el sitio de Los Hundimientos (topónimoligado a los solubles terrenos subyacentes), mediante la retribución de veinte y cuatro maravedises por rebaño, como dice la Carta.

A diferencia de la vieja Castilla, los pastores -ya en tierras de La Mancha- acudían al sistema de igualas, que no debe confundirse con "la contenta". Las igualas se hacían en La Mancha, en la campiña. Los guardas eran los encargados de señalar dónde se podía igualar un terreno, por ejemplo un alubial y sobre todo la pampa o pámpana de la viña. una vez ajustado el precio con el propietario, los pastores ladeban el ganado. Sin embargo "la contenta" no era una simple propina, sino un precio más bien simbólico que los pastores pagaban a los dueños de las fincas colindantes, por permitir que el ganado aprovechara la hoja, lo que en Castilla se conoce como derrota de mieses.

Rebaño de ovejas en La Mancha, España.

Llega otra Cañada, por la izquierda, que proviene del lado de Cuenca, porCabezamesada. Se cruza la carretera N-III de Madrid a Valencia y se atraviesan terrenos extremadamente llanos.

Esta parte de la vía pecuaria se sigue perfectamente con la hoja núm. 659, ya en el término de Corral de Almaguer. Continua por una gran planicie, de la que apenas si resalta algún que otro monte-isla del sustrato, como el de San Antón.

Se faldea el cerro y se bordea el término de Lillo, yendo siempre por el de Corral de Almaguer. Prosigue la vereda (por estos parajes se la llama así) por el término de Villacañas, siguiendo la ribera del Riansares y puente inmediato al Molino de Paulés. Es la llamada Mancha húmeda y la vereda presenta buena hierba, juncales junto al Masegar (lugar de masiega y plantas típicas de las zonas pantanosas de La Mancha), y Paulés, otro topónimo indicativo de lagunazo de poco fondo, con vegetación, locución usada en buena parte de España con diversas variantes. Por el Riansares se alinean varios molinos de mucho arte debido a las escasos caudales y desniveles; uno de ellos conserva la denominación e [Molino de Abajo. La vereda atraviesa la tierra de Tomás Maqueda, donde aparece un puente para pasar cuando el río se desborda.

Pasado el ferrocarril de Alicante, en la Chinforrera (nombre con el que se conoce a las edificaciones aisladas en esta parte de La Mancha) de los Romanos, se incorpora la Cañada de Cuenca, que entra en la Soriana por el saliente. Por supuesto se trata de la colada más importante que recibe la ruta ovina soriana. Esta colada atraviesa allí mismo el Riansares, debido a que el río es deglutido por el terreno y se corta de momento su corriente. En este punto la distancia desdeYanguas (Soria) es de 342 km.

Allí se forma un nudo muy interesante de cañadas. Por ejemplo, los pastores de Cuenca tomando la Soriana podían ir alValle de Alcudia pero también los sorianos podían proseguir más al sur y unirse a las galianas más meridionales conquenses por medio de otro ramal que partía de las casa de los Romanos, y por Quero, iba, norte-sur a Manzanares. Junto a la laguna de Taray, una vez más estamos en La Mancha húmeda ( su nombre alude a los hermosos árboles, de la familia de los tarajes que la bordean). La laguna de Taray tiene un vaso de un km de diámetro de origen endorreico y es un refugio de anátidas. Seguidamnte, al lado contrario, derecho, se deja la laguna de Tírez.

Al entrar la ruta en término de Madridejos (hoja 713) se divisan a la derecha Consuegra y sus molinos. Se van acercando las estribaciones de los Montes de Toledo. En el río Amarguillo el paso es impracticable. El paisaje de olmos grandes en medio de campos de viñas es jugoso y sereno. La carretera nacional de Andalucía enfila al meridiano, mientras que la Cañada apunta hacia los Montes de Toledo, abandonando La Mancha que se abre al sur. La Cañada a medida que se aproximan los Montes de Toledo, recorre terrenos duros y bravíos de abundante caza. El nombre del paraje: Contadero Viejo sin duda hace referencia a las entradas de ganados mesteños en posesiones de la Orden de San Juan.

En La Perdiguera se suben unos 50 m para volver a terreno llano. Las Casas de Plata y el Rasillo, en término deMadridejos y Valdeperal y el Herradero en el de Consuegra son fácilmente identificables en la actualidad según las citas de la guía. Se pasa el Puerto del Reventón que da entrada a la llanura de Urda (hoja 712). A partir del Puerto y en media docena de km la Cañada faldea la Sierra de Enmedio. Desde la Venta de la Serna o de la Serrana, se toma el viejo "camino de las carretas" y se baja por una larga junquera de la vaguada, a la izquierda de la carretera de Toledo a Ciudad Real.

Fuente: Wikipedia

Adarve Abzaradiel de Toledo

Estatua de Isabel de Castilla frente al Palacio de la Cava
Un adarve (del árabe «ad-darb» o, según otras fuentes, «adz-dzir-we» como «muro de fortaleza»), camino de ronda o paseo de ronda, es un pasillo estrecho situado sobre una muralla, protegido al exterior por un parapeto almenado, que permitía tanto hacer la ronda a los centinelas, como la distribución de defensores.

Comunica los diferentes elementos de defensa vertical, como puestos de vigilancia u otros. Puede ser cubierto o volado entre dos torres que defienden la puerta principal del Castillo.

Fue muy utilizado en las fortificaciones de la Edad Media.

Restos del antiguo cerco judío se conservan todavía bajo el torreón del actual Palacio de la Cava, restaurado en el siglo XIX, los cuales podrían corresponder, según diversos estudios, al adarve de Abzaradiel, que iría desde Santo Tomé hasta la Puerta de los Judíos. 

A este pasaje daban las puertas de arrabal más grande de los judíos (arrabal que quizás comprendería toda la judería a excepción del Alacava y San Román) y también el adarve de la Assuica.

 Podría constituir la primera cerca que limitaba la judería del resto de la ciudad antes de su extensión superior hacia el Alacava y San Román.

http://www.toledosefarad.org/JUDERIA/juderia.php

lunes, 29 de diciembre de 2014

Taifa de Tulaytulah (TOLEDO siglo XI)

Si analizamos el siglo XI, veremos que Toledo fue una ciudad, que sigue siendo única; estamos ante una ciudad que sufrió profundas transformaciones a lo largo de la segunda mitad del siglo XI, y cuyo acontecimiento central fue la entrada en la ciudad de Alfonso VI en 1085, una mal llamada conquista de la ciudad.

Desde aquel entonces es considerada ciudad cristiana, para seguirlo siendo hoy en día. La historia de Toledo es la historia de un antes y un después de esa fecha, pues en pocas ocasiones se puede subrayar la identidad cultural y espiritual como lo hacemos con la separación y diferencia entre el Toledo musulmán, y el Toledo cristiano castellano. En pocos años la ciudad cambió abruptamente, no solo de dirigentes y gobierno, sino también de prácticas culturales.

Hasta esa fecha Toledo fue una de las taifas musulmanas más ricas de la península. Su territorio se extendía por varias provincias importantes de España, y la capital, junto al Tajo, era rigurosamente inexpugnable desde el punto de vista militar. Esto conviene explicarlo, porque nos da cuenta de la solidez y fortaleza de la ciudad. Toledo se extiende junto al meandro del río Tajo. Uno de los pocos puentes (ver en el mapa en la letra e) que cruzaban el Tajo en aquellos años de la segunda mitad del siglo XI se encuentra en la ciudad, pero dentro de la muralla. Por tanto era imposible, o al menos muy complicado para los cristianos del norte entrar en zona islámica por Toledo. al otro lado del río, los cigarrales y las fincas de recreo ocupaban la vista y la vida de los musulmanes acomodados (ver letra d en el mapa).

No tengo tantos estudios hechos, pero creo asegurar que no era posible atravesar el Tajo aguas abajo hasta el puente romano de Alcántara, ya en tierras muy cercanas a la frontera de la actual Portugal, provincia de Cáceres. La línea que dibujaba el río Tajo creaba una línea fronteriza natural agreste y complicada de atravesar, supongo que no imposible en algunos lugares más vadeables, o con barqueros, y quizás puentes de madera.

Por tanto, esto nos sirve para valorar que Toledo era la puerta de entrada de los cristianos al mundo musulmán del sur, al menos en el centro y oeste de la península, aceptando las excepciones, que seguro que hubo.

El meandro, como digo, formaba una línea natural de protección de la ciudad, y una tercera parte de la ciudad estaba protegida por una muralla alta, sólida y fuerte. De hecho, la ciudad contaba con tres amurallamientos. El primero el más externo se conserva en gran parte, y es donde se encuentra la famosa puerta de la Bisagra (letra G en el mapa), llamada en árabe Ab-sagra. Junto a ella la actual puerta de Alfonso VI (letra H), por donde según la tradición entró Alfonso VI en la ciudad, y bastante más abajo la segunda puerta, la de los judíos (letra F), que daba directamente a la judería de la ciudad.

La puerta i en el mapa, era un portón, pequeño y estrecho, destinado a los vecinos que entraban y salían directamente al barrio de la Antequeruela (en color naranja). La misma ciudad en su interior contaba con otros amurallamientos internos. El barrio de la judería estaba protegido y amurallado dentro de la ciudad (número 1 en el mapa), cuyas puertas se cerraban por la noche, y dentro también de la ciudad estaba la puerta que separaba el barrio de la Antequeruela, (número 3 en el mapa) en la parte más baja de la ciudad, separando éste de la parte más alta, que en el mapa está señalada con la letra h.

Es decir, Toledo es una montaña imposible de flanquear por cualquier ejército medieval, musulmán o cristiano. el tercer amurallamiento de la ciudad, el alficén (letra 2 del mapa en color verde oliva) lo ocupaba la zona donde residía el emir de la ciudad, el reyezuelo de la taifa, en una ubicación que actualmente es ocupada por el Alcázar, en la zona más alta de la ciudad. Como vemos, Toledo, rodeado por tres murallas, y con un control sobre el puente era la ciudad musulmana más complicada de conquistar junto con Valencia.

¿Por qué se produjo entonces la derrota y cambió de manos musulmanas a manos cristianas? Básicamente por el desorden interno y las revueltas y disensiones de la ciudad.

Toledo estaba poblado, desde los primeros tiempos del islam en España, por una población cristiana mozárabe muy sólidamente asentada en la ciudad. Era la ciudad de los Concilios cristianos, la ciudad de la conversión de Recaredo, y no iba a convertirse fácilmente al islam. Estos cristianos sufrieron los rigores de tener vecinos musulmanes, y gobernantes musulmanes, no siempre benévolos con ellos.

Pero resistieron, y culturalmente siempre se consideraron resistentes y fuertes en su fe. De hecho, se habla de la convivencia de las tres cultura en Toledo como una realidad más mitificada por el buenismo ideológico que por la realidad. Se llevaban bien con los vecinos, pero lo cierto es que los mozárabes pagaban más impuestos que el resto, y lo mismo le sucedía a los judíos sefardíes de la ciudad. Estas minorías religiosas y étnicas tuvieron que soportar cada cierto tiempo como sus barrios y sus casas eran asaltadas por musulmanes no tan partidarios de una convivencia pacífica. De hecho, esto mismo sucedía en las ciudades cristianas con respecto a las minorías judías o moriscas.

¿Cómo interpretar esta violencia? La antropología social y cultural nos muestra la dificultad de supervivencia y de convivencia de todas las minorías culturales dentro de una cultura más amplia y dominadora. Es por tanto algo, no causado por la religión, sino que parece estar en la esencia de las culturas (hutus y tutsis parecen evocar un problema más viejo de lo que nos imaginamos) dominantes y las culturas dominadas que conviven en territorios próximos.

Volvemos al tema que nos ocupa. La ciudad mantuvo el orden público de sus calles con mayor eficacia, que no total, en tiempos del Califato, pero agotado éste, y dividido al-andalus en decenas de taifas, Tulaytulah, que era el nombre musulmán de la taifa, multiplicó sus dificultades para mantener el orden en sus calles. Las parroquias cristianas, algunas de ellas respetadas desde tiempos inmemoriales por los musulmanes de la ciudad, fueron convertidas en mezquitas, incluso contra la autoridad de su gobernantes que poco podían hacer, y los acuerdos y buenas intenciones para proteger a los mozárabes no siempre lograron apagar las embestidas de una minoría cultural acosada por otros vecinos más intolerantes, los de la Antequeruela, por ejemplo.

Toledo sucumbió al desorden, y poco a poco estuvo necesitada de ayuda exterior. Incluso los levantamientos populares de algunos musulmanes de la ciudad fueron promovidos por los reyezuelos de otras taifas, especialmente Córdoba o Sevilla, que buscaban desestabilizar el gobierno de Tulaytulah, aspirando a la expansión y regeneración del califato, algo que parecía contravenir los nuevos tiempos de división de la península.

El gobernante de la ciudad, al-Mamún, suegro además del rey de la taifa de Valencia (en aquellos días acosada por la taifa de Zaragoza y otras, y por el Cid Campeador más tarde) se rindió a la necesidad y pactó un acuerdo con los cristianos, que eran los más fuertes desde el punto de vista militar. Acordó con el rey Fernando el Grande, rey de León una paria, el pago de un impuesto a cambio de protección. No fue la única pues la taifa de Sevilla y Badajoz, y Zaragoza aceptaron también el pago de una paria a su protector Fernando el Grande.

Durante la guerra que enfrentó a los tres hijos de Fernando y Sancha de León, nuestros queridos Sancho II de Castilla, Alfonso VI de León, y Fernando de Galicia, Toledo no permaneció ajena a los sucesos. Tras la derrota de Golpejera (cerca de Carrión de los Condes) en 1073, Alfonso VI huyó exiliado a Toledo, junto con su amigo y máximo generaly confidente el Conde Ansúrez (fundador de la ciudad de Valladolid). Allí fue bien acogido por sus amigos musulmanes, por al-Mamún que lo apreciaba sinceramente.

Por supuesto, cuando Sancho II fue asesinado por el traidor Dolfos Vellido al pie de la muralla de Zamora, Alfonso VI se convirtió en el nuevo rey de Castilla y de León, y a la postre y gracias a una maniobra turbia, en rey de Galicia también. Recuperó el trono, regresó del exilio, y siempre tuvo una magnífica relación de amistad con Toledo. De esta forma fue el rey más importante de la cristiandad en la península, con el reino más extenso. Regresó del exilio, pero con conocimientos importantes sobre los musulmanes y sobre Toledo.

La ciudad de Toledo fue conquistada por Alfonso VI cuando Al-Mamún le pidió ayuda en el año 1085 para que desalojara de la ciudad a sus enemigos. No se sitió la ciudad, y no se derramó más sangre que la de los animales que sustanciaron la fiesta de la victoria. Imagino que cerdo para los cristianos, y ternera para los judíos, mozárabes y musulmanes. Alfonso VI entró en la ciudad para liberarla de los enemigos, y la convirtió así en ciudad Imperial de los Visigodos; él mismo se autodenominó emperador de las tres religiones: cristiana, musulmana y judía; y prometió defender y proteger a los musulmanes, judíos y cristianos de la ciudad. Promesas que no pudo cumplir del todo.

El primer problema al que tuvo que enfrentarse fue que la conquista de Toledo, y el exilio de al-Qadí (mandatario sucesor de AlMamún) a Valencia como nuevo rey de la taifa, llenó de miedo a las demás taifas musulmanas. La reconquista de los cristianos había continuado y no se había detenido con Almanzor, que había saqueado León hacía menos de cien años. Y el miedo siempre ha sido un mal consejero. El resto de taifas de al-andalus llamaron a los musulmanes del reino Almorávide del otro lado de la península, y esa fue su perdición; pues los almorávides pensaron pronto en desalojar a los reyezuelos de las taifas de sus gobiernos para instalarse ellos.

Las tropas de las taifas, poco sólidas y con ejércitos locales más o menos blanditos, no pudieron hacer frente a la gran batalla de la época: Zalaca, o Sagrajas, como se conoce entre los cristianos. Fue cerca de Badajoz, y fue un año más tarde de entrar en Toledo, en 1086, exactamente.

Los almorávides ubicaron a las tropas de las taifas en primera línea de combate. Las tropas de Alfonso destrozaron éstas, pero no pudieron continuar la batalla ante la maniobra genial de los almorávides, que cayeron sobre ellos cortando cabezas y humillando a los ejércitos de Alfonso VI, que incluso era apoyado por tropas castellanas, aragonesas, leonesas y gallegas. En solo 48 horas las taifas perdían todo su ejército, y los cristianos (leoneses, castellanos y aragoneses que acudieron también) el suyo.

Regresó el miedo, en este caso a los cristianos que vieron que sin ejército los musulmanes tomarían de nuevo Toledo, incluso volverían a saquear León, Burgos y las ciudades cristianas que empezaban a despuntar. Pero el caudillo almorávide Ibn Tasufin, regresó precipitadamente a su hogar en el actual Marruecos, pues estaba falleciendo un hijo suyo, sino había fallecido ya. Cuando regresó año y medio después, los cristianos eran más fuertes. Más tarde perderían algunas batallas decisivas contra el Cid en las puertas de Valencia, donde la tormenta barrió a los ejércitos almorávides que se ahogaron en la albufera.

Toledo no cambiaría de bando.

La ciudad siguió su curso. en pocos años los mozárabes fueron desplazados por los castellanos que repoblaron la ciudad, y que trajeron la liturgia romana llevada por los cluniacenses, impuestos por el Rey para sus territorios. Se respetaron a los mozárabes, pero fueron cada vez más reducidos en presencia. De hecho el obispo Pascual, mozárabe antes de 1085, no fue obispo de la ciudad tras la conquista, y Alfonso VI nombró a un borgoñés, del gusto de su mujer Constanza, que terminó convirtiendo la Gran Mezquita de Toledo en la Catedral que es hoy, faltando así a la promesa que hiciera el rey. Su mujer no estaba tan dispuesta a ceder a las bondades de los musulmanes de Toledo, los viejos amigos de su marido.

los musulmanes fueron abandonando poco a poco la ciudad, quizás buscando tierras musulmanas más propicias. en cambio los judíos empezaron a llegar en buen número a la ciudad de Toledo, que siguió manteniendo durante varios siglos su hegemonía sefardí. De hecho, la gran ciudad judía española en la historia es y será sin duda Toledo. De estos siglos posteriores son las dos sinagogas, bellísimas y hermosísimas, que hablan de un pasado y de una religión hermanada y protegida por los reyes medievales.

Por desgracia, esta protección no pudo detener al pueblo, que incomodado por las minorías, atacó de nuevo a las minorías, en este caso judíos y moriscos, así llamados. Los mozárabes fueron respetados, aunque siempre arrinconados y burlados por su condición mediomora. Una injusticia para todos ellos.

Podemos pensar que durante mucho tiempo Toledo tuvo un mercado semejante al gran bazar de especias de Estambul, que por cierto, en 1085 era cristiana y bizantina.

De estas épocas musulmanas proceden los cuentos, leyendas y misterios que luego fueron narrados por muchos rapsodas de la historia. Como Bécquer, entre otros.

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Nacimiento de la cuestión judia en Hispania

Muchos de los judíos que alguna vez han vivido en España se sienten hondamente enraizados con esta tierra. Y es un sentimiento que tiene mérito, porque la verdad es que ser judío en España nunca ha sido un chollo. Todo el mundo sabe que los reyes católicos expulsaron a los judíos de España. Esto es cierto.

La cuestión judía se ha movido en el tiempo de forma irregular, con momentos mejores y peores pero con una melodía de fondo que era claramente antijudía.

El derecho romano desarrollado en Hispania tenía ya medidas preventivas contra los judíos, aunque Alarico abolió no pocas de ellas; no sin conservar una de las nucleares, que era la prohibición de celebrar matrimonios entre romanos y judíos. Ya en los tiempos de Alarico, además, a los judíos se les prohibió ostentar cargos públicos y, si bien se les permitía reparar sus sinagogas, no se les dejaba construir nuevas.

 Asimismo, el proselitismo judío en la persona de cristianos estaba castigado con la muerte. Aunque los judíos no son un pueblo que se haya distinguido por el proselitismo (ellos son el pueblo elegido, no tienen la ambición de conseguir nuevos creyentes por ahí fuera), todo parece indicar que el hecho de que las creencias estuviesen en sus inicios provocaba muchas confusiones entre los ritos cristiano y hebreo, lo cual puede haber justificado este tipo de normas.

Podemos resumir diciendo, por lo tanto, que los judíos fueron, en la España goda, vigilados muy de cerca, aunque podían practicar sus cultos sin problemas. Pero en el 612, como ya decíamos, falleció el rey Gundemaro y para sucederle fue elegido Sisebuto, quien se mantendría en el trono hasta el 621. Fue ese cristianismo militante el que llevó al rey a plantearse el estatus de los judíos en Hispania.

Las medidas tomadas en el pasado no habían evitado que, como una evolución lógica de la vida, hubiese judíos que medrasen hasta el punto de tener esclavos o manumitidos; y, en estos casos, éstos solían ser cristianos, con lo que se producía una situación de poder efectivo del hebreo sobre el cristiano que no era aceptable desde el punto de vista de un rey católico cien por cien (habría aquí que hacer el inciso de que, en España como en otras muchas naciones europeas, y contra lo que a menudo se cree, el cristianismo primero, y el catolicismo después, no encontraron en el mensaje de Jesucristo elemento alguno incompatible con la esclavitud humana).

Sisebuto continuó la línea jurídica de condenar con la mayor dureza el proselitismo judío. Pero fue más allá, colocándose ya en el terreno claro del antisemitismo. Es Sisebuto, por ejemplo, quien comienza a practicar las conversiones forzadas, que se hacían, por ejemplo, en la persona de los nacidos de matrimonios mixtos que, a pesar de la dureza de las leyes, se hubiesen producido. En defensa de la Iglesia católica hay que decir, en este punto, que todos los indicios que nos han llegado, especialmente los relativos al IV concilio de Toledo, indican claramente que la misma se opuso a la política de conversiones forzadas. El más claro indicio de la política de Sisebuto es el hecho de que provocó emigraciones masivas de judíos a Francia.

A la muerte de Sisebuto, le sucedió su hijo Recaredo II quien, sin embargo, sólo vivió unos días, sin que haya logrado averiguar yo hasta el momento si fue casualidad o acción enervada por algún tercero. El caso es que, muerto Recaredo II, le sucedió Suintila, el principal general de Sisebuto.

Lo primero que hubo de hacer Suintila en el trono fue subir al noreste de la península a defenderla de los vascos, que una vez más habían bajado de sus montañas y se habían dedicado al pillaje de Euskadi Sur-Sur-Sur. Sin embargo, su campaña más exitosa, que ya había apuntado siendo general de Sisebuto, fue la expulsión de los bizantinos de su área malacitana; lo que convierte a este Suintila en el primer rey español que reinó sobre toda la España concebida por el PNV (esto es, excluida la tierra de los vascos, que nunca fue gobernada por rey godo alguno).

Resulta difícil saber cómo fue, en realidad, este Suintila. El mismo cronista, Isidoro de Sevilla, lo considera lo mejor del mundo mundial en su primera historia de los godos (publicada cuando Suintila todavía era rey) o un abyecto criminal en la segunda (publicada cuando ya no lo era). Hay indicios de que Suintila pudo ser un rey populista, una especie de Hugo Chávez godo, querido por el pueblo llano pero odiado por la nobleza, aunque son conjeturas y es además imposible conocer con precisión los porqués. Lo que sí sabemos con razonable precisión es que los nobles decidieron deshacerse de él, para lo cual enviaron a uno de ellos, Sisenando, a conseguir la ayuda del rey franco Dagoberto de Neustria. El ejército borgoñón que penetró en España desde Tolosa acabó obligando a Suintila a capitular; hasta Geila, su hermano, apoyaba a sus enemigos.

En marzo del 631, Sisenando fue proclamado rey, aunque es posible que lo fuese después de una rebelión provocada por un tal Iudila del que nada se sabe. En todo caso, Sisenando controló la celebración del IV concilio de Toledo, en el que se condenaron las conversiones forzadas de los judíos, pero se estrechó el cerco sobre ellos.

Asimismo, dicho concilio consagró el sistema de elección del nuevo rey a la muerte del anterior mediante una especie de cónclave conjunto de nobles y obispos. A la muerte de Sisenando (636) se eligió a Chintila. Lo que más claro queda en los testimonios que nos han quedado de Chintila es que pasó la mayor parte de su reinado acojonado. Trata constantemente de impulsar a los concilios a exportar medidas que le protejan a él y a su familia, así pues podemos especular con la posibilidad de que su elección se produjese más o menos por los pelos y que el rey sintiese desde el principio el aliento de sus enemigos en la nuca. De hecho, se especula con que en aquella época hubieran estallado diversas rebeliones.

En el terreno que más nos ocupa en este post, durante el VI concilio de Toledo, aún en el reinado de Chintila, la Iglesia española recibió una misiva del papa, Honorio I, en la que les instaba a incrementar su dureza respecto de los judíos. No conservamos la carta del Papa. Pero conservamos la respuesta de Braulio, obispo de Zaragoza, en la que le dice, en nombre de los obispos españoles, que ningún hombre es merecedor de penas tan severas como las que Honorio reserva a los hebreos. Por lo tanto, podemos imaginar que los castigos propuestos por Roma eran, probablemente, digamos que muy en la línea de la forma católica de castigar; y que la Iglesia española se rebeló contra dicha crueldad, argumentando que no había nada ni en los cánones ni en el propio Nuevo Testamento que justificase dicha violencia.

La carta de Braulio ha sido alabada no pocas veces por su valentía. Y es valiente, aunque lo que no es, a mi modo de ver, es una defensa de los judíos. Lo que la Iglesia española compartía totalmente con el Papa era la convicción de que los judíos debían ser perseguidos; era en los medios donde no había aquiescencia entre las partes. De hecho, Braulio, y los obispos a los que representa, se declararon partidarios de la idea de Chintila, que ya de por sí marca un cambio cualitativo en la cuestión judía, de no permitir a quien no fuese católico vivir en España. Chintila, por lo tanto, saltó el listón mucho más arriba que Sisebuto y abre, de hecho, toda una corriente de pensamiento que llega, de alguna manera, hasta el nacionalcatolicismo franquista: la teoría de una España puramente católica; no mayoritariamente católica, sino poblada sólo por católicos, pues quien no lo es, no puede ser español.

Chintila murió en el 640 y nombró sucesor a su hijo Tulga, lo que suponía pasar del cónclave casi recién instaurado. Por ello, a la muerte del rey se sucedió un periodo de intensas revueltas, en las que finalmente los contrarios a Tulga, liderados por Chindasvinto, acabaron por prevalecer. Con él, se sentó en el trono de España el pragmatismo. Si Chintila había buscado su seguridad y la de su familia instando a los concilios a aprobar cánones que las aseverasen, Chindasvinto fue más directo y dedicó su reinado a encarcelar y apiolarse a todo aquél que consideró que le podía traicionar. Eso sí, a los judíos los dejó en paz. En el 649, y siguiendo las recomendaciones de sus obispos, Chindasvinto asoció a su hijo Recesvinto al trono, de forma que, a su muerte, éste lo ocupó en solitario. El reinado de Recesvinto daría otro paso, esta vez jurídico, para la construcción de España.

Es por ello que se aconseja descansar de nuevo.

http://historiasdehispania.blogspot.com.es/2009/05/los-godos-molan-4-nace-la-cuestion.html

domingo, 28 de diciembre de 2014

El resfriado toledano de Andersen

Andersen en 1862, el año que visitó Toledo

El célebre escritor danés Hans Christian Andersen, autor de algunos de los cuentos más populares de nuestra infancia como El patito feo o El soldadito de plomo, pasó más de la mitad de su vida soñando con viajar a España.

Cuando al fin lo consiguió, tenía ya 57 años y era uno de los escritores más populares de Europa y Norteamérica. Sin embargo, en España no le conocía nadie, ya que sus obras no se habían publicado aquí, y hubo de sufrir la frustración de la indiferencia a la que no estaba habituado, lo que habría de suponer un duro castigo a su inagotable vanidad.

Toledo fue una de las etapas de su largo viaje por España. Llegó a mediados del mes de diciembre de 1862 y su visita no duró más de tres días, aprovechando el avance que suponía la vía férrea desde Madrid, inaugurada hacía sólo cuatro años. Los recuerdos de esta visita quedarían plasmados en un capítulo de su libro “Viaje por España”, publicado en su país al año siguiente. 

Lo que no dice en el libro, aunque puede deducirse de las anotaciones conservadas de su diario, es que fue en Toledo donde pilló un tremendo resfriado, debido al intenso frío que hubo de soportar durante el largo paseo que realizó circunvalando la ciudad por lo que hoy es la carretera del Valle, entre los puentes de Alcántara y San Martín, y que entonces apenas era un mal camino de cabras. 

A consecuencia de ello se vio obligado a guardar cama nada más regresar a Madrid, en un momento de lo más inoportuno ya que, resuelto a que su viaje por España no pasase inadvertido, se las había ingeniado para que le organizasen una cena a modo de homenaje. Pero cuando solicitó retrasar la fecha debido a su estado de salud, la respuesta que le dieron los poco entusiasmados organizadores fue que el acto no se podía alterar y que si él no venía cenarían igualmente sin su presencia. De modo que el pobre Andersen, con fiebre y todo, se presentó en el restaurante para no perderse el único y desapasionado "homenaje" que iba a recibir en España.

El inoportuno resfriado no fue óbice para que Andersen guardara un buen recuerdo de su paso por Toledo, una ciudad que le impactó como lo atestiguan las palabras con las que concluye el capítulo de su visita: “Toledo se deja de mala gana. Es triste marcharse pensando que jamás se va a regresar, que no volverá uno a ver el lugar que de extraño modo despertó nuestra simpatía.”

La mirada del viejo judío

Cuenta la historia que Abraham Abzaradiel (1484-1514), "el judío ciego de Illescas", se vio forzado a abandonar Castilla, siendo sólo un niño, tras el edicto de expulsión de los Reyes Católicos. 

Convertido al cristianismo años después y bautizado en Italia con el nombre de Juan de la Ysla, Abzaradiel recorrió el Mediterráneo y las lejanas tierras de Oriente, en donde se reencontró con su antigua religión. 

Más adelante volvió a Toledo, en donde perdió la vida en prisión tras ser procesado por el Santo Oficio. Cambió a menudo de nombre. Convirtió su diáspora en un largo viaje, una escapada hacia la ebullición del siglo XVI durante la cual fue tan cristiano como judío. 

Sin embargo, algo cambió cuando se produjo su regreso a Toledo. Abraham Abzaradiel, Juan de la Ysla, ya no podría encender jamás las velas de la menorah. 

Unas fiebres contraídas en Alejandría (Egipto) lo habían dejado ciego para siempre.


El judío errante de Illescas (1484-1514)113
Fidel Fita 


«En la muy noble cibdad114 de toledo, á quinse dias de mayo de mill é quinientos é catorse años, estando el Reverendo Señor el licenciado pero ochoa de villa Nueva ynquisidor en la audiencia del santo oficio de la ynquisicion, mandó á francisco maldonado, carcelero de la cárcel del santo oficio de la ynquisicion, que sacase á la dicha audiencia un onbre ciego, que estava preso en la dicha cárcel. El qual le sacó ante su Reverencia; é seyendo presente, fué preguntado que commo se llamava.

Dixo que se llamava luys de la ysla, christiano Nuevo de judío, de hedad de treynta años; y que es natural de buytrago, é que se crió en yllescas siendo judío; é que se fué deste Reyno, quando la espulsyon de los judíos destos Reynos. É que se pasó allende en berveria á una cibdad que se llama aljer, é que estoyo allí dos meses; é que desde allí se fué á Venecia, e que estovo allí tres años é medio, judío; é que desde allí se fué á génova, e que allí se tornó christiano é estovo allí un ines poco más ó menos.

E desde allí se vino á escalona118, é estovo en casa del arcediano de toledo quatro meses. É desde allí se fué á úbeda; é estovo allí veynte é dos meses, aprendiendo el oficio de hilar seda, en casa de un juan de torres defuncto. É desde allí se fué á granada, donde estovo cinco ó seis meses hasiendo su oficio; é desde allí se bolvió á esta cibdad, é estovo aquí en casa de juan francés hilador de seda dos meses. E desde esta cibdad se fué á sevilla, donde estovo dos meses en casa de un garcia bondina ginovés; é después, bolvió á esta cibdad en casa de dicho juan francés.

É desde aquí se fué á valencia, donde estovo trabajando quatro años en casa de nicolas carbonero, que es ya defuncto; é en casa de un borja el qual ahorcaron, porque dió una cuchillada á un francisco calderon. E que desde allí se fué á alicante, é esteva allí tres ó quatro meses; é desde allí se fué á masarquebir; é desde allí bolvió á valencia. É desde allí se vyno á esta cibdad, donde estovo dos meses; é desde aquí se fué á málaga, é andovo por otros lugares destos Reynos.

É aquel año de la pestilencia se fué á cartagena; é enbarcó, é fué al puerto de liorne; é desde allí se fué á Roma. É de allí fué á bolonia; é dende á ferrara. É que estando en ferrara pensó á donde pudiese aver dineros; é acordó de hablar con un judío natural de murcia, vesino de la dicha cibdad de ferrara, cuyo nombre no sabe; é que le preguntó sy se labrava allí seda; é aquel dicho judío dixo á un moço suyo que llevase é este confesante á  casa de otro judío, que se llamava çabahon, natural de guadalajara, texedor de tocas. 

E que este confesante fué á su casa, é le preguntó que á donde se torcia la seda para la toquería; é, quel dicho judío le preguntó que de donde era? É este confesante dixo que era castellano y natural de yllescas; y que avia sydo judío, é que era christiano. É quel dicho judío conbidó á este confesante que se fuese á comer otro dia á su casa; é que este confesante se fué á comer con él un sábado, é comieron carne, guisado del viernes para el sábado, cozido con unas empanadas de peces. É quel dicho dia, sábado, antes de comer, á la ora que los judíos hasian oracion, se fué este confesante á la synoga con el dicho judío; é llegaron quando era hecha la media oracion. 

É quel dicho judío se sentó en su lugar con los otros judíos; é que este confesante se sentó en un vanquillo baxo entre unos muchachos judíos, porque no ovo lugar donde se asentar entre los judíos. É que estovieron en la dicha synoga este confesante é el dicho judío, fasta que todos los dichos judíos ovieron acabado su oracion é salieron de la dicha synoga. É que despues de asy aver comido con el dicho judío, este confesante se fué por la cibdad; é no bolvió más á casa de dicho judío hasta otro dia, domingo, que fué á su casa, é le preguntó sy avia hablado con el dicho judio de murcia, hilador de seda, para que este confesante labrase, é diese un torno á este confesante para hilar seda. É quel dicho judío dixo á este confesante que ya avia hablado con el dicho judío murciano, é que le avia dicho que no se podía devanar la seda, porque mas costaba devanar que torcer.

É que de allí se fué este confesante á venecia; donde envarcó con unos mercaderes de portugal; é quel uno se llamava juan pentenado, é el otro maestro rodrigo cirujano, que eran naturales de lisboa. É que los dichos mercaderes dixeron á este confesante que sy los queria servir en la nao, que le harian la  costa; é este confesante los sirvió, é le davan de comer. É que este confesante pensó que los susodichos yvan al Reamen de nápoles, é que yendo por la mar se quebró la nao; é que entonces los susodichos dieron á conocer á este confesante que avian sido judíos, é que se yvan á brinbes. É este confesante les dixo que tambien él avia sydo judío; é que los susodichos tomaron un gripo, é se pasaron á la velona, é este confesante se fué con ellos, que es en la turquía. 

É que llegaron á la velona en principio de quaresma; é que toda aquella quaresma estovo con los susodichos. Los quales dichos mercaderes bivian como judíos, é hasian todas las cerimonias de judíos, é comian carne la dicha quaresma; é este confesante guardava los sábados con los dichos judíos, é comía de los manjares quellos comían, guisados de los viernes, para los sábados. E que en la dicha quaresma los susodichos celebraron la fiesta del pan cenceño, é este confesante con ellos; é que algunas veces este confesante yva á la synoga con los dichos sus amos, los sábados; é que quando llegava á la puerta de la synoga, este confesante dexava á los dichos sus amos, é se quedava de fuera, é se andava por unos corrales al de redor de la synoga é por la marisma con otros moços soldados como él.

É que desde allí se fué á Salónique, en conpañía de unos judíos é griegos é turcos, en nombre de judío asy se llamando, é conocido entre los susodichos judíos, que allí yvan, por judío. É que allí halló á un valenciano natural de valencia, que se llama Castellar, texedor de bivos, que este confesante le conoció christiano en valencia; é que en salónique que era judío; é este confesante le habló, é se conocieron; é llevó á este confesante á encomendar á un trujaman que llevava la compañía [á] andrinópoli. 

É que tan bien halló en salónique á uno que se llamava graviel roca, natural de valencia, é texedor de velos; el qual asymismo estava allí judío é casado con una judía ceciliana; al qual conbidó á este confesante á unas havas é queso é pan en una botica suya, donde texia. É que asymismo en la dicha cibdad salónique vió é conoció este testigo al padre de dicho castellar, texedor de terciopelo; el qual avia sydo christiano é vesino de valencia, é estava judío en la dicha cibdad; é que non sabe su nombre propio mas de como se llamava castellar. É que tan bien en la dicha cibdad salónique vió este testigo á un moço que se llamava galiana, natural de valencia; é que le dixo que era sobrino de suhau mercader, que tiene telares de seda en valencia. 

El qual seria de hedad de dies é ocho, ó dies é nueve años; é dixo que tenia un hermano en mallorca, que se llamava galiana, tratante en paños. El qual dicho moço dixo á este confesante que era sobrino de un mosén131 velarte judío, vesino de salónique, el qual avia sido christiano é vesino de valencia. El qual dicho moço se llamaba ysaque, é avia sydo christiano, é se quedó en la dicha cibdad salónique con determinacion de ser judío. É que en la dicha cibdad pasó este testigo en casa de una judía, á la qual este confesante llevava unas cartas de un hijo suyo que estava en pulla132, e estovo tres dias en su casa. É que asymesmo vió este confesante en la velona á baltasar valeriola133, vesino de valencia, el qual vió en ábito de judío; é que cree que se llamava mosé valeriola134.

É que de allí este confesante se fué á la ciudad de andrinópoli, que está dos jornadas de salónique; é que estovo allí quinse días por judío é entre los judíos; é que vió allí muchos judíos, naturales de toledo é de torrejon é madrid é guadalajara, que se avian ydo quando la general espulsion; é habló con ellos, é les dixo, quien era, é como yva; 6 que comió un sábado con un judío que lo conbidó, é comieron carne é ceresas.

É desde allí se fué á costantinopla, é estovo allí dies dias; é que posó en la judería; é que allí conoció algunos castellanos en ábito de judíos, é avian sido christianos, é los conoció de cara, que los avia visto en valencia é por estos reynos, pero que de nombre no los conoció.

É que de costantinopla136 fué á bruça137 que es en la turquía vieja, é estovo allí dos dias en ábito de judío; é vió allí algunos judíos naturales destos reynos, é otros judíos que avian sydo christianos; pero que no los conoció más de quanto conoció en las señales que trayen que avian sydo christianos, que son unas carapuças dobladas, diferentes de los judíos naturales. É que desde allí se fué á cuté138, que es un lugar de la turquía vieja, con un judío natural de maqueda, que se llamaba hasamel139. É este confesante asymesmo yva por judío, é en nombre de tal; é que estovo allí medio dia; é comió con un judío buhonero é con el dicho su conpañero judío unos alvarcoques é arós140

E que allí dixeron á este confesante que no pasase adelante, que le cabtivarian los turcos, porque los judíos no pasavan adelante. É que este confesante les dixo que queria pasar adelante á setebias, que es un puerto para pasar [á] alixandria; é que le encomendasen al turco. É que asy pasó á setebias; é estovo allí en casa de un judío, que se llamava abenxuxen, que era judío natural de guadalajara; é que estovo allí quinse dias entre los judíos trabajando.

É que desde allí envarcó, é se pasó [á] alixandria; é fué en conpañía, en la nao, de un judío natural; é que comió con él. E que en alixandria el dicho judío llevó á comer á este confesante á una botica; é que despues que ovieron comido, el dicho judío dixo á este confesante que sy se queria yr con él al Cayro, que le llevaria consigo; é que este confesante dixo que no; que allí se queria quedar á ganar algunos dineros; é que el dicho judío se partió para el Cayro; é este confesante se fue al alfóndigo de catalanes, que es casa de negociacion de christianos; é allí entre ellos se nombró públicamente por christiano. 

É que estando allí, vinieron á hablar á este confesante unos judíos, y entre ellos venia un jacó çaban142 natural de córdova, que solia ser christiano segund dixeron á este testigo, é que no sabe este confesante su nombre más de como se llamava çaban; é que preguntaron á este confesante que de dónde era. É este confesante dixo que era de yllescas, é que avia sydo judío. É quel dicho jacob çaban le dixo que porqué se avia tornado christiano é porqué se nonbrava christiano siendo de tan onrrada gente como los de yllescas. 

É este confesante le dixo que queria ser christiano, é que christiano era. É quel dicho çaban le rogó que se tornase judío; é que le darian dineros é todo lo que oviese menester. É que este confesante le dixo que no queria syno ser christiano, é perseverar en la fe. É que asymesmo á la sazon vino á hablar á este confesante un moço natural de valencia, hijo de guillen nadal, que mora cerca de la plaça de la calle del avellano que cree era texedor de seda; el qual dicho moço se llamava calceranete nadal; el qual avia sido christiano, é estava allí por judío é asy se llamando, y que se llamava jucéy era de hedad entonces de dies é ocho, ó dies é nueve años al parescer deste confesante, é podrá aver agora veinte é quatro años poco más ó menos.

 É quel ymportunó mucho á este confesante que fuese judío, é que se fuese á la sinoga á dar gracias á dios porque lo avia librado del mar. E que los dichos judíos, quando vieron que este confesante no queria ser judío, lo amenasavan diciendo que le harian quemar porque no quería ser judio.

É que este confesante estovo en la dicha cibdad alixandría treze meses poco mas ó menos, syrviendo á unas dos mugeres enamoradas, christianas, una viscaina y otra napolitana; é davan á este confesante sarafo é medio cada mes, é de comer, que es ducado é medio poco ménos. É que los judíos dieron quexa deste confesante antel teniente de governador, porque no queria ser judío; é que le acusaron é fatigaron resiamente; é en fin este confesante ne quiso ser judío; é asy quedó christiano, é lo ha sydo y es, é siempre fué tenido por christiano. 

É que cegó allí de unas calenturas, é estovo allí ciego nuevo meses en la dicha alhóndiga de christianos; é que después de ciego, los dichos judíos desian á este confesante muchas menguas é palabras feas, disiéndole que sus pecados, por no aver querido ser judío, le avian cegado. É que este confesante se confesó allí de lo susodicho con un frayle de la orden de sant francisco, é con otro frayle de la dicha orden que venia del santo sepulcro; é confesó todo lo susodicho; é absolvieron á este confesante.

É desde allí se fué á nápoles; é allí se confesó con un confesor consul de catalanes; é asymismo le absolvió de todo lo susodicho. E que de napoles se vyno á Valencia; é de Valencia á esta cibdad de toledo. É que despues que pasó con los dichos mercaderes portugueses, que pasaron cinco años poco mas ó menos; é que ha que bolvió á esta cibdad dos años poco más ó menos.

É que esta cuaresma próxima pasada, estando un dia en sant pedro martir oyendo un sermon, oyo desir al predicador que el pecador era obligado á dolerse del pecado, cada é quando que se le acordase dél; é que entonces este confesante acordó de bolver á confesar lo susodicho, é se fue á confesar con un clérigo en la yglesia mayor. É como este confesante començó á desir lo susodicho, el dicho clérigo dixo á este confesante que se fuese á sant Juan de los Reyes, é que se confesase con un frayle; que ellos tenian bulla muy piadosa, é que le absolverian de lo susodicho. 

É que despues este confesante fue á sant Juan de los Reyes el dia de pascua de Resurreccion, é no pudo aver confesor, é riñó con el portero, porque no le dava confesor. É así se fué este confesante; é en el camino topó con un alfonso de yllescas; é preguntó a este testigo que de donde venia; é este confesante le dixo que venia enojado con el portero de sant Juan porque no le quería dar un confesor. 

É quel dicho alfonso de yllescas dixo á este confesante que se fuese con él; que le llevaria á un bachiller que estava en sant Roman, muy buen onbre é letrado; é que este confesante se fué con él á sant Roman; é allí el dicho alfonso de yllescas le puso con un clérigo, que se dise el bachiller de sant pablo, que sirve en sant Roman; é le dixo fuera de penitencia todo lo susodicho. É quel dicho bachiller le dixo que era resia cosa lo susodicho é caso de ynquisicion; é que, si este confesante queria, quél lo diria á los señores ynquisidores; é se haria todo muy bien. É que á este confesante le pesó por ello, por averlo ya confesado é sido absuelto; é no quisiera haberlo dicho á nadie, porque no viniese á noticia de sus Reverencias, por no se ver en afrenta; pero que todavia dixo al dicho bachiller que hiciese lo que quisiese. É que el dicho bachiller le dixo que él hablaria con los señores ynquisidores, é que todo se haria bien; é que esforçó mucho á este confesante. É este, confesante le dió medio real para que le dixese una misa al Spíritu Santo.

É que otro dia el dicho bachiller le dixo que ya avia hablado al inquisidor Villanueva; é que le avia dicho el ynquisidor que este confesante hiciese ordenar una confision de lo susodicho á un letrado, é que la presentase en la ynquisicion. É que pesó á este confesante por aver dicho lo susodicho á un juan çapata hilador de seda; é que después, este confesante se fué á sant Juan de los Reyes con una cédula del teniente de vicario para que le confesasen, porque no se avia confesado la quaresma pasada. É dixo todo lo susodicho á un frayre, é dixo como lo avia ya confesado é lo avian absuelto de lo susodicho; é el dicho frayre le dixo que, pues que lo avia ya confesado é avia sido asuelto dello, que no curase dello é que confesase los otros pecados; é que si los ynquisidores le llamasen é le preguntasen lo susodicho que les dixese todo lo susodicho, que personas eran que le oyrian é recibirian con misericordia. 

É que confesó otros pecados al dicho frayre; é le absolvió y le dixo que seria bien que lo otro que lo viniese á desir y confesar á los señores ynquisidores. É que este confesante se vió en perplexidad, porque el guardian de sant francisco de Sant Juan de los Reyes aquel mismo dia por la mañana le dixo á este confesante, estando asentados sobre unas vigas, que le dixese la verdad si era verdad que avia confesado lo susodicho; y que este confesante le dixo que sí, que lo avia confesado en alexandría, y en nápoles tan bien; y quel dicho guardian le dixo quél avia hablado con el jues: «y de aquellos que os temés que os han de acusar, no curés de hablar ni entender con ellos; pero si os enbiaren á llamar los ynquisidores, desildes todo el caso de la verdad, que personas son piadosas é usarán con vos de misericordia.» Y que no pasó más con el dicho guardian; y que por lo susodicho é por themor de ser afrontado no osó venir ante sus Reverencias; é quel frayle que le confesó es fray juan sevastian.

Fué preguntado que como se nombrava en los dichos lugares. Dixo que, mientras estovo en la velona, se nombrava abrahan; é que andando en camino fasta que fué en alixandría no se nombró nombre alguno; mas que en alixandría se llamava luys.

É yo diego lopes de tamayo, notario público é del secreto del oficio de la santa ynquisicion en la dicha cibdad de toledo é su arçobispado, de pedimiento del venerable martin ximenes promotor fiscal en el oficio de la sancta ynquisicion en la dicha cibdad de toledo é su arzobispado, é de mandamiento de los Reverendos señores ynquisidores de la dicha cibdad é su arçobispado, saqué este dicho del proceso original del dicho luys de la ysla preso en la cárcel del dicho santo oficio de la ynquisicion. El qual va copiado en estas tres hojas de papel cebtí, escriptas de amas partes, á más esta plana en que va mi nombre é signo. E por ende fis aquí este mio signo en testimonio de verdad.

JUAN LOPES 
público notario.»

Al dorso de la plana sobredicha se lee: vaya al Secretario. El notario trazó su escrito en tres pliegos, de suerte que quedasen en blanco las hojas primera y sexta ó última de todo el manuscrito. En la primera se escribió: «Para el muy Reverendo y manífico Señor, el Señor obispo de tortosa, inquisidor general de los Reynos de aragon, para que lo mande enbiar á la Inquisición de Valencia.» En la última: «A la Inquisición de Valencia.» 

Y finalmente, al margen de esta dirección, la Inquisición de Valencia ó su secretario, refrendó: «Nichil. -Este dicho senbió de toledo á la corte; é de la corte senbió aquí, etc. Et nichil prodest ad praesens, á 7 de agosto, 1514.» 

Distínguese claramente el lugar del sello, así como los pliegues ó dobleces que recibió el auto al enviarse bajo carpeta.

Una mano moderna, queriendo encarecer más de lo justo la importancia del documento, ha escrito «Papa Adriano» en la plana primera, donde va enderezado el auto al obispo de Tortosa, inquisidor general de los reinos de Aragón. Mas no advirtió que la dirección, ó sobrescrito, no se trazó después, sino antes del 7 Agosto de 1514. No pertenecía entonces la mitra tortosina al famoso deán de Lovaina, sino á D. Luís Mercader, quien tomó posesión de ella á 13 de Enero de 1514, y murió de allí á dos años por el mes de Junio. Su antecesor en el cargo de Inquisidor general de Aragón y las dos Sicilias, D. Juan Enguerá, fué también obispo de Tortosa; pero solamente electo, porque antes de tomar posesión, murió (1.º Octubre 1512) en Valladolid.

Fuente: http://www.latribunadetoledo.es/noticia.cfm/Vivir/20101115/mirada/viejo/judio/F208390A-C096-75B5-F014EFC602DC15A5

http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/boletin-de-la-real-academia-de-la-historia--65/html/p0000013.htm

sábado, 27 de diciembre de 2014

Artificio de Juanelo Turriano: Animación en 3D

Animación en 3D del Artificio de Juanelo Turriano construido en el siglo XVI para elevar el agua del Tajo hasta el Alcázar de Toledo.



 

Rincones de Leyendas Terroríficas en Toledo

Este texto que a continuación escucharán está basado en los textos y tradiciones orales que de padres a hijos se han narrado desde hace siglos en la ciudad que ahora pisáis. 

En ocasiones, podremos estar contando verdades. Otras veces es la más pura imaginación del que esto ha escrito la que nos transportará a lugares mágicos y terroríficos que se ocultan en esta ciudad. Qué importa… Tan sólo os pido una cosa: no perdáis esta luz que llevo en las manos. 

Es más de media noche, y las calles de Toledo son traicioneras, laberínticas y oscuras, si no conoces la ciudad, ésta te atrapará y es posible que te impida abandonarla en unas buenas horas. Advertidos estáis.

Comenzamos en la Plaza del Ayuntamiento. El grupo mira hacia la fachada de la Catedral.

No es menester que nuestros oyentes y acompañantes se espanten y huyan por la primera esquina que doblemos en esta noble ciudad del Tajo. Si bien no es nuestra intención, deberán ustedes saber que esta noche descubriremos tan sólo algunos de los misterios que encierra esta milenaria ciudad. Escucharemos los gritos de los condenados por la Santa Inquisición, el aullido de las brujas conjurando a sus diablos, sentiremos el silencio profundo de las calles toledanas…

Tampoco es casualidad que nos encontremos aquí, frente a la Catedral, rodeados de los dos poderes que desde siglos han gobernado la ciudad. Es indudable cual domina la Plaza, y en conjunto, Toledo: La catedral, con su aguja gótica, y tras nosotros, el Palacio Arzobispal… Allí, al fondo a nuestra derecha, el Ayuntamiento, que nos recuerda bastante a otro famoso edificio: El Escorial.

“Ella era hermosa, hermosa con esa hermosura que inspira el vértigo, hermosa con esa hermosura que no se parece en nada a la que soñamos en los ángeles y que, sin embargo, es sobrenatural; hermosura diabólica, que tal vez presta el demonio a algunos seres para hacerlos sus instrumentos en la tierra.”

Así narró Bécquer el comienzo de una famosa Leyenda Toledana que ahora os paso a contar… “La Ajorca de Oro”

Él la amaba, ella era caprichosa. El la encontró un día llorando, y preguntó:

¿Por qué lloras?

Ella se enjugó los ojos, lo miró fijamente, arrojó un suspiro y volvió a llorar. Había asistido esta misma mañana a una misa, y se había encaprichado de un brillante colgante de oro y diamantes que la Virgen tenía en una de sus manos. Ella suplicó a su novio que lo que deseaba era una locura, pero necesitaba poseer también entre sus manos tan preciada y costosa joya. El amante estaba loco por complacerla.

-¿Qué Virgen tiene esa presea?

-La del Sagrario murmuró María.

-¡La del Sagrario! -repitió el joven con acento de terror-. ¡La del Sagrario de la Catedral! ...

-¡Ah! ¿Por qué no la posee otra Virgen? -prosiguió con acento enérgico y apasionado-. ¿Por qué no la tiene el arzobispo en su mitra, el rey en su corona o el diablo entre sus garras? Yo se la arrancaría para ti, aunque me costase la vida o la condenación. Pero a la Virgen del Sagrario, a nuestra Santa Patrona, yo..., yo, que he nacido en Toledo, ¡imposible, imposible!

¡La Catedral de Toledo! Figuraos un bosque de gigantescas palmeras de granito que al entrelazar sus ramas forman una bóveda colosal y magnífica, bajo la que se guarece y vive, con la vida que le ha prestado, el genio, toda una creación de seres imaginarios y reales.

Figuraos un caos incomprensible de sombra y luz, en donde se mezclan y confunden con las tinieblas de las naves los rayos de colores de las ojivas donde lucha y se pierde con la oscuridad del santuario el fulgor de las lámparas.

Nuestro amante, al final cedió y decidió robar a la Virgen. La catedral estaba sola, completamente sola y sumergida en un silencio profundo. No obstante, de cuando en cuando se percibían como unos rumores confusos: chasquidos de madera tal vez, o murmullos del viento, o, ¿quién sabe? hizo un esfuerzo para seguir en su camino; llegó a la verja y siguió la primera grada de la capilla mayor. Alrededor de esta capilla están las tumbas de los reyes, cuyas imágenes de piedra, con la mano en la empuñadura de la espada, parecen velar noche y día por el santuario, a cuya sombra descansan por toda una eternidad. ¡Adelante!, murmuró en voz baja, y quiso andar y no pudo. Parecía que sus pies se habían clavado en el pavimento. Bajó los ojos, y sus cabellos se erizaron de horror; el suelo de la capilla lo formaban anchas y oscuras losas sepulcrales. Cerró los ojos y continuó como bien pudo.

Se aproximó a la santa estatua y acercó su mano para coger tan preciada joya. Ya la presea estaba en su poder; sus dedos crispados la oprimían con una fuerza sobrenatural; sólo restaba huir, huir con ella; pero para esto era preciso abrir los ojos, y tenía miedo de ver, de ver la imagen, de ver los reyes de las sepulturas, los demonios de las cornisas, los endriagos de los capiteles, las fajas de sombras y los rayos de luz que, semejantes a blancos y gigantescos fantasmas, se movían lentamente en el fondo de las naves, pobladas de rumores temerosos y extraños.

Al fin abrió los ojos, tendió una mirada, y un grito agudo se escapó de sus labios. La catedral estaba llena de estatuas, estatuas que, vestidas con luengos y no vistos ropajes, habían descendido de sus huecos y ocupaban todo el ámbito de la iglesia y lo miraban con sus ojos sin pupila.

Ya no pudo resistir más. Las sienes le latieron con una violencia espantosa; una nube de sangre oscureció sus pupilas; arrojó un segundo grito, un grito desgarrador y sobrehumano, y cayó desvanecido sobre el ara.

Cuando al otro día los dependientes de la iglesia lo encontraron al pie del altar, tenía aún la ajorca de oro entre sus manos, y al verlos aproximarse exclamó con una estridente carcajada:-

-¡Suya, suya!

El infeliz estaba loco.

(Fin Leyenda “La Ajorca de Oro”, transcrita por G.A. Bécquer)

La “toledana”, como se conoce a nuestra catedral encierra múltiples leyendas y misterios, comenzando por su fundación sobre sucesivos edificios anteriores: romanos, visigodos, musulmanes… Por sus inmensos subterráneos, que se comunican con otros tantos edificios de la ciudad, y por su número ingente de secretos aún por descubrir, y tantos otros ya desaparecidos, como aquella estatua metálica de D. Álvaro de Luna, Condestable de Castilla, que estaba situada en la capilla donde yace (denominada “Del Condestable”), que a la hora de consagrar el Cuerpo de Cristo, mediante un complejo resorte se levantaba y arrodillaba con tremendo estruendo. 

Fue ordenada retirar por la Reina Católica, ante las distracciones que provocaba al pueblo que asistía a la Misa. También son numerosas las Leyendas de fantasmas y apariciones en el interior de la catedral, siendo frecuentes la de personajes que por muy diversos motivos quedan atrapados en su interior y pasan una auténtica “noche toledana” entre estatuas, apariciones de Obispos, Santos y demás difuntos allí enterrados. Habitualmente amanecen muertos o locos, como el protagonista de nuestra anterior leyenda.

No pongamos a prueba nuestra suerte y marchemos por la calle más próxima, a nuestra derecha, por la Calle del Cardenal Cisneros, rodeando el cuerpo de la Catedral, donde podremos admirar la “Puerta Llana” y la “Puerta de los Leones”, magníficas obras de arte en sí mismas.

Avanzamos un poco admirando los recios muros del edificio religioso y a medio camino de esta calle giramos a la derecha para descender por la Calle “Pozo Amargo”, hasta llegar a la Plaza que le da nombre por alojar un bello brocal gótico, asociado a una famosa Leyenda Toledana, que no vamos a narrar en esta ocasión… Más nos interesa acercarnos al pequeño cobertizo que se encuentra próximo a esta plaza, y allí resguardarnos para comentar qué historia tienen estas calles. Es en esta zona donde residían varias brujas y hechiceras toledanas. Es aquí, muy cerca de la catedral, donde muchos vecinos de Toledo acudían a solventar sus problemas económicos, amorosos, de enemistad con otros, de suerte, o de odio. Es aquí donde estas mujeres eran detenidas en no pocas ocasiones y sometidas a horribles tormentos en manos de la Inquisición toledana, y es en este cobertizo donde muchos de los que pasan, especialmente en noches como estas sienten “ese algo” que a muchos nos despierta sobresaltados por las noches, nos causa un escalofrío en la nuca cuando estamos solos en una habitación o cuando nos impulsa a decir “esto ya lo he sentido antes”. La magia ha atravesado estas calles mucho antes que nosotros. Tal vez incluso el mismo Satanás haya pasado por aquí camino del lugar al que ahora nos dirigiremos…

Subimos de nuevo por donde hemos venido, girando en la calle Cardenal Cisneros hacia la derecha, bajamos una breve cuesta y al llegar al cruce de calles, sin abandonar el muro catedralicio, giramos a la izquierda por la C/. Sixto Ramón Parro hasta llegar al edificio denominado “Posada de la Hermandad”, al que frecuentemente se le ha asociado con las cárceles de la Inquisición, aunque esto no sea del todo exacto.

La historia que narraremos en este conocido rincón de la ciudad es tal vez una de las más conocidas y leídas por aquellas personas apasionadas por el misterio y el terror psicológico. Edgar Allan Poe narró de forma magistral la tortura de sentirse encerrado, a oscuras, y con una muerte certera. Fueron las terribles cárceles de la Inquisición toledana, las que contenían en una sala las herramientas y máquinas de tormento, sobre las que sólo su mención hacían confesar las culpas más horribles, y las que sirvieron como instrumento a no pocos para arrancar imposibles confesiones de hechicería, brujería y blasfemia a tantos desgraciados, siendo muchos de ellos condenados a la más horrible de las muertes en “el brasero toledano” situado extramuros, cerca del Circo Romano.

Poe encerró en su narración “El Pozo y el Péndulo” a un condenado a muerte en un oscuro agujero, situado en algún lugar de Toledo…, con un profundo pozo.

Nota: Dado que el texto es largo para ser reproducido en estas páginas, y la intensidad del mismo no permite su fraccionamiento, remito a la dirección donde está publicado por si se desea narrar de forma completa.

Tras la narración, seguimos nuestro camino, no sin antes ofrecer en esta noche un recuerdo, y los que sean creyentes una oración, por los cientos, tal vez miles de personas que fallecieron víctimas del fanatismo religioso y que aún hoy en día lo siguen haciendo.

Partimos hacia uno de los lugares más tétricos de la ciudad. Bajamos por donde hemos venido unos metros y entramos en la Calle del Locum, a la izquierda. A medio camino en esta calle, también a nuestra izquierda parten dos calles. Una de ellas conocida como “Callejón del Diablo” y otra como “Callejón del Infierno”. No son casuales estos nombres, ni su proximidad, pues estamos en una de las zonas de más intensidad mágica de toda la ciudad. Asociada desde antiguo a cultos Templarios y habitual residencia de brujas y hechiceras, estos estrechos callejones nos transportan directamente a la más profunda edad media. Tal vez, sin las modernas farolas y los molestos cables que hieren las fachadas, podríamos asegurar que un caballero con su reluciente espada cruza rápido por entre nosotros a reunirse con su amada, en un encuentro furtivo de los que abundan en las leyendas toledanas ¿pueden sentir cómo acaba de pasar?

Es el “Callejón del Infierno” el que tiene en su estrechez una de las leyendas más intensas de la ciudad, la que nos habla de un galán que pretendía a una bella judía, Rebeca, y que solicita los servicios de la hechicera apodada “La Diablesa” para elaborar una pócima que atraiga el amor de tan preciada joven, que pretendida por otro galán de su mismo pueblo ignora a nuestro protagonista. “La Diablesa” elabora un arriesgado y complejo “filtro” que acabará con la vida del joven judío que pretende a Rebeca, y así sucede, dado que “contraído el rostro y con las pupilas espantadas, encontraron el cuerpo de Samuel a la entrada del barrio de la Judería”. 

Todo parece presagiar que nuestro joven conseguirá finalmente el amor de Rebeca, una vez eliminado el obstáculo. La misma noche de la boda con Rebeca, y en uno de los callejones más oscuros, en el que ahora nos encontramos, moría achicharrado por sangrientas y verdosas llamas, y entre espantosas lamentaciones, la “Diablesa”, sin que nadie se viera atizando el vivo fuego que calcinó su vetusto cuerpo. Desde entonces, y como recuerdo de tal suceso, dióse el nombre de “callejón del Infierno” al lugar donde aconteció tragedia tan extraña. Fue el mismo Diablo el que se llevó a la hechicera, cobrándose su tributo por tan potente pócima que acabó con la vida del joven pretendiente.

Girando la esquina, nos encontramos en el “Callejón del Diablo”, donde una antigua mansión se alzaba antaño. Fue en una noche de Ánimas, hacia el siglo XV “con los vientos otoñales en rachas fuertes por las esquinas de Toledo aullando”, cuando antes de la media noche llegan como sollozando los sones de las campanas de San Miguel “el Alto”. “La Santa Compaña” dicen, por allí pasando, roza con sus capas a cuantos aquí nos encontramos. Igual que en aquellos años, con menos luz pero en el mismo escenario, se alzaba un destartalado y tétrico caserón, no lejos del que fuera del Temple noble mansión.

Esa casa por las noches era el terror del barrio. Al anochecer allí entraban personajes que realizaban aquelarres y orgías. Las brujas preparaban sus pócimas sobre ataúdes, sostenidos estos por tibias humanas, y las calaveras servían de base de amarillentos cirios alumbrando terribles escenas sacrílegas. 

El mismo Diablo se decía en alguna ocasión había transitado estas calles para unirse a las ruidosas juergas de brujas, hechiceras, magos… Era el reino de Satanás en la noche toledana. Gritos, lamentos, insultos, blasfemias, juramentos… Todo tenía cabida en las intensas noches de los allí reunidos. Hasta que una noche, según cuenta la leyenda, un terrible fuego arrasó el funesto edificio, a buen seguro azuzado por el mismo Diablo, y con él dentro, aquellos que todavía sus festejos continuaban, pues los gritos y lamentos continuaron hasta bien consumido el fuego, apagándose lentamente, con el crepitar de las llamas. Así, esta “Casa del Duende”, por otros conocida como “del Diablo” bien pudo estar en esta misma calle, o tal vez algo más arriba, pero esos lamentos fueron escuchados por los vecinos que posiblemente, aún aquí moran.

Subimos lentamente por la calle “Cuesta de los Pascuales”, llegamos a la Plaza del Seco y desde allí seguimos por la calle de San Miguel, pasando por estrechas y oscuras calles que no invitan a pasar allí la noche. Dejamos a nuestra derecha la Iglesia de San Miguel, y subimos por el “cobertizo de San Miguel”, mientras nos detenemos ante alguna de las casas antiguas que por allí hay y escuchamos: Es muy probable también que por esta zona antaño se encontrara la denominada “Casa de los Templarios”, que en el siglo XIII ocupaba toda una manzana a la izquierda de la Iglesia de San Miguel. A estos monjes-guerreros, la imaginación popular les asignaba terribles y macabros cultos y ritos diabólicos. Fueron perseguidos y exterminados, y su orden fue totalmente diezmada por toda Europa. Se creía que atesoraban enormes riquezas y reliquias conseguidas en Tierra Santa, y muchas de ellas traídas a Toledo. Objetos de enorme poder que en manos de estos caballeros les conducirían a grandes conocimientos, y que posiblemente hoy en día aún moran en algún subterráneo de la ciudad… Toledo siempre fue una de las ciudades insignia de esta conocida Orden, y una de sus Iglesias más preciadas, precisamente es San Miguel, en la que se conservan ciertos frescos que según algunos investigadores representarían a estos caballeros.

Antes de continuar, debéis saber que esta es zona de grandes cuevas y subterráneos, que muy posiblemente antaño comunicaban gran parte de la ciudad. Muy cerca de aquí hoy en día se pueden visitar algunas. Continuamos ascendiendo hacia el Alcázar, y mientras, sea éste el momento de detenernos y referir una no poco conocida leyenda: “La Voz del Silencio” 

Vagaba una tarde por las estrechas calles de la imperial ciudad con mi carpeta de dibujo debajo del brazo, cuando sentí que una voz como un inmenso suspiro pronunciaba a mi lado vagas y confusas palabras; me volví apresuradamente y cuál no sería mi asombro al encontrarme completamente solo en la estrecha calleja. Y, sin embargo, indudablemente una voz, una voz extraña, mezcal de lamento, voz de mujer sin duda, había sonado a pocos pasos de donde yo estaba. Cansado de buscar inútilmente la boca que a mi espalda había lanzado su confusa queja, y habiendo ya sonado el Ángelus en el reloj de un cercano convento, me dirigí a la posada que me servía de refugio en las interminables horas de la noche.

Al quedarme solo en mi habitación, y a la luz de la débil y vacilante bujía, tracé en mi álbum una silueta de mujer.

Dos días después, y cuando ya casi había olvidado mi pasada aventura, la casualidad me llevó nuevamente a la torcida encrucijada teatro de ella. Empezaba morir el día; el sol teñía el horizonte de manchas rojas, moradas; caía grave en el silencio la voz de bronce de las horas. Mi paso era lento, una vaga melancolía ponía un gesto de duda en mi semblante.

Y otra vez la voz, la misma voz del pasado día, volvió a turbar el silencio y mi tranquilidad. Esta vez decidí no descansar hasta encontrar la clave del enigma, y cuando ya desconfiaba de mis investigaciones, descubrí en una vieja casa, de antiquísima arquitectura, una pequeña ventana cerrada por una reja caprichosa artística. De aquella ventana salía, indudablemente la armoniosa y silente voz de mujer.

Era completamente de noche, la voz-suspiro había callado y decidí volver a mi posada, en cuya habitación de enjalbegadas paredes, y tendido en el duro lecho, ha creado mi fantasía una novela que, desgraciadamente...nunca podrá ser realidad.


Al día siguiente, un viejo judío que tiene su puesto de quincalla frente a la vieja casa en que sonó la misteriosa voz, me contó que dicha casa está deshabitada desde hace mucho tiempo. Vivía en ella una bellísima mujer acompañada de su esposo, un avaro mercader de mucha más edad que ella. Un día el mercader salió de la casa cerrando la puerta con llave, y no volvió a saberse de él ni de su hermosa mujer. La leyenda cuenta que desde entonces todas las noches un fantasma blanco con formas de mujer vaga por el ruinoso caserón, y se escuchan confusas voces mezcladas de maldición y lamento.

Y la misma leyenda cree ver en el blanco fantasma a la bella mujer del mercader avaro.

Voz de mujer que como música celeste, como suspiro de alma enamorada, viniste a mí, traída por la caricia del aire lleno de aromas de primavera. ¿Qué misterio hay en tus palabras confusas, en tus débiles quejas, en tus armoniosas y extrañas canciones?

Dando un breve paseo nos aproximamos a las explanadas del monumental Alcázar, y tal vez desde allí podamos visualizar el Castillo de San Servando, si está iluminado, que facilitará la narración de algunas historias “de las de fantasmas”, pues bien abundan en Toledo. Casas encantadas, palacios deshabitados con intensos ruidos nocturnos, el propio Alcázar contiene numerosas historias de soldados que allí estudiaron o vigilaron y que recuerdan de forma aún terrible cómo sintieron extrañas presencias en los pasillos que guardaban… El Alcázar toledano siempre ha tenido una historia violenta. Miles de muertos y numerosos incendios que lo han destruido por completo, el último no hace tantos años, si bien no fue un incendio, propició la última reconstrucción, tras la Guerra Civil. Siempre elegido como lugar defensivo, por su alto emplazamiento, el “Alcázar” es uno de los enclaves que más leyendas ha generado en su historia. Pero no es éste el objetivo que nos ha traído hasta aquí.

 El Castillo de San Servando, al otro lado del río era la avanzadilla que protegía uno de los puentes de entrada a la ciudad, asociado también a la orden del Temple, y en el que numerosos de sus habitantes han sufrido determinados “efectos” no deseados. Son muchas las historias actuales que nos han llegado de personal de la limpieza nocturno que ve sombras, siente presencias, luces que se encienden solas… Actualmente es una residencia para estudiantes, y son también muchos los que no desean permanecer demasiado tiempo solos entre sus muros… Es conocida la Leyenda de “El fantasma del Castillo de San Servando”, un soldado asesinado hace siglos que aún hoy en día “sigue dando guerra”. Una sombra que aparece en ocasiones en el torreón norte y que muchos toledanos, aún hoy en día afirman haber visto desde la distancia tan lejana en la que nos encontramos… ¿Puede vd. ver algo ahora?

Descendemos hasta Zocodover y es allí donde damos fin a esta aventura que nos ha llevado por algunas de las calles más misteriosas de la ciudad.

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