domingo, 25 de febrero de 2018

Toledo, una visita al pasado

En el camino de regreso disfrutamos de una vista magnífica. Todo el cielo ante nosotros se encontraba cubierto de una masa negra de nubes tormentosas como sólo los climas tropicales suelen exhibir. 

El viento soplaba furiosamente hacia el valle arrastrando y agitando en el aire vastas nubes de polvo a ambos lados de la ciudad, cargada con el olor de la tierra mojada por la lluvia recién caída. Recortada contra las nubes, y debatiéndose entre la oscuridad y los rayos del sol poniente detrás nuestro, veíamos la blanca línea de la ciudad desde la Puerta de Bisagra, pasando por la Casa de Locos, hasta las ruinas que coronan las orillas del Tajo; se veían palacios sobre palacios, y destacando por encima de todo, estaba la destellante Catedral sobre la cima de la roca, con el poderoso Alcázar en el fondo. Sólo con esta vista nos hubiéramos sentido recompensados por la visita.



(...) Fue una visita al pasado, el pasado aún vivo, perdido su vigor pero todavía existente. Toledo es afortunada entre la mayor parte de las ciudades por preservar reliquias de las varias fases de la civilizaciñón en la Península (...) Quien no ha visto Toledo, no ha visto España.

James Johnston Pettigrew. "Notes on Spain and the Spaniards, in the Summer of 1859"










viernes, 23 de febrero de 2018

Claustro de la Colegial de Talavera de la Reina

Pináculos góticos en el remate de los contrafuertes del claustro

El mismo Francisco de Soto dice que «el claustro de esta Santa Iglesia no cede a los mejores del reino; es muy largo, ancho y alto, y todo él está fabricado de piedra de sillería muy curiosamente labrado», con motivos entre los que hay que destacar las gárgolas de animales fantásticos y los pináculos de remate de los contrafuertes con gruesas hojas de acanto.

Planta del Claustro de la colegial en un plano del siglo XIX

Fue levantado en 1469 y cada una de sus cuatro galerías cuenta con seis tramos con sus bóvedas de nervios vistos sobre una pareja de arcos cruceros y pilarillos adornados con perlas. 

Se abren al patio por grandes arcos ojivales elevados sobre un podio y reforzados con contrafuertes.Bóvedas del claustro de la Colegial




























Sobre el suelo aparecen lápidas con inscripciones diferentes y en él se encuentran actualmente los restos de Fernando de Rojas, autor de La Celestina. 


El pozo central tiene una pila que es un antiguo sepulcro romano para algunos y árabe para otros.Panel de azulejos talaveranos que indican el lugar donde yacen los restos del escritos y alcalde de Talavera


Hoy ha sido reformado a mi modo de ver desafortunadamente, perdiendo su palmera, y se ha enlosado, retirándose el sepulcro del pozo.Sepulcro que hacía de pila junto al pozo del claustro



Desde el claustro se daba acceso al antiguo cementerio anejo a la Colegial que se estableció en una antigua huerta llamada «de Moctezuma» por haber pertenecido al Duque del mismo nombre.

Carrillo dieciochesco del Corpus, en el claustro de la Colegial

















En el claustro se exhiben algunos fragmentos escultóricos como lo que parece una representación de la imposición de la casulla a San Ildefonso. 

Un curioso carrillo utilizado en las desfiles del Corpus del siglo XVIII, una pilastra visigoda, y dos altarcillos con retablos barrocos deteriorados.Altar y retablo en el claustro de la Colegial

http://lamejortierradecastilla.com/el-claustro-de-la-colegial-de-talavera/


jueves, 22 de febrero de 2018

Las Ordenes de Calatrava, Alcántara y Santiago a finales del medievo en Toledo

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 También la Orden de Calatrava~, cuya principal área de dominio no limitaba con el espacio toledano, contó sin embargo coaseMños lindantes con éste, aunque su relevancia fuera bastante reducida, inferior en todo caso a la de las órdenes de San Juan y Santiago97.

La penetración de los calatravos en Toledo fue temprana, pues participaron en la repoblación de la Tierra; en 1172 les fue entregado ¿castillo de Areca-con la.initadde la villa, sobre la quapronto ejercerían su jurisdicción.

Cuatro afios después recibieron la cerca aldea de Mocejón pero esta donación la conservarian poco tiempo, quedando reducida su soberanía a la modesta villa fortificada de Meca, donde se> estableció una encomienda

La segunda encomienda calatrava, también modesta, se ubicó en un lugar limítrofe con el Campo de Santiago: Huerta de Vaidecarábanos cedida a la Orden en 1190.



Otras-dos-circunscripciones“cerraban”Ia Tierra de Toledo: la primera de éstas por el nordeste, cerca de Huertas, era la encomienda de Boro; Ciruelos y la dehesa de Otos; la segunda, al sureste de la Tierra, la encomienda de Guadalerzas, que contenía el castillo del mismo nombre y una dehesa en su entorno’02, circunscrito todo ello en la zona de limite a la que ya nos hemos referido entre Toledo y la Orden de San Juan, cerca de Los Yébenes.

Orden de Alcántara

La Orden de Alcántara’03 no obtuvo ningún espacio-tan cercano a la ciudad comolas otras órdenes militares, pero protagonizó el más encarnizada conflicto jurisdiccional con el Gobierno urbano. El territorio por el que disputaban ambas instituciones era la comarca de Alcocer, más allá del Guadiana, vinculado a la.Ciudad tras. largas vicisitudes a lo largo de los siglos XIII y XIV, este fragmento lejano de la Tierra de Toledo pasó en 1445 a manos de Gutierre de Sotomayor, maestre de Alcántara, que lo retendria definitivamente a pesar de los esfuerzos de la Ciudad por recuperarlo’.

Orden de Santiago

Otra institución militar que logró asentar con gran solidez su autoridad frenta a la Tierra toledana fue la Orden de Santiago. Más anta se ha hecho alusión a su aparición en este ámbito, cuando Alfonso VIII donaba la fortaleza de Moratios entonces llamados fratres de Cáceres”; Mora se constituyó en encomienda santiaguista hasta que en 1568 pasó a manos del linaje toledano de los-Rojas, permaneciendo- asi-flhert de la junsdwc urbana.

Junto a esta encomienda y aun amplio abanico de posesiones en la ciudat y la tierra, la presencia de la Orden de Santiago en Toledo fue extraordinariamente relevante como muro de contención de la expansión urbana hacia el este.. Desde el priorato de Uclés, la orden dominaba un extenso territorio situado entre Toledo y Cuenca al que pronto se llamó Campo de Santiago, cuyo limite occidental era la Mesa de Ocaña,- donde se estableció una encomienda- autónoma respecto del priorato


JUAN RAMÓN PALENCIA HERREJÓN 
DIRECCIÓN: DRA.. MARIA ASENJO GONZÁLEZ
http://biblioteca.ucm.es/tesis/19972000/H/0/H0048501.pdf

miércoles, 21 de febrero de 2018

Cuando Talavera de la Reina terminaba en Avenida Salvador Allende


Vista parcial de una postal de principios del siglo XX con el caserío en el que sobresalen las torres de conventos e iglesiasDetalle de la anterior. Se ve la confluencia de Antonio Torres y Cristo de la Guía



Hoy la zona entre los Jardines del Prado y el Parque de la Alameda es una zona ajardinada levemente bajo la que se sitúa un aparcamiento. Durante muchos años se situaron allí las atracciones feriales y antes aún se celebraban mercados de ganado.

Allí desembocaban calles como el Cristo de la Guía o Antonio Torres y se sitúa entre la avenida de Toledo y la esquina donde comienza Ronda del Cañillo.

Foto del plan de Ensanche de 1945 con la avenida Salvador Allende y al fondo los pinos de los Arcos del Prado
















El único elemento urbano que se situaba entre la línea de fachadas y la plaza de Toros era la antigua ermita de San Joaquín y Santa Ana que se puede ver en el dibujo de Van der Wingaerde del siglo XVI.

El Prado con la ermita de la Virgen y la ermita de San Joaquín y Santa Ana en primer plano

Hay otras antiguas fotografías en las que se en las típicas casas de dos plantas con balcones de la arquitectura tradicional talaverana y al fondo las torres de los conventos e iglesias de la ciudad. Santa Catalina, la Colegial, la Torre del Reloj, San Pedro, el convento Jesuita o Palenque con la cúpula 
todavía en pie etc…

Frente de fachadas en lo que hoy es avenida Salvador Allende en fotografía de principios de siglo
















Otras fotos aéreas de los años sesenta nos permiten ver las atracciones feriales o el ganado de la feria, aunque otras de estas fotos las dejaremos para otra entrada.La esquina Salvador Allende-con Ronda del Cañillo vista desde el sur en foto aérea de los años 60. 

Al fonde la carpa del Circo junto a los Jardines del PradoLa confluencia de Salvador de Allende y Ronda del Cañillo vista desde el esteFoto aérea en la que se puede ver Salvador allende desde el oeste con los jardines del Prado y a la derecha 
todavía la Alameda



Vista aérea de los años 60 con la placita en la que acababa Antonio Torres y todavía sin construir el edificio de Ronda del Cañillo esquina a Salvador Allende


Vista aérea de Salvador Allende con la desembocadura de Antonio Torres y Cristo de la Guía. Por delante la explanada del ferial.Otra vista parcial de Salvador Allende en su tramo norte con las atracciones feriales y a la derecha la confluencia del paseo de los Arqueros


http://lamejortierradecastilla.com/cuando-talavera-acababa-en-avenida-salvador-allende/

martes, 20 de febrero de 2018

La Ciudad Toledo a finales del Medievo (1422-1522) : El “término” de Toledo

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Se ha denominado “Tierra de Toledo” al espacio sobre el cual la Ciudad ejerce su poder, porque con tal expresión la Histotiografia se refiere a él.

Pero hay que señalar que no es esta denominación la única que se emplea en el lenguaje de la época, encontramos con frecuencia dos expresiones más: “término” y “jurisdicción”’. 

Cabe preguntarse si los tres vocablos tienen idéntico significado, si se emplean indistintamente. Creemos que no; de hecho, los documentos no sustituyen aleatoriamente una palabra por otra, como se tratara de simples sinónimos. 

Los documentos que aluden al territorio controlado por la Ciudad, sin mayor concreción, suelen enumerar las tres expresiones en el siguiente orden “tierra, término y jurisdicción Solemos encontrar esta enumeración de términos en las intitulaciones de los oficiales: toledanos: “don Pedro de Castilla corregidor e justicia mayor de la dicha cibdad de Toledo e su tierra termino e jurediccion por el rey e reyna nuestros sennores 



Tal forma de enumeración no es casual, ya que expresa las denominaciones en un orden progresivo de menor a mayor precision. 

Siguiendo el orden establecido en la documentación,. acerquémonos en primer lugar al significado de “tierra de Toledo”. “Tierra?’ es la denominación más vaga de las tres; hace alusión al territorio, sin más detalle, bajo la influencia de la Ciudad, a la vez que expresa su cercanía y subraya su carácter agrario por contraposición al carácter urbano de la ciudad, indicando así el reverso de una misma realidad. 

En el lenguaje de la época no es demasiado corriente la alusión a “Toledo y su tierra” porque la terminología jurídica en que se expresa la mayor parte de la documentación que conservamos no encuentra en la expresión un significado preciso. 

La palabra “tierra” suele aparecer como complemento en una serie de referencias espaciales cuando se quiere aludir al conjunto del territorio que rodea a la ciudad y que, de uno u otro modo, depende de ella.

Es muy corriente el uso de este término en la. documentación hacendística de la Corona al aludir al ámbito toledano de recaudación; así lo encontramos, por ejemplo, en la exposición del documento que establecía en 1495 las condiciones del encabezamiento toledano: “sobre lo del encabezamiento de las rentas de las alcavalas de la cibdad de Toledo e su tierra con los propios e montes e quadrillas

En todo caso, la contraposición “ciudad y tierra” resulta historiográficamente útil para referirse a la dualidad de los elementos que forman una entidad local caracterizada por la primacía de un centro urbano sobre un espacio agrario 

Problablemente la documentación lo use menos en Toledo que en otros ámbitos por ser Toledo, como se irá viendo, un enclave en que el predominio de la ciudad sobre el territorio era más evidente, frente al ámbito de la Extremadura castellana, donde la vinculación era de distinta naturaleza 

El “término” de Toledo 

Bastante más precisa es la noción de “término” ea el. Medievo toledano. Esta palabra contiene, lo mismo que “tierra”, una referencia espacial evidente, pero pretende definir con mayor concreción el territorio al que alude El “término” era -como es hoy- el espacio bajo control administrativo de un núcleo, un espacio reconocido, determinado con “lindes” materiales, con mojones, y a menudo sancionado por el Derecho. La. palabra “término” se emplea cuando se pretende aludir a los límites que separan la tierra toledana de otras áreas territoriales. 

Cuando un espacio era objeto de disputa entre dos sujetos se procedía. a la delimitación de los “términos” o limites de ambos contendientes mediante sentencia judicial. Por otra parte, la posesión de términos reconocidos no era una facultad- privativa de las ciudades y villas directamente dependientes de la Monarquía, sino que los concejos sometidos a ciudades y villas tenían también sus propios términos. Podemos comprender mejor el uso del vocablo “término” a través de un ejemple. 



El 12 de julio de 1262 Alfonso X emitió una sentencia de partición de los términos de Toledo con los de la Orden de Alcántara, con la que se intentaba establecer límites precisos entre las- áreas de influencia de ambos poderes, que tenían roces en el curso medio del Guadiana, en el llamado “codo del Guadiana”, dando así fin a los largos debates que les enfrentaban. El rey resolvió estableciendo los términos de Alcocer zona.de fricción, y repartiéndolos entre los contendientes. 

En esta sentencia -que posteriormente será objeto de estudio más detenido- se puede apreciar cómo el vocablo que nos ocupa es por igual aplicable al área de influencia de un gran centro de poder, sea Toledo, sea el Maestrazgo dc Alcántarar y al de un pequeño centro como Alcocer. En la partición de términos de que venimos tratando, el rey Alfonso X afirmaba “oidas las demandas de ambas las partes tovimos por bien que enviasen e pongan en ellos termino sík Akocer”.

JUAN RAMÓN PALENCIA HERREJÓN 
DIRECCIÓN: DRA.. MARIA ASENJO GONZÁLEZ
http://biblioteca.ucm.es/tesis/19972000/H/0/H0048501.pdf

lunes, 19 de febrero de 2018

Acabamos la capillas de la Colegial de Talavera de la Reina

Rejería de la capilla de San Juan Bautista de la Colegial

CAPILLA DE SANTA ANA

La siguiente capilla es la de Santa Ana, también llamada de los Reyes, en ella es de destacar su antigua cerámica.

Hernando Suárez de Toledo fue Limosnero Mayor de Felipe II y ayo de su hijo el infortunado Príncipe D. Carlos. 

Al morir dejó dispuesto que se celebrara un aniversario a Santiago por el alma de su discípulo, de ahí el segundo nombre de la capilla que perteneció más tarde a los Condes de la Oliva, cuyo palacio se encuentra frente al Teatro Victoria. 



Antiguamente servía de paso al claustro y por este motivo estuvo dotada de reja por ambos lados.Fragmentos del retablo mayor con escenas de la vida de la Virgen

Aunque tuvo un retablo plateresco hoy exhibe otro en el que las imágenes sobre la vida de la Virgen sí pertenecen probablemente al primitivo.Sepulcro de doña Mencía Suárez en la capilla del Pópulo

CAPILLA DE SANTA MARÍA DEL PÓPULO

A continuación, la capilla de Santa María del Pópulo, fundada en 1471 por la familia de los Montenegro, más tarde condes de Villariezo, debido a la devoción que tenían a esta imagen de un monasterio agustino de Roma. 

Es de destacar la urna funeraria gótica adornada con ramaje en que se sepultó a una tal Mencía Suarez, hija de un regidor talaverano.

Cuenta Fray Andrés de Torrejón que en el escudo de los Montenegro aparecen tres cabezas porque uno de sus antepasados dio muerte en una justa a tres caballeros que importunaban a una dama.Relieve de San Juan Bautista en su capilla

CAPILLA DE SAN JUAN BAUTISTA

A continuación, se sitúa el paso al claustro que no es otra cosa que la antigua capilla de S. Juan Bautista. 

Nos lo delata un relieve empotrado del Bautismo de Cristo. 

También se recoge aquí, como ya hemos visto, la Quinta Angustia, obra pictórica, como muchas de las que adornan la colegial de la época de transición del siglo XV al XVI. 

Fue también Hernando de Alonso el fundador de esta capilla y, tras el incendio del Hospital de la Misericordia, fueron trasladados aquí sus restos mortales.

Pila bautismal de la Colegial

CAPILLA BAUTISMAL

Él mismo regaló también la pila bautismal que se sitúa hoy en la siguiente capilla, última de nuestro recorrido, que se halla decorada con magnífica cerámica antigua de Talavera adornada de hermosos motivos de lacerías vegetales. 

Según la historia de la cerámica del padre Vaca “es la obra más exquisita en su género que se hizo en Talavera”. 

Es una obra de magnífico colorido y dibujo, ejecutada en el siglo XVI con estilo de tradición mudéjar.

Frontal magnífico de azulejería talaverana del siglo XVI con clara tradición mudéjar

El coro fue concedido en 1415 a Gutierre Gaytán para su enterramiento, no sin antes pleitear con el cabildo para ser sepultado en la capilla mayor. 

En nuestro paseo por las capillas debemos observar las columnas y bóvedas donde nos sorprende a veces la presencia de restos mudéjares de las antiguas estructuras mezclados con las nervaduras de las bóvedas góticas en ocasiones de hermosa factura. 

Es el caso de la capilla de Santa María del Pópulo.Imagen de la Virgen del Rosario en la capilla

http://lamejortierradecastilla.com/acabamos-las-capillas-de-la-colegial/

domingo, 18 de febrero de 2018

Toledo, una visita al pasado

En el camino de regreso disfrutamos de una vista magnífica. Todo el cielo ante nosotros se encontraba cubierto de una masa negra de nubes tormentosas como sólo los climas tropicales suelen exhibir. 

El viento soplaba furiosamente hacia el valle arrastrando y agitando en el aire vastas nubes de polvo a ambos lados de la ciudad, cargada con el olor de la tierra mojada por la lluvia recién caída. Recortada contra las nubes, y debatiéndose entre la oscuridad y los rayos del sol poniente detrás nuestro, veíamos la blanca línea de la ciudad desde la Puerta de Bisagra, pasando por la Casa de Locos, hasta las ruinas que coronan las orillas del Tajo; se veían palacios sobre palacios, y destacando por encima de todo, estaba la destellante Catedral sobre la cima de la roca, con el poderoso Alcázar en el fondo. Sólo con esta vista nos hubiéramos sentido recompensados por la visita.



(...) Fue una visita al pasado, el pasado aún vivo, perdido su vigor pero todavía existente. Toledo es afortunada entre la mayor parte de las ciudades por preservar reliquias de las varias fases de la civilizaciñón en la Península (...) Quien no ha visto Toledo, no ha visto España.

James Johnston Pettigrew. "Notes on Spain and the Spaniards, in the Summer of 1859"









http://miratoledo.blogspot.com.es/2018/01/una-visita-al-pasado.html

sábado, 17 de febrero de 2018

Desaparación y muerte del golfillo «Llaudí» en 1924


Molino de Romayla, a la izquierda de la imagen, dónde fue encontrado el cadáver de Llaudí (Foto, Thomas. Archivo Municipal de Toledo)

ESBOZOS PARA UNA CRÓNICA NEGRA DE ANTAÑO (XXIV)

Tras dispararle en las laderas del Arroyo de la Degollada, Saturnino Torres confesó que se marchó a su casa dejando el cadáver allí tirado; de madrugada regresó, bajó al río, le ató una piedra a la cintura y lo arrojó al río



El día dos de enero de 1924, Quiterio Llaudí Urbán, de veinte años de edad, salió de su casa ubicada en la plaza de San Justo, de Toledo, para dirigirse a cazar en la dehesa de «La Sisla». Iba armado con una escopeta, si bien el perro que solía ir con él, se negó a acompañarle. Sus hermanas, Clementa y Margarita, interpretaron la actitud del animal como un mal presagio, recomendándole que no fuese a aquella finca. No les hizo caso. Y bien que debió lamentarlo, porque ya no volvieron a verle con vida.

Desde jovencito Quiterio se convirtió en personaje conocido de la comisaría y agentes de policía toledana, formando parte de una banda de «golfillos» que con frecuencia eran citados en los periódicos de la época por sus fechorías. En 1915, cuando contaba dieciséis años ya fue multado por blasfemo. 

Cuatro años después, en agosto de 1928, fue detenido por haber protagonizado una gran pelea en el Paseo de Miradero junto a otros compañeros de la calle: Gregorio Morales «Penales», Gerardo Villasante, Honorato Martín «Callando», Antonio Mora «El Trompi», Ángel Palazón y Alfredo Galán «El Demonio». No pasaría mucho tiempo hasta que este último y Llaudí diesen con sus huesos en la cárcel provincial, tras ser detenidos a requerimiento del juzgado de instrucción toledano.Barranco del Arroyo de la Degollada, en cuyas cercanías tuvo lugar el fatal encuentro entre Quiterio Llaudí y Saturnino Torres (Foto, Aldus)

En la primavera del año siguiente, Quiterio y sus amigos se vieron involucrados en la investigación policial encaminada a aclarar el asesinato de un gañán en el tejar de «La Margara» ubicado en el Paseo de la Rosa. En abril de 1920 apareció en el mismo el cuerpo sin vida de Florentino Páramo Domínguez, natural y vecino de Sonseca. Tenía la cabeza magullada por una gran piedra y el cadáver se encontró semicubierto con unos haces de espadaña.


La noche en que se cometió el crimen, Quiterio y sus amigos dormían en otras dependencias del tejar. Declaró Llaudí que sobre las cuatro de la madrugada escuchó varios golpes secos provenientes del interior de un porche. Poco después uno de sus colegas oyó remover las gavillas de espadaña que allí se conservaban. A las cuatro y media de la madrugada, el sereno municipal hizo su ronda por el tejar, expulsando de allí a los muchachos, ya que algunos de ellos estaban fumando sobre los montones de leña almacenados.

Trascurridos unos días desde que Quiterio salió de casa para ir a cazar a «La Sisla», palacio y dehesas propiedad en aquellos momentos de la condesa de Arcentales, comenzó a extenderse la sospecha de que tal incidente pudiera estar relacionado con la enemistad que mantenía con un guarda de la misma, Saturnino Torres, quien anteriormente había trabajado en la finca de «Mazarrazín», donde sostuvieron una disputa al ser descubiertos Llaudí y sus amigos cazando furtivamente.



Saturnino fue detenido e interrogado por la policía. Declaró que la tarde del dos de enero vio de lejos, por las cercanías del Arroyo de la Degollada, a Quiterio y que luego escuchó unos disparos, diciendo no saber nada más. Ante la falta de pruebas que lo inculpasen quedó en libertad.Estado actual de los restos del Molino de Romayla, donde hubo una fábrica de luz de “La Electricista” (Foto, Rafael del Cerro)

Sin noticias ni pistas sobre el desaparecido, el 24 de enero, Román Ariz Galindo, juez de instrucción interino de Toledo, hizo público un anuncio de búsqueda del joven Llaudí: «hijo de Venancio y de Jesusa, de 20 años de edad, natural y vecino de esta capital, de estatura más bien alta, vestido con americana negra y debajo otra de color pasa, pantalón negro con rayas blancas, gorra negra y alpargatas blancas». Así mismo, a instancias del comisario de Toledo, desde la Dirección General de la Policía se extendió orden para su búsqueda por toda España. Los esfuerzos fueron inútiles. Las semanas pasaban y nada se sabía del paradero del joven.

Dos meses después el misterio comenzó a resolverse. A las ocho y media de la noche del día 21 de marzo, operarios de la fábrica de luz de «La Electricista» ubicada en la presa de Romayla, encontraron el cadáver de un hombre retenido en la reja instalada para evitar el paso de basura a sus instalaciones. Para que la corriente no se lo llevase, sujetaron con alambre uno de sus brazos a la verja.

De inmediato, dieron aviso a la comisaría y pidieron permiso para orillar el cadáver, no fuera a desprenderse y corriese aguas abajo. Personados allí el forense, el juez, y agentes policiales no tardaron en reconocer a la víctima como Quiterio Llaudí. A su cintura tenía atada una soga de esparto, en cuyo extremo figuraban restos de unos nudos que bien podrían haber servido para lastrar el cuerpo con una piedra.

Los restos de Quiterio fueron trasladados al Cementerio, donde se descubrió la existencia de dos agujeros en el cuello, que parecían haber sido causados por arma de fuego

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Vista aérea del Palacio de la Sisla y sus dehesas, en las que prestaba servicio de guarda Saturnino Torres (Foto, Archivo Municipal de Toledo)

Conocidas estas circunstancias, agentes policiales se dirigieron a «La Sisla» para volver a tomar declaración a Saturnino Torres y otros compañeros suyos. No tardó el sospechoso en declararse autor del crimen, dictando el juez de instrucción de la capital, Cándido Julián Serna Rodríguez, auto de procesamiento y prisión sin fianza contra él.

A primeras horas de la tarde del día 25, un destacamento de la guardia civil trasladó al detenido desde la cárcel provincial a «La Sisla» para proceder a la reconstrucción del crimen. Los hechos se sucedieron en las laderas del Arroyo de la Degollada. Tras haber disparado contra Llaudí, Saturnino se marchó a su casa dejando el cadáver allí tirado. De madrugada regresó al lugar de los hechos y metió el cuerpo de su víctima en un saco. Cargando con él subió hasta un paraje conocido como «Paredes blancas» y desde allí a la Ermita del Valle, bajando luego al río. Cuando llegó a su orilla, lo extrajo del saco, le ató una piedra a la cintura y lo arrojó al fondo de las aguas. Confesó haber realizado todas estas acciones en solitario y condujo a la comisión judicial al lugar donde arrojó la escota de Quiterio, entre los molinos de Saelices y Romayla.

Mientras se realizaba esta reconstrucción, en la barriada de San Lucas y el Barco de Pasaje, multitud de vecinos iban concentrándose para ver cuanto ocurría al otro lado del río. Terminada la investigación, la muchedumbre se trasladó hasta el Puente de San Martín, esperando el regreso de Saturnino hacia la prisión del antiguo convento de Gilitos.



En prevención de incidentes, en la explanada de entrada al puente se personaron fuerzas de la guardia civil a caballo. Cuando llegó allí el automóvil con los miembros del juzgado, los concentrados lo detuvieron, obligando a sus ocupantes a bajar del mismo para comprobar que Saturnino no viajaba en él. El homicida confeso venía detrás, andando, custodiado por la Benemérita.

Al llegar al lugar, el gentío comenzó a insultarle y arrojarle piedras, pidiendo a las fuerzas del orden «que lo dejaran sólo para poder acabar con él». Para esquivar las pedradas, el detenido, que caminaba esposado y embozado con un tapabocas, procuraba refugiarse entre los caballos de los civiles, mientras estos simulaban una carga para calmar los ánimos. Sable en mano, una de las parejas de a caballo hubo de abrirse paso por el Paseo del Tránsito hasta que, finalmente, pudieron dejar a Saturnino en la cárcel provincial.

Para hacer frente a los gastos del entierro de Llaudí, su familia recurrió a aportaciones económicas de amigos y conocidos. En señal de agradecimiento, sus hermanas hicieron entrega de la lista de donantes a la redacción de «El Castellano», periódico al que, también, concedieron una entrevista.Recorte de “El Castellano” dando cuenta del hallazgo de cuerpo de Llaudí semanas después de su desaparición.

Contaban que Quiterio era bastante reservado, desconocían ellas las rencillas que habían tenido anteriormente con Saturnino. Añadían que comenzaron a presagiar lo peor a los dos días de su desaparición, ya que aunque a veces no dormía en casa, era extraño que faltase tanto tiempo. Le buscaron por ventas cercanas a la capital, preguntando en algunas prenderías por si había vendido la escopeta. También hicieron algunas gestiones en la Academia, pues en ocasiones intentaba ganar algún dinero portando equipajes de los cadetes en sus desplazamientos desde el Alcázar a la estación del tren. Terminaban sus declaraciones confiando en que la justicia impusiera al asesino de su hermano el castigo merecido.

Veintiún meses hubieron de esperar Clementa y Margarita para que en diciembre de 1925 la Audiencia Provincial condenase a Saturnino Torres a catorce años de reclusión temporal y cinco mil pesetas de indemnización. Para entonces el Ayuntamiento de Toledo había recompensado con cincuenta pesetas a Primitivo Morales Marcos y Agustín Ortega Gutiérrez, operarios de «La Electricista», por haber sacado el cadáver de Quiterio de las aguas del Tajo.

Por Enrique SÁNCHEZ LUBIÁN @eslubian
TOLEDO 13/02/2018 
http://www.abc.es/espana/castilla-la-mancha/toledo/abci-desaparacion-y-muerte-golfillo-llaudi-1924-201802131332_noticia.html

jueves, 15 de febrero de 2018

Tierrras de Talavera, historia de una identidad: La "Región talaverana y sus zonas de influencia"

Postal de los años 70 con el Tajo todavía limpio

Podemos en definitiva asegurar que, con grandes dificultades sobrevenidas de la marginación histórica de la ciudad, de la anacrónica división provincial y la caprichosa y perjudicial estructura autonómica condicionada por sus fronteras antinaturales.

Las Tierras de Talavera vienen manteniendo una unidad geográfica en la que se pueden apreciar varios círculos de influencia de intensidad decreciente según nos alejamos de la propia ciudad.

Llanos de Alcolea de Tajo con Gredos al fondo

El primer círculo estaría compuesto por la parte de las antiguas tierras que actualmente se incluyen en el territorio de Castilla-La Mancha.



Estarían aquí incluidas por tanto las comarcas de La Jara, salvo la parte extremeña, la Sierra de San Vicente, El Berrocal, El Alcor, la Campana de Oropesa y las cuatro Villas ribereñas del Tajo (Alcolea, Puente del Arzobispo, Valdeverdeja, El Torrico). 

Por el este, el Horcajo de Santa María, Valdepusa, que fue segregada en el siglo XIV de La Jara, y otras localidades históricamente no vinculadas a Talavera como Santa Olalla o El Casar de Escalona, Carriches, Erustes o Mesegar, entre otros, que por su proximidad están dentro del área más cercana.

Esta unión de las poblaciones del primer círculo con su cabecera es muy fuerte con una actividad comercial y administrativa intensa que se aprecia en los dos sentidos, además de una vinculación humana que hace raro que cualquier habitante de la zona no tenga familiares o propiedades en Talavera. 

Incluso se está produciendo el hecho de que por la carestía de la vivienda muchos talaveranos están comenzando a desplazarse a los pueblos más cercanos para domiciliarse en ellos.Paisaje en La Jara Alta

El segundo círculo de influencia abarca zonas que, aunque históricamente han estado unidas a otras provincias, sus condicionantes geográficos son tan significativos que por fuerza las relaciones con Talavera han de ser intensas, a pesar de que administrativamente no estén incluidas en la misma provincia ni en la misma comunidad autónoma. 

Me refiero concretamente a las poblaciones del Valle del Tiétar que para acudir a Ávila precisan pasar dos puertos muchas veces nevados y con carreteras de montaña. 

Sus habitantes acuden con muchísima frecuencia al hospital de Talavera o a la medicina privada de la ciudad de forma que las autoridades sanitarias de las dos castillas se han visto obligadas a firmar un acuerdo para que los vecinos del valle del Tiétar sean atendidos en Talavera no sólo en las urgencias.

Pocos son los que van a Ávila para adquirir equipamientos, tanto por las dificultades de comunicación como por la mayor oferta de nuestra ciudad. 

Otro vínculo importante es el que en dirección contraria se produce cuando los talaveranos adquieren su vivienda de recreo en la sierra de Gredos o simplemente utilizan sus bosques y gargantas como lugares para disfrutar el tiempo libre durante los fines de semana.El río Tajo a su paso por Aldeanueva de Barbarroya

También podemos incluir en este segundo círculo de influencia a los pueblos de la Vera Alta, es decir Madrigal, Villanueva y Valverde de la Vera, que por su proximidad geográfica tienen similares circunstancias que los pueblos del valle del Tiétar abulense.

Además, muchos de sus habitantes formaron parte de los colonos que vinieron a las vegas talaveranas para cultivar sus regadíos y es raro el “verato” que no tiene algún familiar en nuestra ciudad.

Por otra parte, las localidades jareñas que fueron incluidas arbitrariamente en la provincia de Cáceres, habiendo pertenecido geográfica e históricamente a Talavera, siguen manteniendo fuertes lazos de unión con Talavera. Me refiero a Villar del Pedroso, Valdelacasa, Peraleda de San Román, Garvín, Navatrasierra o Alía, que siguen abasteciéndose comercialmente de Talavera y mantienen estrechos vínculos humanos con sus habitantes. 

El pueblo jareño de Anchuras de los Montes, aunque esté actualmente en la provincia de Ciudad Real, debemos incluirle en el primer círculo de influencia simplemente por cuestiones geográficas evidentes.El Baldío o llanos de Velada



El tercer círculo de influencia comprende a localidades más distantes, pero que en realidad también se encuentran muy alejadas de otras ciudades de referencia, o éstas son pequeñas poblaciones con pocos servicios y escaso potencial comercial. 

Me refiero por ejemplo a los pueblos de Campo Arañuelo que, aunque tienen por capital comarcal a Navalmoral de la Mata, se desplazan a Talavera para muchas de sus transacciones, al igual que sucede con las poblaciones del valle del Río Ibor incluyendo a Guadalupe. 

Parecida circunstancia se da en los pueblos del señorío de La Puebla de Alcocer y Herrera del Duque, con los antiguos pueblos jareños de Castilblanco y Valdecaballeros, además de muchas localidades de la llamada Siberia Extremeña. 

La Vera Baja ya se encuentra más unida a Plasencia y a Navalmoral, pero mantiene una relación comercial muy fuerte con Talavera.

El embalse de Guadyerbas

Como dice Jiménez de Gregorio, el territorio de nuestra ciudad es por tanto una región, en el sentido geográfico estricto del término, ya que está formada por diferentes comarcas y subcomarcas que, aunque tienen sus pequeñas capitales de referencia como Arenas de San Pedro, Belvís de la Jara, Los Navalmorales, Castillo de Bayuela, Oropesa etc… mantienen una inequívoca unión con esa ciudad a la que ellos mismos llaman “el pozo” por considerar irónicamente que es el lugar donde van a parar los frutos económicos de todas ellas.

Talavera necesita a su comarca y los pueblos necesitan a esa ciudad cuyas calles conocen como si fueran las suyas y por eso, el día de Mondas, cuando el alcalde de Talavera se intercambia en la basílica del Prado el bastón de mando con los alcaldes de los pueblos de las Tierras de Talavera es un día sumamente simbólico, en el cual se representa la unión de todos los habitantes de la que Cervantes denominó “la mejor tierra de castilla”.El bosque mediterráneo en los montes de La Jara

http://lamejortierradecastilla.com/tierras-de-talavera-historia-de-una-identidad-6-la-region-talaverana-y-sus-circulos-de-influencia/

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